Cultura condensada: de editoriales en aprietos y robots redactores | Letras Libres
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Cultura condensada: de editoriales en aprietos y robots redactores

En esta entrega, los problemas que acechan al FCE y Educal y la inteligencia artificial y la redacción de textos con inteligencia artificial

Problemas en el “paraíso” editorial de la 4T

Los vientos de la austeridad republicana ya se hicieron sentir en el Río de la Plata. En los últimos meses, sin explicación alguna, desde las oficinas centrales del Fondo de Cultura Económica se tomó la decisión de cancelar contratos con autores y frenar la publicación de obras que ya estaban listas en la filial en Argentina. Ninguna novedad vio la luz durante 2019, solo reimpresiones de clásicos, y a unas semanas de iniciar el 2020 no hay un plan editorial para el siguiente año.

Ante este difícil panorama, escritores, investigadores, traductores y editores firmaron una carta para denunciar lo que llamaron “el vaciamiento” de la filial. “Estamos seguros que esa decisión no se basa en el conocimiento de la realidad argentina ni, mucho menos, en el aporte al catálogo general que hizo la filial en las últimas décadas”, se lee en la carta que firmaron cerca de 400 personas, entre ellas Marina Franco, Claudio Lomnitz, Pablo Stefanoni, Soledad Loaeza, Pablo Maurette.

Si bien las editoriales en Argentina viven una situación complicada debido a la crisis económica, en su documento los firmantes sostienen que “la deriva de la filial argentina” nada tiene que ver con esto, señalando así a la administración de Paco Ignacio Taibo II.

Dos semanas antes de la difusión de la carta, el sociólogo y ensayista Horacio González renunció a su cargo como director del FCE Argentina. El ahora exdirector percibió los cambios en la línea de la editorial y la pérdida de la autonomía cuando desde México le ordenaron suspender la publicación de libros afines a la tradición filosófica-política de la editorial. “La inclinación a la edición popular, que no ha sido la línea histórica del Fondo, parece ser hoy una tendencia”, afirmó González en entrevista a Clarín.

La filial argentina tiene 75 años y se ha distinguido por publicar libros académicos de humanidades y ciencias sociales incluso antes que la matriz mexicana. Como recuerda Rafael Mondragón, el FCE Argentina fue la primera editorial en lengua española en publicar a Enzo Traverso, Michel Foucault, Paul Ricoeur, Zygmunt Bauman y Alain Badiou, por mencionar a algunos intelectuales cuyas ideas han forjado el pensamiento de Occidente. Pero todo indica que el plan es desaparecer su producción editorial y dejarla únicamente como un canal de distribución de los libros que se editen en México. Lo que representa una pérdida intelectual y cultural invaluable.

Este no es el único problema que enfrenta Paco Ignacio Taibo II. La red de librerías Educal, la cual fue absorbida junto con la Dirección General de Publicaciones por el FCE, debía al inicio de este año más de 82 millones de pesos a editoriales privadas e independientes por las ventas de libros en sus librerías. La suma ahora rebasa los 97 millones, según el propio Taibo. En noviembre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público entregó una suma para que Educal liquide su deuda. Pero, de acuerdo con el director general del FCE, esta cifra es insuficiente, por lo que propuso a las editoriales renunciar al 20% de la deuda para que se les pague el 80% restante. Algunas editoriales independientes se vieron obligadas a aceptar el trato, pues de lo contrario no contarían con recursos para pagar a proveedores. Sin embargo, Penguin Random House se opuso, lo mismo que la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). “Pelearemos por que el pago se haga completo [...] Es un 20% por libros ya vendidos, ya cobrados”, aseguró Juan Luis Arzoz Arbide, presidente de la Caniem.

Por su parte, Taibo no parece estar preocupado por las dificultades que enfrentan las instancias bajo su responsabilidad. A un año de haber asumido el cargo, destacó el incremento de ventas y la publicación de la colección Vientos del pueblo con precios accesibles. Respecto a las deudas de Educal respondió: “Se debían 97 millones de las viejas administraciones y no se iban a pagar. Educal estaba en quiebra. Desde el principio presionamos a la Secretaría de Hacienda para que entendiera que no era deuda nuestra. [...] Todas las editoriales menos una, aceptaron. ¿Dónde está la queja? Era un dinero perdido”.

El objetivo de Taibo es alcanzar la mayor cantidad de lectores posibles, que los libros salgan de las bodegas y lleguen a la calle. Pero este propósito no tendría que cumplirse a costa del trabajo de las editoriales.

 

Cuando el futuro nos alcance

Una pesadilla acosa por las noches a los redactores de todo el mundo: robots les quitan su trabajo. Aunque suena a un temor similar al que experimentaron los obreros al inicio de la Revolución Industrial, lo cierto es que cada vez parece más factible que los robots reemplacen uno a uno a los miembros de las redacciones de los periódicos y revistas. Los avances en inteligencia artificial han permitido a las máquinas ser capaces de pintar cuadros y hasta de vender sus obras en subastas. La literatura podría ser su siguiente territorio por conquistar.

En octubre, John Seabrook, redactor de la revista New Yorker, hizo un experimento: escribió un artículo en coautoría con un software de texto predictivo. Seabrook estaba dudoso en un inicio. Se sentía desconcertado por la manera en que el software era capaz de adivinar la palabra que quería escribir. Parecía que la máquina sabía mejor que él qué era lo que trataba de decir. Al final, el ensayo era completamente legible y coherente. Solo las marcas tipográficas podían distinguir la aportación del software de lo escrito por Seabrook. algunas ocasiones, las frases propuestas por la máquina ofrecían un mejor remate que las escritas por el redactor con treinta años de experiencia. Y en otros momentos, la máquina se tomaba la libertad de crear citas falsas para dar validez a sus argumentos.

En febrero de este año, Elon Musk y Sam Altman anunciaron que su empresa OpenAI había desarrollado un sistema de inteligencia artificial capaz de generar textos, traducir, responder preguntas, elaborar resúmenes y obtener mejores resultados que varios humanos en pruebas de comprensión lectora. El generador de texto GPT-2 no salió a la luz por implicar un riesgo ético al escribir tan bien. Este software es el que Seabrook usó para la redacción de su texto.

La redacción de textos con inteligencia artificial ya está entre nosotros, aunque en un nivel menos sofisticado que el GPT-2. Smart Compose es una herramienta de Google incluida en su servicio de correo electrónico que predice el final de las oraciones al momento en que la persona teclea, permitiéndole así ahorrar hasta 20 golpes en el teclado y varios minutos de respuestas a clientes y superiores. Al mismo tiempo, poco a poco Google Translate ha sustituido a los traductores en ciertos campos. Por ejemplo, un estudio publicado en Annals of Internal Medicine reveló que el software de traducción tenía una efectividad del 90% y que cada vez más médicos lo utilizaban para traducir al inglés artículos en los que basaban sus decisiones médicas.

Uno de los principales argumentos en contra del uso de la inteligencia artificial en la escritura es que los robots no sienten, por ende son incapaces de usar un lenguaje emotivo que despierte en los lectores toda una gama de reacciones. Las emociones son el resultado de la evolución de los seres humanos y su finalidad es garantizar la supervivencia de la especie. Por muy avanzada que sea la inteligencia artificial, no puede replicar las conexiones y la manera en que trabaja el cerebro humano. De tal manera que los robots no podrían usar el lenguaje para expresar emociones como nosotros.

Tal vez los robots aún no sean capaces de escribir poemas o cuentos, pero eso no impide que puedan elaborar otro tipo de textos. Para los escritores que sufren de bloqueos o de miedo a la página en blanco, la inteligencia artificial podría ser su mejor aliada. Sin embargo, esto nos acerca un paso más a que los autores de los textos que leemos no sean seres de carne y hueso. La escritura es la única habilidad que poseemos que nos diferencia de otras especies. Si ahora los robots son también capaces de comunicarse de esta manera, ¿qué será exclusivo de los seres humanos? Quien sabe, lector, tal vez la siguiente entrega de esta bitácora esté escrita por un máquina.