Diálogo sobre la democracia

'Conspiratio' con Sicilia

Enrique Krauze invitó a Javier Sicilia a presentar, en la pasada edición de la FIL de Guadalajara, su libro Redentores. Sicilia leyó una crítica elogiosa del nuevo título de Krauze pero en la que hacía no pocos reparos políticos. Publicamos una versión editada del texto original de Javier Sicilia y la respuesta de Enrique Krauze. Se trata de un debate insólito sobre la democracia y sus límitesentre un luchador social de izquierda y un historiador heterodoxo, entre un pensador cristiano afín a cierto anarquismo y un liberal.

La convergencia entre religión y poder ha sido siempre desastrosa. Javier Sicilia no confunde esos ámbitos. Sabe que la religión en el poder comienza en el anatema y termina en la inquisición, la quema de libros y personas. Sabe también que la religión que busca imponer sus dogmas al poder civil produce mentalidades y actitudes intolerantes. Y entiende los riesgos del redentorismo político, esa malformación religiosa en el cuerpo civil de la política que postula el advenimiento del hombre providencial cuya presencia resolverá, de una buena vez, los problemas de su país, y salvará a lasociedad de un orden injusto. Esa superstición sacrificó ayer a generaciones de revolucionarios y aún subyuga a muchos jóvenes latinoamericanos.

Sicilia y su Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad no encajan en esas categorías. A su paso, es verdad, la gente le cuelga cruces y escapularios, le manda cartas y peticiones, le dedica ruegos y oraciones. Pero Sicilia no representa a la Iglesia (es su crítico implacable), no impone los dogmas de su fe (es un hombre respetuoso de otras creencias y tradiciones) ni se cree redentor político. Sicilia es un anarquista cristiano opuesto por principio al poder. Su poder –mejor dicho, su autoridad– reside en acotar, vigilar, criticar y llamar a cuentas al poder, a los poderes. Por eso, su Movimiento por la Paz conJusticia y Dignidad fortalece a la democracia.

Su ensayo “Las trampas de la fe democrática” (Proceso 1832, 11 de diciembre de 2011) apunta en el mismo sentido. Es una crítica necesaria y oportuna al liberalismo, el mercado y la democracia, escrita desde una izquierda que cree en el diálogo como fundamento de la civilidad política.

 

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Según Sicilia, el liberalismo “oculta una forma totalitaria disfrazada de libertad” que destruye el “esqueleto espiritual  y moral del hombre”. Esa destrucción, agrega, es obra de la técnica y del mercado, que oprimen al individuo a través de “la producción, el consumo, la publicidad y la manipulación ideológica”. En términos históricos, sostiene que

 

de la entraña del liberalismo [...] surgieron, a partir de Hegel y de la idea del devenir histórico, las ideologías totalitarias, incluyendo la que hoy nos domina, la del mercado y su rostro más seductor por su ordenamiento y su poder: la técnica.

 

Sicilia confunde dos vertientes del liberalismo: el político y el económico. El liberalismo político es la invaluable matriz de leyes y costumbres políticas que en México debemos a los liberales del XIX, la misma que varios Estados en el siglo XX–señaladamente Alemania y la URSS– suprimieron, y que algunos estados del siglo XXI–China, Cuba, Norcorea– suprimen aún. A ese liberalismo político debemos el régimen de libertades que Sicilia practica: libertad de expresión, de creencia, de  pensamiento, de crítica, de movimiento, de prensa,  de trabajo, de sufragio, etcétera. Para elevary dignificar el debate de ideas en México y América Latina, es indispensable distinguir entre el liberalismo político y el liberalismo económico, y resaltar los aspectos republicanos de la libertad, que están antes y más allá del mercado. Esta revaloración del legado liberal nos permitirá rescatar las mejores tradiciones del socialismo democrático.

Mucho más grave que confundir o amalgamar el liberalismo político con el económico es atribuir al liberalismo una naturaleza “totalitaria”. Llamar “totalitario”al liberalismo no es solo vaciar a la palabra de contenido o relativizarla hasta la trivialidad: es torcer su sentido, tanto como llamar “esclavitud” a la libertad. Sicilia equivoca sus genealogías. El totalitarismo no nace, en absoluto, del liberalismo sino de corrientes ideológicas contrarias a él. El totalitarismo nazi se inspiró en el irracionalismo alemán. En 1935, Bertrand Russell (The ancestry of fascism) trazó la línea de filiación, que va de Fichte (padre del mesiánico nacionalismo alemán) a Carlyle (apologista del poder absoluto, del alma germana y sus mitos telúricos) y desde luego a Nietzsche (con su desprecio a los seres “inferiores” y su exaltación del “superhombre”), para desembocar en una torcida lectura racista de Darwin. Un ideólogo directo del nazismo fue Carl Schmitt, pero la raíz del delirio nazi (intrínsecamente antisemita) está en el propio Hitler. En cuanto al comunismo –ese otro enemigo de la “sociedad abierta”–, su inspiración, como demostró Popper, está en el historicismo. Su genealogía nace en Platón y desemboca en Hegel y Marx. Reconociendo estos antecedentes, Isaiah Berlin (siguiendo a Plejánov) pensaba que el principal motor ideológico del bolchevismo había sido Lenin.

 

Diálogo sobre la democracia 2

 

El liberalismo político (el original y clásico) no tiene filiación totalitaria alguna. Todo lo contrario: es su antítesis filosófica e histórica. Como demostró Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, el totalitarismo representó (y representa aún) un régimen de dominación absoluta desconocido y distinto a las tiranías, despotismos o dictaduras anteriores en la Historia. El totalitarismo –agrega– encarna el “mal radical”, que en nombre de una ideología supuestamente verdadera, total e infalible, aniquiló en campos de concentración y de exterminio a decenas demillones de personas (después de privarlos de su personalidad jurídica y moral, de convertirlos en cadáveres vivientes y de cegar su memoria). Contra ese horror innombrable se alzó, en su momento mejor, el Occidente liberal. Y en nuestra América, el liberalismo político (casi siempre en posición minoritaria) ha combatido históricamente a los tiranos (con o sin banderas), a las dictaduras militares apoyadas por los Estados Unidos, a los generales genocidas del Cono Sur, a los sistemas políticos cerrados y hegemónicos, a los populismos, a las ortodoxias y clerigallas de derecha o izquierda, y al régimen cubano, que con su culto a la personalidad y su fanatismo ideológico (mezcla caribeña de Carlyle y Lenin) es el único caso de totalitarismo en América.

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Comentarios (8)

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Enrique Krauze, en primer lugar no puedes desligar de esa forma esquizoide dos caras de la misma monerda, el liberalismo politico y el libralismo económico han surgido de la misma matriz ideológica y de los misma dinámica social e histórica del capitalismo mundial uno y otro se sotienen mutuamente, hasta en su propia idealización del individuo y del individualismo ¿en que momento el liberalismo político se volvió contrario al liberalismo económico? la verdad es que no veo que eso nunca haya ocurrido. Las ventajas "formales" por llamarlas de algún modo, que tiene el liberalismo político están sostenidas por la misma matemática probabilistica que maneja el liberalismo económico. No cabe duda que siempre ha habido derivaciones más o menos humanísticas que han partido de estas doctrinas, pero lo que es un hecho, es que si bien muchos concordamos con la crítica al totalitarismo crudo expresado en las ideologías tanto nazi como estalinista, es evidente que no estamos en el mejor de los mundos y que este liberalismo que hoy nos rige, suprime como nunca las libertades que dice defender.

El problema es que se nota que no hay tampoco uno voluntad autocrítica hacia ese librelaismo que hoy nos orpime y que sigues defendiendo como "el mejor de los mundos posibles"

A que te refieres con "... estan sostenidas por la misma matematica probabilistica que maneja el liberalismo economico..."?

No se tampoco de donde sacas que este sistema politico/economico a la mexicana es defendido como el mejor de los mundos posibles.

Es acertado según mi parecer la diferenciación entre liberalismo político y liberalismo económico, mucho más aún de su nuevo título "neo-liberalismo", a pesar de que Von Hayec habló de que "el liberalismo cuando el comenzaba moría, para dar paso al intervencionismo y ahora cuando muero renace". Es el mismo paso del mercado y su dejar pasar. No se trata de desbarrancar el pensamiento liberal, de su seno nace el socialismo y todas aquellas doctrinas que tengan que ver con la libertad, tolerancia, en fin democracia. Sponville en su ensayo sobre "El capitalismo es moral" explica en términos muy sencillos el debate sobre la inmoralidad del mercado, que según él, es un error, pues no se puede buscar moral donde no hay, solo hay actividad mercantil, o intercambio de valores de uso y cambio. pero, es necesaria la intervención del leviatan a fin de evitar la descomunal inmoralidad de los actores de tan desprestigiada actividad.

primero: una serie de impresisiones en el discurso de Krauze, esa reconstruccion "genealogica" del nacional socialismo de Hitler que le adjudica a la "filosofia irracional" entre ellas Nietzsche y Hegel (en el caso de sicilia) es detodo inverosimil. puesto que haya malentendidos no significa que hayan justificado la dictadura nazi, me refiero a que Hitler por el hecho de poner como pretexto el pyper hombre o incluso la filsofia del absoluto, es algo que no logro comprender en ningun momento de su vida (incluso Krauze en este ensayo).

segundo: en mi opinion es un discurso psicologista el que mantiene Krauze, como por ejemplo, la cita de borges apelando a lo que él dijo, una autenica e instantanea falacia ad nominem. con propositos de simpatia con el lector diria yo. En fin, no se crean todo lo que dicen los "intelectuales" que tambien ahí está aquella "cultura del espectaculo"....

Bien por los dos, estos diálogos son los que hacen falta en el país.

Verdaderamente, un hito en la historia intelectual de México. Que siga la conspiratio, que siga la crítica, la discusión y la polémica entre iguales.

En verdad, me emociona mucho todo este intercambio. Creo que por aquí es.

Discutir las grandes ideas de su tiempo, es propio de hombres e intelectuales libres. Comprenderlas, escudriñarlas y preverlas; de visionarios.

Felicito a ambos por este diálogo tan fecundo y rico en ideas. Creo que es un buen comienzo, y que apenas nos quedamos en un preámbulo. Considero que tanto Sicilia como Krauze tienen mucho más qué profundizar y platicar, y que sin duda el fruto de una conversación intensa podría derivar en un libro extraordinario. La aportación de Sicilia desde la óptica de un hombre religioso y a la vez crítico, de un anarquista, y la de Krauze se complementan para ofrecer un horizonte interesante para la mayoría de nosotros los mexicanos, que somos herederos de ambas tradiciones: nuestra mente y nuestro diálogo es liberal, pero nuestro corazón es cristiano. Ojalá nos sorprendan con algo más en forma. Esto es nada más un postre.

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