Tertulia en el Igueldo

Mesa compuesta por Miguel Aguilar, Iñaki Ellakuría, Andreu Jaume, Marc López Plana, Àlex Oliver, Malcolm Otero, Javier Ozón y Daniel Tercero

Ocho jóvenes catalanes no nacionalistas fueron convocados por la revista a una distendida tertulia para debatir las consecuencias de la oleada independentista de Cataluña, de la deriva rupturista del gobierno de Artur Mas y de su convocatoria de elecciones anticipadas.

Noviembre 2012 | Tags:

El 7 de junio de 2005, Ricardo Cayuela Gally, entonces director editorial de Letras Libres en España, se reunió en el restaurante El Taxidermista con un nutrido grupo de gente entre la que se hallaban Xavier Pericay, Arcadi Espada, Félix de Azúa, Ma Teresa Giménez-Barbat y Carlos Trías. Estaba en marcha la elaboración de un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña y esas personas, junto con muchas otras, firmaron un manifiesto en el que denunciaban la deriva (aún más) nacionalista de la política catalana y pedían la creación de un partido nítidamente antinacionalista. Ricardo transcribió la conversación y la publicó en el número de septiembre de ese año de la revista, a manera de disección de la ideología y la práctica nacionalistas y de termómetro del proceso de articulación de los no nacionalistas. Al año siguiente, el Estatut fue aprobado y Ciutadans –el partido surgido de aquel movimiento– obtuvo representación en el parlamento catalán.

Sin embargo, como se temían estos intelectuales, la aprobación del nuevo Estatuto en 2006 no sirvió para zanjar, ni siquiera momentáneamente, los conflictos provocados por las políticas identitarias y el clientelismo económico. Y ahora, seis años después, estamos viviendo otro paso –quizá el más aventurero y más inestabilizador– del proceso que intenta separar un poco más a los catalanes del resto de los españoles: la amenaza, con referéndum legal o ilegal de por medio, de secesión (o algo parecido vistos los muchos e incompatibles matices que hace Artur Mas a su propia idea). ¿Qué debía hacer Letras Libres en respuesta a este nuevo escenario?, nos preguntamos Ricardo –ahora en México, al frente de las dos redacciones de la revista– y yo. No tardamos en encontrar la respuesta: íbamos a repetir el encuentro con catalanes –algunos intelectuales, otros no– opuestos al nacionalismo para hablar con ellos sobre su visión de las cosas. Pero esta vez lo haríamos con gente más joven, nacidos al final de la dictadura o en democracia, y educados casi todos ya en la llamada escola catalana. ¿Cuál era el legado de treinta años de nacionalismo? ¿Cómo veían esta última oleada independentista? ¿Qué pronosticaban para las próximas elecciones? ¿Cómo debíamos obrar para atenuar una discordia social creciente? Quisimos volver a celebrar la conversación en El Taxidermista, pero ya no existe. Nos acogió, con gran generosidad, el Igueldo.

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Muchos de nosotros hemos pensado durante los últimos años que la mayoría de la sociedad catalana no era nacionalista, y que el sistema de partidos –casi todos ellos nacionalistas en mayor o menor grado– distorsionaba esta realidad social. Ahora, con esta nueva oleada independentista, y vistas las encuestas y los previsibles resultados electorales, quizá haya motivos para pensar que nos hemos equivocado y que muchos ciudadanos catalanes, quizá una mayoría, son partidarios de un alejamiento más o menos radical entre Cataluña y España. ¿Qué pensáis al respecto?

Marc López Plana: Todas las encuestas dicen que hay un aumento del número de gente que piensa que la solución para Cataluña pasa por más autonomía o la independencia. No sabemos si el posicionamiento de esa gente se debe a que es nacionalista o a que piensa que España ya no le sirve desde un punto de vista económico. El debate está ahí. A mi modo de ver, no hay muchos más independentistas de los que había antes, y si los hay es en buena medida por razones económicas, y no, como tradicionalmente era, por motivos sentimentales. El llamado sentimiento nacional no ha aumentado mucho. Pero mucha gente preocupada por la situación económica cree que es necesario cambiar la relación con España. Es un fenómeno producto de la crisis, ni siquiera únicamente catalán y español. En Baviera hay mucha gente, con razón o sin ella, que está harta de pagar a Berlín para que este pague a los pobres del sur que, a su modo de ver, han malgastado el dinero.

 

Miguel Aguilar: En la encuesta de ayer [14 de octubre] de La Vanguardia había una pregunta estupenda: ¿cómo pensaba la gente que se podía arreglar el enfado o la desafección de Cataluña hacia España? Había varias respuestas posibles: con una interpretación más flexible de la Constitución, con una reforma de la Constitución o solo con la independencia. Esta última opción era la preferida por alrededor de un 28% de los encuestados. Yo diría que el empate entre independentistas y no independentistas no existe. Los separatistas puros son ahora menos de un 30%. Aunque ciertamente hace unos años eran la mitad.

 

Malcolm Otero: Pujol inoculó un virus en la sociedad catalana que provocó que el catalanismo fuera lo único políticamente correcto. Ha sido el caldo de cultivo de lo que tenemos ahora. Seas de izquierdas o de derechas tienes que ser, en cierto grado, catalanista, porque si no pareces tener un desapego por tu propia comunidad. Si le preguntas a un taxista que no habla una palabra de catalán y escucha emisoras de radio de copla, te dirá que es un poco catalanista, un poco nacionalista y hasta un poco independentista. La sociedad catalana está toda infectada.

 

Daniel Tercero: Yo creo que la pregunta tiene trampa, porque siempre hemos considerado a los que no iban a votar a las elecciones autonómicas como no nacionalistas. Quizá el problema está ahí, que simplemente no son nacionalistas ni no nacionalistas, sino gente a la que le da igual. Y quizá esa gente ahora empieza a movilizarse hacia una opción, la de CiU, porque en momentos de crisis la gente se agarra a lo que puede.

 

Iñaki Ellakuría: Creo que no se puede obviar que hay una identidad catalana, un sentimiento de catalanidad, muy fuerte, que perdura. La manifestación del 11 de septiembre no se puede ignorar ni menospreciar. Eso está ahí. Y luego está el factor económico. Ahora se ha juntado la gente que cree que su identidad catalana no se respeta lo suficiente con la parte económica. Por eso empiezo a pensar que la idea de que debemos cambiar la relación con España empieza a ser muy general. No digo que me guste, digo que es así. La única salida es aceptar esta realidad y dialogar con ella. Si Convergència saca una gran mayoría el 25 de noviembre, eso tampoco se podrá obviar, porque CiU nunca había hablado claro, pero ahora Artur Mas ha dicho que las reglas deben cambiar. No creo que haya una mayoría separatista, pero empieza a haber una mayoría que quiere cambiar el vínculo, la forma de encaje.

 

Miguel Aguilar: Coincide con un desgaste del modelo autonómico que es nacional, no solo catalán. El problema no es solo el encaje de Cataluña en España, es la articulación de España en general. El Estado de las autonomías ha sido maravilloso, y me molesta mucho que se niegue que en los últimos treinta años hemos mejorado, pero ese modelo está agotándose en todas partes, y probablemente algunos sitios deban devolver competencias al Estado central. Y a lo mejor otros deben tener más autonomía. Quizá hay que acabar con el “café para todos”, que ha sido una buena idea durante treinta años y ahora ha dejado de serlo. El problema va más allá de Cataluña.

 

Iñaki Ellakuría: Si en las elecciones vascas Bildu saca los resultados que parece que va a sacar, esto ya no es solo Cataluña sino también el País Vasco. Y los que creemos en España tenemos que plantearnos que la Transición y el Estado de las autonomías han funcionado muy bien, pero hay síntomas que dicen que aquí falla algo. Bien, sentémonos e inventemos, sin miedo, adoptemos el modelo federal o inventemos nuestro propio modelo.

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Comentarios (4)

Mostrando 4 comentarios.

Me ha parecido muy interesante este debate y creo que con él queda patente la necesidad perentoria de luchar contra la soledad y la melancolía que acechan sin piedad al no nacionalista en Cataluña. A menudo sentimos miedo de que el repudio a este pensamiento único que se respira en este pedazo de España nos obligue a coger banderas que no sentimos como nuestras, por ejemplo, a ir a una manifestación haciendo ondear una bandera española, esa bandera que tantas veces hemos visto en manos de gente que no cuenta con nuestra simpatía...

Quizás haya llegado el momento de seguir el consejo de Simone Weil y viajar al pasado para encontrar alguna semilla a la que valga la pena dar una segunda oportunidad: recoger el testigo de los exiliados, de los que lucharon por una España diferente de la que nos tocó vivir. Quizás haya llegado el momento de crear también nosotros un mapa sentimental que nos permita mirar de igual a igual a un nacionalista y decirle que nosotros también tenemos nuestro "corazoncito". Oponer razón a tal avalancha de sentimentalismo se ha mostrado de muy poca utilidad y quizás éste haya sido el talón de Aquiles del PSC. Comparen si no el atractivo épico de la independencia (una épica de fin de semana con banderita pero épica) con la necesidad de precisar el frío concepto de "federalismo" (que además nadie nos ha llegado a aclarar del todo).

Me ha alegrado mucho que apareciesen las palabras de Mas de "una Catalunya millor" porque precisamente fueron esas las que usó cuando se quitó de encima a los taurinos de Cataluña, esa masa informe y escandalosamente pequeña de charnegos y catalanes renegados que se niegan a tenderse en el lecho de Procusto que ha diseñado el nacionalismo para los habitantes de esta tierra. Creo que esa vergonzosa e inútil votación en el Parlament tendría que haber alarmado a todos los no nacionalistas de Cataluña. Lo importante en esa ocasión no era ser o no taurino sino estar o no de acuerdo con que se prohíba una expresión cultural por razones identitarias. Cataluña no era taurina ni antitaurina: era una tierra donde ambos grupos podían convivir. Ahora ya no.

Creo que también es muy interesante que se haya puesto de manifiesto esa sensación de indefensión que tenemos los no nacionalistas porque, a pesar de que se promulguen leyes en España que nos pueden favorecer, aquí se desobedecen sin que tal comportamiento tenga ninguna consecuencia jurídica y sin que nadie se escandalice por ello.

Espero que se repitan este tipo de debates porque es importantes que se oigan otras voces que quizás ayuden a despertarnos de este "sueño nacional" que tiene visos de convertirse muy pronto en pesadilla.

 

 

No hay demasiados independentistas catalanes en este elenco... Es el "debate" más tendencioso y unilateral que he leído jamás en esta revista. Desde aquí en México se nota el enorme sesgo que ha tomado este tema en Letras Libres desde hace tiempo, que por demás me parece preocupante.

Triste degradación de la tradición (y voluntad) de diálogo y reflexión de esta publicación, al presentarnos aquí un supuesto contraste que, es evidente, no es para nada representativo de las posiciones políticas en Cataluña (sociedad cuya historia política e ideológica pareciera no tomarse en serio en ningún momento en este texto). 

Hace poco celebré el artículo de Juan Manuel Villalobos en Letras Libres"¿En qué momento se jodió El País?". Sería triste que eso también sucediera en esta revista. Saludos respetuosos.

 

No hay demoasiadas mujeres en este elenco.

Me parece una buena idea proponer y llevar a cabo debates como estos, porque, al fin y al cabo, es un tema de opinión que debe hacer reflexionar a muchos. Por otro lado, el error que veo en esta mesa redonda es que directamente se escoge a "catalanes opuestos al nacionalismo". De esta manera, por un lado no se permite la pluralidad, y por otro, es un encuentro con una conclusión poco objetiva... Me gustaría que ustedes también pensaran esto, porque tampoco es bueno que algunos se hagan una idea equivocada de lo que puede estar pasando, incluso de las razones de algo que podría llegar a pasar... Aun y así, muchas gracias por la tertulia, actividades intelectuales que siempre enriquecen, tanto a participantes como a lectores. Gracias de nuevo.

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