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Conversación

Tertulia disidente en el Taxidermista

Contra el status quo que parece ser el discurso nacionalista en Cataluña, un grupo de intelectuales se manifestó públicamente, cosechando acervas y hueras críticas. Esta es la transcripción de una de sus reuniones periódicas, donde la lucidez, el disenso y el buen comer son los ingredientes que sazonan la conversación constructiva.

Septiembre 2005 | Tags:
Una lluvia de papel ha caído desde que un grupo de intelectuales catalanes, compuesto por Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Xavier Pericay, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Ferran Toutain, Carlos Trías, Iván Tubau y Horacio Vázquez, hiciera un llamado a la formación de un partido político de izquierda que rompiera el déficit de representación política de la sociedad catalana, atrapada en el omnisciente discurso nacionalista, salvo la honrosa excepción, por la derecha, del PP. De las adhesiones entusiastas a los acercamientos subrepticios y vergonzantes, del silencio mediático a la descalificación sin argumentos o, incluso, a la abierta amenaza (como sucedió con el lamentable caso del artículo en el Avui del desequilibrado de Oriol Malló), el manifiesto tiene la virtud innegable de remover las pesadas aguas del discurso catalán.
     Tras asistir a su presentación a la opinión pública, el 7 de junio pasado, en la mezzanina del restaurante Taxidermista de la Plaza Real de Barcelona, lugar de reunión por largos meses de los miembros fundadores de la plataforma, fui invitado al almuerzo ritual del grupo, junto a otros amigos de la iniciativa, como Antonio Santamaría de El viejo topo; el inglés John Barras, director de Barcelona Business por seis años hasta su desaparición, estrangulado por las presiones nacionalistas al revelar actos de corrupción del entorno de CIU y castigado sin ninguna publicidad oficial; Sabino Méndez y Jordi Bernal. Mi idea era simplemente compartir los sagrados alimentos con ellos y, por la tarde, tener una serena conversación con un grupo "manejable" en número de integrantes y discutir a fondo los enormes problemas que para la libertad ciudadana plantea en Cataluña la imposición de un modelo de sociedad nacionalista. Y esto pese a contar con el rechazo mayoritario de la población que ve en la elaboración del nuevo Estatuto de Autonomía, si le hacemos caso a todas las encuestas, incluidas las de la propia Generalitat, un asunto poco relevante. Un divorcio entre ciudadanía y clase política como el de la Italia de los años sesenta, Azúa dixit, que entraña un peligro real de ruptura entre las preocupaciones ciudadanas y las ocupaciones de sus representantes. Pero la agenda de la mayoría de ellos, tras la euforia de la presentación, forzó a darle un giro a la proyectada y sosegada reunión y en su lugar, hacer de la comida, sobre la marcha, el espacio del debate.
     Sobra decir que no iba preparado, que la grabadora se paró a los pocos minutos, que nadie respetó el turno de palabra, que existieron muchas conversaciones paralelas y que todo estuvo sazonado, nunca mejor dicho, por el intermitente y quebradizo sonar de la prístina vajilla del Taxidermista. La lengua, mestiza y bilingüe de la Barcelona real, ajena al sueño nacionalista de la Barcelona ideal y sus oscuros comisarios lingüísticos, fue imponiendo su lógica —marcha otra de vi negre y més pernil. Otra caña. Leñe, altre amanida de bacallà— y, entre risas y veras, resultó esta conversación. No hay orden ni concierto, falta moderador —perdón, una ligera butifarra con mongetas me impedía hablar— y seguimiento en las réplicas, pero, pese a ello, en este coro de voces, casi en la acepción de la tragedia griega, se dicen verdades públicas que los medios y los políticos catalanes no quieren, o no pueden, decir. Y todo desde el valor civil, desinteresado, de un notable grupo de ciudadanos, plenos en sus trayectorias profesionales, pero que no quieren dejar pasar más tiempo y que mañana, cuando despierten de su plácida siesta mediterránea, les hayan arrebatado ya sus libertades. Buen provecho.
     P.D. De los integrantes del grupo Albert Boadella, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Iván Tubau y Horacio Vázquez Rial no pudieron quedarse a la comida. Del resto he trascrito o citado al menos una de sus intervenciones.

Uno de los aspectos más dramáticos, para mí, de la situación catalana, es la abdicación del intelectual frente al discurso nacionalista, su aceptación acrítica. No sé si alguien quisiera empezar tocando este punto.
     ARCADI ESPADA: Hace poco vi aquí en Barcelona una exposición muy interesante titulada "Desacuerdos", que abarca desde finales de los años sesenta de la España franquista hasta nuestros días. Esta exposición recogía algunas cuestiones en las que ha habido disenso y desacuerdo en España. Uno de ellos por cierto era el caso Raval. Lo sorprendente es que en esa exposición dedicada al desacuerdo no haya una sola referencia al disenso nacionalista. Y esto cuando el nacionalismo es hoy el establishment principal de la sociedad española, por lo menos en sus taifas respectivas. En Cataluña el desacuerdo antinacionalista ha sido prácticamente nulo. En ese contexto, los intelectuales no sólo no se han opuesto a los mitos nacionalistas, sino que han jugado, salvando las excepciones presentes, y alguna otra, el papel de legitimadores constantes del catalanismo y de sus mentiras, que nunca han sido pasadas por el peaje del pensamiento crítico, que siempre han sido tomadas como verdades absolutas.
     Me hace mucha "gracia" cuando Puigcercós critica al colectivo de víctimas diciendo, nada menos, que la política la hacen los vivos, no los muertos. Pero, ¿qué es lo que ellos están haciendo sistemáticamente desde hace años y años sino hacer política mortuoria? En cualquier caso, en veinticinco años de democracia catalana, el papel del intelectual ha sido absolutamente desertor. Y no desertor respecto a las ideologías, no, desertor ante lo real.

XAVIER PERICAY: El intelectual ha jugado un papel muy importante en sentido contrario, como codificador de una serie de mitos, de tradiciones inmemoriales. Que aparezca una disidencia de intelectuales con un discurso no nacionalista, de alguna manera viene a trastocar, viene a comprometer esta imagen de toda la intelectualidad catalana unida en comunión con la causa nacional. Por ello el nacionalismo reacciona tan violenta y descalificadoramente a nuestra visión de la sociedad catalana, ya que se rompe la manida imagen del intelectual unido a la "causa patria".

FELIX OVEJERO: Estoy de acuerdo con lo dicho hasta ahora, pero habría que ser más prosaicos. No olvidemos que estamos hablando de un sistema clientelar que te asegura un público, unos medios de comunicación y una venta de libros. Esto genera la necesidad psicológica, muy comprensible, de creerte tu propia biografía y sancionar positivamente aquello que te da de comer y así legitimarlo. El núcleo básico de ese discurso no está tanto en defender unos supuestos valores propios como en marcar la diferencia, el hostigamiento respecto a la otra comunidad cultural.

FELIX PEREZ ROMERA: El nacionalismo catalán es una cuestión de intereses de grupo, de corporación. Por ejemplo, durante los gobiernos de CIU siempre se negaron a subvencionar iniciativas culturales, en lengua catalana, que no les eran afines. Eso destroza la coartada de la protección de la lengua catalana. Estaban protegiendo una ideología. Esto ocurrió, por ejemplo, con el Diario de Barcelona cuando se publicó en catalán en los años ochenta. Hicieron todo lo que pudieron para hundirlo y lo consiguieron. Se hacía en catalán, pero no les era afín ideológicamente. Es lo que ha ocurrido con Albert Boadella, un hombre que ha hecho todo su teatro en catalán y que sin embargo nunca ha tenido acceso a los medios de comunicación públicos. Y así un largo etcétera. Lo que está claro es que el nacionalismo, además de ser impresentable por los fundamentos ideológicos que conlleva, es una coartada. Ni siquiera es cierto lo que ellos pretenden hacer creer que es, nunca les ha interesado otra cosa que mantener ese estatus de grupo, de corporación.

CARLOS TRIAS: Yo quería añadir algo sobre el papel de los llamados intelectuales, o la gente del pensamiento, de la cultura, de la farándula o de lo que sea, en la creación de esta atmósfera absolutamente asfixiante política e ideológicamente que se ha vivido en Cataluña prácticamente desde la Transición. Además de que gran parte de esta gente ha sido directamente comprada, con prebendas, subvenciones y becas, hay otra cosa mucho más irritante, que es un fenómeno que yo llamaría "pereza mental" en la izquierda. Recordemos que las alianzas antifranquistas se formaban a base de partidos de izquierdas y también partidos nacionalistas, vascos y catalanes. Entonces esta gente, acostumbrada a estar en las asambleas con nacionalistas, no supo reaccionar a tiempo, ver que poco a poco la distancia que separaba la izquierda de estas formaciones nacionalistas se iba agrandando, que el entorno social y político cambiaba, y que los nacionalistas, conforme accedían al poder autonómico, concretamente en Cataluña y el País Vasco, pero luego, miméticamente, en el resto de España, iban creando pequeños núcleos seudo-franquistas, neofranquistas de poder, basados en una vaga ideología, puramente hueca, de resistencia antifranquista. Los sectores de izquierda se plegaron a esta operación por pura y simple pereza mental. Creo que esto hace posible que España sea el único país del mundo en donde a unas personas que se ponen del lado de la Constitución, de un sistema semi federal como es el de las Autonomías, y hacen un manifiesto en defensa de cosas básicas, como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, se les acuse de ser de extrema derecha. Esta patología política tiene su caldo de cultivo en una profunda pereza mental de ciertos sectores de la izquierda.

ARCADI ESPADA: El catalanismo, además, también ha sido utilizado para lavar la mala conciencia de muchos. Ser catalanista ha sido una manera de borrar las huellas de los padres acomodados en el régimen de Franco, borrar las huellas de pertenencia a una burguesía no sólo complaciente con el antiguo régimen, sino beneficiada directamente por él. Pero yo insisto, para mí la traición más importante es la traición a la realidad.

CARLOS TRIAS: Por ejemplo, que Franco se murió hace treinta años, y no ayer. ¡Si para descalificarnos a nosotros tienen que remontarse a Lerroux y el 35!

¿Qué opinión les merece la propuesta del Parlamento catalán de prácticamente vetar la presencia de los autores catalanes en lengua española en la próxima feria de Frankfurt?
     ANA NUÑO: Es mucho más perverso que eso. La moción, introducida por ciu, y después de un paripé hecho por ERC y el PSC, que anunciaron que harían enmiendas, fue aprobada, salvo una pequeña enmienda del PSC, con la finalidad de demostrar una vez más que quienes se quedaban al margen eran los del PP. Esa moción dice que hay que priorizar —esa fue la aportación por cierto, del PSC— la presencia de autores y editoriales en lengua catalana. El nacionalismo catalán siempre ha avanzado con esta táctica de petit pas, lo que en principio hace muy difícil pillarles. No hablan de "veto" o "exclusión", sino de "priorizar", y, ¿quién se va a oponer a priorizar la lengua catalana? Aunque en realidad todos sabemos lo que significa el vocablo.
     Barcelona sigue siendo, ahora compartiéndolo con Madrid, el pulmón editorial de la lengua castellana. Por ello, un escritor que escribe en castellano va a encontrar editores en Cataluña que editen su obra, incluso más allá de las fronteras españolas. Pero el asunto es de nuevo más perverso. Pongo el siguiente ejemplo: antes de la reciente muerte de Miquel Bauçà, la pequeña e incipiente editorial que dirijo, interesada por la obra inicial de este poeta, le pidió a dos poetas también catalanes, convencidos de la bondad del proyecto, de que lo tradujesen al castellano con miras a hacer en un futuro una edición bilingüe de sus tres primeros poemarios. Muere Miquel Bauçà y se arma un gran revuelo mediático en torno este hombre, en el que, por supuesto, hasta ese momento la clase poética catalana no se había fijado. Lógicamente nos dirigimos a los derechohabientes de la obra para seguir adelante con nuestro proyecto y nos responden: "Muy bien, su proyecto es muy interesante, pero resulta que para nosotros la prioridad —de nuevo el vocablo maldito— es primero vender los derechos al inglés, al alemán, a otras lenguas, y ya veremos después al castellano". Y me consta que no se trata de una respuesta dilatoria e hipócrita porque haya otro proyecto que se nos adelante. Simplemente, de traducir al castellano ja en parlarem...
      
     ARCADI ESPADA: Yo quiero añadir algo que puede servir además como aclaración. La feria de Frankfurt naturalmente ha dicho que de catalanes sólo, nada. En la Web de la feria de Frankfurt, cuando dieron la noticia de la cultura catalana como invitada, citaron a tres autores: Juan Goytisolo, Carlos Ruiz Zafón y Eduardo Mendoza. Y esto simplemente porque el mercado de lengua castellana es aquí mismo un mercado más próspero y vital.

¿Cuáles son los límites del control nacionalista?
     XAVIER PERICAY: En Cataluña se da una relación patológica entre lo que es el ámbito público y el ámbito privado. Lo que hay es un desequilibrio entre aquello que realmente el poder político puede controlar, que es el ámbito de lo público: enseñanza, medios de comunicación públicos, administración, por supuesto, y un poquitín la justicia, y el ámbito de lo que también es público desde el punto de vista del intercambio, pero que debería ser privado desde el punto de vista del control, el mundo de lo social y lo económico. Sobre la independencia de estos dos ámbitos ha habido durante veinticinco años una especie de acuerdo tácito de respeto mutuo. El problema actual es que no hay oposición en este país: hay nacionalismo en el Gobierno y nacionalismo en la oposición, y eso ha forzado la actuación del gobierno hacia una deriva aún más nacionalista. Además, Esquerra Republicana no se conforma con el ámbito estrictamente público sino que quiere intervenir en el ámbito del libre intercambio, en el mundo socioeconómico, a través de unos mecanismos que ya le permite la propia ley de política lingüística del año 98, que es la sanción, la multa a los comercios, la ingerencia en ese ámbito hasta ahora respetado del mundo económico real. La Generalitat, a instancia de ERC, ha creado unas oficinas de garantías lingüísticas, una suerte de "comisarios" lingüísticos, con la voluntad y la autoridad legal para sancionar la conducta lingüística de los ciudadanos. Y esto es muy grave, ya que se traspasa una frontera hasta ahora respetada.

Una pregunta clave es ¿por qué no hay un partido no nacionalista en Barcelona, que recoja su rica tradición sindical y obrera, basado en la lealtad a la Constitución y la igualdad ciudadana?
     FELIX DE AZUA: Yo quería decir una cosa clarificadora y que hay que explicarla como para niños de siete años. Incluso en el País Vasco, después de treinta años de asesinatos, hay dos partidos a los que puedes votar fuera del universo nacionalista y que responden a su naturaleza ideológica: a la izquierda, el Partido Socialista, y a la derecha, el Partido Popular. La rareza de Cataluña es que no existe este partido de izquierda no nacionalista. Yo también voté a Maragall en las últimas elecciones con la esperanza efectivamente de que el Partido Socialista respondiera a sus funciones y presencia sociológicas. Y para mí ha sido verdaderamente muy sorprendente, no ya que compadrearan con Esquerra, que llegaran a acuerdos, eso lo puede comprender cualquiera, sino que no dijeran una sola palabra, una, de ánimos para la pobre gente que para los de ciu jamás ha existido en este país. Y no sólo los que hablan en castellano, o participan de la cultura española sino simplemente los que viven en barrios pobres. Esos nunca han existido. Pagan impuestos, tv3 y Canal 33 están financiados con sus impuestos, pero ellos no existen, y cuando aparecen, por ejemplo en las series de tv3, aparecen como drogadictos, policías nacionales, o ya catalanizados diciendo "me cago en Déu, aquets espanyols de merda". De manera que cuando un intelectual catalán como Xavier Bru de Sala, que ha comido en absolutamente todos los pesebres, escribe un artículo diciendo "no, claro, estos del manifiesto son unos resentidos que creían que les salvaría Maragall y ahora se les ha puesto cara de tontos", tiene razón, es verdad. Sí, se nos ha puesto cara de tontos con los socialistas actuando como nacionalistas. También es cierto que él ha tenido cara de tonto desde que nació. Pero es verdad; tiene razón, y en cierto modo, la respuesta a este documento y al mismo tiempo de toda la gente que está respondiendo es un poco esa: decir "hombre, no puede ser, no puede ser que no haya un partido de índole nacional para la izquierda".

¿Cuál es el desacuerdo lingüístico en Cataluña?
     ARCADI ESPADA: En principio no debería haberlo, ya que son dos lenguas muy próximas y que se aprenden al tiempo con facilidad. El problema es que en Cataluña el castellano ha desaparecido del ámbito institucional. El otro día estuve con mis hijas en un acto escolar por un premio de los juegos florales, en catalán, que le dieron a una de ellas. Y tanto en el concierto como en el recital celebratorios había todo tipo de autores, menos autores españoles. De tal manera que el problema es que en el universo institucional, y por universo institucional hay que entender hasta la escuela, no es que no exista el castellano, es que no existen Baroja, Cervantes, Valle, Lorca... El problema no es lingüístico, ¿cómo va a haber problema lingüístico en Cataluña con dos lenguas que se aprenden en una semana? El problema es que nos han sustituido a Valle, Baroja, Machado por Pere Calders y Narcís Oller.

FELIX DE AZUA: Yo quería dar un ejemplo que para los lectores mexicanos es estupendo: la Generalitat se planteó muy seriamente doblar al catalán las películas de Cantinflas, cosa absolutamente real y rigurosa. Y al final desistieron porque algún resto de cerebro les debe de quedar.

JOHN BARRAS: Hablando de paradojas, lo que me interesa mucho son las cifras oficiales del català: para la propaganda externa las cifras oficiales hablan de "más de diez millones de catalano parlantes". Y esto es útil, por ejemplo, para conseguir un puesto lingüístico en Bruselas. Sin embargo, el sociólogo Salvador Giner dice que más de la mitad de la gente en Barcelona, que engloba al 70 % de la población de Cataluña, tienen el castellano como lengua materna. Entonces, ¿cuál es la realidad? Las estadísticas, que deben ser un terreno limpio y científico, están plagadas de mentiras y esto lleva a oscurecer un análisis correcto. Por un lado van de víctimas al interior de España, alertando sobre los peligros y la debilidad del catalán, por el otro, en la acción exterior, presumen de ser la octava lengua europea. Señores, seriedad.

FERRAN TOUTIN: Yo, que soy de familia y lengua catalanas, quisiera recordar que el castellano es lengua de cultura en Cataluña desde por lo menos desde el siglo xv, cuando Boscán, el amigo de Ausias March, completamente deslumbrado por el renacimiento castellano, se pone a escribir en esa lengua. A partir de ese momento y hasta el fin de la mal llamada decadencia catalana, el castellano es la lengua de cultura en Cataluña. No lengua del pueblo, eso es verdad, porque no fue lengua del pueblo seguramente hasta el siglo xx, y muy especialmente hasta después de la Guerra Civil, cuando empiezan las inmigraciones masivas. Está el caso de muchas personas que tenemos el catalán como lengua familiar, incluso como primera lengua, y sin embargo, por decirlo de alguna manera, nos gusta el castellano y lo consideramos como lengua propia. Ésta es una cosa que quería dejar clara.
     Por otro lado, creo que el nacionalismo ha perjudicado terriblemente a la cultura catalana. El franquismo fue algo horrible, evidentemente, pero también es cierto que a partir de los años sesenta se crea una situación en la que se permite publicar en catalán y entonces reaparecen en plena madurez una serie de escritores que ya publicaban en su lengua antes de la guerra y crean obras de interés universal, no obras paranoicamente centradas en Cataluña o en el hecho de ser catalanes, obras que se pueden traducir y que son compartidas por mucha gente, pienso claro en Josep Pla, Salvador Espriú, o en autores más jóvenes como Mercé Rodoreda. Todo esto desaparece con el nacionalismo. Y el motivo es la subvención. En catalán se subvenciona cualquier cosa. Como se subvenciona cualquier cosa, cualquier imbécil puede escribir cualquier tontería en catalán, y le funciona. Un ejemplo paralelo es lo que ocurre con el rock catalán, esa cosa asquerosa, inaudible e insoportable pero que, como está subvencionado, tiene vía libre y puede hacer lo que le dé la gana. Sin embargo hay muchos jóvenes que tienen grupos musicales en Cataluña, en inglés o en castellano, y no les cae un duro, y que a pesar de eso prefieren seguir cantando en castellano o en inglés porque es lo que les gusta y hacen música más viva y auténtica que la de sus pares en catalán.
     El nacionalismo ha querido hundir la cultura castellana en Cataluña y a la que verdaderamente ha hundido es a la catalana, esto es lo grave. La cultura catalana se ha convertido en una cultura de la subvención y el ridículo. Esto es lo que pasa al tratar a la cultura catalana como si fuera un menor de edad, que es lo que se hace con los niños: "qué bien que dibujas", aunque el dibujo sea una porquería.

FELIX DE AZUA: Un segundo ejemplo para mexicanos: el departamento de Política Lingüística de la Generalitat está proponiendo programas de enseñanza del bereber, pero tiene prohibido dar clases de español.

CARLOS TRIAS: Marta Cid, la consellera de Educació, dijo una de las cosas que más me ha iluminado, lo que me ha parecido más inteligente desde hace mucho tiempo, que es la sensación de que el país no está para la cultura, sino la cultura está para el país. Y además dijo que el catalán no es un instrumento de comunicación, sino que es una línea de construcción nacional, creo que esto lo explica todo.

¿Y qué decir de la inmigración masiva de trabajadores castellano parlantes en los años cincuenta y sesenta?
     FRANCESC DE CARRERAS: Después de la Guerra Civil hubo un cambio en la composición social de Cataluña absolutamente extraordinario. Desde la segunda mitad del siglo XIX había habido inmigraciones hacia Cataluña, pero nada que ver con la masiva llegada de mano de obra durante los años 50 a Cataluña, procedente de Andalucía y Extremadura. Gente toda de habla castellana. Entonces, durante la Transición, en lugar de crear una cultura que tuviera en cuenta este cambio social definitivo, lo que se siguió es el mismo programa que habían creado los nacionalistas catalanes de principios de siglo, desde los tiempos de la Macomunitat. Un nacionalismo anclado en la contraposición de la cultura catalana y la española, y que tiene su lógica en la crisis de valores que acompaña al 98 español. Para mí, la verdadera traición de los intelectuales catalanes es que no han tenido en cuenta sobre todo esta realidad, que representa a la mitad de la población. Una cultura relativamente débil como es la catalana, no logra asimilar a esta parte importantísima de su propia población, con un alto porcentaje de gente despreciada, que no tiene ni una cosa ni otra.

SABINO MENDEZ: Fue la migración interna en tiempos de paz más grande de Europa. La pregunta es que si en cien años de discurso y en veinticinco de ejercer el poder institucional no han sido capaces de asimilar a culturas tan próximas como la catalana y la española, ¿qué va a pasar en el futuro, con la migración árabe, paquistaní, hindú?

ANTONIO SANTAMARIA: ¿Qué han conseguido con este sector de población que han intentado asimilar, que vive en los barrios marginales de Sabadell, Santa Coloma, Vic, Torelló? Pues que esos jóvenes no se han integrado en lo que llaman la catalanidad, pero tampoco sabemos muy bien a qué se han integrado. Es el mundo de la aculturización. Es el mundo de los quillos, como llaman despectivamente a los que provienen de las clases subalternas, o los xarnegos, o los lolailos, o los garrulos, que son los nombres despectivos que utilizan para ellos, frente a los independentistas, los nacionalistas o los lufos, los catalufos, en el que naturalmente uno está protegido por el sistema dominante. ¿Cuál es la reacción de este mundo? Decir simplemente, ¿nosotros somos los malos? Pues bien, somos malos. ¿Nosotros somos fachas? Pues bien, somos fachas. ¿La bandera española está mal vista? Pues yo llevaré un chándal de la selección española. ¿El Barça es més que un club? Pues yo tiro cohetes cuando gana el Madrid. Ese fenómeno de aculturación es un fenómeno que no está estudiado y eso lo tendremos que hacer. Creo que lo que pasó en Berga, donde murió una persona acuchillada, está relacionado con esta fractura social en dos comunidades, los asimilados y los excluidos.

Félix Ovejero: Lo que singulariza al escenario catalán es la reivindicación del léxico multicultural al tiempo que existe toda una realidad no reconocida, marginada. El apellido más frecuente en todas las comarcas de Cataluña es García y la segunda ciudad más española, según indicadores objetivos, es Barcelona. No es que haya una realidad que no se reconozca, sino que al revés, tienen que forzar a la realidad para que se parezca a su fantasía. Y eso llega a niveles freudianos. Obviamente el problema no es que en muchos lugares de Cataluña no ondee la bandera española, el problema es que esto es el reflejo de que existen múltiples espacios en el que la legalidad no se respeta. Lugares en donde tú, amparado por la Constitución, no puedes manifestar la discrepancia. Y esto es algo muy grave. En Cataluña hay espacios donde la libertad no existe.

¿Qué queda de la "locomotora de España"?
     FRANCESC DE CARRERAS: El nacionalismo catalán padece del síndrome del tuerto que de pronto descubre que los ciegos han recobrado la vista. Desde el nacionalismo catalán se sigue pensando que la vanguardia cultural, económica, social y política de España es Cataluña. Su discurso está en función de esto, cuando en estos momentos no es ni la vanguardia política de España, ni la económica, ni la social, ni la cultural. En los años sesenta, para nuestros amigos de Madrid venir a Barcelona era respirar; para nosotros ahora ir a Madrid es ir directamente a respirar. Madrid es un lugar donde se puede hablar de cosas importantes, no de estupideces, porque aquí estamos todos hablando de estupideces, de asuntos prepolíticos, no de asuntos políticos.

TERESA GIMENEZ BARBAT: Yo encuentro el "pensamiento" nacionalista en línea directa con el mundo mágico y el milenarismo. Y por ello es tan difícil de combatir. Se trata de una fe que no resiste el más mínimo análisis racional. -
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