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(Foto: ardrmex/Flickr)

Octavio Paz y Carlos Fuentes: el dilema Echeverría

El intercambio epistolar entre Fuentes y Paz continúa durante los primeros momentos de la presidencia de Luis Echeverría.

En la anterior entrega vimos algunas opiniones de Paz y Fuentes sobre los intelectuales que, de diversas formas, se alineaban con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, de la acción política al redituable elemento decorativo. Llegamos a 1970, cuando Luis Echeverría Álvarez (LEA) está a punto de tomar posesión de la presidencia, y cuando leímos cómo Fuentes describe la feroz mirada que les dirigió el candidato él y a José Emilio Pacheco en un encuentro fortuito.

Todavía el 13 de marzo de 1970, Fuentes le escribe a Paz (que está enseñando en la Universidad de Harvard) que lamenta estar “viviendo en plena euforia de Arriba y Adelante”, el lema de campaña de LEA. Registra que hay “versiones contradictorias sobre la personalidad de LEA o de El Señor, como le dicen sus achichincles”. Dice que hay “amigos nuestros que lo han acompañado en sus giras” y lo proclaman “un nuevo Cárdenas”. Aunque por otro lado no cesa de denunciar a los intelectuales que “reciben consignas del exterior”, a quienes llama los “intelectuales huertistas”. LEA le parece a Fuentes, en suma, un político vulgar e ignorante.

Paz había regresado a Harvard en septiembre de 1971, luego de que el 10 de junio estuvo en el auditorio Justo Sierra en la UNAM mientras sucedía el ataque en San Cosme. Al día siguiente –véanse las pp. 345 y ss. del libro de Domínguez Michael– había aparecido la “Declaración de los 14 intelectuales” (Paz, Fuentes, Gabriel Zaid, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Fernando Benítez, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Eduardo Lizalde, Alberto Gironella, Santiago Ramírez y Luis Villoro) condenando la represión, defendiendo el derecho a manifestarse y exigiendo investigar quién manejaba a los “halcones”. Hubo unas versiones en el sentido de que había sido LEA para culpar a la vieja guardia del PRI, y otras que decían lo contrario: que había sido esa vieja guardia para humillar a LEA. Ésta última fue la postura de Fuentes en el libro que publicó en esos días, Tiempo mexicano.

Después, Benítez dijo que había que elegir entre “Echeverría o el fascismo”; Fuentes dijo que sería “un crimen histórico” darle la espalda al presidente asesiado por el imperialismo y la derecha priista. (Gabriel Zaid le respondió a Fuentes con una sola línea que la revista Siempre! se negó a publicar: “el único criminal histórico es Luis Echeverría”.) Paz escribió que, por su propósito de resolver el crimen de San Cosme, LEA le regresaba “la transparencia a las palabras”, en el entendido de que dependería del éxito de la investigación y de que se cumpliese el consabido “caiga quien caiga”. Unas semanas más tarde, “ante el incumplimiento de la promesa –diría Paz-- reiteré mi crítica”.

Fuentes prefirió seguir creyendo. En  la primera carta que envía a Harvard, le escribe a Paz que “todo se está MOVIENDO en este país” y pone como ejemplo el otorgamiento del Premio Nacional de Artes y Ciencias a Daniel Cosío Villegas, en cuyo discurso dijo aceptarlo “para subrayar que hay o empieza a haber libertad política y respeto a la disidencia en México”, como abrevia Fuentes. Es esencial apoyar al ala izquierda del PRI y apoyar a LEA, insiste Fuentes, para por fin poner “en orden” al país:

[Fuentes: 7 de diciembre de 1971] Sigue aumentando la libertad de información […] hay absoluta libertad para criticar y disentir: un pluralismo ideológico como nunca se había visto aquí. En resumen: un clima de libertad creciente dentro de un clima de creciente peligro, contradicciones, political deals, conatos de violencia, pero un hecho central enorme: un país despierto, un país que se mueve, finis la tumba y la cama de piedra y México amordazado como Moscú.

A lo que Paz contesta:

[Paz: 14 de diciembre de 1971] No comparto enteramente tu optimismo: creo que hay una voluntad de cambio y que las cosas cambiarán (no sé si poco o mucho), pero no creo que Echeverría se decida a iniciar una política realmente socialista a lo Allende. Tal vez, por otra parte, no la necesitamos en estos momentos. Yo me conformaría con una auténtica democratización, un renacimiento del movimiento obrero y una política destinada a resolver (o por lo menos a abordarlos y reconocer su existencia) los verdaderos problemas de México: el demográfico, el del “otro” México, el del desarrollo (que hay que replantear enteramente).

Fuentes insiste el 22 de diciembre que LEA cambia a México: han sido liberados los presos del 68 y hay condiciones para crear un “movimiento” político que piensan lanzar a la brevedad y cuyas bases redactan él, Heberto Castillo, Flores Olea, Fernando Benítez, García Cantú y Francisco López Cámara (que, sin decirlo Fuentes, LEA propicia). Fuentes se pregunta si ese movimiento llegará a ser un partido. Por lo pronto, dice, se trata de apostar por “el sector público” contra “la iniciativa privada” y de llenar el

vacío entre las buenas intenciones de Echeverría y las organizaciones mediatizadas [obreros, campesinos y estudiantes]. El movimiento puede llenarlo (y superarlo) haciendo lo que Echeverría, ex-oficio, no puede hacer: convertir en demanda jurídica las reclamaciones de la base trabajadora […] Me parece que hay tres frentes: defensa del país frente a EE.UU., fortalecimiento del Estado nacional frente a la iniciativa privada, democracia de las organizaciones que solo con libertad pueden servir para defender al país y fortalecer al sector público.

En la misma carta, Fuentes le narra a Paz que lo llamó Echeverría personalmente para invitarlo a charlar a Los Pinos y luego ir a desayunar a casa de Hugo Margáin, donde estarían reunidos treinta economistas y funcionarios del gobierno, para discutir el problema agrario. “Como ves, hay un clima nuevo de verdad y sería una idiotez no aprovecharlo”, concluye.

Fuentes se había convertido con Fernando Benítez en la vanguardia del sector intelectual que apoyaba la “apertura democrática” del presidente...

(Continuará…)

 

 

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