Regresar al Home »
MARZO DE 2008Un virus
por Guillermo Sheridan
Lo primero que invariablemente veo al entrar a la cabina de un avión es al estúpido virus. Suele sentarse por la fila veinticuatro, obeso y orondo. Feliz con la posibilidad de multiplicarse en los pulmones de los quinientos desgraciados que viviremos once horas de encierro en esta tortura que una broma consensuada llama la “clase turista”.
El virus se ajusta el cinturón para el despegue. Está rodeado por tres damas italianas que se bañaron en Coyoacán con agua fridita, dos belgas fosforescentes que cancunearon ocho días, y el alemán que enseña el pie (en los aviones transatlánticos siempre hay un alemán que, por una razón u otra, enseña el pie: una baguette color betabel con agujetas de várices que se asoma por los corredores o se alza sobre los respaldos como un periscopio).
Es el virus intercontinental, con todos los pasaportes. Este catarro llegó ayer desde Dakar; este estornudo comenzó hace una semana en Vilnius. Un amasijo de lípidos y proteínas que rueda por los aeropuertos del mundo, impulsado por miles de estornudos en cadena, fortaleciéndose, coleccionando nuevas, intrépidas mutaciones. Luego se cuela hacia el 747 más a la mano y espera, sentadito, la hora de cenar... ¡El virus volador, enorme, un virus fileteable! Recuerdo que en alguna ocasión, antes de abor/
–¡Solicito respeto a mi derecho de réplica!
–¿Qué? ¿Quién?
–¡Respeto a mi derecho de réplica! ¡Respeto al derecho a la información!
–Pero, espérese, no puede interrumpir de esa mane/
–No es interrupción, sino reivindicación. ¡Los derechos se ejercen, no se mendigan!
–Pero óigame ust/
–Eres tú el que va a oírme a mí. Te has referido varias veces a mí en esta columna, ¿sí o no?
–Bueno, supongo que sí, per/
–Pues, por lo tanto, ¡tengo derecho de réplica retroactivo!
–Pero ese derecho no supone la posibilidad de interrum/
–¿Eres democrático?
–Bueno, sí, pero ¿qué tiene que ver la democr/
–Si eres democrático me tienes que ceder tu página. ¿A qué le temes? ¡El que nada debe, nada teme! ¿Tú temes? ¡Tú debes! ¿Qué debes?
–Ahorita no puedo atenderle. Les estoy contando a los lect/
–Los lectores tienen derecho a la información y yo tengo derecho de réplica, así de que todo combina.
–Pero está usted coartando mi derecho a la libre expr/
–¡Ne, ne, ne, ne, neeee! La libertad de expresión está abajo del derecho a la información.
–No se puede. Primero algo se expresa y luego se informa sobre lo expr/
–¡Ne, ne, neeee! Primero se informa y luego se busca de qué rellenar el informe.
–Se diría que usted encarna el derecho a la info/
–¡Para que veas! ¡No hay nada más informable que yo! ¡No debe haberlo! ¡Si se me puso un cerco informativo es porque tengo mucho que decir! ¡A nadie sin nada que decir se le impide decirlo!
–Pues dígalo en el Zócalo, porque esta columna es mía y no/
–¡Esta columna fue escrita en una computadora que funciona con energía que es propiedad de la nación!
–Y el Zócalo ¿no es propiedad de la nación? Pero, mire, ya. Es inútil discutir y tengo prisa. Diga sus ideas y váyase, porque ten/
–Sale pues: ¡El complot, el fraude, el pelele, el cerco informativo, el espurio, la mentira, los potentados, Juárez, la injusticia, la verdad!
–Válgame.
–¿Qué?
–Pues que es lo mismo de siem/
–Todavía falta: ¡La patria no se vende, se defiende! ¡No a la reforma energética! ¡No a ninguna reforma en general! ¡México para los mexicanos! ¡Traidores! ¡Traidores tú y tú, y también tú, traidor, y tú y tú y tú y tú y tú, traidor, y tú y tú! ¡Traidores! ¿Qué tal?
–Pues ideas, lo que se dice ide/
–¡Traidor!
–Fíjese que no. Usted es el fiscal, el juez y el jurado al mismo tiempo. Menos mal que no logró también ser el verdugo, porq/
–¡Traidor a la patria!
–Espéreme, oiga, usted no/
–¡Al diablo con los traidores!
–¿Puedo contestar, porf/
–¡Neeee!
–¿Y mi derecho de répli/
–¡El único derecho de los traidores es escoger entre la horca y el paredón!
–Válgame.
–Bueno, ya me voy. Queda constancia de que rehuiste el debate.
–Sí, claro... Que salve usted muchas patrias.
Bueno, pues como estábamos diciendo, nada más desagradable que los virus, esos oportunistas energúmenos que revolot/
–¡Derecho de audiencia!
–No puede ser… ¿Y ahora qué quiere?
–Nomás exigirle me expida una constancia de que no le agarré la pierna, políticamente hablando. ~
Comenta acerca del artículo:
Interactúe con Letras Libres.
Sea el primero en comentar acerca de este artículo.














