La máquina de matar. El Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista
por Álvaro Vargas Llosa
El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna tazas de café, sudaderas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de beisbol, tocados, emblemas de rockeros, truzas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans deshilachados, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes playeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo –y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) “chic”. Sean O’Hagan sostuvo en The Observer que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan “El Che lava más blanco”.
Los
productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por
pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la
cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven
en pantalones elásticos luciendo una playera del Che, o la
Flamingo’s Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario
respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este
argumento devastador: “Yo vendo lo que la gente desea comprar.”
Los revolucionarios también se unieron a este frenesí
de productos –desde “The Che Store”, que vende provisiones,
hasta el sitio que atiende “todas sus necesidades revolucionarias”
en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le
vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos
del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América
del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del
film Diarios de motocicleta
y de que Minà pudiera producir su propio documental. Para no
mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en
su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se
quejaba hace poco en Madrid, según el diario El
País, ante un Rioja y un magret
de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el
cobro de las regalías. Para llevar la ironía más
lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de
Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del
siglo XX sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos,
se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos
de jubilaciones y pensiones privada Máxima afjp, una hija de
la privatización de la seguridad social argentina en la década
de 1990.
La
metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva,
pero la marca viene experimentando un renacimiento –un renacimiento
especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años
después del colapso político e ideológico de
todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe
sustancialmente a Diarios de
motocicleta, la película producida por Robert
Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas
más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en
rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido
dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en
paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la
polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de
autodescubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes
tropieza con la explotación social y económica, lo que
va preparando el terreno para la reinvención del hombre a
quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de
nuestra era.
Pero
para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició
en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando
cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos
fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto
de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general
boliviano retirado, en una revelación espectacularmente
oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió
a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy
Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado,
muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de
Mantegna.
Es
usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera
historia de su héroe. (Muchos rastafaris
renunciarían a Haile Selassie si tuvieran alguna idea de quien
fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos
de Guevara, sus nuevos admiradores postcomunistas, también se
engañen a sí mismos al aferrarse a un mito –excepto
los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima
perfecta: “Tengo una remera [una playera] del Che y no sé
por qué.”
Considérese
a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado
el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión
contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que
protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro
Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de
futbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se
apareció en una importante velada de gala organizada por la
FIFA, el organismo del futbol mundial, vistiendo una playera roja y
negra del Che. En una reciente reseña publicada en The
New York Times sobre Land
of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba
que “el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación
de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario”, y
agregó: “Creo que el Che en verdad vive, después de
todo.”
El
héroe del futbol Maradona ostentó el emblemático
tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se
reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al
sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo
de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con
banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario
hogar de la literatura beat,
invita a los visitantes a una sección dedicada a América
Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por
libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía
mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en
Mexicali, luce una cinta del Che alrededor de la cabeza porque ella
lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de
Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los
carteles del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada.
Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney enumera a
los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson
y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta
legislativa de Hong Kong, desafía a Pekín al vestir una
playera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del presidente Lula
da Silva y encargado del programa de alto perfil “Hambre Cero”,
afirma que “deberíamos prestarle menos atención a
Trotsky y mucha más al Che Guevara”. Y lo más
estupendo de todo: en la ceremonia de este año de los Óscares,
Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción
principal de la película Diarios
de motocicleta: Santana se presentó luciendo una
camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto
del Che están por todas partes. Una vez más el mito
está apasionando a individuos cuyas causas, en su mayor parte,
representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.
Ningún
hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che
Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que
separa la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad
parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus
crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje –que
Castro describió como “su manera, en los momentos difíciles
y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y
peligrosas”– significa que no vivió para asumir la plena
responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto
acerca de una época como la verdad. Y es así como,
gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus
pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura
desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados
están muchos de nuestros contemporáneos respecto de
muchas cosas.
Guevara
puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más
enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por
experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su
“Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha;
el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá
de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva,
violenta, selectiva y fría máquina de matar.” Sus
primeros escritos se encuentran también sazonados con esta
violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex
novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los
diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de
“siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo
olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara
compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación:
“¿Revolución sin disparar un tiro? Estás
loco.” En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz
de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo
y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una
carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del
derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió:
“Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos
y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía.”
La
disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México
a Cuba a bordo del Granma
es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó
el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar,
publicada en su libro Ernesto:
Una biografía del Che Guevara en Sierra Maestra:
“Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre.” Esta
mentalidad había sido reforzada por su convicción de
que Arbenz había perdido el poder debido a que había
fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior
a su ex novia Tita Infante, había observado que “Si se
hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado
la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la
lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La
Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios
sumarios de muchísimas personas –enemigos probados, meros
sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en
el momento equivocado.
En
enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra,
Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que
aquel se encontraba pasando información: “Acabé con
el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en
la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus
pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a
tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse
cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si
esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente
culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar
la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas,
en razón de crímenes no especificados: “Tenía
que pagar el precio.” En otros momentos simularía
ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura
psicológica.
Luis
Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran
trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el
testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del
ejército revolucionario conocido como “el Catalán”,
quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro
Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron
responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se
encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la
duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas
de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución
de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central,
hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto
final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel,
como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex
revolucionario que después se convertiría en periodista
(agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos
como casquitos que
se habían unido al ejército simplemente para escapar
del desempleo).
Pero
la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo
su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del
régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión
de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico
para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución
contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una
fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra
los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió
en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante
Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de
1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad
Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía
al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña,
me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos
que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi
función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente
la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se
fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de
madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin
lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra
que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.
Es
usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera
historia de su héroe. (Muchos rastafaris
renunciarían a Haile Selassie si tuvieran alguna idea de quien
fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos
de Guevara, sus nuevos admiradores postcomunistas, también se
engañen a sí mismos al aferrarse a un mito –excepto
los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima
perfecta: “Tengo una remera [una playera] del Che y no sé
por qué.”
Considérese
a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado
el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión
contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que
protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro
Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de
futbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se
apareció en una importante velada de gala organizada por la
FIFA, el organismo del futbol mundial, vistiendo una playera roja y
negra del Che. En una reciente reseña publicada en The
New York Times sobre Land
of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba
que “el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación
de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario”, y
agregó: “Creo que el Che en verdad vive, después de
todo.”
El
héroe del futbol Maradona ostentó el emblemático
tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se
reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al
sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo
de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con
banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario
hogar de la literatura beat,
invita a los visitantes a una sección dedicada a América
Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por
libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía
mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en
Mexicali, luce una cinta del Che alrededor de la cabeza porque ella
lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de
Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los
carteles del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada.
Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney enumera a
los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson
y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta
legislativa de Hong Kong, desafía a Pekín al vestir una
playera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del presidente Lula
da Silva y encargado del programa de alto perfil “Hambre Cero”,
afirma que “deberíamos prestarle menos atención a
Trotsky y mucha más al Che Guevara”. Y lo más
estupendo de todo: en la ceremonia de este año de los Óscares,
Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción
principal de la película Diarios
de motocicleta: Santana se presentó luciendo una
camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto
del Che están por todas partes. Una vez más el mito
está apasionando a individuos cuyas causas, en su mayor parte,
representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.
Ningún
hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che
Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que
separa la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad
parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus
crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje –que
Castro describió como “su manera, en los momentos difíciles
y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y
peligrosas”– significa que no vivió para asumir la plena
responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto
acerca de una época como la verdad. Y es así como,
gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus
pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura
desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados
están muchos de nuestros contemporáneos respecto de
muchas cosas.
Guevara
puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más
enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por
experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su
“Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha;
el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá
de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva,
violenta, selectiva y fría máquina de matar.” Sus
primeros escritos se encuentran también sazonados con esta
violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex
novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los
diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de
“siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo
olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara
compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación:
“¿Revolución sin disparar un tiro? Estás
loco.” En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz
de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo
y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una
carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del
derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió:
“Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos
y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía.”
La
disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México
a Cuba a bordo del Granma
es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó
el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar,
publicada en su libro Ernesto:
Una biografía del Che Guevara en Sierra Maestra:
“Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre.” Esta
mentalidad había sido reforzada por su convicción de
que Arbenz había perdido el poder debido a que había
fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior
a su ex novia Tita Infante, había observado que “Si se
hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado
la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la
lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La
Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios
sumarios de muchísimas personas –enemigos probados, meros
sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en
el momento equivocado.
En
enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra,
Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que
aquel se encontraba pasando información: “Acabé con
el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en
la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus
pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a
tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse
cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si
esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente
culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar
la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas,
en razón de crímenes no especificados: “Tenía
que pagar el precio.” En otros momentos simularía
ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura
psicológica.
Luis
Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran
trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el
testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del
ejército revolucionario conocido como “el Catalán”,
quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro
Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron
responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se
encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la
duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas
de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución
de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central,
hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto
final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel,
como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex
revolucionario que después se convertiría en periodista
(agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos
como casquitos que
se habían unido al ejército simplemente para escapar
del desempleo).
Pero
la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo
su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del
régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión
de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico
para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución
contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una
fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra
los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió
en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante
Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de
1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad
Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía
al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña,
me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos
que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi
función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente
la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se
fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de
madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin
lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra
que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de futbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del futbol mundial, vistiendo una playera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que “el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario”, y agregó: “Creo que el Che en verdad vive, después de todo.”
El
héroe del futbol Maradona ostentó el emblemático
tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se
reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al
sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo
de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con
banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario
hogar de la literatura beat,
invita a los visitantes a una sección dedicada a América
Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por
libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía
mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en
Mexicali, luce una cinta del Che alrededor de la cabeza porque ella
lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de
Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los
carteles del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada.
Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney enumera a
los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson
y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta
legislativa de Hong Kong, desafía a Pekín al vestir una
playera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del presidente Lula
da Silva y encargado del programa de alto perfil “Hambre Cero”,
afirma que “deberíamos prestarle menos atención a
Trotsky y mucha más al Che Guevara”. Y lo más
estupendo de todo: en la ceremonia de este año de los Óscares,
Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción
principal de la película Diarios
de motocicleta: Santana se presentó luciendo una
camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto
del Che están por todas partes. Una vez más el mito
está apasionando a individuos cuyas causas, en su mayor parte,
representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.
Ningún
hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che
Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que
separa la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad
parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus
crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje –que
Castro describió como “su manera, en los momentos difíciles
y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y
peligrosas”– significa que no vivió para asumir la plena
responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto
acerca de una época como la verdad. Y es así como,
gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus
pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura
desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados
están muchos de nuestros contemporáneos respecto de
muchas cosas.
Guevara
puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más
enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por
experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su
“Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha;
el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá
de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva,
violenta, selectiva y fría máquina de matar.” Sus
primeros escritos se encuentran también sazonados con esta
violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex
novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los
diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de
“siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo
olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara
compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación:
“¿Revolución sin disparar un tiro? Estás
loco.” En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz
de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo
y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una
carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del
derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió:
“Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos
y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía.”
La
disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México
a Cuba a bordo del Granma
es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó
el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar,
publicada en su libro Ernesto:
Una biografía del Che Guevara en Sierra Maestra:
“Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre.” Esta
mentalidad había sido reforzada por su convicción de
que Arbenz había perdido el poder debido a que había
fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior
a su ex novia Tita Infante, había observado que “Si se
hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado
la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la
lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La
Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios
sumarios de muchísimas personas –enemigos probados, meros
sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en
el momento equivocado.
En
enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra,
Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que
aquel se encontraba pasando información: “Acabé con
el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en
la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus
pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a
tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse
cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si
esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente
culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar
la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas,
en razón de crímenes no especificados: “Tenía
que pagar el precio.” En otros momentos simularía
ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura
psicológica.
Luis
Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran
trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el
testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del
ejército revolucionario conocido como “el Catalán”,
quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro
Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron
responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se
encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la
duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas
de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución
de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central,
hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto
final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel,
como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex
revolucionario que después se convertiría en periodista
(agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos
como casquitos que
se habían unido al ejército simplemente para escapar
del desempleo).
Pero
la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo
su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del
régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión
de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico
para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución
contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una
fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra
los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió
en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante
Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de
1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad
Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía
al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña,
me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos
que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi
función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente
la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se
fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de
madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin
lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra
que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su “Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.” Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de “siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: “¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco.” En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: “Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía.”
La
disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México
a Cuba a bordo del Granma
es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó
el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar,
publicada en su libro Ernesto:
Una biografía del Che Guevara en Sierra Maestra:
“Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre.” Esta
mentalidad había sido reforzada por su convicción de
que Arbenz había perdido el poder debido a que había
fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior
a su ex novia Tita Infante, había observado que “Si se
hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado
la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la
lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La
Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios
sumarios de muchísimas personas –enemigos probados, meros
sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en
el momento equivocado.
En
enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra,
Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que
aquel se encontraba pasando información: “Acabé con
el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en
la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus
pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a
tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse
cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si
esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente
culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar
la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas,
en razón de crímenes no especificados: “Tenía
que pagar el precio.” En otros momentos simularía
ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura
psicológica.
Luis
Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran
trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el
testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del
ejército revolucionario conocido como “el Catalán”,
quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro
Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron
responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se
encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la
duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas
de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución
de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central,
hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto
final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel,
como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex
revolucionario que después se convertiría en periodista
(agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos
como casquitos que
se habían unido al ejército simplemente para escapar
del desempleo).
Pero
la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo
su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del
régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión
de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico
para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución
contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una
fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra
los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió
en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante
Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de
1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad
Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía
al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña,
me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos
que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi
función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente
la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se
fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de
madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin
lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra
que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: “Tenía que pagar el precio.” En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.
Luis
Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran
trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el
testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del
ejército revolucionario conocido como “el Catalán”,
quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro
Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron
responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se
encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la
duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas
de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución
de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central,
hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto
final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel,
como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex
revolucionario que después se convertiría en periodista
(agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos
como casquitos que
se habían unido al ejército simplemente para escapar
del desempleo).
Pero
la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo
su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del
régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión
de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico
para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución
contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una
fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra
los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió
en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante
Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de
1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad
Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía
al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña,
me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión
Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra:
tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos
que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi
función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente
la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se
fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de
madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin
lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra
que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Pero la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier
Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a
aquellos condenados a morir y que presenció personalmente
docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su
casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco
años de edad, quien se describe como “más cercano a
Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al
ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel
de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres
hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares
batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía,
algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El
juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí,
en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los
compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal.
Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por
el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera
revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera
de la muerte”, donde permanecían los prisioneros
desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo
hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y
que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas
desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera
conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí
a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere
decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se
decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos
“el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón,
atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias
veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas.
Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero
fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí
también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí
un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó
abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites
se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los
últimos tres años. Me fui a México para un
tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo
que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el
otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos.
Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos
enemigos frente a frente.”
¿Cuánta
gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra
de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un
profesor de economía retirado que ha compilado una lista de
179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las
ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas
fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959
(fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña).
Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La
Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más
de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los
biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de
la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú,
hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez,
un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura
de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che
después de su captura respecto de “las dos mil y pico”
ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que
todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”,
recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir
ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en
que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo
cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante
indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El
Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran
músico de jazz
Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la
ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de
esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por
ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo
escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio
de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El
ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse
además del asesinato. La contradicción entre su pasión
por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del
Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de
un Estado esclavizante en relación con otras personas es
patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a
esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en
cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría
haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa
de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso
depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras
personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez, un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de “las dos mil y pico” ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”, recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de un Estado esclavizante en relación con otras personas es patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.
En
1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus,
Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia,
regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del
alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba
precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también
a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó
en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese
año: “Las masas que luchan están de acuerdo con
asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los
mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para
reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano
marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el
triunfo de la revolución.
El
impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar
la propiedad del territorio de otros fue central en la política
opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal
Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas
personas habían abandonado su país debido a la reforma
agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó
enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través
del número de individuos “que sienten que no hay lugar para
ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó
una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios,
acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución
crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central en la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos “que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución crearían.
La
obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue
establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en
Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el
Che temporalmente se retiró para recuperarse de una
enfermedad. Allí fue donde los líderes principales,
incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de
guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la
Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española
enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca
de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más
tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó
un papel fundamental en la organización del sistema, junto con
Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La
Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al
que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de
las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos
de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en
la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco,
con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva
serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al
embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los
contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su
cabeza”.
“Contrarrevolucionario”
es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara
del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos
de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático
era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye
al general español Valeriano Weyler, el capitán general
de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la
palabra “concentración” para describir la política
de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los
simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de
púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado)
que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después
continuaran con esta tradición local. Al principio, la
revolución movilizó a voluntarios para construir
escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas
–todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el
Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de
telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario
se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de
trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental
hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la
función desempeñada por este método de
confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir
a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral
revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo
bestial.”
Este
campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a
partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes,
homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de
Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el
estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los
“desadaptados” serían transportados a punta de pistola a
los campos de concentración organizados sobre la base del
modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros
serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría
quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor
documental de Néstor Almendros Conducta
impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas
antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
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Traducción
de Gabriel Gasave
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Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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“Contrarrevolucionario” es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la palabra “concentración” para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuaran con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas –todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo bestial.”
Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los “desadaptados” serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros Conducta impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas antes de ahora.
De
esta manera, la revista Time
parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la
división del trabajo de la revolución con una nota de
tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro
como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”.
Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en
hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de
alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica,
dado su espíritu bohemio, pero durante los años de
entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha
armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista
locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran
medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente
oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para
ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron
arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que
admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso.
(Habló abiertamente de su relación con Nikolái
Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en
Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido
Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos
Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión
del régimen de Castro al comunismo.
Esta
fanática disposición convirtió al Che en una
parte esencial de la “sovietización” de la revolución
que se había jactado reiteradamente de su carácter
independiente. Muy poco después de que los barbudos
llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con
Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien
visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las
negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a
finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la
Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más”
lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto
de 1962, fue aún más significativo, en razón de
que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en
una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con
Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una
operación que ya se había iniciado, y que involucraba
la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles
soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas
nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta
y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos
sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que
estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría –en otras palabras, de que
Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la “sovietización” de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más” lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado, y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría –en otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según
la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario
había alardeado que “su país se encuentra deseoso de
arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable
capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después
de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov
renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un
acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía
retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo
a un periódico comunista británico: “Si los cohetes
hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido
contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva
York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de
años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las
formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia
pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre
los explotadores y el explotado.”
Guevara
se distanció de la Unión Soviética en los
últimos años de su vida. Lo hizo por las razones
equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando
ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas
concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual
llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de
1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario
soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les
pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las
pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y
ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un
amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que
Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque
comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su
apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó
en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en
la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del
valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos,
en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue
un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación
de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El
gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica
su visión económica –su idea de la justicia social–
como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de
Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de
1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El
periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la
producción de azúcar, el fracaso de la
industrialización, y la introducción del racionamiento
–todo esto en el que había sido uno de los cuatros países
económicamente más exitosos de América Latina
desde antes de la dictadura de Batista.
Su
tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió
billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su
asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una
ignorancia absoluta de los principios más elementales de la
economía.” Los poderes de percepción de Guevara
respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en
1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en
Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por
ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”.
En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su
muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una
ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por
mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de
pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
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por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía.” Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”. En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La
reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los
burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en
la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área
cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída
hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la
cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas
métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el
fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba
carecía de materias primas para la industria pesada, y, como
una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no
contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o
incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara
estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores
en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías
han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia
exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se
vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de
industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó
su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético
a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para
revenderlo a otros países. Durante las tres décadas
siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio
soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien
mil millones de dólares.
Habiendo
fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece
Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra
de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la
toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren
con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado.
Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió
de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo,
quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área,
está entre aquellos que han criticado la historia oficial de
Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del
triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos
guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá,
y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió
al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al
persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal
desde Bolivia, justo después de que la democracia
representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
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Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
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Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
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Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente
desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió
con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el
este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era
sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y
exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de
Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal
como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que
podían leer y a todos los que vestían una corbata.
Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba
meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el
mundo descubriría en los años noventa que también
él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara
se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este
antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo
después, Mobutu llegó al poder e instaló una
tiranía de décadas. (En los países
latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones
inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de
reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En
Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez.
Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria
había tenido lugar unos años antes; el gobierno había
respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas;
y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su
nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto”
fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario
boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista
local, quien no tenía estómago para una guerra de
guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a
Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país.
Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro,
poco después de reunirse con el intelectual francés
Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos
arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte
de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
©
The New
Republic
Traducción
de Gabriel Gasave
Comenta acerca del artículo:
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Comentarios:
Estimado... el tema que usted ha tocado al inicio de su artículo está bien tratado por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que usted citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM Lo interesante de este video es que fue tomado en el concierto del homenaje al centenario del natalicio de Salvador Allende, donde yo le decía a mi compañero "no tengo nada en contra de allende, pero como que se ha vuelto muy rockstar en los últimos años que lleva muerto". Esa canción tiene una frase muy interesante, que dice "Ser Jesucristo al final del milenio Che". Lo criticable de esta línea argumentativa, a mi juicio es intentar hacer un contraste entre el mito y la realidad. Esto, ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
por Hector Carlos Strocchi. Escrito el 03 de marzo de 2007
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En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto” fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara
fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la
vida con base en principios militares en los territorios bajo su
control, pero no era un General Giap. Su libro La
guerra de guerrillas enseña que las fuerzas
populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario
aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco
insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar
principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de
guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de
cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista
no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente
de motivación y sin mucha organización; los focos
guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos
en cenizas para los foquistas,
y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento
en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también,
el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En
las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía
la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la
década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos
era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses.
Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto
a su pbi per capita.
Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se
debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
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Republic
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de Gabriel Gasave
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La temática del artículo está bien tratada por una canción de un Argentino que parafrasea ese verso que se citaba. Kevin Johansen y la canción es "mc guevara o che donals" http://www.youtube.com/watch?v=hM4QfaV3kqM
Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
por Rodrigo Ledesma. Escrito el 27 de febrero de 2009
Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
por saul carpio. Escrito el 10 de octubre de 2007
Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
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Al
igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a
través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los
catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara,
Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que
Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder
revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien
derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó
al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior.
Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda,
Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases
y puntos de partida para la organización de la República
Argentina, fue la base de la Constitución de 1853
que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó
la inmigración y aseguró los derechos de propiedad,
inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de
asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de
otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el
Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
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Como bien dice la imaginarización del Che tiene más un valor de mito que de otra cosa. Los mitos son construcciones (que no necesariamente son completamente ciertas) pero que sin embargo nos aportan una explicación de nuestras condiciones de existencia. En este caso, el rostro del Che no nos habla de sus logros de hecho ni nos recuerda mucho menos seguir el EJEMPLO del GRAN HOMBRE, sino más bien nos muestra que lo que promueve el capitalismo de libre mercado, se basa no en hechos de la realidad, sino en construcciones a la base ...Leer más >>
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Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
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Señor Strocchi visite cuba y digame cual adelanto y cultura. Los cubanos piensan que son el unico país con educación gratuita, y piensan que sigue siendo gratuita si trabajan como jornaleros para recibirla.
¿Un país avanzado es acaso el que prostituye a sus niñas?
Se que es doloroso que a uno le tiren sus idolos, pero, los idolos son de barro.
Cuba es sin lugar a dudas el país mas atrasado y esclavizador de todos los de america latina.
por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido.
Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
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Mirándolo asi, ¿Cuántas dictaduras liberales existen en el mundo?: ninguna. ¿Cuántas dictaduras de izquierdas?: Cuba, China, Venezuela, y todas las demás exceptuando los países árabes, que son caso a parte por el integrismo islámico. Recordemos por cierto que hasta Hitler era un socialista, un nacional-socialista. Socialistas asesinos!!! ¿Representa la Izquierda verdaderamente la Libertad, la Igualdad, la Democracia y el Progreso?. Evidentemente no. Lo único que representa la Izquierda hoy es el anarquismo más radical y rancio, el terrorismo antisistema, el intervencionismo del Estado en la economía, y la violación sistemática de las Libertades y los Derechos humanos en todos los países del mundo. Por cierto cuando dije "socialistas asesino...Leer más >>
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por Jorge Israel Toledo. Escrito el 02 de septiembre de 2007
Cuando abrí la página lo primero que me sorprendió fue el dibujo de una calavera que representa, supuestamente, a Guevara. Nadie en su sano juicio podria realizar ese dibujo. Pero mi sorpresa fue creciendo en forma exponencial cuando leí el contenido. Por mi condición de geólogo he caminado bastante, no comulgo con el comunismo ni con el capitalismo, pero yo pregunto ¿Que pais de centro américa tiene el adelanto y lacultura de Cuba. Además, permitanmé situarme en la época de la revolución Cubana: Una Cuba analfabeta garito y prostíbulo de los Norteamericanos, dominada por el Dictador Fulgencio Batista ¿A cuantos cubanos mató y torturó?¿Cuantos dólares robó? Eso no lo dice el Señor Vargas. Yo le sugeriría que si quiere escribir sobre cr...Leer más >>
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