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20 preguntas a Diego Muñoz Valenzuela

1. ¿Escribir sobre lo público o lo privado?
Si uno escribe sobre lo privado, deja de serlo. Si es demasiado privado, no interesa a ningún lector. Si uno escribe sobre lo público –lo que todos conocen– no tiene demasiado interés. La única solución a este dilema sería escribir sobre lo público desde una óptica privada. O escribir algo sobre lo privado que pudiera ser atingente a lo público. Todas estas disquisiciones son inútiles. Uno nada más escribe. A veces resulta, otras veces no. Lo importante es escribir. Y que alguien te lea.
2. ¿Escribir de día o de noche?
Escribo de día, de preferencia por las mañanas silenciosas, muy temprano, idealmente mirando hacia un jardín bañado de sol, donde los pájaros retocen. A menudo despierto de madrugada y me instalo en mi escritorio a esperar el amanecer mientras escribo.
3. ¿Cuál es la obra literaria más sobrevalorada?
Es posible que se trate de aquella clase de libros de la que todos hablan (por temor a quedar como ignorante), pero que muy pocos han leído. Hay muchos ejemplos de esta clase.
Para cumplir el encargo, daré un ejemplo. A pesar de que constituye un paradigma del micro relato, el afamado El dinosaurio de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Creo –y no soy el único- que este famoso cuento ha contribuido a exagerar la importancia de la mera brevedad –y no la concisión, que es lo más relevante- para este género.
4. ¿Y la injustificadamente olvidada?
Prefiero poner más de una, pensando en que esto pueda llevar, a quienes leen el cuestionario, a la búsqueda de las obras:
El club de los parricidas, de Ambrose Bierce. Brillante autor casi secreto a estas alturas, una colección de cuentos imperdible.
El sol desnudo, novela de Isaac Asimov. Una joya única que se pierde en la amplia galería de éxitos de un autor tan divulgado.
Cuento de hadas en Nueva Yorkde J.P. Donleavy, novela que incursiona maravillosamente en el humor negro.
El país de espuma, emocionante novela de reconstrucción histórica de la antigüedad por Iván Efremov.
5. ¿La obra maestra que nunca ha leído y quizá ha dicho que sí?
Ulises de James Joyce, nunca he podido terminarlo. Me ha vencido varias veces. Soy un lector por placer, poco dado a los desafíos excesivos y a las obligaciones.
6. ¿Cuál es el secreto literario mejor guardado?
Aquel que te espera en un mesón de librería en cualquier parte del mundo, en los anaqueles de una biblioteca a la que entras por primera vez, en las cajas de un vendedor de libros usados en una feria de las pulgas, en una página web, en cualquier lugar inesperado. Me maravillo cuando eso ocurre: abres el libro de un autor que no conoces, te llama la atención el título, luego investigas la contraportada o las solapas, y prolongas el examen a las primeras líneas, y de pronto estás atrapado en la magia de la lectura, y lo pides, lo compras y lo lees, y sabes que has hecho un hallazgo maravilloso. Después lo compartes con otro lector y compruebas que se trata de un tesoro. Algo así constituye una gota de felicidad susceptible de ser atesorada.
7. ¿Hace daño el culto al escritor?
Todo culto hace daño si es excesivo. No obstante, puede ser más dañina la ausencia total de culto, el que te nieguen, ignoren, omitan.
8. ¿Cómo reaccionaría si descubriera miles de copias piratas de sus libros en el mercado negro?
Me pasarían varias cosas, aquí van algunas de ellas:
- Sentiría halagada mi vanidad: ser escogido para el pirateo implica un reconocimiento.
- Me alegraría por quienes tendrán la posibilidad de leer mis libros a un precio considerablemente más bajo (en Chile los libros son muy caros).
- Experimentaría la inquietud propia de una persona pobre a la cual le han robado la billetera en un medio de transporte
9. ¿El Estado debe pagar para que los escritores escriban?
En un país como Chile, con un mercado editorial tan reducido y con tan bajos niveles de lectura, es necesario que el Estado provea condiciones mínimas a los autores de trayectoria probada y a los nuevos creadores talentosos. Esto se hace en Chile, pero todavía a una escala muy mezquina. No obstante, hay otras buenas razones para que el Estado le pague a los escritores:
- Para que visiten las escuelas primarias y secundarias a fin de conversar con los alumnos y los profesores, a transmitirles su entusiasmo por la lectura (quién puede estar más entusiasmado con la literatura que un escritor).
- Para que dirijan talleres de lectura o de escritura, especialmente dirigidos a los jóvenes (no exclusivamente, por cierto).
- Para que vayan a las universidades a leer sus creaciones y dialogar con la comunidad.
- Para que vayan a todas partes a leer y conversar sobre literatura: a bibliotecas, sindicatos, centros culturales, gremios, plazas, ferias, librerías, mercados.
10. ¿La “escritura creativa” puede aprenderse en un taller?
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