artículo no publicado
  • Ningún escritor puede saber en qué momento exacto comenzó a serlo. Se trata más bien de un proceso, de algo que ha ocurrido en el pasado, a partir de lo cual ya no se puede vivir sin escribir.
  • Muchos lectores están convencidos de ser superiores a quienes no leen, y sienten por ellos una conmiseración que pronto se convierte en menosprecio. Pero no existe tal superioridad, y esos sentimientos son paradójicos, dado que, en teoría, la lectura promueve la empatía y la tolerancia.
  • En cierto sentido, ‘Cien años de soledad’ es una novela costumbrista, y quizá su supuesto realismo mágico no sea más que una cuestión de perspectivas, o una confusión.
  • Muchos pensadores han reflexionado sobre el tedio de la inmortalidad. Es la muerte lo que da sentido a la vida. Y si hay que plantearse cosas que hacer antes de morir, quizá la mejor sea vivir de manera tal que a uno lo recuerden cuando ya no esté.
  • Los editores se dividen en dos bandos irreconciliables: los que creen que el rótulo en los lomos de los libros deben poder leerse de abajo hacia arriba y los que opinan lo contrario. Pero además hay quienes convierten ese espacio en obras de arte y hasta quienes los transforman en poesía.
  • El 27 de abril de 1977, hace exactos cuarenta años, Héctor Germán Oesterheld, uno de los más importantes creadores y guionistas de historietas de todos los tiempos, fue secuestrado por un grupo de tareas de la última dictadura argentina.
  • La idea suena ingenua, cercana a la magia: imitar una caligrafía o transcribir un texto ajeno para que algo del autor copiado se impregne en el copiador. Sin embargo, hay quien, a su manera, la llevó a la práctica.
  • Somos lo que recordamos ser, es decir, lo que nos podemos narrar. Por eso, la acción del olvido —desde la natural memoria selectiva hasta la amnesia— da lugar a historias curiosas, tanto en la ficción como en la vida real.
  • Para fomentar la lectura, la clave consiste en crear lectores que conozcan sus derechos: derecho a leer cualquier cosa, a abandonar un libro en cualquier momento, a saltarse páginas, incluso simplemente a no leer.