artículo no publicado
  • El intento del chavismo por suprimir al poder legislativo ha sacado a relucir las diferencias al interior del régimen y propiciado el acercamiento entre las fuerzas de la oposición.
  • El pasado 12 de febrero Venezuela entró en un turbulento periodo de significativas manifestaciones de protesta. Como respuesta, el gobierno aprehendió al dirigente Leopoldo López, bajo acusaciones de fomentar la inestabilidad en el país. Aunque son compañeros de causa dentro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), López y uno de los líderes más importantes de la oposición venezolana, Henrique Capriles Radonski, mantienen posiciones divergentes. Distante, en principio, de las protestas estudiantiles, que parecen haber tomado vida propia, Capriles regresa ahora por sus fueros. Aunque a algunos les preocupa que la virulencia de las protestas aumente en la misma medida que la represión –hasta el momento, catorce estudiantes, de un total de veintiocho muertos, han sido asesinados por fuerzas policiales y paramilitares del chavismo (encontrados con disparos en la cabeza)–, el excandidato presidencial es, para la mayoría, el único líder que puede otorgarle conducción política a este peligroso conflicto, paladinamente ignorado por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos.