Cultura condensada: de subastas de arte prehispánico y sitcoms que cumplen años | Letras Libres
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Foto: Drouot Paris

Cultura condensada: de subastas de arte prehispánico y sitcoms que cumplen años

En esta entrega, la polémica en torno a una subasta de arte prehispánico en París y el 25 aniversario de la serie Friends.

El patrimonio mexicano en venta

A casi un año de la publicación del polémico estudio que sugería al presidente francés Emmanuel Macron devolver inmediatamente el patrimonio africano que habían llegado a los museos franceses gracias al robo, saqueo, despojo, engaño y consentimiento forzado, ocurrió un hecho que replantea la necesidad de extender el debate sobre la restitución de obras a las ventas que organizan casas de subastas con piezas provenientes de otras regiones del mundo. El 18 de septiembre la casa francesa Millon realizó una subasta de arte precolombino con 130 piezas, de las cuales 95 eran de origen mexicano y presuntamente abandonaron el país de manera ilegal.

En cuanto las autoridades mexicanas tuvieron conocimiento de la subasta solicitaron su suspensión. El INAH, con apoyo de la UNESCO, levantó una denuncia ante la FGR y pidió asistencia jurídica al Ministerio de Justicia francés para devolver el patrimonio y denunciar 23 falsificaciones. La UNESCO, por su parte, solicitó a la casa de subastas aclarar el origen de las piezas; mientras que el embajador de México en Francia, Juan Manuel Gómez Robledo, intentó por medios diplomáticos impedir que se llevara a cabo. Pero nada de esto fue suficiente. La subasta se realizó sin contratiempos y las piezas se vendieron en precios más altos de los estimados. La joya de la noche fue una figura de la diosa de los lagos, Chalchiuhtlicue, que se vendió en 377 mil euros, unos 416 mil dólares.

En su defensa, Alexander Millon, presidente de la casa de subastas, dijo que la queja del gobierno mexicano era “ridícula”, pues la integridad de la venta fue supervisada por el servicio de Aduanas y la Oficina Central de Bienes Culturales de Francia. Además, negó que se estuviera comercializando el patrimonio mexicano, pues las piezas formaban parte de una colección privada. Ante las críticas sobre el lucro con bienes culturales que podrían haber sido obtenidos mediante el tráfico o robo, afirmó que “gracias a su transparencia, la garantía de origen, rastreabilidad y autenticidad”, la subasta “es el acompañamiento ideal al circuito de museos para asegurar el esplendor de los países que vieron nacer este extraordinario arte precolombino”. A sus ojos, las subastas son una vía para que más personas aprecien el arte hecho por las culturas prehispánicas.

Las figura de deidades, cerámicas y joyas de la cultura maya, teotihuacana y olmeca que se vendieron pertenecían a la colección de Manichak y Jean Aurance, quienes las adquirieron en los años sesenta y setenta. Sin embargo, a partir de 1972 la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas mexicana prohíbe la exportación de estos bienes, por lo que no está claro si estas piezas llegaron a sus manos de manera legal.

Este no es el único caso donde un país le ha pedido a la casa Millon no subastar un bien que conforma su patrimonio. El 31 de agosto, el gobierno guatemalteco solicitó la restitución de una estela maya que se vendería en esta misma subasta. Tras las investigaciones, el gobierno guatemalteco demostró que la pieza perteneciente a la colección del matrimonio Aurance fue saqueada. Millon la sacó del catálogo y su devolución está en trámite.

La desafortunada subasta reveló la facilidad con que los bienes culturales pasan de mano en mano. ¿Cuántos artefactos de valor cultural incalculable se encuentran en colecciones privadas extranjeras? ¿Cómo impedir que objetos que contribuirían al conocimiento sobre las culturas prehispánicas se conviertan en elementos decorativos en casas de millonarios? ¿Qué tipo de protección se le ofrece al patrimonio? A pesar de que el gobierno ha dicho que trabajará para recuperar los bienes mexicanos en el extranjero –en marzo el gobierno italiano restituyó 596 exvotos, hay intenciones de recuperar el penacho de Moctezuma y se creó una Coordinación de Memoria Histórica y Cultural, la cual preside de manera honoraria Beatriz Gutiérrez Müller, con la intención de preservar los archivos públicos y privados– las medidas que se emplearon para frenar esta venta resultaron ineficaces y apresuradas. Si bien el gobierno francés tendría que cumplir su compromiso de poner mayor atención a los objetos que cruzan sus fronteras, que se venden en sus casas de subastas y que se exhiben en las vitrinas de sus museos, el gobierno mexicano tienen que garantizar la protección y cuidado del patrimonio para impedir que este salga impunemente del país. Como señaló el embajador Gómez Robledo, el legítimo propietario de estas piezas es México.

 

Cuando un sitcom se vuelve una fantasía

Hace algunos años, antes de las redes sociales y del streaming, esperar a que pasara tu programa favorito en la televisión era una práctica casi religiosa. Necesitabas asegurarte de que nadie más quisiera ver la televisión al mismo tiempo que tú y estar al pendiente de la programación del canal, de lo contrario podrías perderte la transmisión del episodio y no había manera alguna de volver a verlo. Perder un episodio era perder el hilo de toda la historia. En aquella era dorada de la televisión surgió una serie que mostraba que para triunfar solo necesitabas contar con un buen grupo de amigos. A veinticinco años del estreno de Friends, ¿por qué sigue siendo popular?

El 22 de septiembre de 1994, NBC estrenó una comedia de situación centrada en la vida de seis amigos veinteañeros que vivían en la ciudad de Nueva York. En episodios de media hora, los personajes hacían frente a problemas amorosos, económicos y laborales con un toque de humor. Aunque las expectativas de la serie no eran altas, Friends empezó a ganarse la aprobación del público. La transmisión de su episodio final, tras diez años al aire, fue visto por 52.5 millones de personas.

A diferencia de otras series noventeras con chistes sarcásticos, tramas complejas o personajes elaborados, Friends ofrecía un humor ingenuo. Para la crítica televisiva Jen Chaney, “el corazón del programa era fundamentalmente cálido”. La serie presenta una visión edulcorada de la vida adulta, donde las rentas de departamentos amplios en Manhattan se pueden pagar con sueldos de mesera, masajista o actor y la principal preocupación es entrenar a un mono capuchino. Su simplicidad, la aparente espontaneidad de sus chistes –resultado del trabajo de horas de numerosos guionistas con cada uno de los actores en la construcción de los diálogos y las situaciones cómicas–, y la cercanía de sus personajes la convirtieron en el show favorito de Hollywood, según una encuesta que realizó Hollywood Reporter en 2015.

A los numerosos fans que coleccionó durante su transmisión, ahora se suman espectadores jóvenes cuyos nacimientos ni siquiera estaban en planes cuando se estrenó. Esto gracias a las constantes repeticiones de sus episodios en los canales de televisión restringida y a su llegada a las plataformas de streaming. Friends es un producto que encarna a la generación X, creado por baby boomers, pero que ahora los millennials y generación Z consumen.

Sin embargo, esta diferencia generacional ha interferido en la interpretación que se ha hecho de la serie y sus personajes. Bajo la mirada de la corrección política que ahora permea, parece que Friends deja de lado la diversidad e igualdad. Algunos de sus críticos consideran que es sexista, homofóbica y racista. El elenco es principalmente blanco, la única pareja homosexual que aparece en la serie no muestra su afecto a la cámara, el personaje trans es objeto de chistes y desprecio y las mujeres son reducidas a simples conquistas o son menospreciadas cuando prefieren su crecimiento profesional antes que tener una relación. Pero la serie es mucho más que eso. En más de una ocasión los personajes se apoyaban entre sí y, como dice el cursi tema de entrada, estaban ahí para los demás.

A pesar de estas “fallas”, Friends ha superado la barrera del tiempo y su popularidad perdura en una era donde cada mensaje que se transmite en una pantalla es objeto de escrutinio. Si no podemos dejar de verla es por nostalgia y por recordar un tiempo donde las cafeterías estaban llenas de amigos que para convivir no dependían de sus teléfonos celulares. Friends es una fantasía, un vistazo hacia cómo deseábamos que fuera la vida. Durante su aniversario número veinte, un periodista le preguntó a David Crane, uno de sus creadores, por qué el show seguía cautivando a audiencias cada vez más jóvenes, a lo que respondió: “Parte del atractivo es el cumplimiento de los deseos. Y otra parte es que los jóvenes están en las redes sociales todo el tiempo, así que creo que anhelan el contacto humano. Anhelan la intimidad y las relaciones íntimas. Están mirando pantallas todo el tiempo”. Puede que no esté equivocado.