La impureza del placer

 

No muy lejos de aquí había una fiesta, en la que un gordo

 

comenzó a dar saltos. “Soy un gordo”, anunció, “y salto cada

 

vez que se me da la gana. Oír el tintinear de las monedas que

llevo en los bolsillos, junto con el elástico rebote de mi cuerpo,

 

es un placer sublime”. “Ya veo”, dijo un invitado, “pero tanto 

 

rebote y tintineo ha de serle gravoso”. “Los gravámenes a 

 

mí no me preocupan”, dijo el gordo, pasándose las manos 

 

por su oronda figura. “Soy demasiado grande para eso.” “¿Y 

 

qué va a hacer al terminar la fiesta?”, preguntó el invitado. 

 

“Montado en mi corcel”, dijo el gordo en respuesta, “partiré 

 

a los confines del imperio, y pasaré revista a mis acciones;

 

y, por supuesto que algo comeré. Yo siempre como algo”. ~

 

                                   

                                     Version de Ezequiel Zaidenwerg

Comentar ›

Comentarios (1)

Mostrando 1 comentarios.

Soy comentarista literario de todo lo que me tragosinembargo estoy tan flaco de tanto que trabajo aunque no tenga trabajo porque leer no es bien remunerado y laborar en los diarios solo nos ha dado para vivir al día y a las familias de abolengo como la mía ni aún siendo maestro de tiempo completo en el tec de monterrey satisfacía aunque las relaciones con la generación de Luis Donaldo y las posteriores podrían haber dado buenas canonjías si las hubiera aprovechado y  hubiera engordado aún más al gordo de mi hijo Renato al que quisiera sacar de trabajar del Little Caesars donde están engordando tanto con pizzas como Dóminos otro trust norteamericano de fast food que nos estan llevando rápidamente a una desnutrida obesidad de lectores de la sociedad funcionalmente analfabeta. Buenprovecho libresletras. Salud y Grs Letras libres.

Enviar un comentario nuevo

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación