#ReadWomen2014: Orgullo y prejuicios

“No leo libros escritos por mujeres”, dice el lector ante la mesa de novedades de la librería, frunciendo la nariz. Lo dicen también una exestudiante de letras al preguntarle cuáles son sus lecturas favoritas; un escritor al micrófono mientras presenta el libro de una colega –para halagarla, aclara: “no se nota que lo escribió una mujer”–. Y hasta alguna escritora se jacta de ello en Facebook.

Es cierto que las mujeres no son tan leídas como los escritores. Lo ha señalado recientemente la escritora e ilustradora Joanna Walsh al compartir las preocupantes cifras de Vida: Women in Literary Arts[1] sobre la disparidad en la presencia de hombres y mujeres en espacios de difusión cultural en lengua inglesa. Su iniciativa #readwomen2014 pretende incorporar más autoras a nuestros hábitos cotidianos de lectura. Lo evidencian también los descorazonadores números en ciertos premios de la literatura hispanoamericana[2]. Las críticas, las mismas de siempre, no se han hecho esperar. ¿Quiere usted atraer trolls? Hable de equidad de género. Pareciera que no hay nada que les irrite más.

“No me gusta cómo escriben las mujeres” es un comentario sin mayores repercusiones. Quizá por eso David Gilmour (el escritor canadiense, no el guitarrista de Pink Floyd) se sorprendió tanto cuando sus declaraciones causaron una avalancha de tuits acusándolo de sexista. “Lo que enseño son tipos. Tipos serios y heterosexuales. F. Scott Fitzgerald, Chéjov, Tolstoi… solo lo mejor”. Eso sí, con Virginia Woolf hace una excepción.

Se disculpó con torpeza, asegurando que para él, lo ofensivo no fue lo que dijo, sino la interpretación que los demás hicieron de sus opiniones. Pero, ¿qué otro significado tendría “No me gusta cómo escriben las mujeres tanto como para enseñarlas en clase… no me apasionan ni los libros escritos por chinos, ni los escritos por mujeres”?

Gilmour habría estado confiado en que sus opiniones serían aplaudidas. Es un reconocido autor, docente de literatura en la Universidad de Toronto… Pero olvidó que en las apuestas para ganar el pasado Nobel su país tuvo a Margaret Atwood y a Alice Munro. Ironías: Gilmour estuvo nominado al premio Giller, cuyo nombre honra a la periodista Doris Giller. El premio fue para Lynn Coady, otra cuentista.

Sin embargo, dar una cátedra universitaria de ficción con solo una autora en el programa es normal, incluso si el 90% de la clase son mujeres. Gilmour dijo que de vez en cuando alguien levanta la mano para preguntar si estudiarán a más autoras. La respuesta: “Si quieren escritoras, vayan al final del pasillo”.

Cuando yo alcé la mano en una clase de la Escuela de Escritores de la Sogem no me fue mejor. Se me ocurrió cuestionar que el realismo sucio que fascinaba a mis compañeros fuese el único tema recurrente en “lo latinoamericano”. Pensaba en Amparo Dávila, Elena Garro, en ciertos escritores de literatura fantástica, pero el profesor me interrumpió: “¿De qué querías que hablara entonces? ¿del Liverpool de Polanco?”. El curso tenía quizá 30 lecturas interesantísimas, pero solo una escrita por una mujer, Marosa di Giorgio.

Resulta sorprendente la forma como estas convenciones se contagian y asientan con tanta facilidad, sin que medien preguntas. ¿No les da curiosidad saber por qué no leen libros escritos por mujeres, por qué no les gustan? “El gusto no se discute”, suele decirse. Pero en este caso vale la pena transgredir el consejo con algunas hipótesis:

El desprecio histórico y generalizado de lo tradicionalmente femenino: El entorno doméstico, la maternidad, la emotividad… Esto ocurre en todos los ámbitos de la cultura, en lo literario se justifica así: la experiencia vital de las mujeres es una visión parcial del mundo, mientras que a la experiencia masculina se le considera universal. De ahí que las mujeres aprecien personajes, temáticas, búsquedas masculinas con naturalidad, pero no viceversa. Ni que fuera puto. Los “vicios” de la literatura escrita por mujeres están sometidos a un estricto juicio, los de la escritura masculina, no.

Los tropos: El desinterés hacia lo que las mujeres piensan, experimentan y escriben permite que no se disuelvan, menos aún si son exacerbados por el agresivo marketing de obras de poca calidad (cabría recordar que abundan las escritas por hombres, también). Locas suicidas, Señoras de las Lomas, Poetas ninfómanas... No es raro que varias escritoras tracen una línea que las separe de esa odiosa noción de lo femenino para evitar el desdén de críticos y Escritores Serios®. También se cuidan de no ser explícitamente feministas aunque sus búsquedas sean compatibles con alguno de los feminismos actuales. Esta actitud es congruente con la educación que las escritoras reciben desde pequeñas: cuídate siempre de las otras. Convencer a las mujeres de que su enemistad es natural es la mejor forma de evitar el argüende. No me identifico con los temas “de mujeres”. ¿Cuáles son los temas “de mujeres”? Pregúnteles a varias autoras, hojee sus libros y sorpréndase.

La normalización de su ausencia: Simplemente no nos percatamos de que no están ni en los estantes del librero ni en la punta de la lengua. Hemos sido educados en la creencia de que el talento para escribir en las mujeres es raro, pero lo que ha sido excepcional es su inclusión en la Historia: grandes escritoras las hay ahora y las ha habido siempre. Están ahí para que los lectores las descubran. ¿Cuál es su autora favorita? ¿Su heroína? Nombre una que no se muera al final. ¿Qué libro escrito por una mujer le gusta más? Si no sabe qué contestar, póngale remedio. No es extraño desalentarse: hay que esforzarse para hallarlas. Y es difícil hacer autocrítica. Nadie quiere ser racista, sexista o clasista a propósito, a menos que se quiera jugar al bufón políticamente incorrecto, papel que mueve cada vez más a la vergüenza ajena que a otra cosa.

Nuestros hábitos de lectura son solo un eco del valor que damos a la experiencia y a la vida de las mujeres. La elección de ignorar eso que enuncian quienes están a nuestro lado desvanece la empatía y entorpece la imaginación, tan necesarias en las horas violentas que corren en este país. ~



[1] Por ejemplo, en el 2012 The New York Review of Books reseñó el trabajo de 316 autores y solo el de 88 autoras. En: www.vidaweb.org

[2] Evidenciados por Jorge Téllez –“Lectura y sexismo”– en su bitácora El Grafólego, del sitio web deLetras Libres.

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Comentarios (22)

Mostrando 22 comentarios.

El tema ya pasó (la revista salió hace más de un mes), pero como lo acabo de leer, opino.

Al revisar mis estantes del librero, observo, como dice la autora, que casi no tengo obras de mujeres.

No sé si eso se deba a que soy un machista, a si mis maestros fueron machistas o si a los dueños de las librerías donde compro son machistas o a si el mundo entero es machista.

Lo cierto es que pensando en los escritores fundamentales para mí, hay pocas mujeres.

Diré el método que uso normalmente para comprar libros. Voy a la biblioteca (normalmente la Biblioteca central de la UNAM), saco libros cuyos títulos me suenan agradables al perderme en un estante; si me gustan mucho, los compro.

Una cosa algo azarosa, es verdad.

Nunca me fijo mucho en el género del autor (de hecho no fue sino hasta el final, cuando salió eso de la SOGEM, escuela que no es santo de mi devoción, que me fijé en el nombre de la autora del artículo. Me detengo un momento

Ahora, en un momento dado pensé en la frase "Hemos sido educados en la creencia de que el talento para escribir en las mujeres es raro, pero lo que ha sido excepcional es su inclusión en la Historia: grandes escritoras las hay ahora y las ha habido siempre." Me detengo un momento, respiro, rememoro a las grandes escritoras que ha habido, de Safo a digamos Inés Arredondo. Y pues no cuento a tantas como a autores. De que ha habido siempre, bueno, supongo que si le busco por épocas literatias, sí. Pero sera una entre todos los demás. Safo entre Píndaro, Anacreonte, Alceo, Simónides y así.

Safo es quizá la que más me gusta (o tal vez Anacreonte, sepa), pero pues ni modo. En mi biblioteca tienen hasta entonces las mujeres representación de por mucho 1 en 4.

Cuando doy clases de cuento, siempre uso a Arredondo (que tiene algunos de los cuentos que más me gustan), pero pues también en mi selección la proporción se dispara porque andan bastantes cuentistas que ni modo que no seleccione. Amparo Dávila, leí por ahí, no me gusta mucho. Ni modo. No porque ella sea mujer ni porque me haga sentir "puto", nada más me parecen salidas muy obvias (como obvios me parecen los cuentos de Fuentes, por decir algo). Sor Juana no me gusta (porque las alegorías no son lo mío) como tampoco me gusta mucho que digamos Gorostiza (que no significa que no me gusten nada; hay momentos admirables en Sor Juana y en el autor de Muerte sin fin).

En fin, no sé si sea un maldito machista, pero leo lo que me va llegando a la mano. Si hay muchas más mujeres (seguro) que no conozco (no mencioné a todas las que me agradan, que son muchas por falta de tiempo y porque me desagradan las listas), mejor pasen el libro y ya.

Mejor eso a establecer competencias de si este es más chingón que el otro y demás. Digo, eso de que Herta Müller y Virginia Woolf son "de hecho muy superiores a [sus] ídolos masculinos [Borges y Dostoievsky]" está cabrón.

Ah, la novela que todos me dicen es más femenina, La señora Dalloway me recordó a Proust. Y sí, me gustó bastante. Hasta la presté... y me la volaron.

Yo sólo vengo a dar gracias por este artículo.

Creo que es muy valioso que se mantenga abierta la discusión acerca de la poca presencia evidente de las mujeres en el sistema cultural oficial. Creo que un texto como este ayuda, precisamente, a abrir el panorama para quienes leemos y, sobre todo, para quienes empezamos a construir una manera de pensar que no sea la que se nos da por descontado. Gracias, Gabriela, por este texto lúcido y todavía necesario.

En fin. Yo misma tengo siempre a la mano nombres de escritores más que de escritoras, por inercia. Pero este año, definitivamente, espero equilibrar más mi tránsito de lectura. Estoy con Jane Austen, nada menos y acabo de salir de J. K. Rowling.

Por otro lado, y en respuesta a los que ven sólo una "cuota de género", me parece que esa idea de "si ya tienen lo que quieren, de qué repelan" es la que hace todavía necesario utilizar el espacio para discutir sobre ese desequilibrio.

Es como dijo George R. R. Martin (el autor  de los libros que dieron origen a la serie de Game of Thrones) cuando le preguntaron "¿por qué insistes en hacer personajes femeninos tan fuertes?" y él contestó: "porque me siguen haciendo esa pregunta".

 

¡Show me the money!
Gabriela,
La cita mencionada arriba es una de las líneas más memorables de la película Jerry Maguire y se presta para hacer una analogía a lo que ocurre con este artículo y con la deficiencia o falta de apreciación de la literatura producida por mujeres.
Creo que el slogan “Read Women” no solo es contraproducente, sino que también implícitamente encarna el esqueleto de los prejuicios que se están tratando de erradicar.
La naturaleza de la literatura y la poesía tiene un carácter trascendente e independiente del sexo del autor (a). El ímpetu literario de Sor Juana Inés de la Cruz, Jane Austen, Virginia Woolf, por ejemplo, tienen su propio peso, de ahí la dificultad de ser socavados por los prejuicios o pedagogos estridentes, así es precisamente como se manifiesta la naturaleza trascendente de la literatura. Una obra literaria se debe sostener por sí sola, no se les hace un favor a las autoras, ni a la literatura cuando se promueve la lectura de autoras en virtud de que son mujeres porque el sexo del autor(a) toma precedente sobre la literatura misma. Y, tampoco disminuye los prejuicios que existen en contra de las autoras.
La mejor manera de incrementar la lectura y aprecio de autoras nos es animando a que sea leída, ¡hay que mostrarla!
En este caso hubiese sido más efectivo escribir una reseña o publicar una obra literaria escrita por una mujer como Alice Munro, por ejemplo, ilustrando así el peso literario su obra en virtud de su calidad literaria y no en virtud de que la autora es mujer. Por una razón lógica la mejor estrategia de mercadeo de cine es a través de los “trailers”; esto ha probado ser mucho más efectivo a un simple comercial que solo invite al público a ver la película.
Otra opción viable para atenuar el problema, o al menos para discernir la veracidad de los prejuicios, es que las autoras usen seudónimos masculinos y esperar el inapelable veredicto del tiempo.
Saludos,
Carlos Gamboa

"La mejor manera de incrementar la lectura y aprecio de autoras nos es animando a que sea leída": una joya. 

Oscar,

La lectura e interpretación selectiva no lleva a ningún lado, lea con cuidado mis comentarios.

“Es absurdo pensar que la única manera de saber si un poema es bueno es esperar y ver si se mantiene vigente. Cuando el lector lee un buen poema, [u obra literaria] se percata inmediatamente de esto ya que es como recibir una herida mortal, de la que no se va a recuperar. Eso es la permanencia de la poesía, como en el amor, se percibe instantáneamente” -Robert Frost

Frost describe con claridad la inherente trascendencia de la literatura y la poesía y, es obvio que esta no es contingente al sexo del autor -como ya inferí arriba. La mejor manera de promover la literatura y la poesía no es hablar ad nauseam de que no sé lee lo que escriben estos, o aquellas, de las estadísticas (al menos de que el objetivo se la crear polémica) es más útil quitarnos de en medio y dejar que la literatura cause la “herida mortal” en los lectores. Exponiendo al lector(a) directamente a la literatura o a la poesía es la manera de lograr la meta de aumentar el número de lectores ávidos que aprecien un buen trabajo, independientemente si quien la escribió tiene sensibilidades femeninas o masculinas.

El slogan “Hay que leer lo que escriben las mujeres” solo tiene implicaciones para el detrimento de las mismas  ya que los puntos de persuasión implican que: a) las mujeres no escriben bien pero hay que leer sus obras en virtud de que son mujeres y, b) hay que mitigar la disparidad que existe entre lectores que prefieren las obras de autores que las de autoras. Esto solo le hace un desfavor a las autoras, a los lectores y a la literatura.

Saludos,

 

Caros Gamboa  

Carlos,

Leí con atención tus dos comentarios, pero me permito escoger un fragmento para comentarlo, y espero que no pienses que por ello hago una lectura selectiva: 

"El slogan “Hay que leer lo que escriben las mujeres” solo tiene implicaciones para el detrimento de las mismas  ya que los puntos de persuasión implican que: a) las mujeres no escriben bien pero hay que leer sus obras en virtud de que son mujeres y, b) hay que mitigar la disparidad que existe entre lectores que prefieren las obras de autores que las de autoras. Esto solo le hace un desfavor a las autoras, a los lectores y a la literatura."

Es curioso que elijas esas implicaciones, habiendo otras posibilidades. Por ejemplo:

a)Las mujeres escriben tan bien como puede hacerlo cualquier persona, pero los prejuicios que existen en torno a la literatura que producen y que son consecuencia de la posición que ocupan socialmente (ciudadanas de segunda categoría), hace que se las lea menos. Por lo tanto, se las visibiliza menos, es decir: hay menos reseñas, menos entrevistas, menos estudios sobre su obra. No hay que leerlas simplemente porque "son mujeres", sino porque nos estamos perdiendo de lo que tiene que decir la mitad de la población del mundo; lo harán con maestría o con torpeza, como hacen los varones que escriben. Pero antes de hacer juicios particulares habría que conocerlas y leerlas, porque esas generaizaciones que según tú implica la discusión están obsoletas.

b)¿Por qué le hace "un desfavor a las autoras, a los lectores y a la literatura"? A mí me parece que entre más opciones tengan los lectores, mejor. Las autoras que trabajan día a día tendrán la oportunidad de llegar a más personas. Los autores podrán ampliar no sólo sus horizontes de lectura, sino de escritura, y de diálogo con sus pares. 

Otro fragmento:

Otra opción viable para atenuar el problema, o al menos para discernir la veracidad de los prejuicios, es que las autoras usen seudónimos masculinos y esperar el inapelable veredicto del tiempo.

¿No te parece injusto hacer que las autoras tengan que negar su identidad y "esperar el inapelable veredicto del tiempo"? ¿Por qué no usamos a los varones para el experimento que propones? ¿Y si ponemos los libros de, digamos, Paula Auster en la mesa de novedades y observamos cómo bajan sus ventas? Es un poco absurdo, ¿no crees? Para "discernir la veracidad de los prejuicios" están las experiencias de muchas autoras, pero si no te valen, están los números: por favor lee los que enlazamos más arriba. 

Saludos y gracias por leer y comentar.

Gabriela,

 

Agradezco tu respuesta, la lectura objetiva evita los mal entendidos y contribuye al dialogo constructivo.

 

Mi postura es simple: en lugar de hablar una y otra vez y en todos acerca del  desproporción de lectores(a) que leen a autoras  y sobre la disparidad de presencia de hombres y mujeres en espacios de difusión cultural; dada la trascendente naturaleza de la literatura, la mejor manera de mitigar esta disparidad es exhibiendo trabajos de calidad escritos por mujeres y dejar que la literatura se promueva a sí misma.

 

Creo que proveer un ejemplo ayudara a disipar, la aparente, neblina con respecto a mi postura.

 

Si este artículo hubiese sido una reseña de algún trabajo literario o poético de una obra literaria escrito por alguna mujer, conocida o desconocida, ya se hubiese logrado gran parte del objetivo: aumentar el interés, la curiosidad, la difusión y, obviamente, también, el número de lectores que son expuestos a trabajos de calidad escritos por mujeres (esto también evitaría que los lectores se conformen con lecturas acerca de las “Señoras de las Lomas”). Además, ¡ahora mismo estaríamos hablando de la obra misma! Y, no en términos generales sino en lo particular. Estaríamos analizando, ponderando, conversando  acerca de algún trabajo de calidad de esta o aquella autora, estuviésemos activamente logrando la meta que se ha propuesto ¿no crees?

 

Saludos,

 

 

 

 

Carlos Gamboa

Carlos:

Creo que puedes darle una ojeada a este especial de Tierra Adentro que coordina Gabriela Damián

http://www.tierraadentro.conaculta.gob.mx/en-reconstruccion-hacia-nuevas...

En esta compilación hay, precisamente, textos de calidad escritos por mujeres y discusiones acerca de muchos prejuicios culturales que todavía arrastran verdaderos perjuicios, como dar por sentado que el espacio para mujeres y hombres es el mismo y que los textos escritos por mujeres se pueden mover "por sí mismos". Creo que algo que nos cuesta entender es que en el contexto cultural en el que vivimos, si a una autora le hacen "poco caso" es porque hay una inercia de consumo y de valoración, en la que se privilegia a los hombres, incluso de manera inconsciente (la más difícil de erradicar, si me preguntas).

Si dejamos que los textos escritos por mujeres se muevan solos, lo que ha sucedido es lo que discute Gabriela: que se borran poco a poco, se estancan o quedan en la sombra.

Gaby me encantaría que se vendiera la Trilogía de Nueva York bajo el nombre de Paulina Auster. :D

No, Carlos, no lo cree, por eso escribió este artículo. 

Jajaja. La cuota de género.

Jajaja. El que cree que esribir una carcaja es un argumento.

Gracias, Gabriela, muy buen texto. Y efectivamente, ni las mujeres leemos a mujeres. Y eso que gracias a las lectoras americanas, las mujeres consumimos más libros a nivel mundial que los hombres. Es decir, hay más lectoras que lectores. Pero creo que todo empieza en lo que llamamos congruencia, en la formación de la psique. Desde niñas nos enseñan la universalidad como si todos los sexos estuvieran incluídos. Nos hemos esforzado por llegar a la congruencia masculina como único camino para ser escritoras (Marguerite Yourcenar, Virginia Wolf). Y a la hora de enfrentarnos con la valiente estructura de una Clarice Lispector, limpia y pura, pero abismal, la vemos como una excepción, tanto de lo femenino como de lo masculino.

 

Ojalá empecemos a leer más a las mujeres.

Estimado Anónimo,

Edgar Morin menciona que la política humana y la política civilizatoria abordan los temas vitales del planeta. 

Me parece que derechos humanos, políticas editoriales y canon literario van de la mano en este artículo.

Creo que estás equivocado al pensar que no debe haber política en la revista.

Saludos.

Me gusta que toques el tema y abordes algunos argumentos para explicar el fenómeno, pero creo que falta la referencia a la historia. Por ejemplo, no hay tal cosa como lo natural, o "con naturalidad", son prácticas, hábitos y situaciones que tienen explicación histórica.

Se ha fomentado poco a las autoras femeninas, no creo que carezcan de talento, un ejemplo en México es Sor Juana, a la par de sus contemporáneos en cuanto a talento y propuesta en aquel momento y actualmente una autora universal, pero que fue desconocida por mucho tiempo aunque su historia como monja ayudó a que sea vista primero como una curiosidad y luego como una escritora.

Coincido en que existen prejuicios que alejan al lector promedio de las autoras porque desde las primeras lecturas obligatorias escolares se excluyen éstas fuentes y cuando una persona se forma para leer ya llega con ideas preconcebidas de lo que es la "buena literatura" a las ferias de libros etcétera, luego entonces no se da el tiempo de conocer estos textos además de que escasean los libros de escritoras y eso hace más reducido al círculo de personas que pueden acceder a éstas lecturas que complementan el universo editorial y el cual estaría sumamente incompleto sin la mirada "femenina" que no es otra cosa que una sensibilidad distinta y en algunos casos muy similar a la masculina, sobre todo en occidente.

Hay casos que nadie creería que es una mujer la que escribió tal o cual libro, estoy segura de que si de dieran a leer estos libros sin saberse si el autor es mujer u hombre, a muchos les gustaría el que está hecho por la mujer, y tal vez se han alejado de exquisitos textos por ese prejuicio y desconocimiento, para hablar hay que conocer y por lo menos haber leído a una veintena de autoras para opinar si las mujeres escriben mejor o peor y estoy segura que para evitarse la fatiga primero se crea este prejuicio y así se evita leer más, es un principio reduccionista que funciona para los lectores perezosos que se van a lo seguro, hay que explorar y tener la mente en apertura...

"Hemos sido educados en la creencia de que el talento para escribir en las mujeres es raro, pero lo que ha sido excepcional es su inclusión en la Historia: grandes escritoras las hay ahora y las ha habido siempre."

Navaja de Ockham: ¿Qué es más razonable? ¿Una conspiración patriarcal editorial que ha mantenido oprimidas a las escritoras a través de todas las culturas en todos los tiempos con aceptación tácita de las oprimidas? ¿O tal vez (oh, pensamiento peligroso) tal vez las escritoras buenas son buenas pero nunca excepcionales? ¿O recuerda uno a alguna escritora produciendo la fascinación que produce leer a Borges o a Dostoievsky?

Letras Libres, te quiero, pero deja de meter política donde no es bienvenida.

Muh navaja de Ockham.

Eso dejó de darle autoridad a los argumentos desde que gente como tú empezó a usar el término como si lo entendiera.

Curioso corta y pega (no le podemos llamar comentario) que ilustra la necesidad de la reflexión incuída en el artículo. Como mero señalamiento sólo diré que Borges tenía su Silvina Ocampo y Dostoiesky su Sophie Kovalevskaia.

Es gracioso e irónico lo que comentas, porque tu suposición lleva a otra y es que hay una superioridad incuestionable en la inteligencia y creatividad másculina, lo cuál lo hace sospechoso ¿no crees? Las generalizaciones, esas sí son peligrosas, no te has puesto a pensar que en efecto hay una cultura que destierra lo femenino, forma nuestra manera de percibir las cosas, y ello nos hace valorar más lo masculino. Eso sin tomar en cuenta las condiciones históricas de trabajo para las mujeres, el acceso a la cultura, a las universidades y que se nos habían atribuido ciertos papeles ajenos a la creación. Disculpa pero todo tiene que ver con la política y más la literatura.

Herta Muller y Virginia Woolf son de hecho muy superiores a tus idolos masculinos.

Una columna muy acertada. Toca ese aspecto fundamental de muchos críticos, que al pensar en mujeres escritoras creen que solo se hablará con términos como "patriarcado", "heterosexismo" y "marginalidad", como si no hibiera suficiente de literatura para estudiar.

Acá algunas de las que he descubierto en estos meses: Nadieszhda Mandelstam, Natalia Ginzburg, Piedad Bonnett y Oriana Falacci.
@LinaCWills

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