Letrillas

Novela

Los enamoramientos de Javier Marías

Mayo 2011 | Tags:

 

La nueva novela de Javier Marías, Los enamoramientos, es una profundización de las líneas temáticas y el trabajo formal que el autor ha venido explorando en los últimos años. Por temática, la novela está emparentada a Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí; a la vez, se trata de un libro que solo podía haber sido escrito después de la ambiciosa aventura que significó Tu rostro mañana.

Con cada nuevo libro, Marías ha ido adelgazando la extensión de la trama, pero no su importancia. El argumento de la novela puede ser resumido así: una mujer que atisba a una pareja se entera poco después de la muerte del hombre (Miguel Desvern o Deverne) a manos de un desconocido; de manera accidental, entrará en posesión de un dato que podría resolver el porqué de esa muerte enigmática. Los escasos incidentes dan lugar a una hipertrofia narrativa, en la que las reflexiones de la narradora y otros personajes aledaños, siempre sugerentes, asumen un lugar central. Otros novelistas pueden contentarse con dejar que los hechos hablen por sí solos; Marías, en cambio, entiende que lo importante del género novelístico es la reflexión, las conjeturas, la especulación que nace a partir de ciertos hechos. Todo eso es parte de un “pensar literario” que se asume como una forma específica de tratar de entender la realidad. Un elemento fundamental de ese pensamiento consiste en agotar un tema desde perspectivas múltiples e incluso contradictorias. La novela, como un género crítico y reflexivo, no deriva su poder de la posibilidad de llegar a conclusiones definitivas sobre las cosas sino de su capacidad de explorarlas buscando no dejar ningún hilo sin remover.

Una de las curiosas contradicciones que se pueden encontrar en la obra de Marías es la manera en que sus novelas, si bien parecen ceñirse al código realista, desafían constantemente el principio de verosimilitud en el que se funda este código, la “suspensión de la incredulidad”. Los enamoramientos está narrada por una mujer, pero suena tal como suenan todos los narradores hombres de las anteriores novelas de Marías. Marías sabe que la principal elección de un novelista consiste en decidir quién va a narrar y desde dónde: sus narradores son siempre fundamentales y tienen una voz fuerte, hipnótica, que se impone a toda la narración incluso a pesar de sus dudas (o a partir de ellas). Sin embargo, hay cada vez menos un intento de crear una psicología, el perfil de un personaje a partir de esa voz.

De la narradora de Los enamoramientos sabemos que trabaja en una editorial, que es muy observadora, que es capaz de obsesionarse por las personas y hechos en torno suyo y que, a pesar de que le da mucha importancia a sus sentimientos, su principal aventura es mental. Casi todo eso podría aplicarse a otros narradores de Marías. En cuanto a los otros personajes, Díaz-Varela (de quien se enamora la narradora) o Luisa, la esposa del hombre asesinado, todos suenan como la narradora, a todos les gustan las frases largas, la reflexión constante, el caracoleo constante del pensamiento. Estamos ante un objeto muy extraño: una novela cuya gran fuerza consiste en las reflexiones que arroja sobre la subjetividad del ser humano, sobre nuestra compleja psicología, pero que para hacerlo debe exhibir constantemente su artificio literario. Todos los códigos literarios, hasta los más naturalistas, son artificios, solo que algunos eligen esconder este artificio y otros se fundan a partir de su explicitación. Lo fascinante de Marías es cómo juega a dos puntas, cómo usa el artificio literario no para abroquelarse del mundo sino para enfrentarse mejor a él. Se trata de un ensimismamiento muy pendiente de las palabras y de las cosas.

En Los enamoramientos puede encontrarse una nueva versión de la teoría de la novela en Marías. Los escritores convocados son Shakespeare, Sterne, Dumas y Balzac. Marías explicita que en una novela los hechos de la trama son lo de menos: “lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios”. La ficción es un laboratorio de exploración de la conducta humana, “tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da... y en este caso [El Coronel Chabert, de Balzac] nos permite imaginarnos los sentimientos de un muerto que se viera obligado a volver, y nos muestra por qué no deben volver”. A ese laboratorio no se llega de manera directa: para exponer su teoría sobre el lugar de los muertos (y el peso de la ficción) en nuestras vidas, Díez-Varela le contará a la narradora sobre El Coronel Chabert y lo hará interrumpiéndose, creando suspense, haciendo que la narradora se transforme en la oyente perfecta, seducida por el relato y sus digresiones. Asistimos a la puesta en abismo del estilo narrativo de Marías, y hay palabras que se dicen sobre Díez-Varela que bien podrían decirse sobre el mismo Marías: “tenía una fuerte tendencia a disertar y a discursear y a la digresión […] mientras peroraba no podía apartar los ojos de él y me deleitaban su voz grave y como hacia adentro, su sintaxis de encadenamientos a menudo arbitrarios...”.

¿Qué es lo que nos enseña ese laboratorio de exploración de la conducta que es la novela de Marías? Lo que implica el enamoramiento (“verdadera debilidad por alguien... [e]so es lo determinante, que nos impida ser objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendirnos en todos los pleitos”), la relación compleja que los vivos tienen con los muertos (la necesidad que tenemos de librarnos de ellos), la fuerza de los hechos y cómo nos sobreponemos a las desgracias a pesar de nosotros mismos (con la muerte de su esposo, a Luisa “le han destrozado la vida que tenía ahora, pero no la futura”), la difuminación de todas las cosas y, especialmente, la seducción que una historia puede tener sobre el que la escucha o lee. En eso, Los enamoramientos practica lo que predica: una vez más, aunque al principio cueste “suspender la incredulidad”, terminamos fascinados por la prosa de Javier Marías. ~

Comentar ›

Comentarios (6)

Mostrando 6 comentarios.

Me encanta Marías, pero creo que EL defeco de sus libros es la total uniformidad en el tren de pensamiento e ideaciones de sus personajes, lo que es desconcertante. Las disquisiciones son muy sabrosas, a veces iluminadoras, a veces llenan de sombras y dudas, pero su uniformidad va en desmedro de la estructuración y caracterización de los personajes.

Pues yo soy mujer y no entiendo a qué viene la referencia al género que hacen por ahí en algú comentario... Personalmente la novela me fascinó y no me tomo tan literal el hecho de pensar mil cosas en un instante, digamos que yo lo percibo como la sistematización de una avalancha de ideas que se te vienen a la mente cuando estás viviendo una situación determinada o teniendo un diálogo con alguien... A mí la protagonista me mata y en lo que puedo estar de acuerdo es que el perfil psicológico de Desverne y Díaz-Varela se me hace tan igual en la medida en cómo expresan sus diálogos... Aunque recordemos que el primer diálogo que establecen es sólo producto de las suposiciones y anticipaciones de María Dolz, con ello queda sobreentendido que la conciencia de ese encuentro imaginario es la protagonista: ella determina las ideas, los diálogos y las intenciones de esa charla. Bueno, no es tema contar todos los pasajes de la historia, pero sin más estoy satisfecha de esta novela.

No me agrada un autor que de ante mano avala el maltrato animal. No puede ser buena una persona que disfruta el sufrimiento ajeno. Por tal razón no lo leeré nunca.

Curioso: los dos comentarios anteriores son de mujeres. Puede que una novela, una película, etc. no te guste, es más, te disguste. Pero de eso a sentirte ofendido...en fin. Creo que han idealizado a Marías más como hombre que como escritor.

No creo que Marías inaugure este tipo de novela. Me viene a la memoria El espíritu de Córdoba de Ikram Antaki, por ejemplo.

Es curiosa tu crítica, porque a mi parecer aciertas en muchas de tus observaciones sobre la novela, aunque por lo que veo, a tí te parecen virtudes cuando a mí, graves defectos. Por ejemplo, cuando dices que todos los personajes son iguales. Comparto tu opinión: todos hablan igual (en monólogo constante). Todos son un reflejo más o menos deformado de lo que el autor piensa o es. Para mí, eso es un grave defecto. No le veo la virtud por ningún lado.

Las novelas de Marías -que me las he leído todas- me van gustando en relación inversa al año en que fueron escritas. Es decir:  mis favoritas son "los dominios del lobo" y sobre todo, "travesía del horizonte". Más adelante, tampoco está mal, por ejemplo, "Corazón tan blanco"... la trilogía casi me mata, y esta última me ha disgustado enormemente. El autor está ya insoportablemente pesado; divaga más que nunca; sus digresiones (que algún crítico pelota califica de "ralentización de la acción") te duermen directamente. Ni en tiempo real y con una mente más rápida que el caballo del bueno se pueden pensar tantas tonterías. Y claro, una se cansa de que el autor le tome el pelo. Porque una vez, vale. Dos, bastan. Por favor, no más. No para ensartar frases que al ir leyendo, te alejan cada vez más de cualquier atisbo de empatía hacia los personajes, la boba de la protagonista.

Ese tan suyo uso abusivo de sinónimos -y por el medio algún antónimo- unidos por íes y oes llega ya a un límite insoportable... supongo que tiene siempre a mano el diccionario de Casares por si le falla la memoria...

Pero eso no es lo peor. Lo peor es que yo no sé qué tipo de experiencias vitales habrá tenido Marías, pero su "enamoramiento" es una pura bazofia. Los sentimientos que transcribe, y que supuestamente nos hacen enfrentarnos con nuestras propias contradicciones y bla bla (como también ha dicho por ahí algún crítico) son rebuscados y retorcidos. La protagonista no tiene una personalidad ni definida ni siquiera existente. "La mujer prudente", le dicen. Juas. Una trastornada.
 
Marías debe de estar necesitado de cariño y amigos verdaderos. Eso es lo que creo. Algo que le devuelva un poquito la fe en el ser humano. Esta es la única reflexión a la que llego después de leer el libro. Yo, cuando pasa una ambulancia, sólo pienso "ojalá se ponga bien". Pero eso es menos truculento que lo que Marías cree que pensamos todos, claro. ¿Seré yo la rara?

Marías, tómate un descanso, visita un lugar bonito, regálate una mariscada, deja de frecuentar ambientes snob y mézclate con el pueblo, no sé, haz algo. Lo estás necesitando.

Uff.., no puedo con el libro, de sus 395 páginas, me sobran 365, diox..., se lo voy a devolver a quien me lo regaló y le voy a dejar de hablar durante esa cantidad de tiempo:  365 días. 

Totalmente de acuerdo contigo, Aurora.

Enviar un comentario nuevo

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación