Héctor Azar (1930-2000)
Por Luisa Bonilla
Junio 2000 | Tags:
Héctor Azar reunía en torno a su persona y obra una enorme cantidad de mundos y pasiones culturales: la literatura española, con especial oído para los clásicos del Siglo de Oro, y francesa, por sus estudios universitarios; la gastronomía libanesa, por aquello de que la sangre llama; un don único de la conversación y la anfitrionía, como formas de la cultura mediterránea; el amor por la Ciudad de México y sus barrios, en especial San Ángel y Coyoacán, de los que dejó páginas memorables; el conocimiento profundo del arte, la gente y la gastronomía poblanas, no en balde es hijo privilegiado de Atlixco y fue secretario del cultura de su estado, con la idea, acaso cómoda, de aceptar del "ogro filantrópico" sólo el adjetivo. Pero la pasión verdadera de Héctor Azar fue el teatro. Su legado es inmenso: como autor quedarán Apasionata, Inmaculada y Olímpica; como maestro, su labor en la creación del teatro universitario y, como herencia, Cadac, esa noble institución destinada a la iniciación y difusión del duro arte de la dramaturgia. -
- INICIO
- REVISTA
- HEMEROTECA
- BLOGS
- Nuestros blogs
- COLUMNISTAS
- La jaula abierta
- Correo fantasma
- Fragmentos
- El minutario
- Diario de la crisis
- Atalaya
- Artículos recientes
- BITÁCORAS INVITADAS
- Coser y cantar
- El grafólego
- Frontera adentro
- Nuevas memorias de un vago
- Tediósfera
- BLOGS
- Polifonía
- Blog de creación
- Blog de cine
- Blog de la redacción
- Serial
- Blog de gastronomía
- Archivo de blogs
- PODCASTS
- Imágenes
- Videos
- Suscripción
Este artículo aparece en
ACERCA DEL AUTOR
En la revista
Newsletter
Suscríbete al newsletter de Letras Libres. Escribe tu correo electrónico.

Edición México



Comentarios (0)
Comentar