El arqueólogo alemán Gerd-Christian Weniger es uno de los especialistas más reconocidos en el hombre de Neandertal. Es profesor extraordinario en la Universidad de Colonia y director del Museo de Neandertal.
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Usted es un conocido crítico del llamado modelo de dos especies y alguna vez escribió que “existe solo una remota probabilidad de que el Homo sapiens neanderthalensis y el Homo sapiens sapiens puedan ser vistos como dos especies biológicamente distintas”. Ahora, el equipo de Svante Pääbo ha descubierto que entre el 1 y el 4% del genoma humano proviene de los neandertales. ¿Representa eso la prueba definitiva de que ambas formas de Homo sapiens pertenecen a la misma especie?
Sí. Me siento plenamente confirmado. Lo decisivo es que evidentemente se aparearon, y de forma fructífera. Es decir, que pudieron engendrar descendientes y, de acuerdo a la definición biológica, no pueden pertenecer a especies distintas.
¿Y cómo debemos imaginárnoslo? Los neandertales eran más bajos, de piel más clara y mucho más musculosos. Algunos afirman, incluso, que eran pelirrojos. Siendo tan diferentes, ¿cómo pudo surgir una atracción entre ambos?
Yo creo que a esa visión le subyace un error, a saber, que los neandertales eran fenotípicamente harto distintos de los hombres modernos. Si observamos al hombre anatómicamente moderno de la Edad de Hielo, el cual vivió hace aproximadamente 40,000 años, comprobamos que no era mucho más alto que los neandertales. En su morfología, en las expresiones de su fenotipo, apenas se diferenciaban de ellos. Los neandertales no eran extraterrestres, no eran monstruos, sino seres humanos cabales. Si observamos las diferencias que hay entre las diferentes etnias que pueblan actualmente la Tierra, sea un bosquimano, un nubio o un aborigen australiano, corroboramos que entre ellos existen enormes diferencias morfológicas, y, sin embargo, todos son seres humanos. Y si colocáramos al neandertal en una fila junto a los otros, de ningún modo llamaría la atención. También él sería un ser humano íntegro. Y tampoco debemos olvidar que la morfología representa solo una parte de nuestra imagen. Más importante para nosotros son, hoy por hoy, las características culturales: ¿De qué forma voy peinado? ¿Quizás voy tocado con un sombrero inusual? ¿Estoy tatuado? Todas esas son cosas que resultan más importantes que la forma del rostro en la percepción del otro.
¿Cree que los apareamientos entre hombres y neandertales sucedieron de forma esporádica o existía una suerte de estructura ritualizada?
Debemos recordar que estamos hablando de cazadores y recolectores, no de agricultores y ganaderos. Los cazadores y recolectores son co-
munidades altamente móviles. Son siempre grupos muy pequeños, de entre veinte y treinta miembros, que, en parte como grupo completo, en parte como parte de un grupo mayor, recorren los parajes. Y esos grupos encuentran sus partenaires sexuales en otros grupos, no en el suyo propio. Es un principio propio de las sociedades de cazadores y recolectores que los distintos grupos se encuentren una y otra vez en el transcurso del año, la mayoría de las veces con motivo de acontecimientos de caza exitosos, tras cazas comunes, por ejemplo. Y en tales encuentros se buscan partenaires sexuales, los cuales, por regla general, son incorporados al grupo para asegurar su existencia. Y justo en ocasión de tales encuentros se produjeron los procesos de intercambio sexual entre neandertales y hombres anatómicamente modernos.
¿Significa eso que también ellos cooperaron? ¿Cazaban juntos? ¿Celebraban juntos?
No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que las zonas de contacto, en Oriente Cercano, fueron ocupadas por formas de vida similares, y que los vestigios culturales no permiten reconocer diferencias entre ellas. Ahí pudieron, entonces, encontrarse y llevar a cabo esos procesos de elección de pareja. En fin, algo totalmente carente de espectacularidad que, en el ritmo de vida normal, formaba parte de la cotidianidad de esos cazadores y recolectores. Por supuesto que había diferencias en la lengua y la indumentaria, pero se trata de factores con los que los cazadores y recolectores tienen siempre que vérselas. No tenía nada de inusual ni era nada nuevo.
Lo cierto es que cuando el hombre moderno llegó a Oriente Cercano, entre 80 y 50 mil años antes de nuestra era, los neandertales ya se habían asentado exitosamente en esa región. ¿Cómo fueron recibidos los nuevos vecinos?
Lo decisivo, creo yo, es que los datos genéticos de Pääbo sugieren que ese contacto se produjo exclusivamente en Oriente Cercano y que, aparentemente, más tarde, en Europa, no se produjeron más apareamientos. Eso coincide con nuestras concepciones arqueológicas, según las cuales los neandertales en Europa, debido a abruptos cambios climáticos, se habían extinguido antes de que el hombre anatómicamente moderno emigrara a ese continente. Es decir, que en Europa, tanto oriental como occidental, no existió ninguna posibilidad de contacto, o solamente una mínima, entre los neandertales y el hombre anatómicamente moderno. Tal es el escenario demográfico con el que trabajamos actualmente y para el cual creemos hallar fuertes indicios en los datos arqueológicos e histórico-climáticos.
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