Adonis: Mi país es mi lengua

Diciembre 2012 | Tags:

Adonis es el gran reformador de la poesía árabe. Suave y beligerante a la vez, su poesía expresa convicciones fuertes con un ritmo de letanía –y a veces rompe con la razón y se dispara, libérrima, al infinito–. Autor de más de veinte libros, entre los que destacan Canciones de Mihyar el de Damasco y Este es mi nombre, Adonis es también ensayista, traductor, crítico literario, periodista y un provocador analista del mundo árabe y su relación con Occidente. Risueño y sencillo, Adonis, de 82 años de edad, ha vivido una vida intensa y plena, no exenta de sufrimiento, que él ubica en tres coordenadas neurálgicas: Damasco, Beirut y París (la tradición, la política y la cultura). Adonis llegó al Líbano en 1956, cansado de Damasco, y ahí, en Beirut, se forjó a sí mismo y se entregó a la literatura. Padeció el terror de la guerra civil y, ante la intervención israelí de 1982, estableció su residencia en París hasta el día de hoy. Su poesía, que originalmente fue concebida como una férrea, combativa voluntad de romper con la tradición árabe, ha ido madurando y ganando en complejidad pero también en soltura: hoy es un discurso sin amarras que aspira ni más ni menos que a la totalidad.

En su pasada visita a México con motivo del Festival Internacional de Poesía y Prosa que se llevó a cabo en la Ciudadela, fui a buscar a Adonis a un hotel de la Condesa con casi una hora de retraso... A pesar de ello, Adonis me recibió de muy buen humor y tejiendo un chiste tras otro. Me hizo el honor de tirarme el café encima entre risas y más chistes. Nuestra conversación se desarrolló de manera agradable pero no ligera: estábamos entrando en temas de misticismo cuando tuvimos que interrumpir debido a la hora y a que el poeta tenía otros compromisos. De cualquier forma, aquí hay un poco de su vida, de su poesía y de sus ideas. Aderecé sus respuestas con fragmentos de su obra poética.

 

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Cuénteme de su infancia en Siria.

Nací en 1930 en Qasabín, un pueblo de campesinos, muy pobre y aislado, al norte de Siria. No conocí la electricidad, el agua corriente, el teléfono ni los automóviles hasta que cumplí diez años. No fui a la escuela porque no había escuelas: fue mi padre quien me enseñó a escribir y a leer. Lo que sí había eran centros primitivos, de pueblo, donde se aprendía de todo bajo un gran árbol. Finalmente, en 1943 pude entrar a un colegio por azares del destino que no vale la pena contar. Desde que dejé el pueblo y fui a la ciudad de Damasco, comencé verdaderamente a estudiar y aprender. Ahí participé en varias manifestaciones contra el régimen y a favor del laicismo, contra el fundamentalismo religioso y contra el despotismo político. Queríamos fundar una nueva sociedad justa, libre y democrática: no lo conseguimos. Tuve muchos problemas para sobrevivir y en 1956 me fui de Siria, pero me lo llevé todo conmigo: siempre me siguen mi infancia y mi historia, y aunque puedo cambiar de domicilio, habito siempre ese lugar y ese lugar habita en mi poesía.

Todavía voy detrás del niño

que sigue andando por mis entrañas–

Ahora se detiene en la cima de una escalera de luz

buscando un rincón donde descansar

y leer de nuevo el rostro de la noche.

(Del libro Homenajes, 1995.)

 

¿Por qué adoptó el pseudónimo Adonis?

Yo nací poeta y escritor. En el campo todos son poetas. Me dediqué a escribir textos sobre la vida cotidiana y los firmaba con mi nombre: Ali Ahmad Said Esber, pero ningún periódico ni revista me publicaban, así que comencé a sentirme un extranjero. Un día leí la leyenda de Adonis, el dios de la belleza y del amor que celebraron los fenicios y, luego, los griegos. Leí que, un día, Adonis salió a cazar un jabalí pero fue el jabalí el que lo mató a él, y su sangre se transformó en una flor roja que es la anémona, conocida hasta hoy como la flor de Adonis. Hay en Líbano un río que se llama “la flor de Adonis” porque su agua, todos los años, se tiñe de rojo. Todo ello me impresionó mucho y decidí tomar el pseudónimo de Adonis con la idea de que los periódicos y las revistas que me habían rechazado eran el jabalí de la leyenda. Entonces escribí un artículo firmado “Adonis”, lo envié a un periódico que nunca había publicado mis textos y lo aceptaron. Tras la publicación de un segundo artículo recibí una carta en la que le pedían a Adonis que se presentara en el periódico: me presenté, muy joven, muy mal vestido, y no creyeron que yo fuera él; me llevaron con el jefe de redacción para que diera fe de mi identidad y, tras mucha incredulidad, me aceptaron. Hoy, incluso mi madre me llama Adonis.

He inventado los espejos,

obsesionado en abrazar los soles

y sus inmensidades siderales.

(De El teatro y los espejos, 1988.)

 

Cuénteme de su experiencia en la revista de poesía Shiir.

En 1956, cuando vivía en Beirut, entré en contacto con Yusuf Al Khal, que vivía en Nueva York trabajando para la onu y me leía en los periódicos y revistas árabes. Yusuf me escribió anunciándome que pasaría por Beirut y que quería fundar una revista de poesía. Él tenía contactos con la revista estadounidense Poetry y conocía la poesía de Ezra Pound y su círculo, además de ser poeta él mismo. Decidimos, pues, fundar la revista Shiir [Poesía] y de inmediato tuvimos muchas dificultades, pues fuimos acusados de querer destruir la tradición de la poesía árabe. Hoy se puede decir que hay una poesía árabe anterior a Shiir y una poesía árabe posterior a Shiir: históricamente fue el inicio, el elemento esencial de la revolución poética árabe.

 

¿Considera que su propia poesía es revolucionaria en el contexto de la tradición árabe?

No me gusta hablar de mi poesía, pero le diré que la revista sí fue creada para provocar una vanguardia.

 

Y si los atacaron es que algo estaban haciendo bien...

Hasta la fecha me atacan, pero yo también ataco. Volviendo a la revista: el primer número lo publicamos en 1957 y tras cuatro años Shiir ya había generado una gran influencia y era reconocida en Francia y Estados Unidos. Publicábamos muchos inéditos y traducciones.

Desciende conmigo por el tragaluz de las tinieblas

al lugar

donde habita el tiempo roto

para que el lenguaje sea

un poema que se viste con el rostro del mar.

 (De El teatro y los espejos.)

 

Hablemos de su mudanza a París y de lo que ha significado su convivencia con la lengua francesa.

En 1960 el gobierno francés me invitó a pasar un año en París con una beca de escritor. Mi intención era perfeccionar mi francés en alguna escuela, pero en lugar de eso decidí frecuentar el medio literario de esa ciudad, y así conocí a los poetas más importantes de entonces, como Henri Michaux, Pierre Jean Jouve, René Char, Yves Bonnefoy y Alain Jouffroy, amigo de Breton. También conocí a un poeta generoso y extraordinario: Alain Bosquet. Y en París me encontré por primera vez con Octavio Paz. De lejos, tenía una idea de lo que era la cultura francesa, pero estando ahí mi percepción se modificó hacia un asombro mayor: París era (y es, grosso modo) un incomparable centro de acogida cultural. Desde entonces no dejé de ir a esa ciudad a ver a mis amigos: desde 1960 y hasta hoy, estoy siempre en París de una u otra forma. Sentía que tenía que tomar todo de Francia, pero para tomar hay que dar, y una forma mía de dar fue haciendo la crítica de la cultura y la poesía francesas: así se generó un diálogo, un intercambio y una influencia, de tal forma que los franceses comenzaron a conocer mejor la poesía árabe y a apreciarla. No son ellos el primer mundo y nosotros el tercero: en arte no hay un primer mundo ni un tercero, solo hay un mundo.

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Adonis gracias por hacer uso del canto febril de la poesía, vehiculo inagotable de la magia y la realidad.

Me agrado leer tu entrevista.

 

 

Felicidades "Letras Libres", fascinante entrevista.

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