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Mayo 2016

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Entrevista

Entrevista a Luis Chitarroni

Hoja de ruta: Luis Chitarroni era un joven fanático de los libros, un lector voraz que parecía ser ya un viejo sabio y erudito a sus veintipico años cuando recibió una propuesta de un editor mítico para trabajar en una editorial icónica. El editor era Enrique Pezzoni, uno de los puentes vivos entre el grupo Sur (Borges, las Ocampo, José Bianco, etc.) y la modernidad de los años ochenta argentinos; la editorial era Sudamericana, casa señera en la edición local. Así, Chitarroni, desde 1986, se fogueó en una cantera ardiente, en el centro neurálgico de una industria que estaba por transformarse drásticamente. Porque los años ochenta eran otro mundo, “un mundo distante, difícil de contar hoy”, como dice el propio Chitarroni, testigo en primera fila de la transformación de las editoriales nacionales en grandes grupos trasnacionales y de la vuelta, con el nuevo milenio y las crisis económicas en Latinoamérica y España, a un escenario de sellos pequeños, familiares, autogestionados, a los que aprendimos a nombrar como “editoriales independientes”.

Con el paso del tiempo, además, Luis Chitarroni se fue erigiendo como un personaje entrañable y esquivo del gueto literario argentino. Escritor de obra esporádica, publicó un conjunto de retratos libres de escritores (Siluetas), una novela (El carapálida), unos ensayos (Mil tazas de té) y un libro singular en la tradición hermética (Peripecias del no). Después de largos años como editor de Sudamericana, dio de pronto un volantazo y dejó ese lugar para fundar una editorial, La Bestia Equilátera, que en poco tiempo hizo evidentes sus intenciones: la traducción al castellano de novelas y relatos sobre todo europeos, sobre todo del siglo pasado, sobre todo de autores poco leídos y poco difundidos en nuestro continente. Con La Bestia Equilátera publicó libros como Veneno de tarántula, de Julian Maclaren-Ross, Una familia y una fortuna, de Ivy Compton-Burnett, La soledad del lector, de David Markson o Los enamorados, de Alfred Hayes. Lo que hizo La Bestia Equilátera es lo que hacen las editoriales importantes: instalar una agenda paralela, poner en circulación una trama literaria que se había vuelto muda o invisible. Decir: acá hay otra cosa.

Durante un par de horas Chitarroni tocó diversos temas en nuestra conversación: el oficio del editor, las transformaciones de la industria y lo que hay que hacer para sacar a la calle buenos libros. Afuera, una Buenos Aires detenida en un calor tremendo.

 

 

Banderita Mexico
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Entrevista a Miguel León-Portilla

Al cabo de cumplir noventa años, Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926) conmemora también los sesenta años de la presentación de su tesis doctoral: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956). Su dilatada trayectoria académica es la de un gran polígrafo. Quizás el último en la estela de los célebres eruditos hispánicos, entre los que no desdeñaría los precedentes de Bartolomé de las Casas o Marcelino Menéndez Pelayo, figuras que titulan sendas distinciones recibidas por el académico. Creador de la escuela del indigenismo cultural, con su reivindicación de las grandes civilizaciones mesoamericanas, León-Portilla es también un develador de tópicos con las herramientas de la tradición humanística –el rigor intelectual, el debate crítico y el trabajo tenaz–, aunque reforzadas con el empleo de una variedad enorme de metodologías que han aunado filosofía, filología, antropología e historia en sus investigaciones. Su obra ha abierto la vía a otra manera de concebir la historia de ese otro Occidente en que acabó convertida la América originaria.

Cabe señalar dos sintagmas y un concepto que la obra de Miguel León-Portilla ha contribuido a divulgar: la “visión de los vencidos” como propuesta de elevar la voz indígena a testimonio de la conquista de los siglos XVI-XVII; “el encuentro de dos mundos” como apuesta integradora de dos civilizaciones en la América posterior a 1492; y el nepantlismo, entendido como la indeterminación cultural y religiosa de la sociedad colonial primera, con ese “estar en medio” de la experiencia nativa de existir en la penumbra de un mundo en el que iba anocheciendo lo antiguo y asimilándose paulatinamente lo nuevo. Todas sus innovaciones conceptuales, sin embargo, quedan subsumidas en una reflexión permanente sobre el individuo en su contexto cultural como realización de la historia. En manos del autor, el estudio de la literatura indígena mexicana se ha metaformoseado del establecimiento del corpus filológico al del canon de autores. Del mismo modo, ha escrito sobre las condenaciones e incomprensiones mutuas entre españoles e indígenas durante la conquista, pero advirtiendo de la pervivencia de imágenes culturales “profundamente humanas” que ayudan a comprender mediante las vivencias del pasado la historia del futuro. La mirada de Miguel León-Portilla siempre ha tenido como compromiso la actualidad. Su obra clásica de 1959 (Visión de los vencidos. Relaciones indígenas sobre la conquista) acabó reeditándose décadas después con un capítulo nuevo que, a manera de epílogo, añadía textos nativos de época moderna y contemporánea, hasta llegar a los testimonios zapatistas de fines del siglo XX.

Mientras se suceden los homenajes a su obra y a su persona, conversamos con él por escrito, según la manera de aquellas misivas que fueron el hilo atlántico que nos unió hace más de cinco siglos.

Banderita Espana
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