Dossier

El mundo árabe y la libertad

Libertad de expresión: asignatura pendiente

Uno de los retos que plantea el islam a Occidente es el de la libertad de expresión. Nadie mejor para ejemplificarlo que Ayaan Hirsi Ali, amenazada por sus críticas a la religión musulmana, o el danés Kurt Westergaard, protagonista en 2005 de la llamada “crisis de las caricaturas”, a partir de la publicación de los dibujos de Mahoma en el Jyllands-Posten.

 

Vida y obra de una apóstata

Entrevista con Ayaan Hirsi Ali

Ayaan Hirsi Ali (Mogadiscio, Somalia, 1969) es una mujer perseguida por decir lo que piensa. Sobrevivió al exilio y la ablación de clítoris y escapó a Holanda para huir de un matrimonio forzado. Fue diputada del parlamento holandés, donde denunció la opresión que sufren las mujeres musulmanas. Un fundamentalista islámico asesinó a su amigo y colaborador Theo van Gogh en 2004. Los ensayos incluidos en Yo acuso y sus dos volúmenes autobiográficos, Infiel y Nómada (todos ellos en Galaxia Gutenberg), son una crítica lúcida y severa del islam, así como del multiculturalismo y el relativismo de Occidente, y una valiosa defensa de la libertad y la responsabilidad individual.

En Nómada continúa contando la historia de su vida, y reflexionando sobre el islam a partir de su experiencia y de datos generales. Uno de sus argumentos es que el islam crea familias disfuncionales.

Es una consecuencia no deseada de la cultura, particularmente de su actitud hacia la sexualidad. El islam, como el cristianismo y el judaísmo, tiene muchas ideas sobre cómo deben comportarse las mujeres y los hombres. No condona la promiscuidad. Quiere controlar la sexualidad humana. Por supuesto, eso no es exclusivo del islam. Pero el islam crea un alambre increíblemente tenso por el que debes caminar, y si no lo haces el castigo es físico, severo y duradero. Por ejemplo, si practicas sexo antes del matrimonio son cien latigazos o lapidación. Es muy extremo.

El islam también exige que las mujeres asuman la responsabilidad de la sexualidad de todo el hogar y, en último término, de toda la sociedad. Así, son las mujeres las que son encerradas, las que deben cubrirse. Hay una cultura de la vergüenza y el honor, y las mujeres llevan la vergüenza y los hombres supervisan el honor. Eso crea un sistema en el que la gente desconfía entre sí.

Otro de los factores es el dinero. En los hogares musulmanes, a todo el mundo se le enseña que cuando ganas dinero debes compartirlo con todos los demás. A las mujeres no se les enseña nada sobre el dinero. Y en el islam, hablar de dinero –decir que quieres ganarlo, ahorrar, etcétera– es otro tabú: solo puedes darlo, solo puedes ser generoso. Así que de nuevo, sin pretenderlo, por cada dos o tres personas que son productivas, hay diez que no lo son. Resulta muy fácil: ¿por qué debería trabajar, si tu obligación es darme dinero?

En tercer lugar, está la violencia, que pertenece a esa estructura del honor y la vergüenza. Si haces algo que se considera vergonzoso, el castigo debe ser físico. Para la sexualidad, latigazos, lapidaciones. Si eres un ladrón, hay que cortarte las manos. La apostasía se castiga con la pena de muerte. Se celebra la violencia.

Pero hay otro aspecto de la violencia en el hogar musulmán: si no quieres hacer concesiones, si quieres ganar, lo tomas todo; matas a tu enemigo, lo destruyes. La concesión y el consenso son elementos imprescindibles de la democracia. Tú cedes un poco y yo cedo un poco. Nos encontramos a mitad de camino. Eso no es islámico. Tienes que ser musulmán o no. No hay otra posibilidad. Así que tenemos que enseñar a la gente, cuando viene de países musulmanes a Occidente, que hacer concesiones es bueno. Y los occidentales tienen que aprender que en la estructura de la doctrina islámica no existe la concesión. Si hay un alto el fuego, es temporal. Dura hasta que yo sea lo bastante fuerte como para vencerte. El islam permite una gran cantidad de mentiras, para engañar al enemigo o a gente a la que da el estatus de enemigo.

¿Por qué es más violento el islam que otras religiones?

En primer lugar, se fundó en una cultura muy violenta. Lo fundó un hombre de una tribu en una cultura del desierto, y en una cultura del desierto los recursos son muy limitados. No puedes hacer concesiones sobre un oasis: una tribu lo conquista, hay una lucha, la siguiente tribu lo conquista. Mahoma fue capaz de unificar todas esas tribus diferentes, pero eso no significaba el fin de la lucha. La unificación, bajo el estandarte del islam, consistía en conseguir que cada vez más gente estuviera bajo el estandarte del islam. La lucha se convirtió en una aspiración. La yihad es el sexto objetivo del islam.

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