El fantasma de los Zetas

La irrupción de los Zetas modificó el mapa de la violencia en México, llevándola hasta extremos inimaginables. Ioan Grillo, quien ha dedicado años al asunto, analiza el modus operandi de este grupo criminal y las repercusiones que tendrá la muerte de su líder.

Noviembre 2012 | Tags:

Al romper el alba, los doscientos hombres levantan las armas y piden ayuda al Señor por encima del ruido de guitarras y teclados. Pero no forman el típico rebañode fieles de las florecientes iglesias evangélicas mexicanas. El servicio se realiza en el interior de una base policial del municipio de Guadalupe, Nuevo León, y los creyentes son agentes de policía que le piden a Dios que los proteja en sus frecuentes enfrentamientos con los Zetas. El predicador recuerda a las docenas de agentes asesinados en las calles de Guadalupe durante los últimos años. Los fieles cierran los ojos y rezan. La gran mayoría duerme en la base por motivos de seguridad, guarecidos tras sacos de arena y guardias con rifles de asalto. Con más de mil asesinatos al estilo ejecución en los primeros nueve meses de 2012, Nuevo León se ha convertido en el estado con mayor número de homicidios atribuidos al narco en México.

Casi todos los agentes son soldados que han sustituido a la policía municipal en una “purificación” masiva el último año. Había demasiados zetas infiltrados entre los viejos agentes y hubo que despedir a la mayoría, explican los funcionarios. El secretario de Seguridad Pública y el director de la policía son soldados y cristianos evangélicos. Los servicios religiosos ayudan a que los hombres estén concentrados y sean honestos, explica el secretario, el coronel retirado Enrique Alberto San Miguel Sánchez. “Si yo tengo policías que tengan en su corazón el temor a Dios, entonces voy a tener policías que no van a querer robar”, me dice San Miguel.

Después del servicio, montamos un convoy policial y conducimos por los barrios que suben por las colinas de Guadalupe para ver al enemigo. Pero el enemigo nos ve primero. Tienen a sus espías, que llaman halcones, desde adolescentes que juegan futbol en una esquina hasta el hombre en silla de ruedas que vende chicles. Los halcones llaman con sus radios para informar a su jefe de la presencia del convoy policial. Y luego la policía sintoniza la frecuencia en su radio y podemos oír esas advertencias. “Van tresblancos, van tres blancos”, dicen los halcones sobre las tres furgonetas blindadas de la policía en las que circulamos. Resulta perturbador espiar la voz de los que te espían.

Pero ¿quién y qué es este adversario de quien los agentes de policía piden protección? ¿Una banda? ¿Una mafia? ¿Un ejército guerrillero? ¿Un grupo terrorista? ¿Una invención del Estado? ¿Un fantasma? ¿O solo una letra del alfabeto?

Los Zetas son el cártel que más ha desconcertado a quienes intentan definir en qué se han convertido los traficantes de droga de México, y el que más ha desafiado el argumento del presidente Felipe Calderón según el cual el narco es simplemente un problema criminal y no existe un conflicto armado o una guerra de baja intensidad. Entender la naturaleza de este ejército criminal es clave para determinar lo que ocurrirá tras la supuesta muerte de su líder supremo, Heriberto Lazcano, “el Verdugo”, en el pueblo de Progreso, en Coahuila, el 7 de octubre. ¿Se derrumbará bajo el peso de la ofensiva militar, como espera el gobierno? ¿O sus células dispersas de criminales y asesinos serán un gran dolor de cabeza para Enrique Peña Nieto, cuando intente cumplir su promesa de reducir rápidamente los homicidios, los secuestros y la extorsión tras asumir el poder en diciembre?

La muerte de Lazcano, el antiguo cabo del ejército, a los 37 años de edad, debería considerarse un gran logro del gobierno de Calderón, aunque su cuerpo se haya perdido desastrosamente. Teniendo en cuenta la cantidad de asesinatos que han cometido los Zetas, se puede defender que “el Lazca” era un enemigo público más importante que el mítico jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín “el Chapo” Guzmán. A las órdenes de Lazcano, los Zetas fueron la primera fuerza que militarizó la guerra de la droga en México, cuando crearon unidades paramilitares para rechazar a los pandilleros que el cártel de Sinaloa enviaba para tomar Nuevo Laredo, una mina de oro para el tráfico, en 2004. La lucha aumentó de intensidad y a los Zetas se les responsabiliza de las peores atrocidades de los seis años de guerra contra el narco bajo el gobierno de Calderón: el atentado con granadas a los civiles que celebraban el día de la independencia en la plaza de Morelia, donde murieron ocho personas; la masacre de 72 migrantes en un rancho en San Fernando; la quema del Casino Royale de Monterrey, que mató a 52 personas; la aparición de 49 cuerpos sin cabeza, manos o pies en Cadereyta.

Sin embargo, el caos que rodeó al cadáver disminuye de forma innegable la sensación de victoria. Según la versión oficial, los marinos mexicanos recibieron un aviso sobre la presencia de unos hombres armados que se marchaban de un campo de beisbol de Progreso, mataron a Lazcano sin saber que era él, entregaron su cuerpo en el Semefo local y luego un comando de los Zetas robó el cadáver antes de que las autoridades procesaran las huellas dactilares y se dieran cuenta de que se trataba del líder criminal más buscado de México. Todo eso puede ser cierto. Pero hay dudas molestas, empezando por el argumento de que el cuerpo sobrepasaba por diez centímetros la altura que señalaban los registros que tenía el ejército de Lazcano. (Como me dijo un editor, “no me extraña que no pudieran encontrarlo. Podía cambiar de forma”.) Los aliados de Calderón en Estados Unidos también estaban perplejos. Para ellos, era como si los soldados estadounidenses hubieran entregado el cadáver de Osama bin Laden a una funeraria pakistaní desprotegida y hubiese desaparecido. Inicialmente, la DEAse negó a confirmar la muerte.

Pero, suponiendo que Lazcano haya muerto, hay dos apremiantes motivos de preocupación para las fuerzas de seguridad mexicanas. El primero es el ascenso del número dos de los Zetas, Miguel Treviño, un jefe igualmente sediento de sangre, que presuntamente habría estado detrás de crímenes brutales cometidos desde Texas a Guatemala. El segundo es el espectro de diferentes células de los Zetas luchando y desatando un baño de sangre por grandes zonas del país. Esta guerra civil de los Zetas podría resultar especialmente catastrófica, por la cantidad de armas pesadas en manos de los Zetas y porque esos grupos pueden encontrarse unos a otros en poco tiempo. “Los muertos podrían aumentar rápidamente”, dijo un teniente coronel del ejército que ha luchado con los Zetas por todo México. “Saben dónde viven, dónde andan y con quién están.”

La historia de la fundación de los Zetas se ha convertido una leyenda de la guerra contra el narcotráfico: cómo catorce soldados abandonaron el ejército mexicano en 1998 para crear una fuerza con organización militar y capacidad para luchar contra las tropas con granadas lanzadas por cohetes y ametralladoras accionadas por correas; cómo algunos habían recibido instrucción en técnicas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas; cómo eran una banda de asesinos para el cártel del Golfo y después pasaron a asesinar a sus propios jefes.

El infierno, la sátira sobre la guerra contra el narco de 2010, presentaba a dos zetascomo reclutas indígenas del pobre sur mexicano que asombraban a los norteños con su extrema violencia mientras mascullaban “pinche güero”. La visión revela algunas verdades elocuentes. Los fundadores provenían de estados del sur, como Puebla, Campeche y Oaxaca, y Lazcano nació en el destartalado pueblo de Acatlán, en Hidalgo, cerca de la localidad natal del luchador y actor Rodolfo Guzmán Huerta, “El Santo”. Lazcano nació en 1974, lo que lo hacía casi dos décadas más joven que traficantes poderosos como Guzmán. Una innovación crucial fue que los Zetas cambiaron las reglas del juego del narco de los norteños, mostrando una nueva capacidad para masacrar, atacar al Estado e iniciar cualquier empresa criminal. No solo traficaban con cocaína para estadounidenses sedientos, sino que se llevaban crudo de Pemex, realizaban secuestros a escala industrial, ponían patas arriba negocios grandes y pequeños, participaban en el tráfico de personas e incluso tenían su propia marca de DVDpiratas de películas de éxito.

Ver artículo completo ›
Comentar ›

Comentarios (3)

Mostrando 3 comentarios.

Lo que dice el articulo es que los zetas son débiles y es lo que se rumora. ¿Como asciende alguien a jefe de plaza rápido? Por que no hay mas jefes de plaza, están muertos oen la carcel. Los zetas ya ni pagan reclutan gente a la fuerza hasta chicos de secundaria. Por que no tienen para pagar y prefieren mandar a otros a pelear. Síntoma de desesperación.

No solo traficaban con cocaína para estadounidenses sedientos, sino que se llevaban crudo de Pemex, realizaban secuestros a escala industrial, ponían patas arriba negocios grandes y pequeños, participaban en el tráfico de personas e incluso tenían su propia marca de DVDpiratas de películas de éxito??????

De verdad todavía te crees el cuento???

La respuesta al porqué los Zetas pueden crecer tan rápidamente yace en la falta de respeto que el pueblo mexicano siente por las leyes, sin riesgo de equivocación podemos parafrasear diciendo "No hay mexicano que aguante un cañonazo equivalente a una semana de su sueldo", de tal suerte un chamaco está dispuesto a convertirse en delincuente por 600 ó 700 pesos, un anciano vende chicles por 500, y cualquier empresario por 20,000; unos como halcones otros como lavadores de recursos pero todos en el ajo delictivo.

Podemos extrapolarlo a la pérdida de medio México en el siglo XIX, no fueron 12,000 soldados norteamericanos los que vencieron al ejército nacional, sino los ocho millones de ciudadanos que no solo no se sumaron a la resistencia, sino que colaboraron con el invasor al venderle bastimentos; hace ciento cincuenta años vendimos medio país al venderle a los gringos nuestro hato de vacas y unas gallinas para comer, hoy estamos por perder el otro medio al vender nuestra lealtad por una semana de sueldo.

Enviar un comentario nuevo

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación