Diálogo sobre la democracia

Las trampas de la fe democrática

Enrique Krauze invitó a Javier Sicilia a presentar, en la pasada edición de la FIL de Guadalajara, su libro Redentores. Sicilia leyó una crítica elogiosa del nuevo título de Krauze pero en la que hacía no pocos reparos políticos. Publicamos una versión editada del texto original de Javier Sicilia y la respuesta de Enrique Krauze. Se trata de un debate insólito sobre la democracia y sus límites entre un luchador social de izquierda y un historiador heterodoxo, entre un pensador cristiano afín a cierto anarquismo y un liberal.

Entre el liberalismo y su expresión más clara, la democracia, que, supongo, es para Krauze el rostro civil y moderno del mejor profetismo judío y del mejor mesianismo cristiano, y la redención que, para el propio Krauze, expresa, en su “absolutismo político y su ortodoxia ideológica”, la distorsión profética y mesiánica, el autor de Siglo de caudillos opta, como siempre lo ha hecho, por la primera. Sin perder de vista la necesidad de una justicia social –de allí su interés por los redentores y por el diálogo con la izquierda–, Krauze opone a las propuestas totalizadoras de esos mismos redentores “la insípida, la fragmentaria, la gradualista pero necesaria democracia, que ha probado ser mucho más eficaz para enfrentar esos problemas”.

Desde un punto de vista teórico y ético es difícil no coincidir con Krauze. La ideología blanda del liberalismo que, a diferencia de las ideologías redentoristas que analiza en su libro, no tiene grandes verdades ni grandes revelaciones, ni tampoco promete grandes utopías ni cambios fundamentales, “es –como el propio Krauze lo dice en la citada entrevista con Conspiratio– más un método de vida que un gran diseño” político y social. Podría decirse que, amputado de su parte espiritual y teológica, el liberalismo de Krauze se parece más al mesianismo del Evangelio anunciado por los profetas que a sus interpretaciones redentoristas y clericales. Lo que, sin embargo, no parece mirar el autor de Biografías del poder, y por lo tanto nunca lo ha abordado en sus análisis, es que ese liberalismo, que se expresa a través del nosotros democrático, tiene un doble fondo que oculta una forma totalitaria disfrazada de libertad. En primer lugar, y como lo señala Fabrice Hadaj –ese filósofo de origen judío que lleva un nombre árabe y se confiesa católico–, la búsqueda de instalar al individuo dentro de un plan y un programa no son solo el fruto de los Estados totalitarios, sino también, y antes, el producto de la situación objetiva de la técnica y del mercado que están en el fondo de la sociedad liberal y que, bajo el peso de la producción, el consumo, la publicidad y la manipulación ideológica de la técnica, han ido destruyendo el esqueleto espiritual y moral del hombre. Nuestra era, bajo el liberalismo moderno, ya no es la de la cosificación del hombre del primer capitalismo, sino, dice Hadaj, la de “la pseudopersonificación [neoliberal] de las mercancías y sus sistemas técnicos que se convierten en nuestros modelos y matrices”. No hay que olvidar, por lo demás, que de la entraña del liberalismo o, mejor, de la búsqueda de justicia y libertad, que se paralizó bajo la cuchilla de la guillotina, surgieron, a partir de Hegel y de la idea del devenir histórico, las ideologías totalitarias, incluyendo la que hoy nos domina, la del mercado y su rostro más seductor por su ordenamiento y su poder: la técnica. En segundo lugar, Krauze, más allá de su profunda crítica a los redentoristas, no parece percibir algo que, en medio de las democracias y los Estados liberales, cuya fuerza radica en el monopolio legítimo de la violencia, comienza a aparecer por todo el mundo a partir de los zapatistas, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, de los Indignados y de los Occupy: la decisión de no querer el poder.

Aunque es verdad que el poder político, particularmente en la democracia, emana de la gente, el poder que el Estado acumula a través de ella es un poder robado, no una simple acumulación de poder nacido de las urnas. En este sentido, la fuerza y la esencia negativa del Estado se encuentran en que en el fondo niegan lo que la democracia quiere decir, el poder del pueblo, el poder de la gente. Este “despoder”, ese poder negado en nombre de la libertad y del sufragio, tiene su correlato en la economía y los valores económicos, que los mismos Estados liberales protegen como una expresión de la libertad y de la democracia, y que Iván Illich y Jean Robert nombran el “desvalor”. Al igual que en la democracia hay un “despoder” robado por el Estado a la gente, en la economía moderna y sus producciones industriales y comerciales hay, dice Robert, una “parálisis de las capacidades autónomas de producción que los valores económicos están supliendo como las muletas suplen a las piernas”. Por ello, el desarrollo –esa terrible lógica de los Estados liberales que buscan a cualquier precio la inversión de grandes capitales para la producción de empleo– es el mayor enemigo de una verdadera democracia, en la medida en que destruye los tejidos sociales, paraliza las autonomías, genera un terrible desempleo, una profunda frustración, y fabrica, como lo vivimos hoy, un caldo de cultivo para la delincuencia. Esa realidad, dice Robert,

desmiente las pretensiones “democráticas” de todas las “alianzas para el progreso” (empezando por el TLC y la Comunidad Europea) y de todos los pseudodemocráticos planes del Banco Mundial. Bajo la sombra del “desvalor” –que precede a cualquier valor económico– la economía deja de ser lo que era para Aristóteles: la autogestión de la propia casa, y se vuelve su contrario: la administración de la sociedad por la “ley de hierro” de la escasez. El desarrollo es la negación de la democracia, es la imposición del “desvalor” tanto en lo económico como en lo político.

En este sentido, el “despoder” en política, semejante a la construcción del “desvalor” en la economía, precede necesariamente a la instauración de cualquier poder.

Ciertamente no podemos escapar a lo político, pero creo que tanto nosotros como Krauze ganaríamos mucho si tomamos en cuenta esas negatividades para no darle una carta en blanco a las “democracias” liberales.

Diálogo sobre la democracia 2

Aunque podemos discutir largo rato, con las izquierdas y las derechas duras, sobre el que la política implica una voluntad de tomar el poder, lo que no podemos discutir, y es lo que Krauze quiere demostrarnos a lo largo de toda su obra, es que, vuelvo a Jean Robert, “toda voluntad política implica una toma de posición frente al poder”. Para mí, dicha toma de posición debe ser una renuncia a él, un acto de profunda radicalidad democrática, porque, al renunciar a entrar en su lógica, rechazamos y acotamos lo que el poder nos roba de libertad.

Krauze tiene razón cuando frente a los redentorismos, que conducen a los Estados totalitarios, opone la humildad de la democracia. Sin embargo, obnubilado por ella, no la cuestiona. Lejos de hacerlo, la toma como un axioma del mejor de los mundos posibles en política. Pero el axioma es falso. Para saberlo, hay que remontarse a la democracia ateniense del siglo Va. C., mito fundador de las democracias modernas. La democracia ateniense, que estaba sostenida sobre una masa esclava, comenzó cuando en el año 506 a. C., Clístenes, mediante un acto autoritario y militar, relocalizó a los habitantes de Atenas.

Con ello –dice Jean Robert– los atenienses no descubrieron tanto la democracia como el poder [del Estado], es decir, el poder que no se ejerce ni en las calles [ni en las plazas públicas], sino [como hoy en día sucede] en consejos especializados y exclusivos.

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Comentarios (19)

Mostrando 19 comentarios.

En muchos países latinoamericanos la parálisis es una eternidad y seguirán viviendo así. Ergo el desvalor y y el despoder está a la orden del día. Justiniano agregaba: dictadura es el gobierno de los sin educación, democracia el de los mal educados. Qué hacemos!!! Enrique?

Una cosa es criticar las democracias reales y otra discurrir desde una visión normativa, ideal y espiritual sobre La Democracia (con mayúsculas).

Esto último es lo que hace Sicilia, el redentor defediéndose como señala otro comentarista.

En cuanto al argumento de los griegos, es un viejo truco, también podriamos citar la opinión que Platón o Aristóteles tenían sobre la democracia y bla, bla. Recurrir al anacronismo es un truco, no un argumento válido para debatir sobre las democracias contemporáneas.

En todo caso, apelar a supuestas virtudes morales o poéticas no ayuda en mucho a resolver los problemas reales de las democracias reales.

Me parece una lectura muy somera de lo que Sicilia dice. Seguro que lo leyó? Porque Krauze si lo leyó y respondió punto por punto. Dice:

 

"La convergencia entre religión y poder ha sido siempre desastrosa. Javier Sicilia no confunde esos ámbitos. Sabe que la religión en el poder comienza en el anatema y termina en la inquisición, la quema de libros y personas. Sabe también que la religión que busca imponer sus dogmas al poder civil produce mentalidades y actitudes intolerantes. Y entiende los riesgos del redentorismo político, esa malformación religiosa en el cuerpo civil de la política que postula el advenimiento del hombre providencial cuya presencia resolverá, de una buena vez, los problemas de su país, y salvará a lasociedad de un orden injusto. Esa superstición sacrificó ayer a generaciones de revolucionarios y aún subyuga a muchos jóvenes latinoamericanos."

Enrique Krauze

Krauze no acusa a Sicilia de redentorista, ni de amante de figuras redentoras. Eso lo hace usted sin aportar ni un argumento....

 

No, mi estimado Carlos, me temo que no puedo coincidir contigo. No creo que Sicilia confunda, yo creo que es por mucho el personaje más congruente de la escena pública nacional.

A mi su redentorismo no me gusta, pero tampoco me gusta el de los líderes de tu subsecta religiosa, amigo mío (Sicilia, Illich y Robert pertenecen a otra subsecta de tu propia iglesia), pero aun si no me gusta en general esa iglesia, debo aceptar que en esas dos subsectas y muchas otras,  hubo y hay pensadores e ideas profundas y pragmáticas, alejadas de lo teológico, totalmente volcadas a la realidad política y económica, bien intencionadas y en muchísimas ocasiones, verdaderamente revolucionarias, a veces para bien y a veces para mal. Esta es una realidad histórica.

Es en esta esfera en la que quizás, si te esfuerzas, podríamos tener una discusión más productiva que a la que invita tu pequeña consigna.

Illich, Robert y Sicilia (creo que Gabriel Zaid con ellos), opinan que el progresismo hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. No es una opinión nueva, Illich hacía esta lectura desde los 60's y tiene argumentos verdaderamente interesantes.

Un ejemplo simple es la construcción de una carretera. Suena bien, reduce los costos de tránsito entre la urbe A y la urbe B y, por tanto, tienen derrama económica en ambos puntos y en las poblaciones por las que atraviesa. Genera empleos (temporales, pero los genera) y largo etcétera. Pero detengámonos a pensar en qué queremos decir por "derrama económica". Del costo de esa carretera, ¿quienes son los que más se benefician? 

Una vez que tu pones esa carretera, deja de hacer sentido mantener caminos rurales por donde seguramente mucha gente transitaba en bicicleta e incluso, en muchos casos, hiciste imposible el tránsito entre varios poblados en bicicleta  (ese símbolo del progreso en pequeño, del progreso de los pobres del habla Zaid)  o carreta jalada por animales (un transporte de pobres en el que el motor lo mismo te sirve para comer algún día) y por donde  algunos pobladores (este es el ejemplo explícito de Illich), con una inversión mínima en un camión de redilas, fungían como empresarios de diversos rubros: transportaban lo mismo gente que vacas desde rancherías alejadas hasta la ciudad o hasta otras rancherías y, por obra y gracia de tu fabuloso progreso, ya no podrán competir con un servicio subsidiado de transporte urbano entre un pueblo y otro y, por tanto, tampoco podrán ofrecer toda una diversidad de servicios que un camión urbano no puede ofrecer, impactando también a las rancherías que ya no podrán transportar a bajo costo sus productos (a lo mejor poquita leche, poquito queso) y etc, etc, etc. En fin, que  hay instancias, no pocas, en las que el progreso esclaviza, excluye y destruye y hace más pobres a los más pobres. 

Léelo, Carlos, tanto a Zaid como a Ivan Illich. Los de Illich son algunos de los mejores ensayos, en mi opinión, que se escribieron en el México del siglo XX. 

Resulta por lo menos ridículo y, por lo más, una pobrísima interpretación y hasta un poco grosera esta actitud, ante este esfuerzo de comunión, conversación y acercamiento crítico que tanto Krauze y Sicilia están intentando hacer en estas páginas.

¡Vaya! Hasta que escribe algo con fondo, Sr. Borges... Estoy de acuerdo con Usted en lo sustantivo de su comentario. Aunque no me gusta el protagonismo que ha asumido Javier Sicilia tras mostrarse como cabeza de otros movimientos, ni su especie de "conversión" al otro lado de esta tragicomedia mexicana que vivvimos diario. Aunque recomiendo ampliamente leer su Poesía y espíritu. Espero que vea la pequeñez de ciertos  liliputienses azulitos cuando (des)califican a sus adversarios sin aportar argumentos.

Es curioso cómo a veces calificamos a otros de superficiales o profundos exclusivamente basados en las confluencias y comodidad que nos causan sus dichos y argumentos, en lugar de intentar hacerlo con la mayor objetividad posible.

En nuestros juicios de los demás, casi siempre, revelamos la mecánica del juicio que hacemos, o no, a nosotros mismos y nuestras propias actitudes.

Tenga excelente día, Señor Anónimo.

Sicilia es, sin duda, un personaje mesiánico que confunde.

Quien genera confusión daña a su comunidad.

 

CAC es, sin duda, un personaje ultracalderonista que se confunde con la inevitable y frustante realidad.
Quien se confunde a si mismo se frustra y daña mas y mas, porque se aleja mas y mas de la realidad al pensAr que un hombre de paz daña a los demás mientras que el hombre de la guerra mortal, sangrienta y fallida es el mejor presidente en la historia de la humanidad ...

Concuerdo con Usted Sr. Hugo, a CAC ya lo perdimos hace rato: ¿Houston sabrá?

Cuando ménimo, querido carlos, lee: http://despuesdelsexo.wordpress.com/2011/05/15/enrique-krauze-y-christopher-sobre-sicilia-dos-textos-que-hay-que-leer-cuidadosamente-sirven-para-pensar-hoy-en-reforma/

 

Mil gracias, querido amigo Alex Borges, por hacerme regresar a este foro en el que dejé un comentario que ya había olvidado.

También por obsequiarme este link y por tu insistencia en que lo leyera.

De ahí transcribo a continuación, y en palabras de Christopher Domínguez Michael, exactamente lo que yo trataba de decir al señalar que, en mi opinión, Sicilia confunde y divide. Estoy convencido de que quien confunde y divide a una sociedad, independientemente de su intención y religión, sabiéndola vulnerable por desinformada, está dañando a su comunidad.

Ahora soy yo, mi buen Alex, quien insiste en que analices a fondo las cuatro últimas líneas de este párrafo

 

...En el otro extremo están no solamente los malos perdedores populistas de 2006, sino una izquierda radical que ejerce los derechos que una democracia mal reglamentada le otorga y la cual, enamoradiza, ha encontrado en Sicilia a su pasión de la temporada. Yo preferiría que el poeta los desairara en busca de un meridiano político-moral que concilie a quienes consideramos que el presidente Calderón posee toda la legitimidad para combatir al narcotráfico con quienes consideran errada la estrategia, pero están dispuestos a proponer algo serio a cambio y no sólo pacifismo histriónico y antigobiernismo ritual... (énfasis añadido)

By the way, considero que el párrafo aquí presentado viene siendo una especie de retrato hablado de Hugo Sosa y su tribu. Sí, Hugo el monotemático compañero de aquí arribita, quien se apresurará a descalificar lo escrito Por Christopher. 

Ahora, tomo palabras de don Enrique Krauze en las que resalto la coincidencia con mi percepción de la confusión provocada por Sicilia:

...Pero en su fuero interno Sicilia no ignora, no puede ignorar, la irreductible maldad de los criminales. Y a ellos, pienso, no se les encara sino con la fuerza y la ley. Ésa es quizá la primera pregunta que debe contestar su fina y desgarrada conciencia religiosa: ¿cómo tratar con los asesinos de su hijo? La sociedad, necesitada de luz, esperanza y claridad, aguarda su respuesta...

Ahí están algunas coincidencias entre mi percepción y la de los autores del texto que me invitaste a leer.

Interesantísima lectura, Alex Borges.

Mil gracias.

P.S.: A Ivan Illich lo he leído, caro amigo. Problema mayúsculo: no creo en Freud y su psicoanálisis.

 

 

 

 

Va de nuevo porque me cortaron la primera vez que respondí ...

No es un problema de populismo, conciliación o demás basura ideológica, es simplemente un problema que se ha salido de control. Deja que te lo explique alguien que si sabe que ha andado por todo el mundo:

México es un estado hecho pedacitos

 Justo cuando la administración del presidente Felipe Calderón se aproxima a su final –sólo le quedan 11 meses– el balance de la lucha contra el narcotráfico “es muy negativo”, pues él mismo se convirtió “en prisionero de su propia guerra”. Edgardo Buscaglia, experto en temas de seguridad nacional y delincuencia organizada, sostiene que la mal llamada guerra contra el narcotráfico se traduce en una guerra del gobierno contra la sociedad y contra las propias instituciones del Estado.


Para el investigador de la Universidad de Columbia, la gente está muy agraviada y seguramente cobrará la factura en las elecciones presidenciales de este 2012. 

“En México –dice– ya hay condiciones para que organismos internacionales actúen y declaren al país en clara emergencia por las serias violaciones al derecho humanitario; además, en el futuro inmediato veo que Calderón entregará un país plagado de muertos, descabezados y con instituciones fragmentadas por los propios grupos criminales”.

–¿Fracasó Calderón con su estrategia de guerra? –. 

“¿Cuál estrategia? Nunca hubo una estrategia. Lo que implementó el Presidente fue una acción de fuerza con el Ejército. Creo que el Presidente debió leer historia antes de implementar sus acciones. En Italia y en Colombia, por ejemplo, el ejército actuó quirúrgicamente, pero acompañado de otras estrategias. En México, Calderón y el Ejército fracasaron y jamás aprendieron de la experiencia de otras naciones”.

Desde un país de Asia en el cual se encuentra comisionado, Buscaglia señala a “Proceso” que le extraña que algunas voces, como la del ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, actual asesor de Calderón en materia de seguridad, difundan con soltura (revista “Nexos”, edición de enero) la idea de éxito en la lucha contra la delincuencia organizada. 

Hasta ahora, arguye el entrevistado, “no existe ningún sentido científico” ni de política pública para aseverar que la estrategia del Presidente contra la delincuencia haya sido exitosa.

“Los que argumenten eso están en un error. Puedo entender que lo dicen porque están bien pagados por la Secretaría de Seguridad Pública o por Los Pinos.

“No dudo que haya buenas intenciones del Presidente (Calderón) y de su equipo, pero con buenas intenciones todos vamos al infierno. La delincuencia organizada ha venido fragmentando al Estado cada vez más y esos indicadores de fragmentación son muy altos: el crimen organizado se alimenta de esos pedazos del Estado y así puede seguir hasta el colapso mismo”.

Según el investigador de la Universidad de Columbia, 71.5% de los municipios del país están controlados por la delincuencia organizada; hay alcaldes, síndicos y regidores que están alineados con algún grupo criminal. “Y no me refiero –dice– a autoridades de un partido, pues en todos hay casos en que los ayuntamientos que gobiernan sus representantes sirven a los intereses de la criminalidad”.

Y otro elocuente indicador del fracaso del Gobierno, insiste Buscaglia, es que actualmente los líderes del narcotráfico mexicano, como Joaquín “El Chapo” Guzmán, están clasificados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como los personajes más influyentes del narco en el mundo.

“(Recientemente) ‘El Chapo’ Guzmán fue considerado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro como el narcotraficante más poderoso del planeta. Ante este dato tan contundente no hay vuelta que darle: Calderón es un fracasado y con su ‘estrategia’ sólo logró elevar al ‘Chapo’ Guzmán al rango de personaje mundial en el mercado de las drogas”.

Ello se debe, según el entrevistado, a que el poder patrimonial de los grupos criminales mexicanos, entre ellos el cártel de Sinaloa, se ha extendido a 53 países y su presencia es cada vez más frecuente en Asia, África y Europa. Por lo tanto, de ninguna manera puedo estar de acuerdo con la aseveración de que las políticas (calderonistas) mal implementadas han tenido algún éxito.

“Esto no es una cuestión de interpretación subjetiva en donde, como por ejemplo, a uno le gusta un movimiento artístico y a otras personas no. Lo subjetivo acá no vale. Los 22 tipos de indicadores delictivos siguen aumentando en México y en la región centroamericana, que está tan negativamente afectada por México.

La guerra es contra la sociedad

Periodistas, académicos y analistas políticos sostienen que durante muchos años los gobiernos sólo administraron el problema del crimen organizado, sin atacar sus causas. ¿Usted cree que la violencia actual sea consecuencia de esas fallas o existen otras causas o cree que este señalamiento es un mito más?, se le pregunta a Buscaglia.

“Esta mal llamada guerra contra el narcotráfico debería ser llamada guerra contra la sociedad y contra el Estado mismo, porque la delincuencia organizada mexicana tiene porciones del Estado y porciones de la sociedad civil trabajando para ella.

“No se le puede llamar guerra a un programa de prevención y combate a la delincuencia organizada porque es como si el Estado tuviese una guerra contra sí mismo y contra la propia sociedad. Lo que sucede en México es justamente lo que ocurrió en Rusia en los años 90: 

“En México se comenzó una transición política desordenada desde hace dos décadas hacia una democracia que nunca llegó a ser participativa, a lo sumo fue electoralista, pues se avanzó hacia una competencia electoral sin instituciones adecuadas.

“La pirámide de comando y control que ejercía el PRI en las décadas de los 60, 70 y 80 permitía gestionar a los grupos criminales desde abajo y desde arriba simplemente dejó de existir; además, de manera poco competente el presidente Fox desarticuló a los órganos de inteligencia durante la fallida gestión de Eduardo Medina Mora y de otros funcionarios que pasaron por el Cisen.

“Los gobernadores comenzaron a volverse más autónomos y dejaron de estar sujetos a los controles judiciales, administrativos y a los controles políticos que se ejercían cuando el PRI poseía una pirámide de comando y control autoritario. Por lo tanto, una transición política hacia una democracia que nunca terminó de consolidarse en México generó una fragmentación institucional.

“Como consecuencia, hubo y hay falta de controles judiciales, administrativos y políticos que permitieron a los grupos criminales que existían hacía décadas –y que eran gestionados por el Estado a grado tal que les repartía hasta territorios y mercados– que se toparan con un Estado débil, como producto de esa transición política desordenada”.

Buscaglia sostiene que ahora México está peor, pues no existe un sistema judicial que controle la situación; tampoco hay controles políticos. Por lo tanto, la delincuencia organizada pasó de ser gestionada por el Estado autoritario a ser la que gestiona a pequeños fragmentos del Estado que están divididos como un rompecabezas.

–Desde su punto de vista, ¿había razones para utilizar al Ejército en esta lucha contra el crimen organizado? ¿Fue atinada la decisión presidencial? –

“Es la decisión más absurda del mundo. Insisto: al Presidente le faltó y le falta leer historia. Su ignorancia tiene un alto costo para el país y para la sociedad. El Ejército es un insumo, un ingrediente de la receta. Pero tiene que actuar acompañado de otros ingredientes que hoy están ausentes.

“En Italia, en los años 80, se recurrió al ejército en Sicilia; en Colombia también se le utilizó, pero de manera quirúrgica, para controlar una región. Las tropas entraban arropadas con todo un andamiaje de instituciones funcionales: fiscalías, órganos de inteligencia, jueces. Esas instancias no funcionan adecuadamente en México.

“Usar sólo el Ejército como ingrediente de una estrategia es como pretender interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven con un solo violín: no puede llegar a dar frutos una estrategia donde se solidifica la represión a través de un ejército que corre el riesgo de ser infiltrado por todo tipo de grupos criminales y mientras los patrimonios del crimen organizado sigan intactos y se expandan a otros países.

“Cuando reprimes a los grupos criminales sin quitarles el dinero, lo que hacen es aumentar los niveles de corrupción y de violencia para contrarrestar una posible reacción del Estado; a eso se le llama ‘la paradoja de la represión’, pues genera más represión, más violencia y más corrupción”. 

Buscaglia afirma que esta trampa surge cuando no se ataca el andamiaje patrimonial de esos grupos, que va más allá del lavado de dinero que tanto se caricaturiza en la prensa; ellos manejan cientos de empresas y activos físicos que requieren una logística operativa diaria para transportarse y que en México sigue intocada.

Mientras eso permanezca intocado, insiste, el Ejército simplemente se halla en una situación de impotencia aplicando más represión al crimen organizado que se sigue expandiendo y sigue corrompiendo a las instituciones del Estado. 

Paz pactada

Ex asesor de la ONU en materia de crimen organizado, negociador de conflictos entre países en crisis de seguridad, Edgardo Buscaglia afirma que el hecho de que en algunas regiones del país haya bajado la violencia no es indicador de éxito en la estrategia calderonista contra el crimen organizado. 

“México es una sociedad enferma de violencia que, a diferencia de lo que afirman los voceros del presidente, está más allá de los grupos criminales. La violencia se ha transformado en un mecanismo de comunicación entre las organizaciones 
delincuenciales.

Según Buscaglia, en México se está dando el caso similar al de Rusia, donde se ha consolidado una alianza nacional mafiosa alrededor del Estado; allá, dice, la violencia organizada baja porque se consolida una alianza criminal. Y eso es justamente lo que ha comenzado a suceder en algunas regiones de México donde cárteles como el de Sinaloa tienen un fuerte control:

“Ese cártel se está consolidando a través de alianzas criminales y locales, como ha sucedido en Tijuana y Ciudad Juárez, donde la violencia ha bajado drásticamente. La violencia es una tragedia social, una enfermedad social, pero no un indicador de que la delincuencia organizada esté expandiéndose o no. En una región pueden bajar la violencia y los homicidios, pero de manera paralela se consolida un grupo criminal y sus aliados.

“Este es uno de los grandes problemas que no comprenden los círculos cercanos al presidente Calderón. Ellos toman la violencia y los homicidios como un indicio mediático para medir si estamos bien o mal, incluso suelen presentar sus estadísticas como el medidor de éxito o fracaso del presidente.

–¿Qué país entregará Calderón a su sucesor en diciembre próximo?

“Un país agotado, una sociedad hastiada de sangre y de desatinos políticos. El prisionero de Los Pinos entregará un territorio plagado de cruces, luto, muertos, descabezados y de nuevos ricos porque la guerra también fue un gran negocio; no sólo para el crimen organizado, también para los hombres del poder.

 

 

Hugo, en buena onda, te voy a pedir un favor aún si carezco de ninguna autoridad para ello. Es una solicitud meramente estética y su objetivo es únicamente contar con un espacio de discusión dinámico en el que todos podamos participar con comodidad. Uno en el que fomentemos todos una mayor participación de todos (somos bien poquitos en esta comunidá).

No postees entrevistas largas. Un extracto o síntesis y la liga, mi estimado. Es una cuesión de etiqueta y respeto por el tiempo de tus compañeros.

Y ya. Ponte a pensar que cada página de comentarios está limitada y que nuestra atención está limitada (tamos haciendo otras cosas). El postear aquí entrevistas enteras, por buenas que sean, aburrirá a algunos y chocará a otros y sólo podría beneficiar a unos cuantos: aquellos que (como yo), lo más probable es que ya la hayan leído.

 

Atte:
"Comité Emancipalírico Hagamos un Espacio Mejor y Discutamos más Bonito que en estos Días Electorales el Discurso va a ser un asco De Todos Modos YanoMamen para qué Colaboramos Nosotros" (COEHEMEDIBODIEDIASDETOMOYANOMACONOS) 

Dirías entonces, Carlos (espero que podamos continuar dialogando, aunque no sea tu foro preferido), que si los mexicanos se han de comunicar y discutir, deben hacerlo dentro del entramado político e institucional y que por ello es que lo de Sicilia te parece división dañina?

Por otro lado, te invitaría a reconsiderar tu posición dadas las fechas de los artículos de Domínguez-Michael y Krauze, a la luz de lo que Sicilia hace y dice hoy. Recordemos pues que quizás esos juicios tuvieron estos dos en aquellos tiempos, pero hoy Sicilia publica aquí y Krauze en Proceso y hacen el esfuerzo de dialogar desde sus tradiciones intelectuales.

Entonces me parece que ya no puede desdeñarse lo de Sicilia como mera división dañina y mucho menos, a la luz de los acontecimientos políticos alrededor su movimiento, puede enmarcársele como títere de nadie.

Ciertamente el camino del redentorismo no es en si mismo, la mejor alternativa. Hay circunstancias impotantes que reclamar como la incapacidad que han tenido las democracias de establecer una mejor realidad humana, y mucho mas cuando han sido socavadas por la libertad del mercado. Sin embargo, creo que hay que pensar en una nueva realidad humana vista ciertamente desde el ámbito político que responda a las inquietudes actuales de la vida humana. Siguiendo la lectura de redentores podemos descubrir a personas realmente comprometidas, y quizá hoy Sicilia quiera incluirse en la historia de los ideólogos que han llegado a dar todo lo que tienen por defender sus ideas, pero ¿Hasta donde vale la pena sin un proyecto real? Incluso hoy en día ni la misma moral cristiana responde del todo a la vida del ser humano actual, quizá el evangelio este tratando de inspirar otro tipo de mesianismo que no tiene que ver con la realidad actual. Entonces ¿Habra hoy en día redentores?

La obsesión mesiánica nubla cada uno de los postulados de Sicilia, forzando concepciones aventuradas y utópicas sobre el poder y el hombre.

En lugar de abordar el problema de los estados modernos y su incapacidad de generar bienestar, sortear las injusticias del mercado y procurar más (y mejor) participación; Sicilia se arroja a un lacónico discurso de tintes religiosos-providenciales. En lugar de discutir sobre democracia Sicilia habla del "Reino de Dios". En lugar de hablar del poder, Sicilia habla de una improbable alma con sus "besos espirituales", evangelios y "despoderes".

De esta forma es imposible distinguir si este es un diálogo entre un liberal y un anarquista (bis), o una discusión teológica sobre los porvenires en la tradición judeocristiana.

Sicilia se ve a sí mismo como un redentor. Un profeta cristiano que renuncia al poder para salvar su 'comunidad'. Irónicamente eso era lo criticado por Krauze en su libro. Y he aquí al "redentor" defendiéndose.

(Al leer este diálogo --por el ritmo-- da la impresión de escuchar a un hombre con asma o un sacerdote.)

Difícil.

Esta sí que es una buena crítica, estimado Martín pero, creo yo, un tanto aventurada. Dices que Sicilia habla del reino de Dios, pero él no lo menciona (si le picas ctrl-f o ctrl-b a tu navegador, verás que la única referencia a Dios,  en estas páginas, es la tuya). Sicilia habla sobre formas de diálogo cristiano, porque esa es su tradición intelectual. Tu interpretación, en ese sentido, se antoja un tanto mezquina.

Debo decir que soy la persona más atea que conozco.

Me parece necio considerar la existencia de cualquier divinidad y creo que todo aquello que podemos ver con nuestros sentidos e instrumentos que les potencian, son la realidad. Aún así, debo aceptar que nuestra tradición de pensamiento se nutre lo mismo de los antiguos judíos y cristianos, que de los antiguos griegos. Lo mismo del monoteísmo pragmático, que del materialismo racionalista. Iría más allá: hay instancias, en que el monoteísmo y el racionalismo griego se tocan y escarcean. Spinoza, Nietzche y, si estiro la liga, San Agustín y, más para acá, Kierkegard.

Y claro que hay contradicciones entre estas tradiciones del pensamiento occidental, pero muchas de ellas son irreductibles e indecidibles. Me parece, entonces, que desdeñas aquello que no te gusta por cuestiones ideológicas más que dialécticas y racionales.

Este diálogo que presenciamos es, me parece, uno entre dos escuelas del pensamiento mexicano. La liberal y materialista, que aspiraba hace unos cien años a reproducir a la ilustración en nuestro suelo, y que hoy es una tradición verdadera de nuestro pensamiento (innegable ya después de Juárez, [los que me falten] Novo, Cuesta...etc.) y la tradición antigua y no  menos importante y fecunda, del pensamiento cristiano tanto jesuita como de las tantas órdenes que hicieron, también, para bien y para mal, a la vida intelectual de nuestro país (desde Fray Bartolomé, hasta los padres jesuitas que todavía en el siglo XIX gestionaban misiones en baja california y california), antes y después de la colonia.

Krauze, me parece, se identifica con los primeros. Sicilia, a mi entender, con los segundos (aunque, dada la enormidad de la información que tenemos sobre el pensamiento cristiano, tendríamos que acotarle en un segmento particular del mismo. La clave de ello, está en Iván Illich... y dale para atrás en la historia del pensamiento cristiano. Una excelente referencia es un artículo de krauze que encontré aquí: http://despuesdelsexo.wordpress.com/2011/05/15/enrique-krauze-y-christop... ).

Ambos son instancias modernas y herederos de las dos vertientes.  Ambas, me parece, son visiones, propuestas y producto histórico de lo que hemos hecho con nuestra nación. Ambas deben ser escuchadas y sopesadas y, si la suerte, nuestro propio entender y, para quien así lo necesite, la divina providencia nos asiste, deben conspirar.

¿Para qué? ¡Qué importa! Prefiero mil veces este diálogo de altura entre quienes tienen visiones bien cimentadas en tradiciones intelectuales claras y verificables, que la bazofia que podemos ver en los diarios, políticos y partidos de este país.

Estás muy equivocado, Martín. Sicilia es una "rara avis" del panorama intelectual mexicano desde hace muchos años. Es un pensador y poeta que reflexiona desde la fe, la religiosidad, la vida espiritual, el recogimiento, el misterio. Es un gran conocedor de la historia del Cristianismo desde sus orígenes, y siempre ha observado al mundo desde la poesía. No es un loco ni un fanático, ni forzosamente quienes viven en comunidades religiosas lo son. Muchas de las glorias de Occidente se forjaron en los monasterios y conventos cristianos de la Edad Media. Sicilia más bien está cuestionando la (perdón la palabra que voy a usar) "mitología" liberal que sostienen nuestras infames instituciones políticas y económicas y que justifican y son cómplices de todo tipo de atrocidades humanas arropadas bajo la bandera de la "democracia". 

Nadie está diciendo que Sicilia sea un fanático o un loco, o que lo sean los hombres y mujeres de religión. Sino que su apreciación se sesga precisamente por intentar acomodar en todo momento su visión de la realidad social, con sus reflexiones espirituales y religiosas.

Estoy de acuerdo en que es necesario cuestionar los límites del liberalismo y la democracia contemporáneos. Pero de la misma manera en como ambos se ven ahora superados por la compleja realidad social, en su momento surgieron como críticas a los sistemas políticos basados en la religiosidad como base moral e intelectual de Occidente.

Critiquemos al liberalismo y la democracia, enhorabuena, pero con la seriedad que ello necesita. Entremos a un debate teórico de primer nivel, contrastando experiencias históricas y los límites políticos y filosóficos. Discutiendo autores que tratan el tema ampliamente, proponiendo alternativas válidas. Pero no buscando soluciones providenciales en dogmas de fe.

Ahora bien, habría considerar si eso que tú llamas las "glorias de Occidente"; 1) en realidad lo son, 2)se forjaron en los entornos religiosos o bien, en las nuevas dinámicas económicas y técnicas que representaron las revoluciones industriales y sociales de la modernidad occidental.

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