El cine comparte con la fotografía una propuesta sorprendente: la permanencia frente a la muerte. Pero, además, es un arte realista, con unos condicionantes que lo hacen pobrísimo: si quiero mostrar esta aula, no puedo fingir un aula distinta. Puedo rodar con grano o sin grano, decorar, pero no puedo cambiar el sitio. No es un heredero del teatro, sino un brazo armado de la novela. Las primeras películas tienen gran capacidad narrativa: tienen saltos temporales, son capaces de hacer un primer plano de un cuchillo, de alguien que llora, y saltar inmediatamente a una casa. Son recursos que no estaban al alcance del teatro y sí de la novela.
Los primeros guionistas vienen del periodismo, que surge mucho antes del cine pero comparte su obsesión de contar lo que ocurre. El cine hereda del periodismo la sensación de inmediatez, la sensación de hacerte creer, de hacerte ver, aunque tiene una rama emparentada con las artes visuales.
En cuanto el cine empieza a ser narrativo, se comienzan a adaptar obras literarias. Es una demostración de que también el cine mudo estaba construido con palabras. En los primeros años del cine hablado, el cine pasa una crisis de lenguaje hasta que se da cuenta de que es dos cosas a la vez: imagen y palabra. También se produce una confusión: el cine como adaptación literaria o como creación original. En realidad, el cine es siempre una adaptación. Como lenguaje, necesita adaptar cualquier idea, historia o anécdota para ofrecerla como película. Simplemente, algunas películas nacen de una obra artística o literaria previa.
Un guion es la película contada, del mismo modo que le cuentas a un amigo una película para que vaya a verla. La primera obligación de un guion es hacer creer que la película existe. Por más que haya cientos de técnicas, la intuición y la intención narrativa de las personas es superior a cualquier fórmula establecida. Los manuales toman muchos ejemplos y tratan de ver en qué se parecen. Llegan a conclusiones que alcanzaríamos en un cuarto de hora. Hay tantos tipos de narración como formas de contar una anécdota. Si alguien dice: “No te vas a creer lo que me pasó ayer”, plantea un recurso narrativo. Pero, si dice: “¿Sabes que he roto con mi novia? Es que te lo tengo que contar”, usa otro. Son los mismos recursos que emplean los directores y los guionistas.
Hay que construir la película con palabras porque el cine es probablemente el más caro de los lenguajes artísticos. En eso se parece a la arquitectura más que a cualquier otro medio. Para levantar un edificio hay que hacer unos planos y unos estudios. Es un proceso de recabar dinero, que utiliza mecanismos de seducción. Mucha gente cree que lo que seduce al productor es un guion. Es un error basado en el desconocimiento de la industria. La mayoría de las veces los productores son seducidos por lo que hay alrededor del guion, que a menudo ni siquiera han leído. El guion es nuestro valor cuando Julia Roberts no está interesada en nuestro proyecto, o cuando nuestra trayectoria no basta para que nos den ni mil euros para una película. Así que escribimos un guion con palabras. Y ponemos en ellas lo mismo que dijo Nabokov con respecto al proceso literario: “El pensamiento solo tiene una manera de expresarse: la acción.” En el cine eso tiene dos posibilidades: las palabras y las imágenes, y su combinación. Para ello están los recursos que hemos mencionado y el más importante, la metáfora. Cuando estudié cine en Estados Unidos, que parece el lugar más alejado del intelectualismo cinematográfico, lo primero que me enseñaron es que para escribir buenos guiones hay que leer mucha poesía, porque es el género literario que usa más variedad de metáforas y transposiciones de imágenes para narrar. La poesía propone imágenes que han quedado casi como tópicos: ni los cineastas ni los fotógrafos inventan que la tristeza sea un cristal sobre el que cae la lluvia, ni que la soledad sea una persona que camina entre la multitud. Fueron los poetas. Los buenos cineastas generan esos recursos cinematográficamente.
El cine necesita una planificación porque es caro. Mi hermano Máximo era escultor y, para no malgastar piedra, dibujaba la pieza que iba a hacer. ¿Por qué no lo iba a hacer un director? ¿Pierde espontaneidad? Solo si no sabe añadir espontaneidad a lo ya escrito. ¿Pierde capacidad de invención en el rodaje? Difícilmente será un lugar de invención un rodaje, porque es un sitio donde todo el mundo hace preguntas que hay que resolver en un segundo y donde todo el mundo quiere saber cuándo se corta para comer. Berlanga decía: “El guion es la Gestapo”, pero iba con su guion bien escrito. En mi experiencia, cuando los actores improvisan, acaban diciendo lo que está escrito. Hay cierta sospecha hacia la palabra en los cineastas que dicen: “Yo no leo.” Pero muchos escritores tampoco. Y, es más, muchos no pueden leer tanto como escriben. Algunos cineastas dicen que no conocen las referencias, pero las referencias no vienen solo de lo que hemos leído, sino también de lo que nos han transmitido.
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