La política mexicana es una pesadilla reciclada a perpetuidad, con mínimos cambios en el reparto de actores. Quienes creíamos que la democracia había sido un gran despertar cívico nos equivocamos: fue solo un cambio superficial que ocultó la mugre debajo de la alfombra. Uno de los factores que más han contribuido a devaluar la importancia de nuestras contiendas electorales y a predisponer a la sociedad contra un espectáculo prolongado, dispendioso y reiterativo es la comprobación de que, llegue quien llegue al poder, las redes de la corrupción institucional permanecen intactas. Los gobiernos gerenciales del PAN solo han buscado congraciarse con la oligarquía mimada por los gobiernos del PRI, entregándole mayores concesiones y canonjías. Elba Esther Gordillo, la figura más emblemática del estancamiento político nacional, tiene ahora más poder que en tiempos de Salinas o Zedillo. Los presidentes de la era democrática no han intentado siquiera desmantelar el aparato corporativo del antiguo régimen: más bien han querido sacarle provecho. Y ese mismo aparato, que nunca les permitió gobernar, está usufructuando el caos delictivo (propiciado en buena medida por los gobiernos estatales del tricolor) para presentarse como salvador de la patria ante el ciudadano aterrorizado por las matanzas.
En rigor, el PRI no recuperará al poder si gana los comicios presidenciales del 2012, porque nunca lo perdió del todo. Los voceros del partido y su candidato a la presidencia pregonan a diario que, en caso de ser favorecidos por el sufragio, no van a restaurar el antiguo régimen autoritario. Pero muchos tememos que la tentación de gobernar a la antigua será demasiado fuerte para ellos, sobre todo si obtienen mayoría absoluta en el Congreso. Están en peligro, entonces, los pequeños avances logrados por la democracia (estabilidad macroeconómica, mejor rendición de cuentas en el gobierno federal, abolición de la censura gubernamental en los medios informativos, combate eficaz a la delincuencia en el DF), pero sobre todo está en peligro la posibilidad de elegir a nuestros gobernantes, pues un IFE en manos del PRI significaría un retorno a los tiempos del carro completo, el ratón loco, las urnas embarazadas y las caídas del sistema de cómputo. Junto con los fraudes electorales pueden volver también las represiones sangrientas de opositores políticos, jamás castigadas, que solo en el sexenio de Salinas de Gortari dejaron un saldo de seiscientos muertos, comenzando por los asesinatos de Francisco Javier Ovando y Román Gil en vísperas de las elecciones de 1988. Recordemos, además, las catástrofes financieras de fin de sexenio a las que nostenían acostumbrados los últimos gobiernos del partidazo para calibrar la magnitud de la amenaza.
Nostalgia de la mafia única
El sector de la sociedad que desea el regreso del PRI a Los Pinos ni siquiera le ha exigido una depuración a fondo de sus cuadros dirigentes. Se trata, pues de una clientela incondicional, que acepta los viejos estilos de gobernar en espera de obtener algo a cambio: desde una despensa hasta una curul en el Senado. El repunte del PRI en las encuestas no ha sido consecuencia de un proceso regenerativo en el que sus militantes más destacados hayan hecho alarde de virtudes cívicas. Al contrario, los gobiernos de Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera y Humberto Moreira han demostrado que, en materia de rapacidad, cinismo y falta de escrúpulos, los modernos caciques del revolucionario institucional superan con creces a los de antaño, cuando el presidente podía obligarlos a renunciar si sus escándalos perjudicaban la imagen del sistema político. El propio Enrique Peña Nieto tiene un currículum que en cualquier país civilizado le impediría llegar lejos en esta contienda. Su exjefe Arturo Montiel, propietario de más de quince mansiones en varios países, encabezó al frente del Estado de México una de las administraciones públicas más cochambrosas de los años recientes. ¿Peña Nieto nunca intervino en los grandes negocios ilícitos de Montiel cuando era secretario de Administración de su gobierno? ¿Se estaba peinando el copete mientras el gobernador invertía una fortuna en bienes raíces?
O bien los simpatizantes del PRI son amnésicos o comprenden que su partido funciona como una organización delictiva y, por lo tanto, miden la valía de un político por su habilidad para medrar en los cargos públicos. La segunda hipótesis es la más factible y, por lo tanto, vale la pena tomarla en cuenta para entender cómo se ha formado la corriente de opinión mayoritaria en favor de un regreso al pasado. A la clientela tradicional del PRI se ha sumado en los últimos años un sector de la ciudadanía que teme con razón la escalada terrorista del hampa, rechaza la guerra de Calderón contra el crimen organizado y cree que el PRI pacificará el país volviendo a establecer pactos con los grandes capos de la droga. En la disyuntiva de vivir bajo el terror o recuperar la paz social, eligen lo que les parece un mal necesario. A cambio de tranquilidad están dispuestos a tolerar el saqueo ordenado y pacífico del erario (Moreira ya les puso la muestra de lo que se avecina), como si no existiera una relación de causa-efecto entre los gobiernos corruptos y la anarquía delincuencial. En el año 2000, cuando la corriente de opinión mayoritaria logró la alternancia de partidos en el poder, la sociedad confiaba más en su propia capacidad regenerativa. Tal parece que ahora, bajo la presión de los secuestros, las extorsiones de comerciantes, las degollinas y los atentados contra civiles, un creciente número de mexicanos añora una dictadura en la que no había luchas entre facciones criminales, porque todo el poder lo acaparaba una sola mafia bien organizada. Como los absolutistas españoles que vitorearon a Fernando VII cuando abolió la constituciónde Cádiz, gritando por las calles “¡Vivan las cadenas!”, los simpatizantes del PRI quieren un gobierno fuerte, que imponga el orden en las calles, aunque los sojuzgue y los despoje de la riqueza nacional. ¿Cómo pudieron llegar a una conclusión tan desesperada? ¿Quién los llevó a ese grado de autodesprecio?
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Edición México



Comentarios (6)
ME GUSTA MUCHO DELO QUE DICE, ES CIERTO, PERO LO DE QUE NO HUBO FRAUDE, X FAVOR DECIR ESO ES QUEDAR COMO TONTO ANTE TANTA EVIDENCIA DE CAJAS ABIERTAS Y URNAS EMBARAZADAS MANTA DONDE SEGUN HABIA VOTADO 900 PERSONAS Y EL REGISTRO ERA DE 600, Y MILES DE EJMPLOS FOTOGRAFIADOS, TODOS SABEMOS DEL PACTO DE ELBA ESTER GORDILLO, Y YA HASTA FELIPE LO RECONOCIO AIGA SIDO COMO IAGA SIDO
Recuerdo haber discutido muchísimo hace 6 años sobre el tema de que si hubo fraude o no. No importan los argumentos que se aporten, aún si son lógicos y corresponden a la verdad de los hechos, la gente convencida del supuesto fraude no los aceptará nunca. Es cuestión de fe. Por mi parte, yo que estoy convencido de que no hubo tal fraude, me gustaría saber cómo explican quienes sí lo creen que haya habido fraude en el conteo de la votación para presidente de la República pero no lo hubo en el conteo de los votos para diputados y senadores (resultados por demás agradables para el PRD), siendo que los votos los contaron las mismas personas. ¿Acaso se trataba de un fraude selectivo? Suponiendo que así hubiera sido, ¿acaso no habría sido más eficaz hacer fraude también en el conteo para diputados y senadores y lograr una mayoría absoluta en el Congreso para no batallar con las reformas que querían sacar adelante? ¿Quién, teniendo la capacidad de alterar los resultados del escrutinio, no modifica los resultados de los conteos para los legisladores echándose en la espalda un lastre que deberían estar cargando por al menos la mitad del sexenio? Cualquiera que tenga sentido común y piense con una mente lógica puede entender esto perfectamente, pero no así quien esté cegado por la frustración y la deseperanza.
El problema que se derivó de esto fue que la sorpresa que resultó después de hacer el conteo de las votaciones la canalizó el Peje en grandes esfuerzos por polarizar a la sociedad, impulsando su idea del supuesto fraude, logrando dividir a la sociedad y cuyos efectos lastraron tristemente el arranque del sexenio actual. Ojalá que en esta ocasión, si vuelve a perder el Peje lo acepte sin mayores berrinches y deje que el proceso tome su curso de manera normal. México necesita que seamos respetuosos de nuestros procesos electorales, nos gusten o no los resultados. Si tanto ama a México, como lo pregona, deberá acatar los resultados que se deriven del proceso electoral.
Como bien se dijo alguna vez, el PAN y el PRD se merecen que el PRI regrese al gobierno presidencial, pero nosotros los Mexicanos ¿QUE CULPA TENEMOS?
(Ovasión de pie)
La desilusión por el pasado de la prometedora democracia panista es quien determinará el voto. Hoy más que antes, yo como votante no tengo opciones para elegir el gobierno en el país. Ni le PRI ni el Pan ni el PRD ni los partidos que vienen abajo tienen credibilidad ni propuesta. El PRI detonó una corrupción superior, pero el PAN tampoco se lava las manos. Veo un futuro muy incierto y difícil, lo que más espero es que la supuesta guerra contra el narco ya cambié porque ha generado esta sicosis social que ya no puedo soportar como ciudadana. Espero una mejor economía y espero, sea por el partido que quede o por gracia de Dios, que no vayamos a perder nuestros empleos como en el incio del sexenio del señor Felipe Calderón. Si los partidos llámese PAN, PRI o PRD desean recuperar votos, pues por favor den argumentos reales para votar por ustedes. Una ciudadana que vive en el país de México
El pan ha ayudado a la resurrección del PRI desde la caída del sistema en 1988 gracias a las concertacesiones dirigidas por la dupla Salinas-Fernándezde Cevallos, que no solo permitirían la destrucción de las boletas electorales sino que Salinas recuperara en el 91 mucho de lo perdido 3 años antes. Fox y calderon han construido el camino de regreso al poder para el PRI destruyendo las esperanzas de millones de ilusos que creían que loa azules, a pesar de su participación en las concertacesiones, podrían personificar el cambio democrático. Por eso me parece muy aventurado asegurar que gracias principalmente a los votos de los arribistas es que el PRI puede volver al poder. La desilusión de la gente por el panismo ya se vio claramente desde el 2006 cuando calderon obtuvo un millón de votos menos que los de fox en el 2000, sin que hubiera la guerra fallida contra las drogas o la delincuencia desatada pero si con un PRI de capa caída. El canibalismo de PRD nunca le permitirá acceder al poder como partido político formal, ni siquiera proyectar esa imagen, sino como un conjunto de tribus seguidoras de un líder o cacique, de ahí lo acertado del peje, para sus propios intereses, de formar Morena. Pero seria mas fácil unir a las porras del Guadalajara y el América que hacer a prd y pan que vayan juntos en una elección nacional.
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