La Hidra mexicana

El retorno del PRI

 

¿Ha aprovechado el PRI su travesía en el desierto para hacer un examen  de conciencia de sus hábitos corruptos y usos no democráticos? Para Roger Bartra la respuesta es no, y culpa a la clase política en su conjunto de ser responsable de no haber superado una cultura anclada en la ilegalidad que tiene al viejo-nuevo PRI de siempre a las puertas de Los Pinos.

Enero 2012 | Tags:

La transición democrática ha quedado opacada por el drama de la violencia desencadenada por la lucha contra el narcotráfico. Una parte de la población, muy alarmada, se está inclinando por un retorno a ese “sistema de negociación del incumplimiento selectivo de la ley”, creyendo que así alcanzará una cierta tranquilidad. Por ello, entre las otras causas que he señalado, el partido del antiguo régimen autoritario –el PRI– encabeza las preferencias electorales en vísperas de las elecciones presidenciales de 2012.

Es importante ver más allá del repulsivo y espeluznante espectáculo de la violencia homicida que ha nublado el panorama. Detrás del espectáculo debemos encontrar los hilos que mueven la transición y que explican la deterioración de los tejidos sociales mediadores que aseguran la estabilidad de la sociedad civil. El ensayista Ricardo Cayuela lo ha dicho con contundencia:

El problema de México no es el narcotráfico, ostentosa cerecita del gran pastel de la ilegalidad [...] Este pastel está compuesto por una sociedad permisiva al quebrantamiento de la ley y una autoridad que cotidianamente, en todos los órdenes de gobierno, nos demuestra que la ley es un elemento, digamos, negociable.[3]

La decisión del presidente Calderón de provocar una escalada en la confrontación con el crimen organizado no es algo que estuviera previsto con anticipación y para lo cual el gobierno se hubiera preparado. Nada en los programas y propuestas políticas que emergieron durante la contienda electoral de 2006 permitía prever que el candidato ganador desencadenaría una lucha de grandes proporciones contra los narcotraficantes, aunque era evidente que se requerían medidas para frenar la penetración del crimen en todos los poros de la sociedad y del gobierno. Este desenlace ocurrió como una decisión precipitada del gobierno de Calderón ante la situación crítica y, además, con el objeto de fortalecer su legitimidad, que había quedado muy debilitada tras el proceso electoral. Una tercera parte del electorado estaba convencida de que había habido un fraude y el grupo político encabezado por López Obrador estaba decidido a provocar un colapso del gobierno. La escalada en la lucha contra el narcotráfico ciertamente fortaleció la legitimidad del gobierno. Al mismo tiempo enturbió mucho las aguas de la política y generó efectos inesperados muy espectaculares que opacaron los problemas propios de la transición. Entre otros efectos, provocó que un sector muy grande de la sociedad no vea con malos ojos que el PRI retorne a la presidencia y establezca alguna clase de pactos con el crimen organizado. Es necesario observar las tramas políticas que se encuentran ocultas por el trágico espectáculo de la violencia criminal, para buscar detrás de las imágenes atroces de un México bárbaro las líneas de una problemática política compleja llena de matices.

 

La hidra mexicana 4

 

¿Restauración?

Todas las encuestas muestran que, en los últimos cinco años, el apoyo al PAN y al PRD ha ido descendiendo paulatinamente, mientras que las simpatías por el PRI han crecido. Los dos partidos que obtuvieron más votos en las elecciones presidenciales de 2006 han sido rebasados en las intenciones de voto por el PRI. Este partido se acerca a un cuarenta por ciento de las intenciones de voto, mientras que el PAN atrae en torno del veinticinco por ciento y el PRD poco más del quince por ciento. Hay muchos electores (entre una cuarta y una tercera parte) que todavía no han decidido su voto o declaran que lo anularán, lo que arroja mucha incertidumbre a toda predicción. Probablemente el apoyo al PRI irá descendiendo en los próximos meses y tanto el PAN como el PRD verán crecer las simpatías que despiertan en el electorado sus candidatos. La izquierda es la que enfrenta la situación más difícil, pues su camino está lleno de los obstáculos y los destrozos que ella misma sembró, y que ocasionaron su espectacular descenso en las intenciones de voto y el más elevado porcentaje de repudio y animadversión. La campaña de la izquierda que denuncia los estragos de la lucha contra el crimen organizado (cuyas cifras de homicidios con frecuencia son exageradas) ha dañado la imagen del presidente panista pero ha contribuido a aumentar las simpatías por el PRI y no por el PRD. El tiro ha salido por la culata, el presidente mantiene un 64 por ciento de aprobación ciudadana y el apoyo a la izquierda no ha crecido. En cambio se ha legitimado la idea de que es necesario negociar con los cárteles de narcotraficantes, cosa que evidentemente no haría la izquierda. En cambio, el PRI ha visto crecer la impresión de que, si gana las elecciones, habrá algún tipo de arreglo que traiga la paz.

Si la izquierda no endereza su rumbo nos encontraremos ante el peligro de que se fortalezca un sistema bipartidista en el que los dos polos hegemónicos sean de derecha. La izquierda quedaría como un sector residual y marginal que tendría que resignarse a una función crítica testimonial, amargada por el hecho de que dejó escapar la oportunidad de convertirse en un gran partido socialista moderno.

Por su parte, la derecha que llegó al poder en el año 2000 no ha logrado desarrollar con el ímpetu suficiente las tradiciones liberales para confrontar sus lastres conservadores. Ilusoriamente empeñada en mezquinas querellas y en pactos de corto alcance con la oposición, dejó de utilizar los inmensos recursos del gobierno federal para modernizar la cultura política, transformar el arcaico sistema educativo, romper el duopolio televisivo y combatir a la poderosa Hidra que ha ido creciendo al amparo de los gobiernos estatales.

Mientras tanto, la principal cabeza de la Hidra –el gobernador mexiquense– crecía con gran fuerza. Es sintomático que el exgobernador Peña Nieto, ahora candidato del PRI a la presidencia, se refiera constantemente al PAN y al PRD como los partidos “de oposición”; él nunca se ha presentado como lo que realmente es: un político de la oposición. La oposición, para el PRI, siempre han sido los otros. Cuando se registró como candidato del PRI, el 28 de noviembre de 2011, declaró:

Yo ni aspiro, ni el partido aspira, a que la oposición hable bien del PRI; a la oposición le ha dado por hablar, señalar y criticar mucho últimamente al PRI [...] el PRI no va a caer en el juego de la oposición.[4]

Es curioso que este lenguaje antiguo lo utilice al mismo tiempo que niega que el PRI esté retornando al pasado. Acaso tiene razón: el PRI no ha abandonado el pasado, por ello no puede regresar a él. Ciertamente representa a una gran parte del país, esa parte que vive todavía sumergida en la cultura y las estructuras del antiguo régimen.

Para muchos dirigentes del PRI, su partido no ha estado en la oposición: ha conservado y ampliado un sólido bloque de poderes estatales que hoy llega a sumar veinte gubernaturas. En muchos de estos lugares, el PRI no necesita restaurar nada, pues poco ha cambiado. Podemos sumar una media docena de gobernadores que, habiendo recientemente escapado del PRI por pleitos internos, fueron cobijados por coaliciones opositoras y llegaron al poder sin en realidad haber dado ni un paso fuera de la cultura institucional revolucionaria y nacionalista. Todo ello muestra que la influencia de los usos y costumbres priistas es inmensa. Pero una restauración completa a escala nacional del antiguo régimen es imposible. El PRI es ahora un partido que vive en un contexto nuevo y por ello sus fracturas internas serán más dañinas y amenazadoras. En los lugares en que el PRI se ha fracturado, y donde por ello ha perdido elecciones, aparecen brotes de una cultura cívica democrática. Y aunque las fracciones priistas que abandonaron su matriz son portadoras de una cultura autoritaria, provocan situaciones nuevas que con el tiempo pueden erosionar los viejos hábitos. Por otro lado, será muy difícil que un presidente priista aniquile el poder de los gobernadores y los vuelva a someter al poder ejecutivo.

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Comentarios (15)

Mostrando 15 comentarios.

El artículo de Roger Bartra resulta muy interesante por varios motivos. Aquí sólo me interesa destacar uno de ellos y proponerlo a la consideración de esta plataforma electrónica.

 

En el debate público de los últimos años en nuestro país se ha generalizado una crítica de la izquierda electoral cuyo argumento radica en su condición tradicional. Con esto se destaca su poca o nula disposición para “modernizarse”. De acuerdo con este punto de vista es muy lamentable el hecho de que México no cuente con una “izquierda moderna”.

 

Este punto de vista ha alimentado una corriente de opinión muy sólida, especialmente difundida por algunos líderes de la revista que acoge este comentario. Por ello quisiera destacar que Roger Bartra es uno de los pocos (muy pocos entre quienes enjuician negativamente a la izquierda) en señalar que la derecha electoral en México, representada por el PAN, tampoco es una fuerza moderna ni plenamente democrática. Al menos así lo indican sus actos de gobierno entre 2000 y 2012. Entre las pruebas de este dicho Bartra destaca la tradición conservadora de matriz católica del PAN que se impuso sobre sus reservas liberales, su disposición a establecer acuerdos de corto plazo con fuerzas autoritarias del Estado mexicano, su negativa para encabezar una reforma de la educación mexicana y un federalismo plenamente democrático. Yo añadiría su renuencia para reducir al orden constitucional democrático la conducta de los poderes no regulados, entre los cuales se destacan los empresarios más poderosos del giro de la comunicación audiovisual.

 

La condición premoderna, tradicional, autoritaria, fuertemente nacionalista de nuestra cultura política no podrá ser evaluada críticamente sin considerar, cierto, la contribución actual a este capital simbólico del PRD y del movimiento social encabezado por AMLO, pero tampoco sin considerar la gestión del PAN en el mismo sentido.

perdon por mi falta ortografica, dice conscientizar, debe decir concientizar (de conciencia). gracias.

Dr. Roger Bartra, su articulo me parecio muy interesante, en mi opinion aporta elementos que pueden ser retomados para conscientizar nuestra vision politica del pais.

En este sintido, el regreso del PRI responde a nuestro sentido conservador y poco visionario, nos encanta a los mexicanos participar pero sin estar verdaderamente involucrados ni arriesgar "el físico" (por decirlo coloquialmente) es claro entonces como nosotros mismos, la ciudadanía, al levantar quejas y propiciar nuestra división encabezada por 2 políticos aparentemente contrastantes, haciamos de nuestro pasado un engaño, creer que en el siglo pasado no estabamos "tan mal" es producto de lo que el señor López ha repetido hasta el hartazgo; dividir y conquistar es la clásica maniobra de guerra, eso fue en este caso, aprovachado muy bien por el PRI, ya que al ver a la mitad de la población incrédula de la legalidad y legitimidad del gobierno en turno y a la otra totalmente desilucionada por el triste show de violencia que vivimos, se encargó entonces de hacernos sentir que, si bien, antes no estabamos "tan bien" tampoco estabamos "tan mal" sentir que por desgracia el señor López se encargó de acresentar "en su favor" ya que en ningún momento la preferencia lo puso siquiera cerca del puntero, los ataques constantes por parte de la verdadera oposición se encargaron de hacer que la desconfianza generalizada (heredada del régimen priísta) en las intituciones se viera expresada en, incluso, ver con buenos ojos el regreso a un sistema lleno de corruptelas y falta de credibilidad, que de cualquier manera no tienen (ni habrían tenido) los gobiernos aparentemente opuestos al PRI; lo cierto es que económicamente México es (hasta cierto punto) ejemplo de como pasar por crisis consecutivas sin morir en el intento (otra ves las herencias priístas) ya que en muchas ocaciones lo hemos hecho, si bien es clara la crisis social que se vive, en la cual expresamos nustro deseo de cambio dejando de lado el verdadero sentido de aventura y exploración por el de comodidad y preservación haciendo que, justamente nuestras quejas y denuncias se conviertan en la más tangible realidad... mi más sentidas condolencias a los más de 30 millones de mexicanos que NO votamos por el PRI, la cobarde voluntad de casi 19 millones se ha impuesto =( 

- a la maquinaria del PRI, determinada a volver a Los Pinos desde que "lo sacaron", no podía ganársele con discursos redentoristas, mucho menos con la buena fe y los plantones masivos de sus seguidores… una elección es la guerra, y una guerra se gana con estrategia y con mucha inteligencia, no sólo con buenas intenciones…

… si el Peje decide contender dentro de 6 años, otra vez, tendrá que leer, comprender y poner en práctica "El Arte de la Guerra” (Sun Tzu), cuyo capítulo inicial declara que “el arte de la guerra se basa en el engaño”…

El PRI marco un antes y un después de la sociedad, la cultura y la política mexicana, a peor o mejor. De eso no tengo ninguna duda.

No sé cómo se puede hablar de una "cultura democrática" diferente si precisamente se cometió un fraude electoral dentro de la "alternancia" política. 

Roger Bartra: modernidad y democracia. Uno de los libros obligatorios en mi formación como historiador era EL MODO DE PRODUCCIÓN ASIÁTICO de Roger Bartra, en feliz compañía con la historia de México narrada en términos marxistas por Enrique Semo, ahora como bien observó en su momento José María Espinasa, Bartra se ha tejido una tradición intelectual:no la del marxismo, sino el de la tradición del ensayo de Montaigne. En tiempos pasados en lugar de leer a Bartra, leía VUELTA de Octavio Paz. Esta nota es necesaria, pues en la presentación del ensayo LA HIDRA MEXICANA de Bartra se exige al PRI el examen de conciencia de la que hablaba Paz, un eco secular del cristianismo. Paz en el pasado veía con simpatía a Bartra, un "científico social" haciendo uso de la metáfora para pensar la sociedad y la política. Nos recordaba Paz que las grandes aportaciones a la cultura moderna pasaban por una lectura atenta de los clásicos: Marx, Freud, Einstein, ejercieron esta lectura atenta. La belleza ensayística y la penetrante mirada hacia los usos y costumbres de nuestras formas autoritarias, antimodernas -reflexión que no encontramos en nuestros opinadores formados en las ciencias sociales- emparentan el ensayo de LA HIDRA MEXICANA con nuestra tradición del ensayo político de HORA CUMPLIDA (1929-1985) de Octavio Paz.

Muy buen análisis de el Sr. Bartra, mi única pregunta sería, si el Pri esta emergiendo como una fuerza nuevamente, ¿no será por estos otros tres factores principalmente?, (1) la cultura que no se puede cambiar en 12 años, (2) el dinero que el Pri derrocha endeudando a las entidades donde gobierna y que aprovecha para comprar el voto, en sus estados y en los otros tambien, y (3) la percepción intelectual de amplios grupos academia que tienden a culpar al PAN y las administraciones de la llamada transición, terminando por convencernos a todos que la democracia es algo para lo que no nacimos los mexicanos, y esa es la verdadera victoria del PRI, aquella en la que la decepción de la democracia es la garantía de su retorno, esa victoria cultural es la que nos va a dar en toda ... y yo creo que usted Don Roger ha abonado a esa percepción, sobre todo en su artículo. No dejo de ser su admirador. Saludos

Si como no, problema de percepción ... para repetir como loro las justificaciones del calderonato. Y para nada cuentan los 50 mil muertos y los mas de 50 millones de pobres y la gran corrupción y el gran desgobierno y la repartición de puestos públicos al por mayor para panistas sin ninguna experiencia ... mas lo que se acumule en la semana hasta que termine la agonía del calderonato.

el autor es uno más de los extraviados de la transición...no analiza la cuestión desde el punto de vista de las luchas de clases ni de la lucha general antiimperial.. entiende una democracia abstracta donde sólo caben la derecha y una "izquierda desideologizada que sucumbió por avandonar todo referente ideológico.. se volvieron demócratas sin objetivos...

antiguo régimen? y el autoritarismo derechista no explica la vuelta del PRI?

Son increíbles los malabarismos del autor para buscar por todas partes las razones del inminente regreso al poder del PRI y no mencionar en lo minimo lo que es la razón básica: el pésimo desempeño del PAN y la continuidad de un corrupto sistema de gobierno, durante los casi 12 años "del cambio democrático". 

Letras Libres está a punto de pasar a la historia por su apego incondicional y acrítico al frustrante panismo, como lo fue en su momento Nexos con el frustrante salinismo.

Agudo, penetrante y esclarecedor ensayo sobre nuestra cultura política anclada en los viejos usos y costumbres surgidos del autoritarismo imperante en la era del PRI, que aún siguen vivos y que probablemente resurgirán si ese partido vuelve a la presidencia, como todo parece indicar. No puedo estar más de acuerdo que entre el viejo régimen que no ha muerto y la cultura democrática que apenas despunta, todavía no cuaja entre nosotros (los mexicanos) ésta última, y tampoco se consolida. Me temo que en términos evolutivos quizá tengamos un retroceso, ciertamente imputable a la incapacidad de los gobiernos panistas, a los fracasos y descalabros del PRD y las izquierdas (que ellos mismos se propinaron con AMLO a la cabeza) y a la paciente espera del PRI para recuperar el poder perdido.

¡Siempre ha sido un placer leer a Roger Bartra! Excelente análisis y negro futuro para México el retorno del PRI a Los Pinos.

La de Bartra, la mejor lectura del momento. Su artículo puede encabezar una serie de reflexiones interesantes. Por ejemplo, ¿cuál es la naturaleza íntima del vínculo entre la violencia desatada y el PRI? Existe el vago mito o sentir de que el PRI, quién sabe por qué, pondría fin al caos. Este mito, quizá el más importante, tarde o temprano será utilizado por los analistas de Peña para activar ese voto crédulo, necesario para terminar de ganar las elecciones. 

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