Convivio

Cuba, el hombre nuevo

La Habana antes de Fidel

La Revolución cubana construyó una idea del país según la cual toda la historia anterior a su llegada estaba marcada por la miseria, el atraso y la opresión. Pero el progreso material y cultural de la isla, como demuestra Camposeco, conoció un esplendor que colocaba a Cuba a la vanguardia de Latinoamérica.
 

Hace algún tiempo, en Cuernavaca, mientras acompañábamos la sobremesa con un aromático café cubano, le pregunté al abuelo de mis hijos: ¿Cómo era Cuba antes de Castro? Se le quebró la voz mientras empezó a recordar el poema de Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa.” Falleció poco después, a los 84 años, soñando con volver a Cuba. Decidí investigar por mi cuenta aquella pregunta, que nunca antes me había formulado. Me sorprendió lo que encontré. Con las limitaciones del caso, reconstruyo algo de aquella Itálica famosa: economía, salud, educación y vivienda. Agregamos un apunte sobre la prensa y la política en Cuba, en 1958, porque el binomio prensa-oposición se convirtió en su talón de Aquiles y terminó así aquel meritorio pasado.

Alguna marcha celebratoria salió a la calle el 26 de julio. Las consabidas imágenes icónicas, los vivas. Cincuenta años de propaganda castrista lograron hacer un axioma de la perversa propuesta teórica de Goebbels: no obstante el ostensible fracaso del experimento comunista cubano el cada día más reducido coro de compañeros de viaje celebra, y defiende, religiosamente, un triunfo que solo ellos ven. No tienen ojos para ver la insaciable violación a los derechos humanos y a las libertades individuales; el desastre económico y social; el feroz y cotidiano ataque a la democracia. Lo dice bien José Woldenberg: “El fanático ve lo que quiere ver.” Si no fuera porque es una desgracia, diríamos que la paradoja es fascinante.

El regreso de Shih Huang Ti

Una de la causas de este fenómeno típicamente goebbelsiano, que a base de repetición termina por validar como cierta una proposición falsa, es la explicable dificultad de conocer las condiciones políticas y socioeconómicas de Cuba antes del castrismo. Peor aún para las generaciones más jóvenes que habitan la isla. A la pregunta de: ¿Cómo era Cuba en 1958?, la respuesta casi siempre será: “era un país pobre, atrasado, en condiciones socioeconómicas terribles. Los cubanos sufrían una dictadura”.

Es difícil enterarse de cuáles eran las condiciones reales de Cuba en 1958 porque, en primer lugar, el gobierno de Castro removió de las bibliotecas públicas periódicos, revistas y cualquier otro documento que pueda contradecir el discurso oficial. No se pueden consultar libremente ni siquiera periódicos de los primeros años del castrismo, como lo constató el escritor español Miguel Barroso y lo consigna en su libro Un asunto sensible (Barcelona, Mondadori, 2009). Se necesita un permiso especial del Consejo de Estado. Revisar ciertas publicaciones oficiales puede comprometer al investigador porque contienen información que desdice la realidad presente y son por tanto material peligroso de conocer. Le sucedió a los economistas independientes Martha Beatriz Roque Cabello y Arnaldo Ramos Lauzurique. Ambos hicieron en 1997 una investigación sobre el PIB cubano, que naturalmente arrojó resultados ingratos para un gobierno cuyo discurso oficial está saturado de “logros”. Dicho estudio circuló en Cuba de mano en mano hasta que fue interceptado por la seguridad del Estado. Pero el documento ya se conocía fuera de Cuba. En 2003 fueron arrestados y condenados a 20 y 18 años de cárcel, respectivamente, acusados “de colaborar con el enemigo”. Ambos economistas habían utilizado para su investigación, únicamente, información de la ONU, la OMS, el Anuario Estadístico de Cuba y “algunas revistas que ya pasaron por las manos del censor y que entonces estaban en las bibliotecas”, dice Ramos Lauzurique. Pero no es permisible consultar ciertos documentos porque pueden desvelar una realidad incómoda: se encontrará la explicación de fondo de “un logro” que parecía casi milagroso; un compromiso que no se cumplió; una promesa que se contradijo, y luego otra y otra más, y así durante más de medio siglo. “Me cortaré las barbas cuando cumpla mi promesa de un buen gobierno”, le dijo Fidel Castro al periodista estadounidense Edward R. Murrow en 1959.2 Todo indica que Fidel Castro morirá barbado.

Tales políticas relacionadas con la investigación documental nos recuerdan al emperador chino Shih Huang Ti, quien, en el año 213 a. C., mandó quemar todos los libros que le precedían: la Historia empezaba con él. En el caso de Cuba, a la sistemática desaparición de periódicos y revistas precastristas y documentos inconvenientes (aun los propios), le sigue el trabajo del agitprop, y su incesante afán por demostrar que Goebbels tenía razón y hacer el denuesto de la vida en Cuba antes de Castro.

Y enseguida viene el coro de compañeros de viaje o tontos útiles, como dice la leyenda que les llamaron Trotski y Lenin a quienes escuchaban alguna frase hecha del comunismo y sin más la repetían sin saber realmente lo que decían. Y hasta colaboran con argumentos propios. Algunos miembros del coro son de lujo, como Gabriel García Márquez, que con la suficiente ligereza justificó el castrismo desde el primer día. En los años sesenta lo hizo con un argumento que hoy es una perla: “Había en Cuba 482,560 automóviles, 343,300 refrigeradores, 54,700 radios, 303,500 televisores, 352,900 planchas eléctricas, 286,400 ventiladores, 41,800 lavadoras, 3,510,000 relojes de pulsera, 63 locomotoras y 12 navíos mercantiles. Salvo los relojes suizos, todo lo demás estaba fabricado en Estados Unidos y dependía de sus repuestos.”3 Además de que era una mentira porque en Cuba, en 1958, había mucho más que eso para una población de seis millones de habitantes, lo que había de cosas materiales les sirvió a sus dueños durante décadas –algunos de aquellos automóviles siguen circulando por las avenidas semivacías de La Habana. Pero faltaba lo peor: conforme fueron terminando su vida útil los aparatos domésticos y casi todos los vehículos, ahora a fortiori, fueron sustituidos por armatostes soviéticos de la peor calidad. Y no había refacciones, mucho menos ahora. Ya quisieran hoy los ciudadanos cubanos tener cuando menos una parte de aquello que quiso ser una bufonada enumerativa de García Márquez. Si algo hubiera sabido de Cuba, habría dicho que el conflicto real era la exigencia de volver al orden constitucional y a la democracia que vivían desde 1940. García Márquez debe estar hoy muy entretenido contabilizando los productos chinos de todo el planeta; a ver qué gracejada se le ocurre, ahora contra los chinos.

Economía, salud y educación

Si el entonces joven periodista filocastrista que en 1961 hacía su tarea en Nueva York al frente de Prensa Latina (fachada del agitprop cubano) –que salió huyendo hacia México al primer disparo de Bahía de Cochinos, qué tal y gana la oposición–, si entonces, decíamos, García Márquez le hubiera preguntado a su camarada Carlos Rafael Rodríguez cómo era Cuba en 1958, se habría ahorrado la ocurrencia aritmética. Carlos Rafael Rodríguez le habría dicho que cinco años antes de que Fidel Castro se hiciera del poder, en 1953, Cuba tenía un 23.6% de analfabetas –en las zonas urbanas el índice era de 11.57%–, entre las personas mayores de diez años de edad. Si los datos se ajustan para personas mayores de 15 años de edad, el índice de analfabetas bajaba a 22.1%. En Latinoamérica, solo Argentina, Chile y Costa Rica tenían mejores números que Cuba. Le seguía Colombia, con 37.7% de analfabetas y luego México, con 40%. El Censo Poblacional de Cuba de 1970 registra aún el 12.9% de analfabetismo. No obstante, falazmente el coro repetía: “en Cuba todo mundo sabe leer y escribir”.

Ver artículo completo ›
Comentar ›

Comentarios (6)

Mostrando 6 comentarios.

Pero te olvida de lo mas importante "la pobreza y la miseria" que si existia..

 Una poblacion de 6 millones de habitantes, 3 millones 500 mil personas no tenian derecho a medicina ni  a educacion ni al agua potable...etc.

 y que el 2% de la poblacion padecia de tubercolosis., Hoy en dia ningun niño Cubano se muere por enfermedades que todos los años matan a 25 mil niños en america latina como difteria paludismo hepatitis tipo (b y c) o mal nutricion...y todo los avances que se ha realizado en la ciencia.

 Hoy en dia en Cuba no existe explotacion infantil hoy todos tienen derechos..

 

   ¿Acaso no leiste bien el articulo? Se menciona que el 90% de los cubanos en 1958 tenian seguridad social, que el analfabetismo era aproximadamente del 11% siendo de los mas bajos de america latina. Ademas de que el sistema de salud ya era de los mejores desde antes de Castro. 

   ¿Mencionas que no hay pobreza y miseria? Ve de vacaciones a Cuba y descubrelo por ti mismo, veras como funciona el mercado negro de comida al que toda la población recurre (excepto los Castro y sus amigos), como profesionistas venden habanos, ron y hasta sus cuerpos para poder sobrevivir.

   Y sobre la explotación infantil, basta decir que con 100 dolares puedes acostarte con una jinetera menor de edad en una residencia particular rentada para turistas sexuales. Claro, en los discursos oficiales eso no existe.

 

Estimado Victor Manuel, ademas de admirarte por tu  trayectoria de vida tus libros y como amigo (Por cierto el Capitàn Jaime Gonzalez ) Que tiene la misma opiniòn que yo, me comentaba de tu interès sobre la cultura en Morelos...Somos un grupo de mujeres soñadoras que neceitamos que se pueda materializar este proyecto en el Parque Ecòlogico Tlaltenango espacio que desde sus inicios estamos trabajando. Algunos Legisladores apoyan pero hay que formar un A.C. para solicitarlo en comodato. Necesitamos a una persona como tu. Nuevamente felicidades tu artìculo muy bueno. Un cordial saludo


Pues algo hay de razon no lo niego. Sin embargo no se puede ocultar los grandes adelantos, que a men de la carestia ha habido en Cuba en materia de medicina, en agricultura orgánica...y estando en tiempos de juegos panamericanos por que no decirlo en el deporte... cómo es posible que una pequeña isla con tan pocos recursos produsca más medallas que un país cómo México que le rebasa con mucho en tamaño y riqueza..

Lo rebasa porque el deporte es politica de estado para aparantar eso que a ti te llega

Claro, en una isla del tamaño de Baja California, con la décima parte de población que México, sin grandes montañas ni desiertos, sin población aislada con grandes dificultades de acceso para su cobertura en todos los aspectos, es muy fácil llegar a toda la población para vacunarla y tener 100 % de cobertura y presumirlo como gran logro en ese ramo; es muy fácil llegar a toda la población y alfabetizarla y tener 100% (supuestamente) de alfabetización y presumirlo como un gran logro; es muy fácil tener el control total de qué hacen, a dónde van, con quién hablan, qué visitas del exterior reciben; también es muy fácil para una dictadura concentrar a las personas con grandes capacidades físicas para mantenerlos y dedicarlos exclusivamente al deporte de alto rendimiento y cacarear así, como Hitler para sus olimpíadas, que tiene un gran gobierno porque obtiene muchas medallas (aunque deban vigilar permanentemente a esos deportistas que anhelan escpar de su jaula de oro). También habría que preguntarle a Hugo chávez si no le habría ido mejor irse a curar del cáncer a Estados Unidos, a Europa o incluso a México en lugar de insistir tercamente en Cuba.

Hazbría que preguntar a los miles de balseros que cada año arriesgan la vida en embarcaciones improvisadas con puertas de refrigerador o colchones y llantas de automóvil por qué huyen de ese paraíso. También habría que preguntar a todos los cubanos que no trabajan para el gobierno (es decir, al pueblo cubano, no a sus dirigentes) qué opinan de que en su país circule sólo un periódico, que toda la radio y la tv  estén controladas por el gobierno, que sea prácticamente imposible salir de la isla y que toda reunión de más de 3 personas sea disuelta inmediatamente por la policía y que en cada cuadra haya por lo menos un espía del partido comunista que delata todo lo que le parezca sospechoso de ir contra la dictadura.

Definitivamente, si Cuba no fuera una isla, ya se habría quedado sólo con los militares y los curócratas. Bueno, habría que preguntar al pueblo cubano, pero no se les puede preguntar, porque si lo intentas acabas en la cárcel...

Enviar un comentario nuevo

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación