El pensamiento liberal en la actualidad

La explosión de la crisis económica ha provocado dos fenómenos muy emparentados: la desconfianza en la política democrática y la acusación al liberalismo de ser el causante de todos los males. En esta mesa redonda, los ponentes reflexionan sobre ambas cosas y proponen su idea de un liberalismo mejorado.

Mayo 2010 | Tags:


Una medida que el liberalismo defendió desde los comienzos y una medida democrática, que va hacia el progreso repartido en una sociedad. Ahora, que la medida no fue suficientemente concebida como para evitar la catástrofe, es verdad. ¿Quién falló ahí? Vamos a estudiarlo. Pero el liberalismo como tal, ¿en qué países está en el poder? Está de una manera en la que Mises profetizó que el liberalismo arraigaría: él nunca quiso que hubiera partidos liberales, él creía que el liberalismo debía ser una atmósfera, una cultura que contaminara a toda una sociedad, de la que participaran todos los partidos políticos, y algo de eso ha llegado a ocurrir. El liberalismo en algunos casos está representado por socialdemócratas, en otros por conservadores, así como hay partidos liberales que no son liberales. Algo de eso ha ocurrido y creo que es injusto y producto un poco del prejuicio atribuir esta catástrofe económica, que ha vivido fundamentalmente el mundo occidental desarrollado, al neoliberalismo o al liberalismo.

 

Savater: El número 4 tiene una definición porque es lo mismo siempre, ahora y en la época de Pitágoras, pero en cambio el liberalismo, o el capitalismo, son cosas distintas porque tienen historia, y como tienen historia han cambiado. Por supuesto, cuando uno habla del liberalismo, por la laxitud del término, puede decir: voy a llamar liberalismo a aquellas medidas que favorecen la libertad y funcionan bien y voy a llamar no liberalismo a aquellas medidas que no funcionan aunque sean dentro de un régimen que alguno puede considerar liberal.

Es decir, hoy todos los sistemas políticos se parecen un poco a los cuchillos de los excursionistas, que tienen destornillador, abrelatas, de todo. Un pensador que ha muerto hace poco, que en mi juventud fue muy importante y al que aprecié mucho –y de quien después, por lo que se ve, todo el mundo se olvidó–, Leszek Kolakowski, decía que cuando le preguntaban por su utopía política, él respondía que es como cuando le preguntan a uno: “¿usted dónde quisiera vivir?” “Yo quisiera vivir en una casa en los Alpes que cuando abriera una puerta diera a Venecia, luego cuando abriera la ventana del fondo diera al mar Pacífico, y que hubiera un patio de atrás que estuviera en las Bahamas”. Es decir, la casa perfecta sería aquella en la que uno tuviera acceso a una serie de cosas contradictorias pero todas ellas buenas. Y ojalá pudiera uno vivir en esa casa. Las utopías están hechas así. Los sueños políticos están hechos de parte de liberalismo, parte de socialismo, en ocasiones hay una cierta necesidad de orden estatal, en otros casos hay que dejar lugar a la iniciativa privada. Y en todos los partidos está funcionando eso. En todas las personas y todos los grupos.

Por ejemplo, la Seguridad Social: probablemente el único logro revolucionario indiscutible, aparte de la transformación del papel de la mujer, es la Seguridad Social. Se dice que los seres humanos han avanzado técnicamente pero no han avanzado moralmente, pero sí, han avanzado moralmente: una sociedad en la que existe protección social es mejor que una sociedad en la que no existe protección social. Aristóteles y los grandes pensadores morales nunca hubieran supuesto que se llegaría a una situación en la que los seres humanos organizasen una comunidad con un sistema de protección para los enfermos, para los niños, para los viejos. Eso, que es una verdadera revolución, que hoy ya no es un logro de derechas ni de izquierdas, sino un logro de la civilización, en un primer momento estaba favorecido por personajes poco liberales, como Bismarck, que fue el mayor responsable del Estado social. Alemania probablemente lo hizo para evitar movimientos revolucionarios, pero el hecho es que ese Estado social de alguna forma es hoy lo que cualquiera, de derechas, de izquierdas, liberal, no liberal, sostiene con unos matices u otros. Entonces, yo creo que la concepción que hoy podemos tener es mixta. Cuando a uno le preguntan: “¿bueno, usted es liberal?” Hombre, respecto a que los niños tengan que ir al colegio, yo no soy liberal, soy autoritario. Creo que los niños deben ir obligadamente al colegio. Si sus padres quieren, bien, y si no también. Creo que no deben ser educados en su casa, que no deben ser educados fuera de la escuela porque la escuela en sí misma educa más que cualquier cosa que vayan a aprender en ella, y que los seres humanos necesitan pasar por ese proceso de respeto no sólo a la familia sino a los diferentes.

Así pues, hay cosas en las que yo no sería liberal. Pero es que claro, John Stuart Mill, que, como para Irene, es uno de mis ideales políticos y filosóficos, también creía que los niños tenían que ir a la escuela. Él era liberal, pero creía obligatorio que los niños fueran a la escuela y que el Estado tenía que garantizarlo. ¿Por qué la oposición de Estado y libertad? Spinoza, por hablar de otro maestro, en el Tratado filosófico político, dice: el objetivo del Estado es la libertad, garantizar la libertad. Por eso, y estoy muy de acuerdo con lo que decía Irene, se ha visto que el Estado es necesario para crear las condiciones en las cuales los individuos pueden ser libres. Por ejemplo en el terreno de la seguridad, en el terreno de la educación, en el terreno de la protección social o de la igualación de posibilidades en la competencia por los bienes sociales. Hoy los rótulos “liberalismo”, “socialismo”, etcétera, o bien señalan una tendencia, es decir, “yo soy más bien liberal” o “más bien socialista” –lo que es reconocer que en el liberalismo o el socialismo entran muchos elementos que no son de lo que antes se llamaba liberalismo o socialismo– o bien, como decía Mario, son un dicterio, un insulto: “¡So liberal!”, “¡so socialista!” Los términos políticos no son descriptivos porque todos ellos están tan mezclados que en cuanto uno rasca en el ideario de los liberales encuentra montones de cosas que ningún liberal de los comienzos habría imaginado, y en cuanto uno rasca debajo de los socialistas, naturalmente se encuentran muchos elementos tomados del liberalismo clásico, del liberalismo de Mill, o de quien sea. Me parece que lo importante es que perdamos el fetichismo de las palabras y que busquemos una concepción emancipadora de la sociedad. ¿Dónde hay una emancipación social? ¿En qué elementos de la educación, en qué elementos laborales? ¿Qué pensar frente al trabajo cuando hoy sabemos que la concepción clásica del pleno empleo no tiene sentido en las sociedades avanzadas industrialmente, en las que la mayor parte del trabajo se hace sin requerir unos responsables personales? ¿Es posible que la fuente de los ingresos sea hoy exclusivamente el trabajo productivo? ¿No habría que buscar una renta social para las personas que no proviniera del trabajo sino de una adscripción a la sociedad misma? Yo creo que estas cosas no responden a ninguno de los esquemas tradicionales: no son socialistas, no son liberales en el sentido clásico. Y de ahí el desconcierto: ¿cuál es el futuro del socialismo? ¿Cuál es el futuro del liberalismo? Respuesta: dejar de serlo. Dejar de ser visiones unilaterales, visiones encerradas en ropajes decimonónicos o ahora ya del siglo XX, y buscar fórmulas nuevas, quizá con unos rótulos no tan sonoros. Lo necesitamos para nuestras sociedades, si no nuestras contradicciones seguirán vigentes. Vemos a personas que se proclaman liberales pero prohíben tomar determinadas substancias o persiguen la utilización del tabaco como si la prolongación de la vida fuera una responsabilidad de ellos y no de cada uno. Y eso se hace sin renunciar al liberalismo. No digamos ya los liberales que se empeñan en que haya crucifijos en las aulas de los colegios públicos. Ese tipo de absurdos indica que esos términos ya no son suficientes y que hay que empezar a pensar de una manera más compleja y quizá con menos rótulos.

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos.

Antonio Machado

El desencanto generalizado de los partidos políticos se debe , en mi opinión,a que sus representantes están mas preocupados de su ascenso que de los problemas del país;la cción de los partidos no parte de una doctrina, de una convicción, es errática  y depende de la conveniencia del momento; no presentan  un estudiado,visionario y realizable  "plan país " que encante a la ciudadanía y que vea en él realizados sus anhelos en el corto, mediano o largo plazo como política de estado que tracienda al gobierno de turno de cualquier nominación.

El sistema financiero a dado muestra de ser perverso,sin ninguna regulación  y sus beneficiarios son los grandes conglomerados que dominan el mundo

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