Artes y Medios

Cine y ciencia ficción

El árbol de la vida, de Terrence Malick

De un lado están los acólitos de la cinefilia (según los llamó André Bazin, con algo de mala leche). Del otro, los que piensan que una película y lo que ofrece la dulcería del cine tienen, más o menos, el mismo valor cultural. Ambos bandos se desprecian y evitan discutir. Sus burlas son a distancia; si alguna vez se encuentran intercambian eufemismos cuyo único mensaje es: “Contigo ni para qué hablar.”

Esto dio un giro hace poco, cuando en distintas trincheras varias voces respetadas –o, por lo menos, públicas– se atrevieron a llamar a las cosas por su nombre: unos sostenían que el cine debía ser un reto, y otros exigían su derecho a la diversión. El primer detonador explotó el 29 de abril, cuando The New York Times publicó “Eating your cultural vegetables”, firmado por Dan Kois, un crítico que confesaba estar harto de buscar (y no encontrar) placer en las películas de, por ejemplo, Tarkovski. Sabía que era un cine con valor “nutricional” –de ahí el título del texto– pero ya no quería perder tiempo fingiendo que apreciaba el refinamiento de su sabor. Dada la visibilidad del Times, sus críticos titulares, A. O. Scott y Manohla Dargis, respondieron un mes después con el texto “In defense of slow and boring”,donde hablaban de lo que a ellos, en cambio, les parecía insípido (las tramas y personajes que se repiten al infinito).El reputado David Bordwell cerró filas con ellos desde su muy visitado blog. En un texto sereno y con afán genuino de análisis, Bordwell se mostró preocupado por lo que consideraba el corazón del asunto. En “Good and good for you” (aludiendo a la metáfora nutricional de Kois), Bordwell sugirió que la mayoría de las opiniones sobre el cine aburrido e insípido no tienen que ver con el gusto. Más preocupante aún –decía–, surgen de una carencia de herramientas necesarias para ver un tipo de cine no basado en el relato sino en el tipo de narración.

Justo a medio intercambio de provocación y reacciones se dio a conocer el nombre de la película que ganaba la Palma de Oro en Cannes. Era El árbol de la vida, del director Terrence Malick, algo así como el epítome del tipo de cine que se venía discutiendo desde unas semanas atrás. Como era de esperarse, el premio concedido a Malick provocó un cisma en la crítica. Los elogios y quejas furiosas confirmaron la urgencia de mantener el tema sobre la mesa: quizá el problema no estaba en las películas, sino en la corrupción de la palabra “aburrido”. Una vez que lo contemplativo se hizo sinónimo de tedioso, el cine se vio despojado de una parte de las estrategias que usa el arte para comunicar.

Un problema, por ejemplo, que enfrenta Terrence Malick: un cineasta que no tiene reparos en filmar durante minutos el vaivén de un pastizal. Con cinco películas en cuatro décadas, es un director legendario por su silencio y elusividad, por la desidia con que planea sus proyectos, y por cambiar de un día al otro el plan original de rodaje sin pensar en nadie más. Y más que por todo eso, por la marca que ha dejado su cine en directores, crítica y ciertos espectadores. Sus pastizales al viento (y decenas de equivalencias) son vistos no como un capricho de estilo sino como la expresión de un temperamento introspectivo y observador.

Tan solo por sus coordenadas, El árbol de la vida es su película más ambiciosa. Abarca desde el Big Bang hasta una dimensión parecida al más allá. El tema –y esto es una apuesta– son las formas en que el ámbito físico se conecta con la espiritualidad: siempre desde la experiencia humana y en esos momentos extraños en los que somos conscientes de nuestro paso por la eternidad. Malick tradujo a Heidegger, y eso puede explicar su obsesión con la dimensión del tiempo. El “ser en el mundo” de sus personajes no es solo una circunstancia, sino el tema a explorar. Y, sin embargo, a distancia de Heidegger, su cine sugiere que en la experiencia diaria se revela la divinidad. No habla de religiones, sino de un orden trascendental.

Si esto se dijera en off, todo sería más claro –y, entonces sí, aburrido. La antinarrativa de El árbol de la vida entreteje viñetas de una familia tejana en la década de los cincuenta con imágenes de estrellas ardiendo, volcanes que escupen lava, un dinosaurio errante y células en reproducción. Todo de alguna manera converge en el centro del drama: cuando, al inicio de la película, la muerte de uno de los hijos de la familia O’Brien hace pedazos lo que hasta entonces era el retrato de la vida ideal. El mayor de los hijos, Jack, reaparece como adulto (Sean Penn), atrapado en un mundo infernal de rascacielos y ejecutivos. A lo largo de la cinta, Jack recuerda su niñez y al hermano que perdió. Tanto la voz de Jack (de adulto y niño) como la de su rígido padre (Brad Pitt) y la de su madre angelical (Jessica Chastain) se escuchan en frases cortas, susurradas, que recuerdan los soliloquios de otros personajes de Malick, y a veces parecen interrogar al Creador. En el funeral del hijo, la madre hasta entonces devota deja ver su resentimiento hacia Dios: una escena que hace  eco del epígrafe de la película, un verso del Libro de Job. (No un reclamo del miserable hombre sino la sugerencia que le hace Dios de no perder el tiempo juzgando designios divinos, a riesgo de que le recuerde lo limitado de su visión.)

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Comentarios (21)

Mostrando 21 comentarios.

Mucho, Henry!

Excelente comentario de Fernanda, como sempre

Esto es lo que dijiste: "El tema -y esto es una apuesta- son las formas en que el ámbito físico se conecta con la espiritualidad: siempre desde la experiencia humana y en esos momentos extraños en los que somos conscientes de nuestro paso por la eternidad". Una película se debe explicar bajo los parámetros que te dé la propia narración, lo que tú estás haciendo en la cita es una sobreinterpretación. Hay que saber encontrar los límites entre los espacios que llena el espectador con su propia experiencia estética y las explicaciones "probables" que existen alrededor de la obra objeto.

Algunas reflexiones de bote pronto:

1. El "vaivén de los pastizales" lo puede uno ver en "El espejo" de Tarkovsky y aun mas lento para saborearlo.

2. El hecho de que la cinta logre hacer pensar, es un gran mérito del estadounidense Malick.

3. ¿Heidegger? ¿No será mas bien un repaso de muchísimos cuestionamientos filosóficos de toda la historia con el hilo temporal de Heidegger?

4. ¿"Naturaleza dual" del hombre o mas bien "la singularidad de la libertad"?

5. Papá= malo, mamá= buena: lectura hollywoodense de "El árbol de la vida".

6. ¿No será el tema políticamente incorrecto de la trascendencia y ¡de la gracia católica! lo que habrá molestado a los grandes críticos?

7. Malick se encuentra a años luz de Tarkovsky y Kieslovsky pero, a pesar de la perniciosa influencia del cine de su país, creo que va por buen camino.

8. Contrario al cine brutalmente depresivo y sin sentido de los excelentes hermanos Coen estadounidenses, "El árbol de la vida" nos ofrece un delicioso bocado de música e imágenes como fondo para enfrentarnos con nosotros mismos.

9. De acuerdísimo con Álvaro de la Paz Franco... y hay que leer "Esculpir el tiempo" para adentrarnos en el fascinante mundo del cine de Tarkovsky.

En febrero de 2005 Edgar Hernández entrevistó en México al director bosnio Emir Kusturica. Dijo que el cine de Hoollywood "subestima al público" presuponiendo un espectador estúpido. "Alguna vez me preguntó un crítico muy influyente en Francia cuándo haría una película hermosa, ligera, que no pusiera ansioso o triste al público y que no lo hiciera pensar. Mi respuesta fue que nunca, porque mi trabajo no es hacer sentir bien a la gente, sino contar historias que la cuestionen".

Quizás también por eso soy fan de Kusturica.

1. El "vaivén de los pastizales" también lo puede uno ver en "El Enigma de Kaspar Hauser" de Werner Herzog, musicalizado magníficamente con el archirecontrafamoso "Canon en Re (mayor)" de Johann Pachelbel.

2. Todas las cintas nos hacen pensar. Sólo que algunas nos hacen pensar "¡putamadre!", otras "¡qué mamada!" y otras (como ésta) "¡qué belleza!".

3. No he leído a Heidegger. No he leído ni a Homero así que ni pa' que me ando.

4. Yo diría que ambas, aunque también me llama más la atención la segunda.

5. "Drama edípico": lectura de la crítica "informada".

O peor tantito "se parece a 2001" (porque sale el espacio exterior) "toca temas universales" (porque aparece el universo) o "con influencia de Kubrick" (porque está bien hecha).

6. Efectivamente, y por cierto, me confundí al decir "Creo que Terrence Malick busca la gloria de la que habla en la película." Me refería precisamente a la gracia, gracias.

7. No sé a qué distancia esté (pues no sé a dónde se van los cineastas al morir), pero sin duda va por buen camino.

8. Así es, me es de particular atracción actualmente que me intereso por la cuestión educativa. Además de hacer la distinción entre el cine de "tomas cortas" y "tomas largas", habría que distinguir el de música clásica (o de calidá) y música pop, que es una separación no siempre correlativa.

9. Pues gracias, también estoy de acuerdo conmigo mismo (que no siempre) y no he acabado de leer el Tarkovski, hace años que lo conseguí, me pareció excelente aunque filo(kino)sóficamente algo purista, ¿no crees?

Me pregunto qué crítico francés sería ese...

Todas las películas, incluso las malas, pueden hacer pensar al espectador; el cine está condenado a las la pintura y el arte dramático, así que pensar en "imágenes" es hablar de interrelacion cine y artes visuales, no de un arte independiente.

si quiero ver unos pastizales moviéndose durante varios minutos, mejor me voy a una pinacoteca.

la trascendencia es la idea fundamental del cristianismo y, por ende, del catolicismo! por ello trascendencia y gracia católica no van separadas.

y por último, enfrentarnos "a" nosotros mismos, es un tópico incluso de la tragedia clásica

Excelente artículo, me dan ganas de ver la mencionada película y salir de mi largo ayuno de buenos films. Para seguir con la metáfora alimentaria. Por fortuna, he gozado, a través del internet de lo último que están haciendo los coreanos, muy recomendable y espero que proximamente la autora nos regale algún artículo, de algún director de esa nacionalidad.

Desde las primeras imágenes mostradas en el tráiler, yo sabía que independientemente de la historia que contara, los actores que participaran o quien la dirigía, la cinematografía de Emmanuel Lubezki, era lo que me hacía anhelar con ansias su estreno.

El árbol de la Vida no es una película simple, ya desde su inicio navega entre la filosofía y la religión, entre lo clásico y lo New Age, entre el cine comercial y el cine de auteur.

La vida de una familia en los años 50 vista a través de los ojos de un niño de once años, los recuerdos que tiene de su padre autoritario, de su madre bondadosa, de sus hermanos y de sus amigos cómplices en su crecimiento.

La muerte de alguien, la difícil aceptación de lo efímero de nuestras vidas, la conciencia del saber, que ante la inmensidad de la vida de la tierra desde su creación, somos solamente un insignificante suspiro en el tiempo, que lo único que tenemos es nuestra fe en lo eterno de nuestras almas inmortales, que es a final de cuentas lo que mantiene, dentro de nosotros, viva la esperanza de que no nos extinguiremos ante la catástrofe de la naturaleza.

A veces se nos olvida que el cine es más que un mero entretenimiento. Lo lamento por quienes al ver los nombres de Brad Pitt y Sean Penn, se decepcionaron al ver la película, esperando algo más comercial. Lo único que garantiza la presencia de estos dos actores en ésta obra, es que supieron ver en el cine de Malick, un acercamiento al Séptimo Arte.

Desgraciadamente en este sistema no hay la posibilidad de poner pulgares, ya que yo a tu comentario le daría un "like".

El prologo es increible, da un atisbo a la inmesidad del espacio y el tiempo, las remembranzas fugaces, los primeras vivencias y la apropiación del entorno y de la vida, estan super logradas. Yo viví la película

a los que les gusta esta pelicula, nomas se quieren hacer los interesantes, es una muy mala pelicula.

Lo que me gusta de reseñas como la de Fernanda Solorzano es que ponen a pensar en el filme y van más allá de decir "es buena" o "es mala", además de que me parece cualquier persona con ánimo de discutir puede apreciar los argumentos expuestos por ella, y las demás personas que comentan, independientemente de si les gustó o no el filme.

Este en cambio es el típico comentario simplón de aquel incapáz de construir un razonamiento lógico por mera pendejez y/o hueva y por eso se recurré a los risibles "te quieres hacer el interesante" o "bueno, pero está divertida" o "ay no, que aburrido goeeee"

¿Y tú? ¿Eres adivino? ¿Cómo sabes lo que cada uno piensa? Lo que intuye es que te da coraje y frustración no haber entendido la película y te caen mal lo que si la sintieron.

que hermosas palabras Fernanda, muy buena crítica, muy profunda...al mirar la película me llené de amor a al vida, me emocioné hasta los huesos........".Una vez que lo contemplativo se hizo sinónimo de tedioso, el cine se vio despojado de una parte de las estrate..gias que usa el arte para comunicar." esto lo explica todo...........ojalá haya mas y mas , fue contemplar una obra de arte, un cuadro, música, actores.......todo un festejo para el cuerpo y el espíritu!

Tendría yo unos diez u once años en el 2000, cuando vi en el cine el primer trailer de Dinosaurio (cinta de animación de Disney). Me gustó tanto ver la naturaleza en 3D, con dinosaurios que no hablaban (en el trailer) que me quedé enganchado a todo marketing relacionado con la cinta. Cuando la vi recuerdo que me decepcionó ligeramente que los dinosaurios hablaran, pues yo quería verlos como posiblemente existieron, de una manera contemplativa (y no es que yo siquiera conociera en ese tiempo la palabra "contemplativo"), o por lo menos, no tan humanizados.

Esa emoción por la película antes de verla me hizo comprar muchas cosas, se podría decir que fue la primera película de la que fui intensamente fan. Compré los juguetes de McDonalds, los chocolates que traían estampas de Dinosaurio, las galletas, las papas con sus respectivos tazos oficiales y así sucesivamente.

Luego vinieron otras películas de las que me hice muy fanático, como La Era de Hielo (otra con un trailer sin diálogos, que también me atrajo por eso) y Harry Potter. Una característica interesante es que me hacía fan de películas que sabía anticipadamente que iban a salir, no que ya estaban en cartelera. Coleccionaba recortes de periódico, libretas, los libros (obviamente)... Cuando vi la primera película de Harry Potter fue una experiencia que no dejo de recordar como mágica. Una de mis más intensas experiencias cinematográficas.

Después de Jurassic Park III (la primera clas. B que vi), que dejó una profunda huella (de spinosaurus) en mi vida, fui teniendo contacto con otras pero no le perdía la pista a toda la saga de HP.

Ese afán coleccionador me llevó a conocer una revista que apenas empezaba y era bastante local. Yo contacté a las oficinas para conseguir los primeros números que me faltaban.

Pero un día ocurrió que por casualidad vinieron a filmar una película (The Matador) cerca de mi casa. Y otro día vinieron a filmar otra, esta vez mexicana (Un Mundo Maravilloso). Conociendo a los que hacían la revista local, ofrecí hacerles una entrevista a los actores, ya que los tenía cerca. Antes de que volvieran me informé viendo el filme anterior de Luis Estrada (La Ley de Herodes) que fue casi la primera película clas. C que vi.

Luego, en alguna ocasión cercana me topé con 2001: Odisea del espacio y mi perspectiva del cine cambió para siempre. Cuando la vi no era yo ningún conocedor de cine (aunque ya escribía en la revista), pero no me costó trabajo verla, sino que, al contrario, me molestó interrumpirla cuando se acabó. Se fue desencadenando una afición por el cine de Kubrick hasta que acabé de ver sus más antiguos documentales cortos.

Cuando entré a la prepa se me ocurrió meterme a un curso de cine gratuito y entré en conflicto existencial conmigo mismo. Cine que yo apreciaba como maravilloso ahí se presentaba como algo banal. Y no me refiero a las películas de mi infancia, sino a Spielberg o incluso al mismísimo Kubrick.

Aprendí mucho de historia del cine. Se me quitaron muchos prejuicios y me llegaron muchos otros. Por más revistas de cine que leí nunca entendí del todo el concepto de pretenciosidad o incluso de snobismo. ¿Cómo una película podría pretender ser algo que no es? Es lo que es y punto, pensaba yo. Lo sigo pensando.

Aunque ya ha pasado tiempo y ahora distingo entre "el cine de arte" y el cine comercial, y aunque me siento más asqueado por las tramas que se repiten hasta el infinito que por las tomas que se alargan hasta la eternidad, siempre he pensado que esa separación semántica es nociva, es una categoría dual que no nos deja ver lo que verdaderamente pasa en la pantalla, ya sea contemplar la belleza en cualquier forma o disfrutar de una buena historia (o incluso de una mala, ¿por qué carajos no?).

Vivo en una especie de contradicción estética. Mi cuarto tiene en sus paredes pósters de Piratas del Caribe y de El Violín de Francisco Vargas. Tengo a Spiderman y a Alfred Hitchcock conviviendo.

La discusión de las tomas largas o cortas me ha parecido banal y además dolorosa para mi percepción, que no distinguía entre el arte y el comercio, entre el diseño de producción y el diseño de arte, entre la promoción y el empeño por tener calidad.

El Árbol de la Vida me sumió en un éxtasis contemplativo y me recordo mucho mucho mucho mi infancia pre-Dinosaurio, cuando convivía con la naturaleza y no pensaba en el cine, mucho menos en la sociedad o en qué dirían de lo que digo. Podría decirse que se cumplió mi sueño de ver un dinosaurio como realmente era, pero no sería del todo cierto, pues en cierta parte de mi mente sonaban las palabras "esto es una buena representación del perdón", al ver cómo levantaba la pata aquel animal.

El viaje por las galaxias y las transiciones micro-macrocosmos me recordaron las mejores imágenes que he visto en Wikipedia y muchas escenas me recordaron el cine de mi nuevo ídolo Werner Herzog. Al ver los planetas alinearse con el sol pensé "ya sé qué van a decir los críticos, que esto parece Kubrick" ¿y qué? Gran hermenéutica... encontrar las referencias kubrickianas. Las hay desde Los Simpsons hasta Charlie y la Fábrica de Chocolate, pasando por Un Mundo Maravilloso, La Fuente de la Vida de Aronofsky (dijeron exactamente lo mismo) etc. etc.

Cuando vi tal collage de experiencias educativas clave de un niño que creció más o menos como yo, me siento capaz de mandarle una carta a Malick como la que le mandaron a Tarkovski por El Espejo (se lee en Esculpir el Tiempo, pág 12).

Para la autora de este artículo:

El mejor artículo que he visto sobre el tema del cisma ideológico-estético:

http://www.salon.com/2011/06/08/in_praise_of_boredom/

Esta reflexión previa también se me hizo buena:

http://www.lahuesuda.com/html/contenido.php?id=2206

Sí me parece que esta película trate sobre el alma (y creo que la flamita que divide la película es quizá una forma de "graficarlo"), pero principalmente sobre la educación. Nada que ver con la escuela, simplemente el aprendizaje natural de la vida, la verdadera formación de un individuo, los puntos clave de la infancia que le van dando forma al pensamiento. ¿Sabes dónde me pareció que quizá se "sobreexplicó"? Cuando un diálogo, después de un impecable guión, dice "Mi madre y mi padre luchan en mi interior. Siempre lo harán."

Dices que la película no habla de religiones, pero me parece que sí tiene un cierto énfasis en la religión cristiana, no creo que sea panteísta como se ha dicho por ahí... ojalá lo fuera.

Creo que Terrence Malick busca la gloria de la que habla en la película. Eso de que no se deja fotografiar ni entrevistar me recuerda a Gabriel Zaid, otro genio de la contemplación del mundo.

Kubrick no hace sólo yuxtaposiciones de imágenes, me parece que se llega a balancear por lo emotivo a veces. La melancolía del espacio infinito no es una emoción social, no es para llorar por la familia o la vida. Pero es una emoción solitaria. En la soledad también hay emociones, ante el sinsentido de nuestra existencia. Hay una diferencia fundamental de El Árbol de la Vida con 2001 y es religiosa. Kubrick andaba más en ondas nietzscheanas y era un ateo declaradísimo, sus emociones quizá no se parezcan a lo trascendental porque lo que se extiende en el universo no es el ojo de Dios sino la soledad infinita, interminable, incomprensible.

No creo que esta película se compare con nada que yo haya visto antes. Hay reminiscencias de algunos estilos de cine, nada más. Malick es original y se merece esa palma. Aún entregándosela, creo que la humanidad está en deuda con el realizador.

La constante desacreditación y crítica que ha recaído sobre El Árbol de la Vida es (quiza) el reflejo de lo que la Humanidad (ser humano) se ha convertido y perdido...el "desinterés en buscar las piezas faltantes en algún otro lugar". Y llegar a convertirse en infeliz.

Excelente artículo.

(Al igual que la película, también es necesario este tipo de artículos para sentirse parte del "plan mayor"-).

Doña Fernanda,

en efecto los cabos sueltos y las imágenes que no nos son explicadas son otra manera (unos dirán sublibe y otros sin sentido) de transmitirnos el mensaje en la película. La forma en que se nos presente al no encajar en la opsis cinematografica habitual hace que sea rechazada y vilipendiada injustamente, sería cómo decir que la mala prosa es mejor que un poema sólo por el hecho de que se nos dice de clara y directamente.

Saludos.

Por que no escribir de manera sencilla, clara y humilde. Fernanda: tienes que hacer más dificil el artículo que la propia película ?. Saludos Bernardo

También hay críticas nutricionales, para algo más fácil de digerir sugiero Kristoff los viernes por Telehit.

Pues me parece bastante claro, la sencillez no tiene que ir asociada a una limitación de tu vocabulario.

Buen artículo, me despertó el interés por ver esta película, al cinemex iremos!!!

Tuve una escena jobiana cuando vi ayer que mi ojo izquierdo era como el de un pez. Consciente de lo limitado de mi visiòn me di un tiempito para asimilarlo antes de percibirlo cosmic. pues me pareciò un poco cobarde hacerlo asì como un mal actor y decir 'el pedo es el escritor'. O sea que voy a echarle un ojo a la peli. Jojò.

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