artículo no publicado

Vida y poesía

En una carta, Nietzsche les pide a algunos de sus amigos que lean un libro suyo de un tirón, sin detenerse y hacer pausas de meditación, en una sola sentada. Y con fruición, largas inmersiones y actos de buceo. El otro proceso de Kafka de Elias Canetti es uno de estos libros de un solo trago. El libro –una versión castellana– es suntuoso en presentación y contenido: editado por Muchnik, su papel es grueso, elegante, enormes las letras y tiene poco más de doscientas páginas. Su asunto es una curiosa reflexión sobre las cartas que a lo largo de cinco años le escribió Kafka a su prometida Felice Bauer. Ese material le permitió a Canetti una primorosa investigación sobre las fuentes de creatividad de Kafka; una pormenorizada indagación, en un caso particular de originalidad y genio, acerca de cómo se tocan la vida y la obra de un artista. Al igual que en otros muchos casos de maravilloso poder de creación, Kafka logró trasladar sus horrores y sufrimientos de la turbiedad de su existencia cotidiana a la pureza y claridad de sus escritos; y así pasó de uno solo a muchos, o a todos, en un recóndito proceso de rendición personal. Las palabras primordiales para entender este traslado, entre otras, son: indecisión, flacura, poder, pequeñez, soledad, obstinación, humillación, cuerpo, secreto, minuciosidad, trabajo; deben también mencionarse algunos animales: el perro, el topo, los insectos. Canetti halla un centro desde donde ordenar los datos kafkianos: el poder, la noción del poder. “De todos los escritores”, dice, “Kafka es el mayor experto en la materia de poder; lo ha vivido y configurado en cada de uno de sus aspectos”. Para acercarnos un poco a la entraña de esta afirmación, recordemos uno de los modos más feroces del poder: el que se expresa en la humillación. Kafka era un experto en humillaciones –como, digamos, Chéjov era un experto en fracasos–; podemos decir que Kafka halló la delicada poesía que hay en toda humillación. Canetti rastrea este tema en sus obras primordiales y sentimos que tiene entre sus dedos el hilo que desanuda la madeja; porque, claro, en estos casos se produce un desencadenamiento de iluminaciones. En una de sus cartas, Kafka afirma que el miedo y la indiferencia son sus “principales” sentimientos frente a otras personas; Canetti añade: “Si reflexionamos con un poco de valor, reconoceremos que nuestro mundo está dominado por el miedo y la indiferencia. Así pues, al expresarse sin miramientos, Kafka ha sido el primero en retratar este mundo.” Este es uno de los pocos pasajes en que Canetti se deja ir al oprobio de las generalizaciones, pero por eso es bueno leer el libro en una sola sesión: para entender el peso de las acumulaciones precedentes y estar en posibilidad de entender lo que quiere decirnos. El libro de Canetti es difícil de filiar porque no ocurre en métodos ortodoxos de trabajo; por ejemplo: una de sus tareas es entender a una persona, entender la conducta de Kafka, y no recurre nunca a la mitología psicoanalítica; vemos a Kafka por dentro, estamos en el inframundo de sus manías y lucubraciones, asistimos a sus vacilaciones y a la confusión de sus anhelos sin aparato conceptual patente ni latente, y nos decimos: “Sí, así debió ser” o “A mí me ha pasado” o “Cómo no lo había pensado antes”. Pero todo tiene su tradición: el trabajo de Canetti está cerca del de Sartre, que rascó el espíritu de Baudelaire hasta exponer sus proyectos vitales, aunque no tenía la ambición filosofante que hace hermoso –y de paso irreal– su mundo. ~


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