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La ciencia hace que surjan nuevas preguntas que nos llevan más lejos. Entrevista a Lawrence Krauss

En su nuevo libro, La historia más grande jamás contada... hasta ahora (Pasado & Presente), el físico Lawrence Krauss (Nueva York, 1954) viaja desde Galileo hasta el Gran Colisionador de Hadrones de Ginebra para acabar en un punto si cabe más desazonador que aquel en el que finaliza su anterior libro: estamos aquí por accidente.

¿No le asusta la posibilidad de que la confirmación de que no existe un sentido último para nuestra existencia, de que no existe un “significado”, pueda conducirnos hacia el nihilismo? Si ese es el caso, ¿por qué deberíamos preocuparnos por los demás o por nosotros mismos?

Al contrario. Nosotros mismos le damos sentido a nuestra propia existencia. La idea de que no hay razones para vivir si el universo no fue creado para nosotros es solipsismo extremo. Una vez que comprendemos que no existe un más allá, que no hay un propósito final, aumenta la urgencia de mejorar la vida de nuestros descendientes y de disfrutar de la increíble oportunidad que nos conceden nuestras cortas vidas para explorar el universo.

Si el universo nació de la nada, como defendió usted en su libro Un universo de la nada, ¿de dónde salen las leyes físicas que obligan a que nazca un universo de la nada?

Es posible que surgieran a medida que surgía el universo. En particular, es posible que exista un número infinito de leyes físicas posibles para universos diferentes. Eso equivale a decir que no existen leyes a priori, y que las que dominan nuestro universo son únicas para este único universo. Dicho esto, todo lo que podemos hacer cuando intentamos conocer el origen de nuestro universo es usar las leyes que conocemos o que son plausibles basándonos en lo que conocemos de él. Si podemos describir de forma plausible cómo surgió nuestro universo, eso ya es mucho. Llamar nada a lo que era la naturaleza antes de que nuestro universo existiera es solo una cuestión semántica.

¿Cree que podría darse una evolución intelectual que nos conduzca a dejar la ciencia atrás como esta dejó atrás la religión y la filosofía?

La filosofía intenta alejarnos de la ignorancia haciendo preguntas útiles. Pero es la ciencia la que contesta a esas preguntas y la que hace que surjan nuevas preguntas derivadas que nos llevan aún más lejos. Basándome en lo que yo puedo ver, toda la ciencia surge del análisis de ciertas evidencias empíricas a partir de la razón y la lógica. Y por eso no creo que la ciencia vaya a ser sustituida por nada. O al menos espero que eso no ocurra. Porque en el momento en el que dejemos de mirar hacia el universo para aprender cosas nuevas, la civilización humana dejará de progresar.

He leído algunas entrevistas en las que usted dice que tal o cual teoría “huele mal”. Como físico, ¿cómo distingue las teorías que “huelen mal” de las que “huelen bien”?

Como en otras áreas del conocimiento humano, tras estudiar física durante un largo periodo de tiempo acabas desarrollando una cierta intuición acerca de qué soluciones van a ser capaces de funcionar en relación a determinados problemas. Es difícil concretar en qué basas esas intuiciones o qué las guía, pero las soluciones con más probabilidades de ser descartadas son aquellas que parecen haber sido creadas ad hoc a partir de detalles inconexos o que incluyen ideas que parecen no encajar con la física de áreas conexas. Pero debemos estar alerta. La intuición es una guía razonable cuando careces de pistas, pero también puede demostrarse falsa. ¡Y cuando es falsa la física se pone todavía más interesante!

¿Alguna vez ha pensado en la posibilidad de que la verdad final sobre el universo sea incomprensible para la mente humana?

Es una posibilidad. Pero de momento no tenemos pruebas de la existencia de un muro intelectual como el que describes. Así que la única manera de saber si ese muro existe es seguir empujando.

¿Podría darse la paradoja de que el ser humano cree un tipo de vida más inteligente que él mismo, la inteligencia artificial, y que al mismo tiempo le considerara su dios? Un dios, en definitiva, más estúpido que sus propias criaturas.

Creo que es posible que llegue el día en el que la inteligencia artificial supere a la humana. No creo que estemos cerca, en cualquier caso. No al menos durante las próximas décadas. También creo que una inteligencia artificial capaz de alcanzar conciencia de sí misma no nos consideraría como sus dioses, sino como sus padres. Y todos los hijos creen que sus padres son más tontos que ellos mismos. ~


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