artículo no publicado

Retrato del reseñista adolescente

Hubo un tiempo en que ejercer la crítica literaria podía resultar peligroso. Un amigo crítico –que en una época reseñaba con inclemencia la obra de escritores principiantes en el suplemento de un gran diario– me confesó alguna vez que salía de su portal mirando a ambos lados por si alguno de los agraviados se personaba para vengarse.

Hoy existe un fenómeno en el que los que hablan de libros no solo no temen, sino que reciben cálidas ovaciones por parte de sus lectores. ¿O debería decir “escuchas”? Porque el nuevo fenómeno se llama booktuber y tiene como protagonistas a jóvenes críticos que, en lugar de escribir para los periódicos, cuentan sus recomendaciones en videos más o menos caseros, mientras entretienen y animan.

El fenómeno booktuber es relativamente nuevo en el ámbito hispano, a diferencia del estadounidense, donde desde hace años muchos jóvenes comparten sus lecturas ante una cámara. Es cierto que los libros han estado presentes desde hace mucho tiempo en las pantallas –solo es cuestión de recordar aquellos grandes programas televisivos donde presentadores con un gran bagaje cultural sugerían lecturas para un público más o menos amplio–, pero lo que ocurre con estos jóvenes es algo diferente, pues muchos booktubers confiesan haber sido poco lectores cuando comenzaron, o no tienen ningún pudor en mezclar en sus canales de YouTube videos de recomendaciones de libros con consejos de belleza, moda y salud.

La mayoría son jóvenes “heridos por la letra”, “yonquis de la lectura”, a juzgar por sus propias expresiones, entre las que “enganchado” y “enganchadísimo” han llegado a ser palabras habituales. Hablan con soltura de libros, pero también muestran las dedicatorias de sus escritores preferidos. Hay quienes enseñan a la cámara sus tatuajes inspirados en algún título o los que hablan de lugares donde conseguir ejemplares baratos. No faltan tampoco quienes realizan juegos y adivinanzas en aras de entretener a la audiencia. Atención, libreros, un dato significativo: estos jóvenes no suelen pisar las librerías, se abastecen en internet o en ferias donde es indispensable acudir para obtener dedicatorias y hacer un poco de vida social.

Algunos de estos chicos tenían blogs donde escribían sobre los libros, pero en algún momento sintieron el poderoso llamado de los medios audiovisuales: “hablado es más interesante”, dicen, y así es más fácil compartir el entusiasmo con el “mundo entero”. Algunos otros argumentan que de esa manera el comentario de libros se vuelve interactivo y personal, aunque la “interacción” para el espectador no sea más que mirar, escribir un comentario y esperar –si es que sucede algún día– una respuesta. El video es dinámico, sin duda, aunque encontremos siempre el mismo escenario: habitaciones con paredes vacías o empapeladas con carteles “literarios”. No son pocos los comentadores que cuidan su propia imagen y en muchos casos uno puede observar cambios en relación a su vestuario, peluquería y maquillaje.

¿Y qué es lo que reseñan, cuáles son sus gustos literarios? Los booktubers se justifican diciendo que muchos libros pasan inadvertidos y el comentario en video rescata esos títulos para darles difusión, pero la realidad es que prácticamente todos hablan de los mismos libros. Tienen a John Green como buque insignia, les fascinan las sagas, las trilogías, la literatura cuanto más fantástica mejor, lo que lleve la etiqueta de juvenil es perfecto para ellos y, aunque aseguran tener libertad para leer lo que quieren, desde fuera y desde lejos, se observa una sospechosa homogeneidad en gustos, títulos, autores y criterios. Solo hay que mirar alguno de los tours que hacen por sus estanterías: tomos gruesos con lomos oscuros, muchos similares en cuanto a temas, tramas, argumentos y estilos.

Lo que los booktubers valoran en los libros son tramas que atrapen y enganchen, libros gordísimos que no pueden pararse de leer, momentos “supercinematográficos”, ritmos trepidantes. Cuanto más rápido se lea una historia, mejor, y si se trata de libros de los que todos hablan, o cuya adaptación cinematográfica va a estrenarse pronto, es casi el paraíso. Y no digamos cuando el libro les hizo llorar toda la semana. Si internet es el reino de lo rápido, lo corto y lo emocional, la lectura no va a ser menos y las categorías “críticas” que sirvan para valorarla van a verse reducidas a la mínima expresión. Para esta comunidad si un libro es cortito se lee “rápido” pues elementos como el flujo de conciencia, el monólogo interior, la prosa retórica, la intertextualidad o el experimentalismo –por citar algunos pocos que tan bien nos recordó David Lodge en El arte de la ficción– están fuera de su radio de entendimiento.

Su gran desenvoltura frente a la cámara y el trabajo invertido en la edición de sus videos contrastan con la poca labor de edición de sus reflexiones. Muchos comienzan diciendo: “Este libro trata de...” y se lanzan a contar el argumento con mayor o menor habilidad mientras agitan con una mano el libro en cuestión. Es común que el comentario no traspase la capa superficial del argumento, pero sospecho que eso sucede porque el libro no tiene una segunda capa siquiera. Teniendo en cuenta que hay videos que duran quince minutos sorprende que los booktubers no hagan reflexiones sobre narradores, tiempo, espacio, figuras literarias... en fin, todo esoque la crítica por escrito se cuida de observar y valorar. Pero, claro, estos comentadores conocen muy bien a su público, lector o no lector al que hay que animar, y es mejor hablar ligero. Por eso utilizan un lenguaje común donde pueden decirse cosas como “novela autoconclusiva”. Si es un libro que se titula Héroes comentan que se trata de una “fantasía heroica”, o “va de dragones” si el título es Dragón. No les importa que sus profesores de la universidad lleguen algún día a sus canales de video. “Es muy mono”, dicen también, y hablan de sus autores favoritos como si fueran amigos: “Como todos los libros de John...”

Lo que antes se escuchaba tímidamente en los corrillos de los círculos de lectura, ahora está para siempre en la red. Multitudinarias visitas a videos lo confirman, comentarios que alcanzan la cifra de setecientos, canales con más de veinte mil suscriptores, editoriales corriendo detrás de ellos. No importa si el arte de la retórica está ausente. Todo eso terminó ya. Basta de lectores encerrados en una habitación llena de humo: le voy a decir a mi amigo que se afeite bien y se anime a ponerse frente a una pantalla. La cazadora de cuero se la presto yo. Qué más da si no es un adolescente, igual con una correcta iluminación y un buen ángulo funciona, pero a ver cómo le explico que en diez minutos solo puede hablar de sus agitaciones. ~