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¿Tiene futuro el Partido Demócrata?

Las diferencias entre progresistas y tradicionalistas, la ausencia de propuestas para resolver problemas reales, y el escepticismo de los jóvenes en las instituciones políticas dificultan su redención.

A seis meses de la elección en Estados Unidos es ya evidente que Donald Trump no está preparado para ser presidente, pero ¿ya entendieron los demócratas por qué perdieron la presidencia y el Congreso a pesar de que Hillary Clinton ganó la elección por más de tres millones de votos?

“Muchos, empezando por Hillary, se rehúsan a entender por qué perdieron”, me dice Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano. “No aceptan que cometieron una serie de errores estratégicos, de comunicación, de información y de mensaje y que deberían pensar como enmendarlos en vez de buscar excusas, que si los rusos, Comey, etc. Aunque tengan razón al decir que los asaltaron, eso no les ayuda a resolver sus problemas para ganar la próxima batalla”.

Para Marc Cooper, columnista de The Nation, la venerable publicación de la izquierda norteamericana, “los demócratas, tanto de los de Hillary como los de Sanders, al igual que los republicanos, no acaban de entender el tamaño de la crisis de confianza en las grandes instituciones políticas que les ha debilitado y el difícil futuro que enfrentan”.

Para Joel Bellman, un veterano asistente de políticos demócratas cuyo lema es “conserva la calma y resiste”, “la respuesta más simple sería que perdieron la elección porque en tres estados se perdió por un pequeño margen. La gran pregunta es por qué no se ganó la elección por un amplio margen compitiendo contra un candidato tan poco calificado. Bernie dice que Hillary no logró conectarse con la clase obrera y no se distanció de la elite política y financiera. Hillary dice que en su plataforma y en su mensaje predominaron los temas sociales como: formación laboral, seguro de salud, creación de nuevas fuentes de trabajo, inversión en las instituciones públicas, apoyo a los sindicatos y a la sindicalización de los obreros”.

            ¿Ven paralizado al Partido Demócrata o creen que empieza ya a articular una estrategia para redefinirse y recuperar el Congreso en 2018 y la presidencia en 2020?

“Los de Clinton”, dice Hakim, “insisten en su victimización, los de Sanders quieren demostrar que ellos tenían razón, en el Congreso, el liderazgo demócrata insiste en exponer, avergonzar y acosar a Trump y a sus seguidores, en vez de desarrollar un plan para recuperar el voto de los blancos, elevar el porcentaje de voto negro y latino, y evitar la lucha entre las diferentes facciones dentro del partido”. 

“No creo que el partido se ha paralizado totalmente”, dice Cooper. “La base está muy activa y muy comprometida. Es la directiva la que se siente dividida y confusa. Creo que el partido ha perdido el contacto con la clase obrera y no ha articulado una oferta económica que reafirmaría la confianza en la institución”.

Según Bellman, “la conmoción y parálisis ya se superaron, y en la calle y entre el liderazgo está empezando a sentirse la resistencia. Trump es como un eclipse de sol que bloquea la luz por donde pasa y por eso hay  que resistir, obstruir y enjuiciarlo políticamente.

¿Está dividido el partido entre la izquierda y el centro?

“Sí, hay una división pero no creo que eso sea determinante”, dice Hakim. Lo importante es que los demócratas no están abordando los problemas: qué hacer con la epidemia de opioides, la declinación educativa, la igualdad de oportunidades en el mercado laboral, los temas de salud, el medio ambiente, la disminución de empleos bien remunerados para gente sin estudios de posgrado”.

“Obviamente, responde Cooper, hay una facción abogando por mejores técnicas para convencer a los votantes que se inclinan por los demócratas y otra que opina que hay que ampliar y expandir la base. Creo que el futuro del Partido Demócrata depende de las decenas de millones de jóvenes que o se rebelan y remodelan el partido, o lo abandonan para formar uno Nuevo”.

Para Bellman, “las diferencias entre ambos no son radicales. La diferencia principal está en cómo lograr los mismos objetivos y en la carga emocional. No necesitamos líderes carismáticos, necesitamos ampliar nuestra base de votantes. A nivel local debemos elegir políticos progresistas, inteligentes y prácticos que construyan movimientos locales, como lo hizo el Tea Party. Debemos motivar a la base a que salga a votar.”

Y usted ¿qué piensa?