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Foto: Alejandra Carvajal

El 19 de septiembre de la A a la Z

Tras el sismo, algunas palabras no volverán a tener el mismo significado que antes.

Acopio. Sinónimo de amor al prójimo. “Centro de Acopio” significa también centro de recepción y donación de amor al hermano en desgracia.

Albañiles. Mexicanos olvidados en el sótano de la pirámide social que a diario sobreviven debajo de las ruinas que deja el sismo de la pobreza, y que salieron a ayudar desinteresadamente a miles de personas atrapadas en las ruinas del sismo real.

Bondad. Estado natural del habitante de la Ciudad de México que yace enterrado en varias capas de corrupción e incompetencia gubernamental, caos urbano y vial, inseguridad galopante, contaminación visual, auditiva y del aire y agua, ideologías polarizantes, discursos demagógicos y abismos de clases. Se requiere un sismo de más de 7 grados para que esas duras capas se agrieten y dejen salir la bondad pura en toda su expresión.

Cinismo. Modo estándar de operación de gran parte de la élite política, económica, mediática e intelectual del país que ahora se dice sorprendida porque los mexicanos de a pie tienen fe y valores que les dan fuerza extraordinaria ante la tragedia. Los liderazgos que sepan conectar en su discurso con esa fe y esos valores lograrán grandes cosas. Los que sigan alimentando el cinismo con narrativas del ciudadano indefenso que necesita líderes mesiánicos para defenderlos de la “mafia del poder”, se llevarán grandes sorpresas.

Ciudadanos. Heroicos, esforzados y desinteresados en su gran mayoría. Habrá distintas lecturas políticas de la energía social desbordada que se vio en las calles. Unos dirán que el ciudadano es “superior” en todo al gobernante y que cuando se organiza, no lo necesita. Otros diremos que cuando el ciudadano se empodera y se planta como un igual junto a su gobierno y se pone a trabajar hombro con hombro; cuando exige, participa y vigila, los resultados son insuperables.

DIF Estatal. Entelequia del régimen priísta que hace caridad con dinero público para lucimiento de cónyuges que creen que merecen abundancia. Las situaciones de verdadera emergencia exhiben su naturaleza teatral y clientelar. Deben desaparecer y sus recursos destinarse a prevención de desastres y equipamiento de protección civil.

Estado. Conjunto de instituciones públicas permanentes que la gente confunde todo el tiempo con el gobierno y, peor aún, con los gobernantes. El Ejército, la Marina, Protección Civil, el Servicio Sismológico Nacional y otras instituciones que han sido indispensables en la emergencia son parte del Estado mexicano. También lo son otras instituciones que no sirven de mucho y que, ante el dinero que cuestan, deberían desaparecer o recibir menos fondos, como los gobiernos delegacionales y los DIF estatales. Por cierto, un “Estado fallido” nunca hubiera respondido como lo hizo el Estado mexicano a esta emergencia.

Frida.

   1. Frida (perrita). Nuevo nombre de la esperanza, simbolizado en una bella y orgullosa perrita de rescate de la Marina que le ha dado la vuelta al mundo.

   2. Frida Sofía (niña que nunca existió). Otra Frida de la esperanza que le dio la vuelta al mundo, pero que solo se trató de un caso de mal manejo de comunicación de crisis producto del impacto emocional, el estrés y el agotamiento de rescatistas y periodistas, la falta de apego a protocolos de comunicación de un vocero institucional y la enorme esperanza de que se pudiera rescatar con vida a uno de tantos niños atrapados.

Grandeza. Concepto que junto a “solidaridad” debe ser parte de cualquier descripción objetiva del carácter nacional.

Gobiernos delegacionales. Costosas agencias de colocación de empleo y reparto de recursos a clientelas políticas que no previenen, atienden ni responden por las consecuencias de los sismos. Se dice que gracias a una nueva Constitución mutarán a “alcaldías”, lo que los hará más voraces y opacos.

Héroes. El chico en silla de ruedas que salió a recoger escombros. El joven sin una pierna que se puso a ayudar a sacar gente de las ruinas. El “topo” experimentado que ha rescatado decenas de personas sin perder su capacidad de asombro. El rescatista joven del Ejército que rompe en llanto ante la muerte de las víctimas. El médico que lleva días sin ir a su casa porque sigue atendiendo gente. La señora de los tamales que regala su mercancía del día a los rescatistas. La joven universitaria trabajando sin parar en el centro de acopio. Si México fuera como los propios mexicanos decimos que es –corrupto, pobre, vulgar, atrasado– no tendría hijos así. Sólo un gran país puede producir tantos héroes, que no se nos olvide.

Insensibilidad. Estado permanente de miles de personas, como el ladrón que siguió asaltando en la calle el día del sismo, el jefe que obliga a la gente a ir a trabajar a edificios sin verificar, la cadena de tiendas que no reduce al costo los artículos de primera necesidad ni regala las palas y picos, el burócrata que desvía la ayuda a una bodega para ponerle el nombre del alcalde o del gobernador o el sello de un partido. Muchos de ellos dirán que son insensibles porque les ha ido mal en la vida, cuando en realidad les va mal en la vida por ser así, insensibles.

Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Cargo público ocupado actualmente por un wannabe presidencial que, según su propia propaganda, viaja en su auto con chofer alucinando con que los letreros de las calles traen escritos sus logros. Le gusta mucho hacer ejercicio y preparar ensaladas a sus amigos mientras ignora las críticas y exigencias de sus ciudadanos. Describe al sismo como estar en una “película de Hollywood”. Se le vio por última vez encerrado en el búnker de emergencias conocido como C5. Padece de sus facultades de gobierno.

Militares. Integrantes del pueblo entrenados y equipados para ayudar al pueblo que son frecuentemente insultados y ninguneados por activistas y demagogos que se dicen la encarnación del pueblo, pero que al final demuestran con hechos que cuando la tragedia golpea, estarán ahí, en primera fila, ayudando, llorando a cada muerto y celebrando cada rescate junto al pueblo.

Millennials. Segmento poblacional sobre el que no existían muchas expectativas, pero que ante el sismo despertó y salió a la calle a ganarse a pulso el respeto de las otras generaciones.

Negligencia. Palabra que junto a “corrupción” comenzará a aparecer con mucha regularidad en las explicaciones sobre los edificios colapsados.

Orgullo. Sensación perdida por los mexicanos cuando se habla del país fuera de México, que ha sido recuperada ante las imágenes de solidaridad y amor que han dado la vuelta al mundo.

Partidos políticos. Entidades de interés público vitales para la democracia que han sido secuestradas por una minoría que solo ve por sus intereses financieros y de poder. Símbolo de lo que está mal en México y, justificadamente, receptores de la indignación y el desprecio social. Corroídos en sus cimientos por la corrupción y el clientelismo, el terremoto los ha dejado al borde del colapso. La única forma de curarlos es con un transplante masivo de ciudadanos a sus filas y cuadros dirigentes, pero ellos mismos han construido los muros que impiden que entre la ayuda que podría salvarles.

Protocolos de comunicación en crisis. Esfuerzo que toda institución pública y privada debería realizar para que cuando llegue un desastre natural, sepan exactamente cómo comunicar y difundir información real y verificada que ayude a sus audiencias a superar la emergencia.

Rébsamen. Pedagogo suizo que transformó la educación en México a fines del siglo XIX. Para quienes vivimos el sismo de 2017 será sinónimo de tragedia. Rébsamen se llamaba la escuela que cayó encima de esos pobres niños y maestras. Rébsamen también se llama la calle donde cayó otro edificio, aplastando vidas y futuros.

Reconstrucción. Tarea titánica que deberá ser prioridad nacional por encima de elecciones y elegidos. Los fondos no deben ser motivo de rapiña de constructoras y sus compadres políticos. Tiene que ser una reconstrucción ciudadana, abierta y transparente, vigilada por la sociedad.

Septiembre. Mes Oficial del Sismo en México. Nunca se pensará igual en el día 19, que ha marcado dos veces ya el rostro de la Ciudad de México y de cientos de poblaciones en otros estados. Aunque, como dijo Alejandro Hope, septiembre ahora sí se convirtió en el Mes de la Patria.

Spots. Herramientas de comunicación de las últimas décadas del siglo XX que los políticos con su abuso han desgastado y reducido a la irrelevancia. Ahora, generosamente, anuncian que “donarán” spots para que sus mensajes anodinos y populistas den paso a mensajes de interés público.

Trump. Desastre vociferante que desapareció de nuestra lista de preocupaciones ante la fuerza de los desastres naturales que, en cascada de huracanes y temblores, golpearon el mismo mes a México.

Turismo sísmico. Acudir a las zonas afectadas a sacarse selfies con un casquito y un chalequito. Quejarse de que el Ejército no lo deja a uno, experto consumado en búsqueda y rescate, entrar a ayudar. Publicitarse uno mismo participando en centros de acopio para demostrar en redes sociales que Florence Nightingale era una bruja malvada al lado de uno. Sí, se dan casos.

Unidad. Estado temporal de la sociedad capitalina y de otros estados que uno quisiera que se volviera permanente. La ausencia de liderazgos gubernamentales y políticos dotados de legitimidad no abona a que el sentimiento de unidad prevalezca. ¿Podrá la sociedad civil lograrlo?

Urbanismo. Disciplina olvidada que, de haberse tomado en serio, nos ahorraría miles de fallecimientos y desgracias.

Yo. Primera persona del singular que desapareció durante días para dar paso a un “nosotros” de un tamaño y fuerza que no se veía desde 1985.

Zumbido. Sonido característico de la alerta sísmica que, desde ahora, no volverá a ser tomado a la ligera jamás.