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Maya Angelou: las cicatrices de sobrevivir

El documental Maya Angelou. And Still I Rise, es un excelente documental que repasa la figura, carrera y novelesca vida de la escritora estadounidense.

Un pájaro enjaulado. Maya Angelou nació en 1928, era la segunda hija de un matrimonio que duraría bastante poco, y se crió en Stamps, Arkansas, con su abuela paterna. Los padres mandaron a los hermanos, Maya y Bailey, de 3 y 5 años, en un tren desde San Luis hasta Arkansas con una identificación en el brazo. Entonces, Maya Angelou aún no era Maya Angelou. Su abuela, hija de esclavo, tenía una tienda de alimentación en propiedad, y eso sí que era una rareza: se había enriquecido durante la Primera Guerra Mundial. Tenía además otro hijo, Willie, al que Maya y su hermano debían ayudar a esconderse en un baúl cubriéndolo de patatas y cebollas cuando el Ku Klux Klan se plantaba delante de la casa, según cuenta Angelou en su primer libro de memorias, Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (1968). Angelou murió en 2014 después de haber obtenido, como Joan Didion, la Medalla Presidencial de la Libertad en 2011, después de haberse convertido en una figura popular e influyente, que trató con escritores, raperos, presidentes, activistas, actores… Maya Angelou. And Still I Rise (Netflix, 2016), de Bob Hercules y Rita Coburn Whack, es un excelente documental que repasa su figura, su carrera y su novelesca vida. En el documental, que empieza con la voz de Angelou leyendo un fragmento de sus memorias de infancia, la escritora dice que su abuela le empezó a enseñar a leer la misma tarde en que llegó desde San Luis. También cuenta que a los siete años, ella y su hermano volvieron a vivir con su madre. Un día, el novio de esta la violó: “Una violación es como si la aguja cediera porque el camello no cabe. La niña cede porque el cuerpo puede y la mente del violador no”, escribió.

Cuando el pájaro no cantó. Maya Angelou le contó a su hermano que el novio de su madre la había violado. El violador pasó una noche en la cárcel. Al día siguiente de su puesta en libertad apareció muerto por una paliza. Seguramente fueron los tíos de Maya, alertados por el hermano. Pero ella creyó que lo había matado ella al nombrarlo: se pasó los cinco años siguientes sin hablar. En ese tiempo, de vuelta en Stamps, se dedicó a leer todos los libros de la biblioteca de la escuela negra y todos los que pudo de la biblioteca de la escuela blanca. Memorizó las obras de Shakespeare, leyó a los rusos, a Balzac, a Langston Hughes, a Paul Lawrence Dunbar. Volvió a hablar cuando la mujer que le invitaba a su casa y le leía poemas le dijo que no amaría la poesía hasta que no la probara ella misma con sus labios.

Calipso y la mujer de metro noventa. Maya Angelou medía metro noventa. Cada tarde un chico intentaba ligar con ella (“¿cuándo me darás ese largo cuerpo marrón?”). Un día se lo dio y quedó tan decepcionada que creyó que el sexo estaba sobrevalorado. Un mes después supo que estaba embarazada. Poco después se casó con un griego, un exmarinero, Thos Angelos, de quien tomó el apellido para su nombre artístico. En San Francisco, empezó a trabajar de bailarina en clubes nocturnos, de ahí saltó a la canción (“si cantaba ganaba tres veces más”, recuerda en el documental). Grabó discos, hizo películas y fue la abuela de Kunta Kinte en la serie Raíces. También escribió guiones, canciones y una serie documental, Black, Blues, Black!. Cuando estaba de gira con el espectáculo Porgy and Bess conoció a James Baldwin en París. Entonces, en la década de los 50, ya formaba parte del círculo de escritores de Harlem. Trabajó con Martin Luther King en el Movimiento de los Derechos Civiles. Vivió en Egipto y Ghana. Allí la visió Malcolm X. Después, Angelou volvió a Estados Unidos. Su popularidad se disparó después de que Bill Clinton le encargara un poema para inaugurar su primer mandato como presidente.

Las cicatrices de la supervivencia. El documental acaba con la voz de Angelou recitando el poema que da título a la película sobre los créditos. Escuchar sus poemas en su increíble voz es emocionante. Angelou fue muchas cosas en su vida, que siempre estuvo marcada con su relación con las palabras. Y la historia de su vida es una historia de supervivencia, pero también la historia del siglo XX y de la cultura estadounidense. En un momento de la película, Angelou explica: “Una de mis fantasías cuando tenía siete años, seis o siete, era que alguien dijera de pronto ¡Shazam! y me volviera blanca y no me mirasen con ese desprecio cuando iba por la parte blanca del pueblo, por donde tenía que pasar. Deseabas evaporarte en ese momento y marchitarte sin más. En lugar de eso, levantaba la cabeza y seguía apretando los dientes. Sobreviviendo, pero madre mía, ¡menudas cicatrices deja!”.