artículo no publicado

Miriñaque o pelo de genio

Con esta entrega inicia Millones de chicas, una columna semanal que comentará libros escritos por mujeres. En este texto inicial la reseña del primer libro en diez años de la dibujante Jacky Fleming.

Una cabeza demasiado pequeña. “Una historia humorística sobre la historia de las mujeres en la historia”, como explica Jane Garvey en el programa de la BBC Woman’s hour, es una buena definición del primer libro en diez años de la dibujante Jacky Fleming (Londres, 1955). El libro surge en parte para responder a la pregunta por la ausencia de mujeres célebres en las clases de historia. “¿Por qué en el cole solo enseñan cosas sobre tres mujeres?” “¿Qué puñetas estaban haciendo las demás a lo largo de la historia?”, se pregunta Fleming en la contraportada del libro. ¿O es que acaso no había mujeres que destacaran? Y si no había, ¿por qué? “¿Pueden las mujeres ser genios? ¿O sus cabezas son demasiado pequeñas?”, ironiza Fleming. El cerebro de las mujeres es más pequeño, sí. Pero el cuerpo calloso es mucho más denso. Eso es porque ambos hemisferios están mejor interconectados (y eso explica el temprano desarrollo del lenguaje en las niñas, entre otras cosas). Es decir, que aunque su cerebro sea ligeramente más pequeño (140 gramos), aunque lancen bolígrafos específicos para ellas, las mujeres no son menos inteligentes.

La esfera doméstica. Fleming buscó mujeres geniales en la historia y las encontró. Pero enterradas. No se hablaba de ellas y, sin embargo, explica, la lista es infinita. Hay muchas más. Últimamente se está reivindicando a mujeres cuya labor quedó oculta, como explica con mucha gracia Fleming. La escasa presencia de referentes femeninos podría hacer pensar que las mujeres existen desde hace poco, propone la historietista. El papel de las mujeres ha sido ninguneado a lo largo de la historia. Excepto en la esfera doméstica, donde siempre han sido importantes. “Dentro de la Esfera –escribe la historietista– las mujeres hacían cosas que no fuesen demasiado complicadas, como cuidar de los niños, fregar el suelo, lavar sábanas y cortinas, coser botones y picar carbón”.

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El Basurero de la Historia. El libro de Fleming es muy divertido, se adentra en temas espinosos y evita el peligro del sermón. Es un panfleto sin ser panfletario y es profundamente feminista. Utiliza el humor sin miedo a caer en la frivolidad para desarmar como quien no quiere la cosa todos los clichés misóginos que han ido empujando a las mujeres al basurero de la historia. Pero lo que defiende este ingenioso libro es que hay que sacar a esas mujeres que sí fueron importantes en la historia (además de Marie Curie, “la única científica que ha habido en la historia desde que existen las mujeres. Las chicas tenían prohibidas las ciencias porque sus órganos reproductores las volvían irracionales, y además las cortinas no se cuelgan con abstracciones). Hay que  “rescatarlas del Basurero de la Historia”, como dice Fleming. Y luego añade que “las mujeres llevan miles años rescatándose unas a otras” de ahí.

Cómo ser una mujer caída. La ropa –concretamente, el diámetro del miriñaque–, el peinado –que tapaba las orejas y hacía imposible hasta escuchar las clases que recibían los chicos, si tenían suerte y había hermanos–, los corsés –aunque “impedían respirar, las mujeres se desplomaban sin ellos, de modo que no llevarlos era impensable. Además, los corsés daban a las mujeres una belleza enfermiza, aunque tuvieran los órganos internos algo apretujados”– han sido algunos pequeños inconvenientes a los que las mujeres se han enfrentado para montar en bicicleta o a caballo, entrar en los laboratorios, estudiar o hacer cualquier cosa que implicara salir de la esfera doméstica y convertirse así en una mujer caída. Fleming dice que hubo exactamente 6.722 mujeres caídas, remata la broma la historietista. Algunas maneras de ser una de caer: “llevar la raya al lado, pensar por una misma, expresar las opiniones en vez de guardárselas y no seguir siendo virgen después del parto”. Por si había alguna duda, “solo las mujeres podían caer”. La carcajada llega por la exageración, claro.

La cabeza de las mujeres es demasiado pequeña para el pelo de genio. Schopenhauer, Rousseau, Ruskin, Darwin, Kant, Freud o Maupassant aparecen en las viñetas de Fleming. Todos ellos creían que las mujeres eran seres inferiores a los que cualquier actividad que se saliera de la esfera doméstica y fuera intelectual les perjudicaría a la hora de dedicarse a lo que estaban destinadas: ser madres. Por ejemplo, “la marquesa de Châtelet se puso en grave peligro de desarrollar la barba y arruinar su aparato reproductor calculando divisiones de 9 cifras por 9 cifras totalmente de cabeza”. Ni siquiera ellos cuestionaron los tópicos que habían ido creciendo alrededor de las mujeres asfixiándolas. Fleming explica que uno de los problemas de las mujeres es que no tienen pelo de genio, como Einstein: “Por obra de la selección natural, y de la preferencia sexual por las chicas con menos inteligencia, el pelo de genio está casi erradicado en las mujeres. Las mujeres con pelo de genio se arriesgaban a que las metiesen en un manicomio, pues se consideraba un signo de desequilibrio mental”. Pero el único problema de las mujeres es que no eran hombres.

 

El problema de las mujeres

Jacky Fleming

Traducción de Inga Pellisa

Anagrama, Barcelona, 2017, 128 pps.