artículo no publicado

Especulación y crítica

Rubén Gallo

Freud en México. Historia de un delirio

Traducción de Pablo Duarte

México, FCE, 2013, 372 pp.

Pero, sobre todo, yo no soy etnólogo, sino psicoanalista.

Sigmund Freud

En Crítica de la razón pura Immanuel Kant dice que el pensamiento especulativo busca terminar pronto su obra, sin indagar –hasta mucho tiempo después– el fundamento en que se basa. La historia es el modo en que comprendemos aquello que hemos sido, un modo de entender nuestras posibilidades. Si los principios de comprensión cambian, se modifican las historias que nos contamos. El método que elegimos para escribir la historia nos entrega una versión de ella. La crítica se detiene en lo que la especulación apresura, su trabajo es mostrar los principios desde los cuales comprendemos.

En 2010 Rubén Gallo publicó Freud’s Mexico. Into the wilds of psychoanalysis, que ahora el Fondo de Cultura Económica presenta bajo el título de Freud en México. Historia de un delirio. El autor dice que “se trata de un trabajo de historia cultural modulado por la teoría psicoanalítica”. Cuando explica el método utilizado, Gallo establece una analogía entre el psicoanalista y el “analista cultural”: “el analista –y también el analista cultural– debe proponer hipótesis arriesgadas, argumentos fuertes y construcciones especulativas”. Esta equivalencia nos hace formular al menos tres preguntas: ¿Hay un “analista cultural” así como hay un psicoanalista? ¿Es viable la trasposición del método psicoanalítico en el que una persona elabora su inconsciente al análisis de la historia de la cultura? ¿Es válido lo que resulta de ello?

La regla fundamental del psicoanálisis es la asociación libre. El paciente le cuenta al psicoanalista lo que le pasa por la mente: evita la autocensura y elabora su mundo interior. El paciente habla, el psicoanalista escucha. ¿Qué sucede con el “analista cultural”? Rubén Gallo hace una inversión del método psicoanalítico: en vez de escuchar, escribe sus asociaciones e interpreta a autores que han muerto, que están en silencio. Comunica sus interpretaciones sobre algunos escritores mexicanos –de la talla de Salvador Novo, Samuel Ramos u Octavio Paz– y la obra de Freud. ¿Cuál es el resultado? Aseveraciones exageradas con poco sustento. Por ejemplo, en el capítulo tercero Gallo concluye que “El laberinto de la soledad es una adaptación muy original del Moisés y la religión monoteísta al contexto mexicano [...] Lo que hizo Freud con el judaísmo, Paz lo repitió con la mexicanidad”. Para sustentar esta aseveración, cita una entrevista en donde Octavio Paz le dice a Claude Fell que el estudio de Freud sobre el monoteísmo judaico le impresionó mucho. ¿Esta declaración es un argumento suficiente para afirmar que El laberinto... es una adaptación del texto de Freud? En esta conversación, Paz agrega que El laberinto... pretende ser un ensayo de crítica moral. Más adelante, aclara que no habría podido escribirlo sin Nietzsche; sobre todo se refiere a La genealogía de la moral. El capítulo “Máscaras mexicanas”, por ejemplo, está inspirado en la obra del filósofo alemán: el estoicismo vela el masoquismo, el gusto por la forma cubre la satisfacción de los apetitos carnales, el recato femenino esconde el mundo de los machos, la imagen piadosa del amor oculta el deseo de conquistar, someter, luchar y violar... “¡Cuánta sangre y horror hay en el fondo de todas las ‘cosas buenas’!”, exclamaba Nietzsche en aquella obra. Para escribir el libro, Paz estudió los trabajos de Caillois, Bataille, Mauss, Ortega y Gasset, Dilthey y Simmel. A mi entender, la influencia freudiana más importante en El laberinto es el concepto de represión: Octavio Paz hace inteligibles algunas imágenes, deseos e impulsos que se encuentran detrás del discurso moral en México. El laberinto de la soledad es una obra compleja: no es la versión mexicana de Moisés y la religión monoteísta.

En la asociación libre los enlaces están orientados por la fantasía, por eso puede ser un método incierto para hacer una investigación de historia de la cultura. Por ejemplo, Gallo establece una controversia entre Frida Kahlo y Freud que solo existe en su imaginación: “Freud celebra un monoteísmo racional, invisible y estricto, mientras que Kahlo propone un politeísmo visual, irracional y permisivo.” Sin embargo, Freud concibe en realidad el monoteísmo como un progreso frente al politeísmo siempre y cuando concluya en el ateísmo, el sueño como un pictograma y una vía regia para acceder al inconsciente, el discurso como palabras articuladas por figuras, el pensamiento como logos cargado de libido, el psicoanálisis como un tratamiento interesado en el destino del monto de afecto y del deseo del paciente.

Además de la asociación libre, Gallo asegura que utiliza el método psicoanalítico de la “construcción”. En algunas ocasiones Freud prefiere hablar de “reconstrucción” en vez de “construcción”. El matiz es importante: el analista no crea, sino que da “forma discursiva” a lo que el paciente ya ha dicho con frases sueltas, sueños, lapsus, síntomas, recuerdos... La construcción es un método del que fácilmente se abusa. El psicoanalista corre el peligro de sustituir el recuerdo del paciente por sus teorías. Si se utiliza, Freud estableció dos condiciones para su uso: 1) Una construcción no es una conclusión sino una conjetura que debe ser examinada, confirmada o desestimada por el paciente; 2) La construcción debe culminar en el recuerdo del analizado. La construcción, en este sentido, es un trabajo previo a la evocación que sirve para aclarar la posición subjetiva desde la cual se habla: no sustituye el recuerdo, lo incita.

¿Qué resultado obtiene el “analista cultural” cuando usa la “construcción”? En el último capítulo, Rubén Gallo recurre a sus asociaciones para interpretar dos sueños de Freud. Pretende “construir” la opinión que él pudo haber tenido de México. El autor hace un cuento: responde la pregunta de investigación con un argumento basado en sus fantasías. Utiliza la construcción sin las dos condiciones establecidas: no cuenta con la constatación de Freud y no recibe nuevos recuerdos de él, ¿cuál es la validez que puede otorgar a sus interpretaciones?

Rubén Gallo accedió a archivos importantes del Museo Freud de Londres y consultó documentos en distintos idiomas. El libro, por lo tanto, tiene un valor documental, pero la interpretación del autor es un trabajo de imaginación sin sólidos fundamentos metodológicos. Gallo argumenta que Freud hizo lo mismo; sin embargo, ya se ha realizado una fuerte crítica a los trabajos freudianos de “psicoanálisis aplicado”. Un error no se justifica con otro error. El psicoanálisis es un método clínico que únicamente puede acontecer en la intimidad del diván. Se necesita de un trabajo crítico, no solo de especulaciones o de apelaciones a la “tradición”, para establecer qué puede aportar el psicoanálisis para la comprensión de la cultura (en este campo, Ricœur ha hecho importantes contribuciones). Si nos quedamos solamente en la especulación, como sucede en este libro, nos tambaleamos en la historia en vez de sostenernos en ella. ~