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A los ojos: una película mexicana digna de los hermanos Dardenne

El tercer largometraje de Michel Franco, codirigido por su hermana Victoria, es una película de corte social, dura e inolvidable.

Los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne son probablemente los cineastas eminentes del cine de corte social, realizado con un gran sentido humanista y que se distingue por su realismo. Su aclamada obra (con Rosetta 1999 y El Niño 2005 fueron premiados con la Palma de Oro en Cannes) casi siempre se basa en los barrios de la clase trabajadora de Bélgica, manteniendo un tono austero en su línea narrativa (todas las escenas son construidas por planos secuencia, no hay música y utilizan luz natural) y penetrando tanto la fragilidad humana como sus mismos demonios.

 A los ojos (2016), tercer largometraje de Michel Franco  y primero que codirige con su hermana Victoria, es un trabajo dardenniano de los directores mexicanos en un par de sentidos: son hermanos directores y utilizan narrativas similares.

La actriz Mónica del Carmen protagoniza A los ojos, donde de nuevo logra un trabajo dramático notable como su inolvidable papel en la aclamada cinta Año Bisiesto (2010) que le valdría el premio Ariel por mejor actriz protagónica. En A los ojos, Mónica interpreta el papel de una dedicada trabajadora social quien recorre los barrios de la ciudad de México como educadora enfocada en jóvenes, esos últimos del escalón social: drogadictos, que habitan en la calle, de una desesperanza total. Además de su lucha en las calles, Mónica enfrenta una batalla en casa: la enfermedad de su hijo de once años quien requiere un trasplante de corneas de manera urgente.

A los ojos reúne las capacidades de ambos directores: la experiencia de Victoria en su trabajo documental para instituciones sociales y la dirección de Michel en el cine de ficción (es el director de las premiadas cintas Daniel y Ana 2009, Después de Lucía 2012 y Chronic 2015) Las tomas concretas que se utilizan en el cine documental, cómo los diálogos de Mónica con los adolescentes de la calles (es la única actriz profesional y se trabajó sin guión, solo con temario) son de un realismo íntegro, gracias a que Victoria Franco trabajó por más de un año en la filmación de la mano de la fundación Casa Alianza (una institución que brinda atención a adolescentes en riesgo) logrando adentrarse en ese mundo para poder recrear la vida de esos jóvenes en las calles, así como la interacción de Mónica con ellos. 

El desarrollo dramático y narrativo de A los ojos se concentra en dar seguimiento a Mónica en su trabajo, su relación con los chicos de la calle - especialmente con Benjamín, por quien desarrolla un singular interés - y con su hijo. El tono narrativo se sostiene hasta cuando Mónica tiene que afrontar al desvirtuado sistema de salud mexicano que no le da respuestas ágiles ante la urgencia de un trasplante de córneas que su hijo necesita para no perder la vista. Mónica decide luchar sin que le pese ser cruel, y es ahí cuando la habilidad de narrador de Michel Franco resalta, así como sus sorprendentes desenlaces, como vimos en Después de Lucía y Chronic. En A los ojos los Franco nos cumplen llevando al personaje de Mónica a una reacción extrema, construida paso a paso de manera brillante, mostrando la contradictoria condición humana para resolver el problema que amenaza con quitarle a su hijo la vista. La gran virtud de A los ojos es, al final, un retrato de los mexicanos invisibles.