artículo no publicado

Adiós, Teodoro

Extrañaré su sabiduría, su sutil apreciación del arte, su capacidad casi infantil para el asombro, su buen juicio moral, su elegancia intelectual, su sensibilidad literaria.

Teodoro González de León, el gran arquitecto mexicano, tuvo una vida plena hasta el último instante. Su creatividad se extiende por siete décadas. Nos deja sus geometrías prodigiosas, espacios de convivencia y luz en la ciudad y el país. Tenía un talento largamente trabajado para descubrir y crear belleza. Nadie, entre nosotros, se acercó más al ideal de un hombre del Renacimiento.

Publicó en Vuelta y Letras Libres. Fue el compañero pictórico de nuestra larga aventura. Fue un gran interlocutor y un par de Octavio Paz. Fue el esgrimista intelectual favorito de Alejandro Rossi. Fue amigo de todos los miembros de nuestro consejo. Fue mi amigo cercano y compañero de tantas charlas en El Colegio Nacional.

Extrañaré su sabiduría, su sutil apreciación del arte, su capacidad casi infantil para el asombro, su buen juicio moral, su elegancia intelectual, su sensibilidad literaria. Su sonrisa y su abrazo.