artículo no publicado

Obama vs Rubio, 'Round' 2

Para Rubio resulta absolutamente indispensable ser visto como el gran defensor republicano de los indocumentados. Ese es su boleto hipotético a la presidencia.

Por increíble que parezca, la pregunta interesante en la política de Estados Unidos en este momento no es si habrá una reforma migratoria. La importancia del voto latino hace ya casi inevitable que ambos partidos busquen cambios significativos a la absurda legislación migratoria de este país. Particularmente para los republicanos, un gesto concreto de reconocimiento a la enorme minoría hispana es de vida o muerte electoral. Tan es así que la nueva cara del partido, el hombre ya señalado para ser el salvador de la causa conservadora, es precisamente un latino: el joven senador de Florida, Marco Rubio. El propio Rubio ha hecho de la posibilidad de una reforma migratoria su principal carta de presentación como potencial candidato a la presidencia dentro de tres años. Por eso, la pregunta de verdad atractiva en esta coyuntura es quién se quedará con el crédito de la reforma migratoria que con toda probabilidad se aprobará. Para los demócratas, impedir que sus rivales se cuelguen medalla alguna tras la aprobación de la reforma podría convertirse en la estocada definitiva a los planes de rehabilitación de los republicanos con los latinos. Con eso en mente, a nadie debe sorprenderle que la Casa Blanca haya filtrado su proyecto de reforma migratoria antes de que los legisladores siquiera comiencen a discutir el tema. La travesura tiene toda la intención de anticipar cualquier iniciativa rival. Los republicanos, y en especial Rubio, reaccionaron furiosos, a pesar de que el plan de Obama se parece muchísimo al que el propio Rubio había presentado informalmente en las últimas semanas. Lo que le preocupa a Rubio, claro, no son los detalles de la reforma, sino la posibilidad de perder el capital político que representaría ser visto como el principal promotor de los cambios necesarios. Para Rubio resulta absolutamente indispensable ser visto como el gran defensor republicano de los indocumentados. Ese es su boleto hipotético a la presidencia. Si pierde esa lucha por la percepción pública, su estrella política perderá brillo rápidamente. De ahí su desesperación. Por ahora los demócratas se frotan las manos. Mientras Rubio trata de aplacar los exabruptos xenófobos de los ultraconservadores, los demócratas sueñan con una carambola de tres bandas: la aprobación de una reforma migratoria, la consolidación de la alianza entre el partido y los votantes latinos y la decapitación política del supuesto salvador del partido rival.