artículo no publicado

No me rescates, compadre

Quiso ser, antes que poeta, famoso. No consiguió ni lo uno ni lo otro. Posaba como maldito pero lo mantenía su mamá. A Mario Santiago Papasquiaro lo rescató de un merecido olvido Roberto Bolaño. Sus libros se hunden solos

José Alfredo Zendejas Pineda (1953-1998), que firmaba como Mario Santiago Papasquiaro (porque ya había un José Alfredo famoso y porque en Santiago Papasquiaro nació José Revueltas), publicó poemas sueltos y en dos libros: Beso eterno(1995) y Aullido de cisne (1996). No pasaron de noche. Han sido presentados, comentados, antologados o musicalizados por Arturo Alvar, José Vicente Anaya, Manuel Blanco, Roberto Bolaño, Mónica Braun, Juan Cervera, Andrea Cobas Carral, Pedro Damián, Miguel Donoso Pareja, Luis Felipe Fabre, Mario Raúl Guzmán, Efraín Huerta, Enrique Jaramillo Levi, Marco Lara Klahr, Rebeca López (su viuda), Montserrat Madariaga, Héctor Manjarrez[1], Mónica Maristain, Pilar Mandujano Jacobo, David Medina Portillo, Ramón Méndez Estrada, Arturo Meza, Bruno Montané, Humberto Musacchio, Víctor Roura, Juan Villoro y Heriberto Yépez (entre otros) en Correspondencia Infra, El Financiero (donde trabajó), El Gallo Ilustrado, El Universal, Excélsior, La Jornada, Letras Libres, Osa Mayor, Pájaro de Calor, Plural, Revista Mexicana de Cultura y Zarazo.

Está en la Wikipedia y en el Diccionario de escritores mexicanos de la UNAM (de donde proviene mucha de la información del párrafo anterior). Se han multiplicado las páginas en Google sobre él. En su página web (http://mariosantiago.infrarrealismo.com) puede leerse el libro Aullido de cisne, dedicado a su hijo (“mi Rebelión Interna / mi Mocoso Loco”), su mujer (“mi Naranja Inarrancable”), su mamá (“origen de mis días”) y un maestro querido. En la contraportada (“Carte d’identité”, con el epígrafe: “Si puedes ser leyenda, para qué ser fosa común”), se presenta como “infrarrealista de la primera hora ((milita en este movimiento trepidatorio desde su fundación en 1975))” que nació como cisne: “emitió su Aullido de Cisne primigenio en la Ciudad de México –capital de los humillados a raíz– en medio de 1 tormenta eléctrica / la madrugada del 24 de diciembre de 1953” y “vivió como chupamirto / olisqueando los puntos cardinales de su laboratorio aprendizaje: París / Viena / Barcelona & Jerusalem”. También los poemas (con menciones de Artaud, Barthes, Burroughs, Duchamp, Heidegger, Huidobro, Li Po, Lowry, Marx, Petronio, Pound, Rimbaud, San Juan de la Cruz, Shakespeare) son pomposos, proclamatorios y aburridos.

A pesar de sus ambiciones, su fama póstuma no es hija de sus obras, sino de la obra de Roberto Bolaño que lo salvó de la fosa común y lo convirtió en leyenda: Los detectives salvajes, novela a su vez mitificada por el lanzamiento de Jorge Herralde en Anagrama. La novela (donde aparece bajo un tercer nombre, Ulises Lima) ha vendido más de 200,000 ejemplares y ha tenido resonancia en muchos países, además de numerosas traducciones.

La muerte de autores celebrados pone a los editores y académicos a buscar material inédito, aunque sea basura. La muerte prematura de Bolaño (1953-2003) favoreció una industria de comentarios y ediciones que se ha extendido a Santiago. La novela (1998) convierte en epopeya un movimiento juvenil fracasado, que Bolaño pronto abandonó (en 1977). Tiene cierto paralelismo con la Autobiografía de un fracaso: el poeticismo de Eduardo Lizalde, que recrea, y en cierta forma crea, un episodio juvenil olvidado: las ambiciones de unos jóvenes que fundaron en 1948 el “poeticismo”, movimiento que no llegó a nada. Con diferencias importantes: Lizalde es un gran poeta que rememora el episodio con humor. Bolaño y Santiago no dejaron poemas importantes. Bolaño convirtió su autobiografía de un fracaso en un bestseller. Santiago no tuvo la inteligencia, ya no digamos el humor, de reconocer la verdad. Se proclamaba marginado, al mismo tiempo que amoroso marido, hijo y padre de familia, participante destacado de un grupo militante. Se proclamaba marginado, al mismo tiempo que cursaba filosofía, asistía a talleres de poesía y narrativa, buscaba ser publicado y acumulaba reconocimientos. Se proclamaba un marginado que “ejerce el terrorismo cultural”, y buscaba aplausos por eso.

Santiago murió poco antes de que se publicara la novela donde viaja como otro Ulises en su odisea, y sabiéndose ahí (por carta de Bolaño). Su muerte accidental, su automitificada voluntad de marginación, el auge de la industria Bolaño y la oportunidad colateral produjeron una reedición de Beso eterno, una versión electrónica de Aullido de cisne y dos antologías (hasta ahora): Jeta de santo. Antología poética 1974-1997 (Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2008, preparada por Rebeca López y Mario Raúl Guzmán, con prólogo de este, 267 páginas) y Arte & basura (Oaxaca: Almadía, 2012, compilación y prólogo de Luis Felipe Fabre, 96 páginas). Son de temerse sus obras completas, que no le harán ningún favor. Leído como poeta, pierde lo que ganó como personaje de novela.

Oración de abril

Hermano aullido

Hermano feto

Hermana sangre

Bisnieta enfermedad

Desgracia enteca

Aguarrás secreto que bañas mi alma

Cuando sudas frío & ves

Hasta las huellas de Dios

Rompiendo en 2 la línea Maginot de la pared

A ustedes que son mis perros guardianes

Los dientes floridos que me salvan del furor del rayo

Encomiendo este Librito de Oro

Estas canicas de barro

Estos clavos que acompañan

El oleaje apasionado de mis ojos.

El oro de su librito no necesita ayuda para hundirse solo, pero sus guardianes lo arrastran hasta el fondo con bajones de antología. Para defenderlo de “la alevosía de sus ninguneadores”, Guzmán llama a Santiago “convulso y pueril”, “desmesurado y con pringote mesiánico” y dice que “Habrá escrito cerca de 2,000 poemas. ¡A quién le importa!” “El ripio escoltaba su vuelo.” “De sus mordientes agudezas pasaba despreocupadamente a la sandez en un segundo.” Con tales rescatadores, no hacen falta ninguneadores.

Fabre se suma al fuego amigo bajo la advocación de la basura. “Los infrarrealistas: una pandilla de alborotadores literarios, un tanto pueriles.” Mario Santiago: un grafógrafo que hacía “versos sin parar”. “En ellos el trigo no está separado de la paja. En sus mejores momentos, el hallazgo deslumbrante aparece rodeado de versos fallidos.” Y, entrevistado sobre Arte & basura, añade una explicación peregrina: “Yo creo que había un pacto secreto entre ambos, donde el triunfo de Bolaño estaba relacionado con el fracaso de Mario Santiago. Creo que en Papasquiaro había esa pureza vista desde la lógica del poeta insobornable” (josepablo, Ibero 90.9 FM, 22 de enero 2013, en la web). La ineptitud lograda como pureza que no se deja sobornar.

Lo más curioso de esta hagiografía, que exalta la pureza del santo por encima de su obra fallida, es que falla (quizá por un pacto secreto). No hace una antología de la vida, sino de los poemas. Y, además, se descuida en lo biográfico. Habla despectivamente de los poetas que se ejercitan en talleres literarios, sin mencionar que Santiago estuvo en dos. Habla de “soberbia autocompensatoria frente al ninguneo”, sin comprobar el supuesto ninguneo. Dice que la hija de Santiago le permitió “hurgar en los archivos de su padre”, sin advertir la contradicción de que existan archivos literarios de un poeta que supuestamente desdeñaba la obra, ya no se diga el poema: “Eso de escribirlo y no transcribirlo te habla de una relación del poema, no como un acto de permanencia de ‘Ah qué buenos son mis poemas, lo voy a pulir y lo voy a seguir trabajando’ (…) habla de un poema que le sirvió para pasar un momento e irse de inmediato al siguiente.” Además, si su poesía fue “un performance sostenido al punto de confundirse con su vida”, ¿dónde está el rastreo de esa performance que fue pública en muy diversos foros? ¿Y dónde la investigación del supuesto pacto secreto, de los supuestos actos de terrorismo cultural y de su vida como chupamirto en París, Viena, Barcelona y Jerusalén? ¿Dónde están los testimonios biográficos sobre el supuesto santo?

Según Marco Lara Klahr, su compañero en El Financiero y socio en la creación de la editorial Al Este del Paraíso (cuyo primer libro fue precisamente Beso eterno), pasó meses capturando sus poemas en una computadora “hasta que metió todo. Era muchísimo”. “Decía: vamos a hacer un primer tiraje de 5,000 y se van a vender como congeladas.” Dije: No, vamos hacer 200 y “que la gente lo copie, lo piratee, nosotros qué”. “Me dijo: No, que la chingada, que es mi obra.” Cuando aceptó reducir el tiraje, me dijo: Ya sé “cuánto nos va a costar la inversión, qué circuitos de distribución vamos a establecer, y va a ser un éxito”.

“Hicimos más de cincuenta recitales” presentando el libro en Bellas Artes, en la Casa Lamm, en la fil de Guadalajara, en la Casa de México en París. “Y sí, era una editorial autosustentable. Mario vendía muy bien los ejemplares.” Pero “tenía actitudes de gurú: de manera sistemática calificaba o descalificaba, incluía y excluía a quienes eran o no infrarrealistas”. “Así vivía, era un mundo de borracheras permanentes, de encuentros y desencuentros todo el tiempo.” “Mi familia decía: cómo puedes relacionarte con un tipo tan hostil, tan agresivo, con tan mal aspecto.” Pero “No era un indigente”. “La mamá lo llevaba al hipódromo.”

“De hecho, hay cosas en la vida personal de Mario poco conocidas, y que a mi juicio deben conocerse, que hacen que no sea un poeta maldito. Por ejemplo, el hecho de que recibiera una subvención”: “la madre y la tía le depositaban cada cierto tiempo una cantidad”. “Tenía, no solo tarjeta de débito, sino tenía chequera.” Yo le decía: “eres un teporocho light”.

“Una de las discusiones permanentes que yo tenía con él era su manía, su avidez por el reconocimiento.” “Conocía a mucha gente de la burocracia cultural y el establishment, una cosa que le pareció muy importante.” “Veía a una serie de personajes que no podías creer, en alguien aparentemente tan tan tan reacio al poder y lo institucional.” “Era un hombre pagado de sí. Se sentía genial, de eso no tengo la menor duda. Se sentía un gran poeta, se sentía un iluminado, se sentía único, se sentía desdeñado” (Iván Cruz Osorio, “Entrevista a Marco Lara Klahr sobre el Infrarrealismo”, Viento en Vela # 5, septiembre de 2006, en la web).

Como niño consentido, exigía atención. No podía aceptar que Juan Villoro se cansara de escuchar sus poemas a las cuatro de la mañana, por lo cual se los recitaba por teléfono hasta agotar la cinta de la contestadora (Juan Villoro, “Un poeta”, La Jornada Semanal 152, primero de febrero de 1998). Hizo un acoso más desagradable a una escritora que lo rechazó. La persiguió hasta Israel, con boleto de avión pagado, naturalmente, por su mamá (Wikipedia, 14 de agosto 2013).

Rimbaud fue una persona desagradable, pero escribió la poesía de Rimbaud. José Alfredo Zendejas Pineda posaba como un poeta maldito, pero sus antólogos lo exhiben como un poeta malito. Y no se toman el trabajo de investigar su vida, aunque dicen que eso fue lo admirable. ~

(Letras Libres, octubre 2013)



[1]   Aclaración

El 7 de octubre de 2013 se recibió la siguiente nota aclaratoria de parte de Héctor Manjarrez:

Quisiera aclarar a Gabriel Zaíd y a la humanidad en su conjunto que jamás he presentado, comentado, antologado, musicalizado o siquiera leído ningún texto de Mario Santiago Papasquiaro, salvo el poema que el propio Zaid difunde en su artículo.  Saludos cordiales, Héctor Manjarrez.

Respuesta de Gabriel Zaid: Agradezco la corrección. Mi fuente fue Marcos Lara Klahr que, en la entrevista citada en el artículo, dice: "Hicimos más de cincuenta recitales [de Mario Santiago Papasquiaro], estuvimos en la Casa de México, de París, allá fue un poeta, que fue Manjarrez, a hacer una presentación". Supuse que era Héctor, el único Manjarrez conocido literariamente. Saludos cordiales, Gabriel Zaid