artículo no publicado

Los enamoramientos de Javier Marías

 

La nueva novela de Javier Marías, Los enamoramientos, es una profundización de las líneas temáticas y el trabajo formal que el autor ha venido explorando en los últimos años. Por temática, la novela está emparentada a Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí; a la vez, se trata de un libro que solo podía haber sido escrito después de la ambiciosa aventura que significó Tu rostro mañana.

Con cada nuevo libro, Marías ha ido adelgazando la extensión de la trama, pero no su importancia. El argumento de la novela puede ser resumido así: una mujer que atisba a una pareja se entera poco después de la muerte del hombre (Miguel Desvern o Deverne) a manos de un desconocido; de manera accidental, entrará en posesión de un dato que podría resolver el porqué de esa muerte enigmática. Los escasos incidentes dan lugar a una hipertrofia narrativa, en la que las reflexiones de la narradora y otros personajes aledaños, siempre sugerentes, asumen un lugar central. Otros novelistas pueden contentarse con dejar que los hechos hablen por sí solos; Marías, en cambio, entiende que lo importante del género novelístico es la reflexión, las conjeturas, la especulación que nace a partir de ciertos hechos. Todo eso es parte de un “pensar literario” que se asume como una forma específica de tratar de entender la realidad. Un elemento fundamental de ese pensamiento consiste en agotar un tema desde perspectivas múltiples e incluso contradictorias. La novela, como un género crítico y reflexivo, no deriva su poder de la posibilidad de llegar a conclusiones definitivas sobre las cosas sino de su capacidad de explorarlas buscando no dejar ningún hilo sin remover.

Una de las curiosas contradicciones que se pueden encontrar en la obra de Marías es la manera en que sus novelas, si bien parecen ceñirse al código realista, desafían constantemente el principio de verosimilitud en el que se funda este código, la “suspensión de la incredulidad”. Los enamoramientos está narrada por una mujer, pero suena tal como suenan todos los narradores hombres de las anteriores novelas de Marías. Marías sabe que la principal elección de un novelista consiste en decidir quién va a narrar y desde dónde: sus narradores son siempre fundamentales y tienen una voz fuerte, hipnótica, que se impone a toda la narración incluso a pesar de sus dudas (o a partir de ellas). Sin embargo, hay cada vez menos un intento de crear una psicología, el perfil de un personaje a partir de esa voz.

De la narradora de Los enamoramientos sabemos que trabaja en una editorial, que es muy observadora, que es capaz de obsesionarse por las personas y hechos en torno suyo y que, a pesar de que le da mucha importancia a sus sentimientos, su principal aventura es mental. Casi todo eso podría aplicarse a otros narradores de Marías. En cuanto a los otros personajes, Díaz-Varela (de quien se enamora la narradora) o Luisa, la esposa del hombre asesinado, todos suenan como la narradora, a todos les gustan las frases largas, la reflexión constante, el caracoleo constante del pensamiento. Estamos ante un objeto muy extraño: una novela cuya gran fuerza consiste en las reflexiones que arroja sobre la subjetividad del ser humano, sobre nuestra compleja psicología, pero que para hacerlo debe exhibir constantemente su artificio literario. Todos los códigos literarios, hasta los más naturalistas, son artificios, solo que algunos eligen esconder este artificio y otros se fundan a partir de su explicitación. Lo fascinante de Marías es cómo juega a dos puntas, cómo usa el artificio literario no para abroquelarse del mundo sino para enfrentarse mejor a él. Se trata de un ensimismamiento muy pendiente de las palabras y de las cosas.

En Los enamoramientos puede encontrarse una nueva versión de la teoría de la novela en Marías. Los escritores convocados son Shakespeare, Sterne, Dumas y Balzac. Marías explicita que en una novela los hechos de la trama son lo de menos: “lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios”. La ficción es un laboratorio de exploración de la conducta humana, “tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da... y en este caso [El Coronel Chabert, de Balzac] nos permite imaginarnos los sentimientos de un muerto que se viera obligado a volver, y nos muestra por qué no deben volver”. A ese laboratorio no se llega de manera directa: para exponer su teoría sobre el lugar de los muertos (y el peso de la ficción) en nuestras vidas, Díez-Varela le contará a la narradora sobre El Coronel Chabert y lo hará interrumpiéndose, creando suspense, haciendo que la narradora se transforme en la oyente perfecta, seducida por el relato y sus digresiones. Asistimos a la puesta en abismo del estilo narrativo de Marías, y hay palabras que se dicen sobre Díez-Varela que bien podrían decirse sobre el mismo Marías: “tenía una fuerte tendencia a disertar y a discursear y a la digresión […] mientras peroraba no podía apartar los ojos de él y me deleitaban su voz grave y como hacia adentro, su sintaxis de encadenamientos a menudo arbitrarios...”.

¿Qué es lo que nos enseña ese laboratorio de exploración de la conducta que es la novela de Marías? Lo que implica el enamoramiento (“verdadera debilidad por alguien... [e]so es lo determinante, que nos impida ser objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendirnos en todos los pleitos”), la relación compleja que los vivos tienen con los muertos (la necesidad que tenemos de librarnos de ellos), la fuerza de los hechos y cómo nos sobreponemos a las desgracias a pesar de nosotros mismos (con la muerte de su esposo, a Luisa “le han destrozado la vida que tenía ahora, pero no la futura”), la difuminación de todas las cosas y, especialmente, la seducción que una historia puede tener sobre el que la escucha o lee. En eso, Los enamoramientos practica lo que predica: una vez más, aunque al principio cueste “suspender la incredulidad”, terminamos fascinados por la prosa de Javier Marías. ~


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