artículo no publicado

Los derechos políticos de los migrantes

Ante la situación de silencio poítico en la que se encuentran los extranjeros en el país, una propuesta que busca darles voz.

 

Cuando en México pensamos en migrantes inmediatamente nos remitimos a los mexicanos que radican en el exterior. Difícilmente pensamos en los extranjeros que radican en nuestro país y en todo caso, al hacerlo, nos limitamos a la referencia más recurrente en la actualidad: lo grave que se ha vuelto la migración de paso por nuestro país y las consecuencias terribles tanto por las situaciones extremas que enfrentan quienes lo cruzan, como por la violación recurrente a sus derechos humanos. También pensamos, al referirnos a los extranjeros, en la parte folclórica, colorida y jubilosa que las diversas culturas radicadas en nuestro país aportan a la sociedad predominantemente mestiza. Sin embargo, por la rigidez de la política migratoria, por la historia nacional más bien defensiva frente al exterior y una serie de prejuicios que  mantienen un nivel de sospecha frente a lo extranjero, en México, plantear derechos para los migrantes es casi una contradicción. En realidad lo que la historia nacional vía las leyes ha hecho es acotarlos, vigilarlos y mantenerlos al margen de la vida social y política de manera plena. Es obvio que ha habido extranjeros sumamente vitoreados y celebrados en nuestro país, pero la norma, basándonos en las leyes migratorias desde hace más de un siglo, en realidad los limitan, incluso a quienes se naturalizan, a una condición de ciudadanos de segunda. En este panorama, los derechos políticos son, sin lugar a dudas, un plano absolutamente negado, incluso, un nivel de control extremo porque hay una amenaza sutil y constante que les recuerda a los extranjeros que su opinión política no es bienvenida.

Los años más oscuros han pasado y en realidad las cosas han ido cambiando tanto a nivel nacional como a nivel internacional, de tal suerte que la situación de los migrantes en México ha cambiado un tanto, sin embargo, no se ha dado un giro que se abra a una propuesta realmente innovadora, progresista, solidaria y sobre todo, consistente con lo que México demanda de manera tibia frente al exterior respecto a sus connacionales: reconocimiento y respeto irrestricto a sus derechos humanos. Aquí hay un punto ciego que tiene que ver con que, cuando en México se habla de derechos humanos la condición política de los sujetos queda a un lado y se le considera una parte secundaría, casi un lujo que viene, si acaso, después de consideraciones elementales como el derecho a la vida, el sustento económico, el derecho a la salud, etc. De manera tramposa se separan de la condición política como si esta fuera una etapa posterior (e incluso inalcanzable) y no un parte en inherente a la propia condición humana cuando en realidad los derechos políticos son derechos humanos.

Con esta idea en mente un grupo de mexicanos de diferentes ámbitos e ideologías decidimos emprender una acción para visibilizar el tema de los derechos políticos de los migrantes en México en la forma más elemental de los derechos políticos: la participación electoral. Si una persona es excluida de su condición elemental de ciudadano sólo por el hecho de no radicar en el país donde nació (lo que en este momento de la humanidad suma a millones de personas y el número aumenta exponencialmente) estamos ante una aberración jurídica que no corresponde a los tiempos de la mayor movilidad humana de la historia. Emprendimos por tanto, una actividad cívica con carácter más festivo, casi teatral, para mostrar la fuerza de una sociedad que considera digno reconocerle al otro, su condición de persona plena, en la entendido de que todos esperamos ese mismo trato en donde nos encontremos. En este caso se trata de la realización de elecciones simbólicas para extranjeros en México durante la jornada electoral del el 1 de julio de 2012, día de las elecciones en México. ¿Por qué los extranjeros que viven en nuestro país y no se han naturalizado o no piensan hacerlo, no pueden opinar políticamente? ¿Acaso no les afecta también el resultado?  Estas elecciones simbólicas convocan a los extranjeros, en esta ocasión solamente en el D.F., a que voten en alguna de las varias casillas que se instalará con la idea de mostrar que es posible incluir a quienes, por diversas razones, acabaron viviendo en nuestro país tal vez de manera definitiva o transitoria, pero que no por eso pierden su condición de personas plenas, con ideas y propuestas para opinar sobre la sociedad en que viven.

Hay una serie de argumentos más sofisticados que fortalecen esta campaña que pueden leerse a detalle en www.migrantologos.mx desde donde se coordina la red de voluntarios que respondieron al llamado de participar en un ejercicio que abre un tema que muchos de nosotros, mexicanos, creemos que debe cambiar, esto es: el seguir considerando a los no nacionales ajenos a la vida política y social plena, carentes de derechos y limitados en sus capacidades de reacción, opinión y exigencia.  Pero no somos inocentes y lo sabemos: plantear derechos políticos para los extranjeros es un tema altamente controversial en México porque toca la médula del nacionalismo. Sin embargo, creemos que estamos en un tiempo muy distinto al que tiempo en el que se forjó esta patria, basado en exaltar lo local en oposición a lo externo. La propia sociedad mexicana, altamente migrante es también, en una parte, cosmopolita y planetaria, por lo que esta propuesta, ahora meramente lúdica y festiva, simplemente visualiza un tema más de la agenda de los sueños, de los ideales, de los cambios por venir en un país que se piensa distinto.