artículo no publicado

Lépero

Para Luis Fernando Lara

“Me topo con –dice el autor sin importancia de un escrito fechado en 1932– una pintoresca palabra mexicana: lépero”. Es palabra simpática, de ofendida señora pomadosa, como Consuelo Guerrero de Luna, actriz divina y mujer adamantina.

El Diccionario de la Real Academia Española aporta acepciones diferentes, según región. En Cuba es “astuto, perspicaz”, y “ladrón” en Nicaragua. En México y la América Central significa “soez, ordinario, poco decente”, definición que injerta Guido Gómez de Silva en su Diccionario de mexicanismos; no tengo a la mano el de Santamaría… ¿figurará?

En su Diccionario ideológico, Casares la restringe a chilanguismo: “Dícese de la ínfima plebe de la Ciudad de México”. En el suyo de americanismos, Marcos Morínigo registra “individuo ordinario de clase social ínfima; canalla, desvergonzado; es término injurioso”. Morínigo también registra leperada (“villanía propia de léperos o gente baja”) y leperaje (“reunión de léperos”), pero nada dice de leperundio (lépero en el instante de serlo).

Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, en su Diccionario del español actual no anotan lépero, pero sí lepero que significa oriundo de Lepe (un villorrio de Huelva). Lo curioso es que los leperos tienen fama de astutos y perspicaces, como lo muestra el refranero peninsular: “saber más que Lepe”, o “saber más que Lepijo y su hijo”. Un saber, claro, malicioso. En Cuba, según la misma fuente, también arraigó ese refrán. Don Manuel Seco agrega un ejemplo que lleva a pensar que los leperos o hacían chistes o eran sujetos de ellos: “Ha llegado por aquí una nueva remesa de chistes de leperos”… Así las cosas, quizás en su viaje transatlántico, esos leperos se esdrujulearon y acabaron de léperos en México capital.

Lo que sí no encontré fue evidencia –como me dijo G.– de que la mexicana lépero se halle emparentada con la voz francesa lepreux, leproso…