artículo no publicado

La incipiente economía del porno

La economía académica no tiene un cuerpo de análisis sobre el mundo del porno; sin embargo son dos ámbitos que se acercan cada vez más. 

La de la pornografía es una industria de grandes dimensiones. Según la revista Forbes, entre julio de 2009 y 2010, el 13% de todas las búsquedas en Internet fueron sobre contenidos eróticos. Aproximadamente un 4% de las páginas web más visitadas son pornográficas, y aunque es complicado dar una cifra exacta, se estima que solo en Internet la industria mueve unos 3 mil millones de dólares al año en Estados Unidos. A nivel global y considerando contenidos online y offline, la cifra es de casi 100 mil millones de dólares al año (por ponerlo en perspectiva, tanto como un 7% del Producto Interior Bruto de España en 2013).

Sin embargo, los economistas no han prestado mucha atención a este sector: basta un vistazo rápido a la literatura para ver cómo los ejemplos se reducen a unos pocos artículos, al libro de sexo, drogas, rock'and'roll y economía, Economics Uncut, con un capítulo sobre “Economics of Pornography”, o una reflexión entre la filosofía moral y la política económica a raíz de la expulsión de tres profesores de una universidad turca tras la presentación como trabajo de fin de grado de un vídeo porno (idea que a algunos quizá les suene familiar).

En cualquier caso, el acceso a datos (la materia prima del economista empírico) de consumo de pornografía es relativamente sencillo: el sitio PornHub, la mayor del mundo en este sector, publica sus estadísticas anuales. También realiza análisis, regionales o por eventos (por ejemplo, durante las finales de la NBA), de ellas. Sin embargo, como algunos apuntan los datos, sin una teoría detrás, se quedan en nada. No existe nada parecido a una "teoría económica del porno", que establezca relaciones entre estos datos; por lo tanto, lo que puede conseguir el equipo estadístico de PornHub se queda en un simple análisis descriptivo de cómo ha variado el ranking de términos más buscados (si aumentan las búsquedas de “MILF” o “gang bang”) o la duración de las visitas a la web.

Como comentaba, la economía académica no tiene un cuerpo de análisis sobre el mundo del porno. De hecho, hasta hace relativamente pocos años, de su estudio se encargaban exclusivamente la psicología, la sociología y otras ciencias sociales y humanidades. Sin embargo, la economía ha desembarcado en áreas que en principio no le eran propias: existen análisis económicos de la adicción, de la familia, del suicidio, del arte y la cultura, entre otros.

Un ejemplo de esto es el artículo de Winai Wonsgsurawat en el Journal of Applied Economics sobre "pornografía y problemas sociales". En él, el autor muestra cómo a principios de la década de los 90, en EU, el uso de apartados postales estuvo relacionado con una mayor tasa de suscripción a la revista Penthouse. "Qué inesperado. ¿Para esto hace falta un economista?". En absoluto: la clave del artículo fue que el autor, utilizando los datos sobre apartados postales como control, encontró que, al contrario que la mayoría de estudios previos, que relacionaban el consumo de pornografía con mayores tasas de violación y de divorcio, la relación con la primera se volvía negativa y, con la segunda, insignificante.

Otro trabajo que analiza la pornografía con los ojos de un economista es el de Michael Malcolm y George Naufal, publicado en 2014 por el Institute for the Study of Labor alemán, que intenta responder a la pregunta "¿La pornografía y el matrimonio son bienes sustitutivos para los jóvenes?”. Los autores encuentran que, en efecto, lo son, y que un mayor consumo de porno virtual está negativamente relacionado con contraer matrimonio. Ante la duda de si se está apuntando simplemente a que los hombres que viven en pareja consumen menos pornografía (por cualquier razón) o cualquier otro sesgo en la muestra, los autores consideran que no, que probablemente nos encontremos ante una relación causal entre ambas variables.

Ambos estudios pueden resultar sorprendentes por el tema y por sus conclusiones. Uno por obtener resultados en dirección contraria a lo anteriormente publicado; el otro por tratar uno de los grandes quebraderos de cabeza de los científicos sociales, la causalidad. No obstante, como economista, me quedo con una tercera reflexión, sobre la relación de la economía con otras ciencias sociales, en la línea de Don Ross y su Philosophy of Economics, donde el autor apuesta por un acercamiento de esta a la sociología.

Lo que estos dos artículos sobre economía y pornografía muestran es la creciente división del trabajo entre ambas disciplinas, una aportando la teoría y el marco conceptual, y la otra el instrumental analítico. Si esto acabará en un enriquecimiento de las dos o en una devorando a la otra, solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, veremos cómo, cada vez más, los economistas escribimos sobre un tema que, aunque no nos afecte académicamente, seguro que nos afecta en nuestra vida diaria. No en vano, según Alfred Marshal, nos ocupamos del "estudio de las acciones del hombre en las actividades ordinarias de la vida".