artículo no publicado

Cataluña: el todo y la nada

El secesionismo catalán, que se presenta en la lista Junts pel sí para las elecciones del 27 de septiembre, defiende una mayor autonomía para Cataluña y al mismo tiempo se salta las propias leyes catalanas. 

Poco antes de que se cerrara el pacto Junts pel Sí para las elecciones catalanas que se celebrarán el 27 de septiembre, Oriol Junqueras, líder de ERC, declaró: “Procuramos colarle goles al Estado”. Esos goles –por ejemplo, interpretar unas elecciones autonómicas en clave plebiscitaria–no solo se limitan al Estado. Se podrían ampliar a la legalidad catalana y a los votantes catalanes.

En estos años se ha repetido la idea de “Dejar votar”: a veces venía acompañada de una distinción entre la democracia y las leyes, que es un poco como jugar al fútbol sin reglamento. Para algunos, la victoria de los independentistas por la mitad más uno abriría la vía a la secesión. Xavier Vidal-Folch ha explicado que una declaración de independencia unilateral tras una victoria de los secesionistas por la mitad más uno chocaría con la legalidad catalana. La reforma del Estatut “requiere el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros del Parlamento”. Como ha escrito Vidal-Folch, “no basta la mayoría simple de la mitad más uno, sino que se exige una mayoría reforzada, cualificada. Así ocurre aquí y en toda democracia cuando se adoptan decisiones de gran trascendencia política, y singularmente, modificaciones constitucionales”.

No se trata de una mera formalidad prescindible en momento de gran intensidad histórica, sino precisamente de una garantía de estabilidad, de seguridad jurídica y respetabilidad política. En la propia Unión Europea muchos debates políticos se referencian a la existencia o inexistencia de base jurídica para una decisión, y al requisito de unanimidad, o de mayoría cualificada, o simple. El Estatut es claro al respecto, y quien pretendiese violentar el artículo 222 estaría propinando un Golpe mortal a la legalidad catalana, hasta deslegitimarla por entero.      

En la manera que se ha propuesto para valorar el resultado hay otro elemento desconcertante: la intención de que se cuenten los escaños y no los votos, aprovechando que el sistema prima a los partidos más votados para favorecer la gobernabilidad. No es el sistema más adecuado para una interpretación en clave plebiscitaria. Los referéndums exigen una proporcionalidad estricta. “La propuesta de algunos dirigentes soberanistas de tener en cuenta los escaños en lugar de los votos desprende tintes de oportunismo político. Sabemos que el sistema electoral jugará a favor de la candidatura Junts pel Sí, al igual que en el pasado lo hizo a favor de CiU”, ha escrito el politólogo Lluís Orriols. “No es descartable que la candidatura soberanista no consiga alcanzar la mayoría absoluta de los votos. Ante este escenario, edulcorar el mandato de los ciudadanos con el efecto distorsionador del sistema electoral puede resultar tentador, pero esta lectura será interpretada como oportunista por cualquier observador mínimamente independiente”, añadía Orriols.

Raül Romeva, cabeza de la lista conjunta, declaró este verano que “No importa quién sea el presidente”. Se desdijo poco después, y señaló que Artur Mas era el candidato de su lista para la presidencia de la Generalitat. Hace unos días, declaró: “empieza el viaje a un lugar donde no hemos ido nunca; iremos una sola vez y no volveremos nunca”. Poco antes había señalado que es "muy importante explicar" que cambiar el estatus jurídico de Cataluña con una secesión "no supondría prácticamente nada" a nivel "personal" y "práctico": la independencia es todo y nada.Añadía: “Si usted quiere seguir siendo español viviendo en Catalunya, o incluso si me apuras seguir estando vinculado al régimen fiscal o las pensiones a nivel del Estado español, lo podría seguir haciendo".

Todo se justifica por el momento excepcional. La circunstancia es única, se ha llegado a un punto de no retorno, el enemigo es difuso pero implacable. Todo eso permite que no se examine la acción del gobierno, que no se hable de lo concreto, que fuerzas políticas se unan aunque sus conceptos de la sociedad sean totalmente distintos, que se espere de formaciones bajo sospecha de corrupción la creación de una economía más limpia, que la crítica o incluso la descripción de las trabas de la realidad sean solo propaganda y encono, que circulen discursos de exclusión a veces claramente etnicistas. El secesionismo aparece como un movimiento que defiende una mayor autonomía para Cataluña y al mismo tiempo se salta las propias leyes catalanas, como una corriente que dice promover una idea supuestamente democrática pero se muestra dispuesta a desvirtuar los sistemas de votación y a mantener ambigüedades sobre lo que realmente eligen los ciudadanos. Aunque uno no esté satisfecho con la situación actual, quizá sea pedir demasiado.