artículo no publicado

Tránsitos e historias de la Transición

Santos Juliá

Transición. Historia de una política española (1937-2017)

Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017, 656 pp.

 

El 6 de noviembre se registraron dos proposiciones de ley en el Congreso de los Diputados centradas en la ley de amnistía de 1977. La primera, firmada por Unidos Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya, Partit Demòcrata Europeu Català y Partido Nacionalista Vasco, pide añadir un artículo donde se especifique que el contenido de la ley no impide a los tribunales la investigación, enjuiciamiento y condena de delitos que puedan considerarse de genocidio, lesa humanidad, delitos de guerra, graves violaciones de los derechos humanos. La segunda, presentada en solitario por Unidos Podemos, hace un requiebro y propone directamente que se declare nula la ley. Así, la actualidad contesta a Santos Juliá, quien en la introducción de su último libro, Transición, escribe: “Hablar en estos últimos años de la Transición es hablar de política mucho más que de historia; o mejor: cuando se aparenta hablar de historia, lo que se hace cada vez con mayor frecuencia es un uso del pasado al servicio de intereses o proyectos políticos o culturales del presente.” Su libro también habla de la Transición, claro, aunque como hace sospechar su subtítulo, Historia de una política española (1937-2017), el profesor Juliá sí habla de historia.

Una historia que no es breve. Ochenta años para hablar de transición, en minúscula, y de la Transición, la que se escribe con mayúscula y artículo determinado delante. Esto se traduce en una introducción, once capítulos y un epílogo, además de un índice de abreviaturas (especialmente indicado para una sopa de letras como la que se maneja en estas páginas), y un siempre útil índice onomástico. En cambio, con nostalgia historiadora, entre romántica y pragmática, se echa de menos un apartado de bibliografía que recoja las numerosas referencias que sostienen metodológicamente el texto. El libro que nos ofrece Santos Juliá es un ejercicio abrumador de buena historia política, que busca dejar hablar a los protagonistas para seguir lo que dicen sobre la transición antes, durante y después del proceso como tal. Prestar menos atención a las voces originales y quedarse en los relatos del interés actual solo sirve para alimentar los mitos, transponiendo al pasado las construcciones que interesan a un presente determinado.

El autor se plantea en qué momento se empezó a hablar en España de transición, contándonos quiénes lo hicieron y cuál era su fin. A partir de aquí, 1937, y de los primeros proyectos de mediación que implicaban el postulado de un periodo de transición, los comités por la paz civil religiosa y el plan de mediación para la paz de Azaña, Juliá nos guía a través de la evolución del concepto. Un concepto que define y explica desde la perspectiva coetánea en cada fase de su relato, con los añadidos semánticos que supone su evolución: amnistía, libertades, clausura de la guerra, reconciliación, paz, concordia, democracia, Gobierno provisional, proceso constituyente… Paso a paso, el camino llega al punto donde la sociedad es consciente de estar viviendo una transición democrática. Una transición que nos presenta en su conjunto indivisible: la calle y las instituciones. Inútil separar unas voces de otras, dice, pues transición fue el despliegue de manifestaciones reivindicativas en la calle que pedían libertad, amnistía y Estatutos de autonomía, tanto como la negociación y los pactos en despachos e instituciones.

Una vez cerrada la etapa como tal tras aprobarse la Constitución y encarrilarse los primeros Estatutos de Autonomía, se rompe el consenso entre partidos, la figura de Suárez se asume como germen de crisis y el desencanto melancólico se apodera de ciertos intelectuales y artistas. El 23f sirve de vacuna fulminante contra la melancolía y contribuye al triunfo arrollador de los socialistas en 1982. Se alcanza entonces el primer consenso de opinión respecto a la Transición, que gana el artículo y la mayúscula que la identifican como un caso concreto, determinado y singular, alcanzando categoría de modelo. Esta mirada admirativa general dura todo el gobierno largo de Felipe González, pero empieza a resquebrajarse en 1993, cuando el pp introduce en su discurso la importancia de buscar una Segunda Transición. A sorbos, los partidos vuelven a usar el pasado como arma para la lucha política. Esto supone dar la vuelta de manera radical a aquella mirada modélica y positiva de la Transición, dando origen a la visión de traición, amnesia, transición negada, silencio y mera continuidad del franquismo que se defiende en numerosos ambientes en los últimos años. El fenómeno del 15m espolea esta narración, la del régimen del 78 y la antipolítica. Así, la Transición se convierte en el relato del pasado construido desde las políticas del presente, generando mitos y dando la vuelta a las visiones y a los papeles desempeñados por algunos. Como sucede con el pce, que pasa de forjador y defensor acérrimo de la Transición, de la política de reconciliación y de la amnistía, a ser trovador del régimen del 78 e impugnar la ley de amnistía, obviando que fue una reivindicación de quienes habían sido perseguidos por el franquismo y que se aprobaron por acuerdo en unas Cortes de las que estos formaban parte. De este modo, los que luchan contra el olvido difuminan en el recuerdo los discursos de Marcelino Camacho y realizan un ejercicio de borrar su propio pasado. Con ello, como señala Santos Juliá, rompen con la Transición regalándosela “de buen grado a la derecha”.

Transición. Una historia política española (1937-2017) huye de la versión simplista, unicausal y plana de la historia, para reconstruir la visión compleja y multidimensional de un proceso que entre antecedentes, planes, desarrollo y visiones posteriores abarca ochenta años. Ocho décadas que terminan literalmente anteayer, en la crisis independentista de Cataluña, que explica hasta el escandaloso pleno del 6-7 de septiembre en el que la oposición fue silenciada en el Parlament. Por su extensión cronológica, su complejidad temática y la multitud de actores que intervienen, no es un libro fácil de escribir. Sin embargo, Santos Juliá consigue una obra sólida, minuciosa y cuidada, de lectura placentera y recomendable. ~


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