artículo no publicado

Nueva vida de Franz Kafka

Reiner Stach

Kafka. Los primeros años. Los años de las decisiones. Los años del conocimiento

Traducción de Carlos Fortea

Barcelona, Acantilado, 2016, 2368 pp.

 

Reiner Stach (Rochlitz, 1951) dedicó casi dos décadas a culminar la inmensa biografía de Franz Kafka (1883-1924) que ve ahora la luz en Acantilado con tanto lujo (estuche de dos tomos) y magnífica traducción de Carlos Fortea. Solo Goethe y Thomas Mann –los dos gigantes por antonomasia de las letras germanas– cuentan con biografías de semejante envergadura.

Esta obra apareció inicialmente en tres tomos independientes (en 2002, 2008 y 2014). El primer volumen no trataba de la niñez de Kafka sino que introducía a los lectores en medio de su vida adulta y se titulaba Los años de las decisiones; el siguiente fue Los años del conocimiento, dedicado a la última etapa del escritor; la trilogía culminó con el tomo sobre la época de niñez, Los primeros años. Tan ilógica distribución se debió a que Stach había decidido esperar a que una oportuna desclasificación de archivos del antiguo Telón de Acero le facilitase sus investigaciones sobre los primeros tiempos de Kafka y la historia de su familia, afincada en la comunidad judía de Praga.

Aunque Kafka es uno de los clásicos modernos más populares –afianzado por infinidad de estudios académicos–, faltaba su “biografía” definitiva. El amigo por excelencia de Kafka, Max Brod, fue su primer biógrafo. Este, sionista convencido e interesado por la filosofía, editó por primera vez los escritos póstumos de Kafka, ignorando su deseo expreso de que fueran destruidos a su muerte. Brod caracterizó a su amigo como una especie de santo laico y un filósofo de obra esotérica revestida de literatura. Semejante imagen perdura en el tiempo, aunque los biógrafos posteriores –Ernst Pawel, Hartmut Binder, Klaus Wagenbach– trataron de matizarla presentando a un Kafka más “de carne y hueso”. Reiner Stach avanzó en esta línea. Cabe preguntarse, sin embargo, cuál es la novedad de estas 2,300 páginas si se enfrentan a la inmensa literatura kafkiana.

Lo principal es su exhaustividad, desde luego; su copioso caudal de información, pero también su magia literaria. Antes de esta biografía, sabíamos muchas cosas de la vida de Kafka, pero jamás antes fueron dichas con tanto talento y profundidad como lo hace Stach. Su gusto por el detalle es una virtud, y hasta sus excursos narrativos suponen un goce para el lector.

Los detalles y la información aportarían poco si no conformaran finalmente el rompecabezas completo de una personalidad, de un carácter y de la “circunstancia vital” (en palabras de Ortega y Gasset) en la que Franz Kafka se desarrolló como ser humano. Su singularidad queda definida por Stach con justeza, ya no será más aquel santo filósofo de Brod, ni el hombre atrozmente atormentado por su incapacidad de llevar una vida “normal”, aislado en un interior pétreo e inabordable, genial y medio autista, nacido como por arte de magia y sin pasado. Stach nos revela a un Kafka situado a la altura de su tiempo e inmerso en sucesos reales que lo afectaron.

La Primera Guerra Mundial, por ejemplo, que lo sorprendió con 31 años (no participó en ella al declarársele “no apto” por debilidad física), influyó de manera negativa en la vida cotidiana de los Kafka; el autor de El proceso apenas se refirió a ella en sus escritos íntimos, pero Stach ha sabido ver los estragos que causó en su ánimo y en su salud; condicionó además su relación de un lustro con su prometida Felice Bauer. Este amor de Kafka, esencialmente epistolar (hoy las Cartas a Felice son literatura de primer orden), lo escruta Stach al detalle y aporta datos desconocidos de la novia y de su familia. Lo mismo sucede con otros dos amores kafkianos: Julie Wohryzek y Milena Pollak. Relaciones malogradas. Solo con la jovencísima judía de origen polaco Dora Diamant fue capaz Kafka de independizarse de su casa y experimentar algo parecido a un vínculo estable; por desgracia esto le ocurrió solo nueve meses antes de morir.

Gracias a las investigaciones de Stach sabemos más del excelente trabajo que Kafka desempeñó en el Instituto de Seguros Laborales de Praga: el autor de La transformación fue un funcionario modélico e imprescindible, elogiado y respetado. Aun así, él nunca habló bien de su trabajo y lo consideró una carga de la que tenía que liberarse para vivir y escribir. Conviene recordar que para Kafka la vida no era nada sin literatura.

Murió joven, poco antes de cumplir 41 años, aquejado de tuberculosis laríngea. En su periodo de mayor esplendor literario, que coincide también con los años de su noviazgo con Felice, publicó La condena, El desaparecido y La transformación; escribió además los geniales capítulos sueltos de El proceso. La aparición de su enfermedad (en agosto de 1917) marcó un hito en su vida. Lo liberó de la relación sin salida que mantenía con Felice, le permitió ausencias justificadas de su trabajo, estancias de cura y reposo en sanatorios, afianzar su personalidad y hasta aguzar su lucidez ya omnipresente desde su juventud, pero lo mató. En 1918 enfermó, además, de la terrible pandemia que asoló Europa: la “gripe española”. Sobrevivió de milagro, pero ya tocado sin remedio.

Los avatares vividos por Kafka solo acusaban más sus reflexiones sobre los asuntos que le interesaron, siempre los mismos: el poder, el miedo, la soledad, la tiranía del propio carácter que lo abocaba a un “infierno” muy particular, todo ello expresado una y otra vez en su literatura.

De esto y de mucho más nos informa Stach al introducirse poco menos que en la piel de Kafka. Ha creado una especie de “enciclopedia Kafka” en la que está todo lo que algún día quisimos saber sobre el autor praguense; una obra espléndida que llena de luz la vida y la personalidad de uno de los escritores más enigmáticos, pregnantes y decisivos de nuestro mundo moderno. ~


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