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Cultura

En la actualidad entendemos “cultura” de un modo distinto a como lo hicieron los antiguos o los románticos. Este ensayo observa la naturaleza de esas diferencias.

Los griegos no tuvieron el concepto de cultura (Heidegger, Parménides).

Hay quienes piensan que paideia (de paidós, “niño”) era “cultura”. Pero significaba “crianza”, “educación”. En la Grecia actual, paideia está en el nombre del ministerio de Educación. Y el griego moderno tuvo que calcar la palabra koultoura de otras lenguas para el concepto ausente en el griego clásico (Pocket Oxford Greek dictionary).

Arrogancia. Los griegos no aprendían otras lenguas. Llamaban bárbaro (balbuciente) al que no hablaba griego. El apodo imitaba el habla de los niños. En español, baba, babieca, baboso, balbuciente, bárbaro y bobo comparten la raíz indoeuropea baba (Roberts y Pastor, Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española).

Montaigne criticó la misma arrogancia en Europa: Llamamos bárbaros a los que tienen otras costumbres, pero “los sobrepasamos en toda clase de barbarie” (“Des cannibales”, 1580).

Walter Burkert (Babylon, Memphis, Persepolis: Eastern contexts of Greek culture) señala que “el milagro griego” nos deslumbra hasta el punto de ignorar lo que debe a las culturas vecinas. Omisión que viene de los griegos. No reconocían lo que aprendieron de los fenicios, semitas, acadios, sumerios, iranios, egipcios.

A diferencia de los judíos y de los romanos, no admiraban otras culturas. Heródoto fue el precursor de la etnografía, pero “estuvo a punto de declarar bárbaras unas costumbres que eran muy superiores a las helénicas” (Arnaldo Momigliano, “The fault of the Greeks”, Essays in ancient and modern historiography).

Origen. Fueron los romanos los que crearon el concepto de cultura en el siglo I a. C. y dos siglos después el concepto de clásico.

Según Hannah Arendt (La crise de la culture), los romanos fueron los primeros en tener esa actitud hacia “los monumentos del pasado”. Se sentían herederos y continuadores de lo mejor del pasado, lo tomaban como ejemplo.

Veneraban a los griegos. Horacio (Arte poética) recomendaba leerlos día y noche. El emperador Marco Aurelio no escribió sus Meditaciones en latín, sino en griego.

Ernst Robert Curtius (Literatura europea y Edad Media latina) documenta el primer uso de la palabra classicus. Está en Aulo Gelio (Noches áticas): “Un escritor clásico y de primera clase, no uno de la última” (versión de Amparo Gaos Schmidt).

En latín, las palabras cultura y cultus se referían al cultivo del campo y el culto a los dioses protectores del campo, pero se extendieron al cultivo de sí mismo y el culto a los clásicos. Todavía hoy se habla de personas cultivadas.

La palabra cultura en español viene de cultura en latín y se remonta a la raíz indoeuropea kwel sin pasar por el griego.

Las derivaciones de kwel tienen dos vertientes semánticas. Una agrupa los significados de “lejos”, como en las raíces griegas tele (lejos en el espacio, por ejemplo: telegrafía) y paleo (lejos en el tiempo, por ejemplo: paleografía). Otra, más rica en derivaciones, agrupa los significados de “girar”, “hacer girar”, “revolver”, “dar la vuelta”, “andar por ahí”, “estar o establecerse ahí”, de donde vienen las raíces griegas de bucólico, calesa, ciclo, ciclón, collar, degollar, palíndromo, palinodia, polea, polo, talismán (Roberts y Pastor).

De kwel vienen, además, las raíces latinas de agrícola, colono, cultivar, culto (a los dioses), inquilino y quizá domicilio. A este subgrupo (que no tiene antecedentes griegos) pertenece cultura, que deriva de colo.

En latín, el verbo colo significaba “andar habitualmente en el campo”, y de ahí se extendió a “habitar” (los colonos) y “cultivar” (la tierra). Como los dioses del lugar también lo habitan y protegen, colo se usó además en el sentido de “proteger, cuidar” y, recíprocamente, “venerar” (a los dioses protectores). Así se pasó del significado “cultivar el campo” a “dar culto” y, finalmente, a “cultivar las virtudes, las artes” (Ernout y Meillet, Dictionnaire étymologique de la langue latine).

Latín. Arendt dice que Cicerón acuñó la expresión cultura animi para traducir paideia, apoyándose en Jaeger (aunque la afirmación no viene en su Paideia ni en Cristianismo primitivo y paideia griega). Se refiere a las Disputas tusculanas, donde Cicerón afirma que, así como un campo, por fértil que sea, no fructifica sin cultivo, así el espíritu necesita cultivo; y que la filosofía es el cultivo del espíritu: cultura autem animi philosophia est. La frase, muy citada, influyó en los cristianos.

Anne-Marie Malingrey hace la historia del término philosophia desde los presocráticos hasta san Juan Crisóstomo, y señala un cambio importante en los estoicos tardíos. Para Cicerón, Séneca, Epicteto, Marco Aurelio, filosofía ya no era tanto un deseo de saber como de sabiduría.

San Pablo se pronuncia contra esta filosofía como inferior al deseo de vivir en Cristo (Epístola a los colosenses). Pero casi medio siglo después, el prólogo del Evangelio de san Juan exalta a Cristo como logos. Y, en el siglo ii, Justino Mártir, filósofo griego convertido al cristianismo, afirma que Platón era casi cristiano. La hostilidad paulina terminó en expropiación.

En los primeros siglos del cristianismo, “el término filosofía fue aplicado primeramente a la vida cristiana en general, más tarde fue reservándose para designar la conducta que observaban los ascetas y, finalmente, se convirtió en un sinónimo de vida monástica” (García M. Colombás, El monacato primitivo).

Pero los clásicos griegos de los monjes cristianos eran otros: las epístolas de san Pablo y los Evangelios. Y su cultivo del espíritu incluía la oración, la liturgia y el entrenamiento ascético. No la cultura libre de Cicerón.

En los monasterios, como después en las universidades, lo que hay es una paideia (espiritual para novicios, intelectual para estudiantes). El monasterio y la universidad son instituciones jerárquicas donde la enseñanza desciende de los que saben a los que no saben; no instituciones de la cultura libre donde alternan iguales y cada uno asciende leyendo por su cuenta.

Así como la paideia era la aculturación de los niños en la forma ideal de ser griegos, la filosofía monástica era la aculturación de los novicios en la forma ideal de ser cristianos.

Pero Cicerón no era un niño educable para su plenitud en la polis ni un novicio monástico. Era un hombre libre, rico y aficionado a los clásicos, que en su villa de Túsculo se volvía más libre leyendo a Platón.

El concepto era nuevo, y resultó fundador: cultivarse personalmente más allá de la educación escolar; aprender de los grandes libros, el gran arte y las personas ejemplares (como Sócrates); tener presente lo mejor del pasado, aunque no fuese romano, consagrarlo como clásico, conversar con los clásicos, medirse con los clásicos, continuarlos. Fue el primer concepto de cultura.

Eclipse. Las invasiones bárbaras destruyeron la cultura latina del Imperio romano occidental (no la cultura griega de su parte oriental). Pasaron siglos antes de que el latín resurgiera en los monasterios occidentales.

La Edad Media occidental inventó la palabra modernis (documentada en Casiodoro, siglo vi). Además, inventó la universidad (Bolonia, siglo XI). También el concepto de la historia como progreso (Joaquín de Fiore, siglo XII). Pero no recuperó la idea de cultivarse libremente.

El eclipse duró un milenio (del siglo vi al siglo XVI) hasta que la imprenta favoreció la edición de los clásicos griegos, la lectura libre, las tertulias de lectores (eso eran las academias renacentistas) y los cafés.

La cultura libre del que lee por gusto y por su cuenta, del que se cultiva sin tomar clases ni acreditar los resultados, nace con el ocio de las villas romanas, se eclipsa en la Edad Media y reaparece con la imprenta.

“La verdadera universidad hoy es una colección de libros.” Lo más que puede hacer un maestro universitario por nosotros es lo mismo que un maestro de primaria: enseñarnos a leer (Thomas Carlyle, Los héroes). Enseñarnos a leer libros completos.

Renacimiento. Según Philippe Bénéton (Histoire de mots: culture et civilisation), la palabra culture se usa en francés desde el siglo XIII, pero el sentido figurado (no agrícola) aparece en 1549, en una obra de Joachim du Bellay, el poeta renacentista que fundó el movimiento de La Pléyade.

Un siglo después, el diccionario de Richelet (1680) da como ejemplos: culture des arts, culture de son esprit. Pero, en 1691, Jean de La Bruyère usa culture sin más (no culture de), en el mismo sentido no agrícola.

Corominas da como primera aparición de cultura (en español) 1515: seguramente para “cultivo del campo”, no “cultivo del espíritu”, pero no lo aclara. Friedrich Kluge (Etymologisches Wörterbuch der deutschen Sprache) supone que Kultur es del siglo XVII, y lo relaciona expresamente con Cicerón, pero no documenta la aparición en alemán.

A. L. Kroeber y Clyde Kluckhohn (Culture. A critical review of concepts and definitions) atribuyen a Johan Huizinga la opinión de que Dante (en El convivio) dio a civiltà en italiano una connotación que civilitas no tenía en latín, creando así un término “específico y claro” para el concepto de cultura.

Pero no es creíble, porque todos los otros casos que presentan (en media docena de lenguas) saltan de ese caso aislado (1307) hasta el siglo XVIII. Además, como puede verse en www.danteonline.it, la palabra civiltà no está en Dante. Ahí mismo puede verse que tampoco usó la palabra cultura en latín, aunque sí en italiano, dos veces, y precisamente en El convivio, refiriéndose al cultivo del campo, si bien como metáfora de otros cuidados: Las opiniones falsas son como la mala yerba de un campo no cultivado; los apetitos pueden desviarse, como los brotes de una semilla, pero corregirse y cultivarse.

Estos usos de cultura (no civiltà) en italiano tienen afinidades obvias con la ascética y los Evangelios, pero también con el sentido figurado del latín clásico. No establecen un término “específico y claro”, aunque anticipan la recuperación renacentista.

Ilustración. La Ilustración inventa el segundo concepto de cultura: el nivel superior alcanzado por la humanidad. Nivel definido por el patrimonio acumulado de grandes obras de los grandes creadores; el saber alcanzado, el buen gusto, la pulida civilidad de las costumbres, las instituciones.

Voltaire habló de “la prodigiosa superioridad de nuestro siglo sobre los antiguos”: Europa dejó atrás a griegos y romanos (El siglo de Luis XIV, 1751, traducción de Nélida Orfila Reynal).

La cultura europea tuvo la arrogancia de la cultura griega, pero en términos de progreso histórico. El progreso legitimó las ideas de superioridad y tutela. Hizo de la historia como progreso una misión imperialista: la redención de los pueblos atrasados.

El nivel reconocido como superior también despertó en los “atrasados” el deseo de igualarse con los “avanzados”, de ponerse a “la altura de los tiempos” (José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas). José Gaos (En torno a la filosofía mexicana) habló del deseo de “emparejamiento [...] con Europa en los dominios de la cultura” de los humanistas mexicanos del siglo XVIII.

Quizá porque cultura tenía la resonancia de nivel personal más que de nivel histórico, la Ilustración habló de grandes civilizaciones (Egipto, Grecia, Roma, Francia) consideradas hitos de la humanidad. No de grandes culturas.

La historia puede verse en Lucien Febvre (Civilisation, le mot et l’idée, 1929); Kroeber y Kluckhohn (1952); Fernand Braudel (A history of civilizations, 1963); Émile Benveniste (Problemas de lingüística general, 1966); Bénéton (1975) y Jean Starobinski (Blessings in disguise; or, the morality of evil, 1989).

Los romanos llamaron civilis a la persona sociable y civilitas a esta cualidad. Las palabras civilis y civilitas ya existían, pero con otros significados (Ernout y Meillet).

Los franceses usaron civil y civilité como equivalentes a civilis y civilitas. Además, inventaron civiliser (cuyo verbo correspondiente en latín no existió) para referirse a la acción jurídica de reencausar como civil un proceso penal. De ahí derivan civilisé y, mucho más tarde, civilisation (las palabras terminadas en isation tardaron en aparecer, quizá por una sana resistencia a su longitud y fealdad). En la jerga de los abogados, civiliser, civilisé y civilisation querían decir algo así como acivilar, acivilado, acivilación.

Pero en las nuevas palabras resonaban los antiguos significados latinos de “civilidad”, “conciudadanía”, y finalmente se impusieron. Los significados de “refinamiento” y “buena educación” aparecieron en civil, civilisé y civiliser en el siglo XVI; y, dos siglos más tarde, en civilisation. El nuevo significado de esta última palabra fue primero “el proceso de volverse civilizado”, y después “el estado o condición de la sociedad que tiene ese nivel”.

En inglés, civil, civility, civilise, civilised y civilisation tuvieron una evolución parecida, por influencia del francés, según el oed. Según Boswell (Life of Johnson), todavía en 1772 (marzo 23), Johnson se negaba a admitir en su diccionario la nueva acepción francesa de la palabra civilisation. La registró como la acción jurídica de acivilar un proceso penal y prefirió civility para “Freedom from barbarity; the fact of being civilised”.

Para la Ilustración, la civilización es el progreso: la superación del salvajismo y la barbarie. Según Adam Ferguson (An essay on the history of civil society, 1767), toda la humanidad está en diversas etapas de progreso: salvajismo, barbarie o civilización. En este concepto, la sociedad civil no es el cuerpo social intermedio entre la familia y el Estado (como será después en Hegel, Filosofía del derecho, 1821), sino el estado de civilización frente al estado silvestre de la humanidad primitiva.

La documentación más antigua de la palabra civilisation es de 1756, en L’ami des hommes, ou traité de la population del marqués de Mirabeau (padre del famoso político). Ahí aparece también el plural, que es significativo por sí mismo: hablar de civilizaciones relativiza la civilización.

En 1919, ante el desastre de la guerra (1914-1918), y quizás inspirado por el libro de Oswald Spengler (La decadencia de Occidente, 1918), Paul Valéry escribe una reflexión cuya primera frase se volvió famosa: “Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales”, “Elam, Nínive, Babilonia, eran bellos nombres vagos, y la ruina total de esos mundos nos decía poco, igual que su existencia”, “Ahora vemos que el abismo de la historia es suficientemente grande para todos. Sentimos que una civilización tiene la misma fragilidad que una vida” (“La crise de l’esprit”, Variété).

Starobinski cita “la barbarie de nuestras civilizaciones” (francesa, inglesa, española) y la “falsa civilización”, señalando que, desde la primera documentación, el término expresa la arrogancia del nivel superior, pero también su crítica, al oponer la civilización cristiana de facto a la de jure. Como Bartolomé de las Casas, Starobinski critica la civilización realmente existente en nombre de la verdadera civilización.

Se ha vuelto un lugar común hacer distingos entre Kultur y Zivilisation. Pero son distingos vagos y hasta contradictorios, como puede verse en los resúmenes que presentan Cassin o Kroeber y Kluckhohn. La amalgama de significados ha sido permanente y parece irreversible. Cuando dos palabras se refieren a lo mismo, tienden a diferenciarse, especializándose; y, si no queda establecido el distingo, una deja de usarse, como sucedió en este caso. Kultur se usa 75 veces más que Zivilisation en la internet (228 millones de páginas de Google contra tres millones, 8 de octubre de 2016).

Romanticismo. La crítica del “nivel histórico superior” aparece en el Romanticismo. Cuando la Razón inventa piadosamente la guillotina (para superar la barbarie clerical de la quema de brujas) y somete a los pueblos alemanes (para liberarlos del atraso), el entusiasmo por la cultura universal se nubla. Beethoven, como otros progresistas, admiraba de lejos la Francia revolucionaria, hasta que los invadió.

El Romanticismo inventa el tercer concepto de cultura: la identidad comunitaria que defiende sus creencias, usos y costumbres de la barbarie progresista. Contra el supuesto de que los pueblos se van desarrollando por grados sucesivos, como si fueran personas, y hay unos más maduros que otros, Johann Gottfried Herder revira: Ninguna cultura es superior a otra. Cada una es su propia finalidad, no un paso previo a la supuesta cultura superior. La infancia tiene sentido por sí misma, no como preparación para la vida adulta. Ves como niñerías de un pueblo sus creencias, usos y costumbres, y quieres generosamente dotarlo de “tu deísmo filosófico, de tu virtud y honor de buen gusto, de tu amor por todos los pueblos en general, que rebosa opresión tolerante, explotación y filosofía de las luces”. El niño eres tú (Otra filosofía de la historia, 1774, en Histoire et cultures).

Los románticos alemanes afirmaron la cultura nacional frente a la cultura universal, vista como imperialismo de una cultura dominante. Y quizá la pretendida diferencia entre Kultur y Zivilisation se explica por la necesidad alemana de autoafirmación. Frente a la Ilustración francesa como cultura universal: como nivel histórico de la Zivilisation, Herder plantea un concepto de Kultur que dignifique el subdesarrollo alemán. De ahí viene el concepto romántico de cultura como carácter nacional, étnico, popular. Y la antropología como estudio de las culturas particulares.

Civilisation (acuñada en francés en el siglo XVIII y calcada en otras lenguas) se refiere a la cultura como estado o nivel de las sociedades avanzadas.

Kultur (calcada del francés como Cultur y germanizada con ka por el nacionalismo alemán) se refiere a la cultura nacional como diferente. Deja de ser un contraste entre niveles para ser un contraste de identidades. Subraya los rasgos del carácter nacional, supuestamente único.

Culturas. El concepto romántico fue extendido por los antropólogos a todas las tribus del planeta. El uso de cultures (en plural, en inglés) se estableció a mediados del siglo XX en los Estados Unidos por el prestigio universitario y la militancia de Franz Boas, nacido en Alemania y lector de Herder.

Claude Lévi-Strauss estuvo en los Estados Unidos, donde recibió la influencia de Boas. Luego se volvió una celebridad mundial y su fama sirvió para difundir el concepto de culturas en plural.

Después, los etólogos extendieron más aún el concepto y hablaron de cultura animal. Finalmente, hoy se llama cultura a todo lo prestigiable con ese término. “La rumba es cultura”, dijo Froylán López Narváez.

Repaso. Hay que distinguir paideia en el griego clásico, cultura en el latín clásico, philosophia en el griego monástico, civilisation en francés, Kultur en alemán y cultures en inglés.

Paideia era la crianza y educación de los niños. Cultura pasó de “cultivar el campo” y “rendir culto a los dioses” a “cultivarse” rindiendo culto a los clásicos. Philosophia en los monasterios fue la paideia espiritual. Civilisation fue la culminación histórica progresiva de los grandes centros culturales, el nivel máximo de progreso hasta ese momento. Kultur, la diferencia constitutiva de la identidad alemana. Cultures, la estructura simbólica propia de cada tribu.

Hay un concepto clásico, un concepto ilustrado, un concepto romántico y un concepto antropológico de la cultura. El clásico subraya la forma personal de cultivarse, libremente. El ilustrado, el nivel histórico alcanzado por algunos pueblos. El romántico, el patrimonio histórico que distingue a cada nación. El antropológico, el repertorio simbólico tradicional de cada tribu. No hay inconveniente en hablar también de cultura animal para el repertorio de conductas animales que se transmiten por la convivencia, no genéticamente.

El clásico y el ilustrado son elitistas, frente al romántico, que enaltece la cultura popular y los valores comunitarios. El ilustrado y el romántico son paternalistas, a diferencia del clásico, que enaltece el esfuerzo personal.

En el concepto clásico, la cultura que importa es la mía: la cultura individual que se alimenta del diálogo con los grandes creadores. En el concepto ilustrado, hay una sola cultura universal que va progresando, ante la cual los pueblos son graduables como adelantados o atrasados. En el romántico y antropológico, todos los pueblos son cultos (tienen su propia cultura); todas las culturas son particulares y ninguna es superior o inferior. La cultura occidental es una de tantas. ~


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