artículo no publicado

Susana Díaz, la populista institucional

¿Es la esperanza del establishment del PSOE una líder populista?

El término populista es resbaladizo y ambiguo. Aunque existe cierto consenso académico (a pesar del debate sobre si se trata de un estilo político o retórica o una ideología blanda), el concepto se manosea en muchas ocasiones para señalar la demagogia, la solución simple a problemas complejos, o incluso para denunciar a cualquier contrincante político con ideas diferentes (lo diferente es inviable, imposible, es populista). Susana Díaz es vista de tres maneras: como el ala derecha del PSOE, por su apoyo a la abstención que dio el gobierno a Rajoy, y su cercanía a Felipe González y las viejas glorias socialistas; como una estratega maquiavélica, generalmente desde la derecha, “una mujer de Estado, un animal político”, el mito de que subirá pronto Despeñaperros para conquistar la Moncloa; y como una populista con un discurso vacío e insustancial.

Susana es tan populista que no se puede saber si es populista de verdad: todo es palabrería vacía, superficie, discurso motivacional y afectivo lleno de frases hechas y “marca PSOE”: “Juntos. Levantando este país. A ganar por España. Por el PSOE. Por los ciudadanos. A ganar”. Parece un discurso moldeado con estrategia SEO. Todos los partidos hacen uno similar, pero Díaz consigue que esos conceptos suenen machacones: realiza un gran esfuerzo por no decir nada realmente, no hace más que branding. Su experiencia en Andalucía es haber “ganado”, como ella se vende, pero no explica qué ha hecho después, que ha conseguido que ganen los ciudadanos andaluces. Antonio García Maldonado escribía en CTXT que “solo un apparatchick a sueldo se cree lo del ‘rumbo claro’. Soy capaz de recordar medidas de la Junta de Manuel Chaves, de José Antonio Griñán, pero ninguna de Susana Díaz.”

Su autocrítica siempre esconde un regate retórico que acaba por no significar nada, e incluso realiza una estrategia trumpiana, la de la “sugerencia inductiva”: “Yo soy 100% PSOE, pero no siento ni sentiré que el PSOE me pertenezca nunca y no voy a permitir que nadie diga que el PSOE es de Susana Díaz.” Al decir que no va a permitir a nadie que diga que el PSOE es de Susana Díaz, lo está diciendo. Uno se pregunta, si no lo sabe aún, si será verdad que es la verdadera dueña del PSOE, la que maneja los hilos. Es una forma de reafirmarse.

Si uno sustituye la palabra PSOE , o “socialista” o “socialismo”, por “pueblo” en los discurso de Susana Díaz, suena a populista. Siempre habla de un PSOE virtuoso, orgulloso de su historia, incapaz del error. Cuando algunos militantes del partido insultaron a Madina y lo llamaron fascista por su defensa del “golpe” contra Pedro Sánchez el año pasado, Susana contestó que “estoy convencida de que quien se lo llamó no era militante del PSOE”. Alguien del PSOE, un socialista, no podría hacer eso. La solución para el PSOE es más PSOE, como la solución para Europa es “más Europa”.

La solución está dentro, los enemigos son los de “fuera”. En su discurso de presentación a las primarias del PSOE, que se celebrarán posiblemente el 21 de mayo, afirmó que no tenía nada malo que decir del partido: “los adversarios están fuera”, casi defendiendo una concepción populista de “dentro/fuera”.

El populismo es más que la retórica emocional y la estrategia y trucos de Susana Díaz. El populismo no es simplemente demagogia. A Díaz le falta la idea esencial del populismo del pueblo que necesita ser rescatado por las elites; le falta la construcción de un Otro antagonista y, sobre todo, la visión de la política como un enfrentamiento contra ese Otro. Su promesa es de continuidad, cargada de emoción y nostalgia, más que de redención. Pero su discurso tiene rasgos populistas, de un populismo institucional, es una demagogia de alto voltaje. Como escribe Manuel Arias Maldonado:

El estilo político de Susana Díaz ha ejercido de contrapeso populista al populismo. Su discurso de tintes peronistas, caracterizado también por un ‘hablar claro’ que comparte con Iglesias, Trump o Le Pen, es por ello una de las alternativas que se presentan al PSOE en la encrucijada que le aflige.”

El PSOE es un significante vacío, en busca de ser llenado con algo, ni siquiera algo consistente. Solo necesita algo. Ninguno de los candidatos parece capaz de hacerlo. Es difícil adaptar la estrategia andaluza de Susana al plano nacional. Pero quizá le funcione la estrategia del vacío. Si la nueva política es el culto a las emociones, la superficie por la superficie, quizá Susana esté preparada para subir Despeñaperros. No sería una buena noticia.