artículo no publicado

Pedro Sánchez contra el mal

Pedro Sánchez ha ganado la batalla por las esencias en el PSOE, pero le será mas difícil vencerla contra Podemos.

El voto útil, o el voto contra alguien más que a favor de alguien, no tiene la épica ni el atractivo del voto por convicción. Es la elección del mal menor. En las recientes primarias del PSOE, la euforia de muchos militantes es más por haber derrotado a Susana Díaz y al establishment gerontocrático del PSOE que por Pedro Sánchez. Pero como votar solo en contra de Susana es insuficiente, Pedro se ha construido una imagen de mártir y garante de las esencias socialistas, y los militantes se la han creído. Necesitaban creer en algo más allá de su oposición a Susana, y les servía incluso un candidato insustancial como Sánchez. Sánchez es simplemente el depósito del desencanto de una militancia que se siente huérfana en un PSOE que lleva años con un grave problema de selección de élites. En cierto modo, se entiende la comparación con los populismos, aunque simplemente en la idea del voto como expresión de una ira, de un deseo de joder al establishment y volver a los años gloriosos de la socialdemocracia. Sánchez tiene mejor programa que Díaz, propuestas mucho más interesantes e ideas más renovadoras, pero nada de eso parece importar.

Si no elegís a buenos candidatos, parecen decir los militantes, nos creamos uno a nuestra medida, le investimos con las cualidades que queremos, aunque no se correspondan con la realidad: un rupturista antiestablishment que viene del establishment, un socialista puro que hace unos años se vendía como un doctor en economía centrista que venía de Bruselas y defendía los impuestos bajos y los autónomos, un líder con ideas y profundidad que hace un año era la mofa de toda España y especialmente de la izquierda (en las redes sociales hay una especie de fetichismo pop en el personaje de Pedro: ha ganado el Pedro de los tuits cuñaos, el meme, frente a la caspa susanista y "felipista"). Uno puede cambiar, pero sorprende la rapidez.

Quizá la respuesta a los vaivenes de Sánchez esté simplemente en la lucha por el poder. Es algo legítimo, y de hecho a la izquierda le hace falta alguien que quiera ganar, más que solamente competir por las esencias y la identidad socialdemócrata. Pero Sánchez ha ganado apelando a las esencias, ha vencido a Susana Díaz en el plano de la identidad, y ahora tiene que vencer a Podemos. Eso es mucho más complicado: es difícil competir con Podemos en pureza. Sánchez ha comprado el marco de Podemos, pero no deja de ser el PSOE. Podemos siempre podrá pedirle más pureza a Sánchez, más lealtad a la idea que tiene Iglesias de la izquierda (ellos son la “nueva” socialdemocracia, el PSOE es la “vieja” socialdemocracia, vendida al neoliberalismo, que hay que superar) para debilitarlo: al fin y al cabo, Sánchez es un candidato con un pasado, y muy reciente, y lidera un partido con una historia, también reciente, de “traiciones” a las esencias.

Esta victoria pone el listón muy alto para Sánchez. Como escribe Máriam Martínez- Bascuñán, “lo que el PSOE se juega ahora no es más autenticidad o identidad, sino su propia credibilidad”. El ascenso de Sánchez ha sido rápido, como rápida puede ser su caída si de pronto sufre una crisis de identidad, esta vez individual: ¿cuál de los Pedro Sánchez elegirá Sánchez para esta nueva etapa?