artículo no publicado

De “Mover a México” a “Joder a México”

En términos de discurso la administración de Enrique Peña Nieto tampoco entiende que no entiende.

“Mi único propósito es que a México le vaya bien. Y estoy seguro que los anteriores presidentes también no han tenido otra misión más que esa. Que a México le vaya bien. Nadie despierta… un presidente no creo que se levante, ni creo que se haya levantado… pensando, y perdón que lo diga, en cómo joder a México”.

Así se expresó el presidente Peña Nieto en un encuentro con un sector de la élite empresarial y periodística, tratando de explicar a la audiencia que si las cosas no marchan bien es por muchas causas, pero no por un plan maligno que se urde a diario en las primeras horas de la mañana en Los Pinos.

Lo que debemos recordar es que el presidente Peña Nieto no llegó al poder publicitando la nobleza de sus intenciones. Llegó al poder con la promesa de la efectividad gubernamental. “Sé cumplir” era el lema con el que firmaba sus anuncios de campaña. De hecho, en el más memorable de esos spots, el presidente aparece recorriendo el país, caminando solo, en medio de ciudades vacías. Ese anuncio no deja de impresionarme, porque comunica toneladas sobre cómo se concibe a sí mismo el presidente y su equipo. No requería del esfuerzo colectivo de los ciudadanos. Tampoco del apoyo de la sociedad. Lo único que necesitaba Enrique Peña Nieto para mover a México era a Enrique Peña Nieto.

Eso fue en 2012. Cuatro años después, uno pensaría que el presidente y su equipo habrán aprendido alguna lección a base de tantos golpes, errores, crisis y pérdida de estima social. Pero no. Basta echarle un ojo a un discurso reciente de Aurelio Nuño, Secretario de Educación, quien hace un paralelismo entre Plutarco Elías Calles y el presidente Peña Nieto:

“Si Plutarco Elías Calles tuvo que reconstruir el Estado postrevolucionario para darle viabilidad en el siglo XX, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se ha enfrentado al reto de reconstruir el Estado mexicano tras el extravío que sufrió después de la primera transición democrática, cuando fue cooptado por poderes facticos e intereses ajenos al bien común.”

Nuño erige aquí a la persona de su jefe como el faro que guía a un país que se perdió por culpa de eso a lo que llaman democracia. Setenta años de PRI no bastaron: tenían que haber sido 80, 90, 100 años de un solo partido gobernando México.

En este discurso, el mundo y la oposición conspiran contra el éxito de México:

“El entorno internacional es complejo y volátil […]. Al igual que en la época de Calles, por razones ajenas a nuestro país, la caída en los precios del petróleo, implica restricciones presupuestales importantes. Como en tiempos de Calles, hoy enfrentamos ataques populistas y demagogos, de expresiones radicales tanto de izquierda como de derecha. Al igual que en aquel entonces, la derecha radical busca recuperar privilegios perdidos y busca sobreponer intereses particulares al bien común. De la misma manera, la izquierda radical busca destruir lo que con tanto trabajo nos ha costado construir a todos como Nación.”

Razones ajenas a nuestro país. Demagogos de izquierda y de derecha. Ante esos adversarios temibles, ¿cuál es la solución? Para el encargado de la educación pública del país, la solución es tener una “nueva pedagogía”.

“…una nueva pedagogía para ejercer con responsabilidad nuestra anhelada democracia. Una nueva pedagogía que nos permita avanzar hacia una democracia de calidad, que permita a la ciudadanía sentirse incluida en el terreno económico y social…”

Y esa nueva pedagogía… ¿dónde se consigue? ¿quién la tiene? Pues el presidente Peña Nieto, por supuesto. Y esto se explica con un triple salto mortal retórico invertido, con 9.9 grados de dificultad.

“Una pedagogía para la política de altura, es decir para la creación de sentido político, sentido para hacer nuestro el pasado, sentido para hacer inteligible el presente y sobre todo sentido para imaginar y dar dirección al futuro. Esa política de altura es la que despliega el auténtico político. […] Y en ese sentido, Plutarco Elías Calles fue un auténtico político, porque creó las condiciones para reconstruir el Estado mexicano del siglo XX. De la misma manera que hoy, el presidente Enrique Peña Nieto ha sabido crear las condiciones para hacer los cambios que exige el siglo XXI.”

Este párrafo confirma una regla de la redacción de discursos: cuando unes dos ideas con “En ese sentido” o “De la misma manera”, lo que en realidad estás haciendo es pegar con cinta adhesiva y chicle dos cosas que no podrían ir juntas. Pero tranquilos queridos lectores, que para eso estoy aquí, para desentrañar los misterios del discurso político. Lo que el secretario Nuño quiso decir es que lo único que se necesita para superar los enormes problemas del país es… a Enrique Peña Nieto.

En términos de discurso, tampoco entienden que no entienden. Bien dijo La Rochefoucault: “Es tan fácil engañarse a uno mismo sin darse cuenta, como difícil engañar a los demás sin que se den cuenta”.